• No se han encontrado resultados

De lo que aconteció a un moro con una hermana suya que se espantaba de cualquier cosa que veía.

In document conde Lucanor moderno (página 172-175)

Un día hablaba el conde Lucanor con Patronio en estos términos:

— Patronio, sabed que yo tengo un hermano que es mayor que yo, y somos hijos de un padre y de una madre, y porque es mayor que yo, debo respetarlo como respeto a mi padre. Y él tiene fama de muy buen cristiano y muy juicioso. Pero quiso Dios que sea yo más rico y más poderoso que él, aunque él no quiere reconocerlo así; y estoy convencido que me envidia. Cuando preciso su ayuda y que haga por mí alguna cosa, dame a entender que no puede porque sería pecado, y de ese modo excusa su ayuda. Y cuando él necesita mi ayuda, dame a entender que debo responder generosamente, pase lo que pase. Y porque a mí todo esto me hace sufrir y me apena mucho, os ruego que me aconsejéis lo que viereis que debo en esto hacer y lo que más me conviene.

— Señor conde –dijo Patronio–, a mí me parece que la manera en que vuestro hermano os trata se parece mucho al de un moro con su hermana.

El conde le preguntó cómo fuera aquello.

— Señor conde –dijo Patronio–, un moro tenía una hermana que era tan regaladaF

155

F, que de cualquier cosa que veía o que la hacían, daba a entender que le daba miedo y se atemorizaba por todo. Y tanto era así, que cuando bebía del agua en unas tarrazuelasF

156

F que suelen usar los moros, que suena el agua cuando beben, cuando aquella mora oía aquel ruidito que hacía el agua en la tarrazuela, daba a entender que tan gran miedo le daba aquel ruidito que se desmayaba.

155

Regalada: Delicada, fina, exquisita, melindrosa.

156

Y aquel su hermano era muy buen mancebo, mas era muy pobre; y porque la gran pobreza hacer a las personas lo que hacer no quieren, no podía excusar tener que ganarse el sustento de modo muy vergonzante. Y hacíalo así: que cuando alguien moría, iba de noche al cementerio y robaba al muerto su mortajaF

157

F y todo lo que enterraban con él; y de esto se mantenía él y su hermana y su familia. Y su hermana lo sabía.

Y acaeció que murió un hombre muy rico, y enterraron con él muy ricos paños y otras cosas que valían mucho. Cuando la hermana esto supo, dijo a su hermano que ella quería acompañarle aquella noche para ayudarlo.

Llegada la noche, fueron el mancebo y su hermana a la fosa del muerto y abriéronla, y cuando intentaron arrebatarle al cadáver los ricos paños que tenía puestos, no pudieron; para poder quitárselos debían romperlos, o bien arrancar la cabeza al muerto, para así poder desprenderle de ellos.

Cuando la hermana vio que si no rebanaban el pescuezo del muerto, tendrían que romper los paños, con lo que perderían mucho valor, agarró con sus manos la cabeza del muerto, muy sin compasión y sin piedad, y descoyuntólo del todo, y sacó los ricos paños que tenía vestidos, y tomaron cuanto tenía, y fuéronse con ello.

Y luego, al día siguiente, cuando se sentaron a comer, al disponerse a beber de la tarrazuela, comenzó a sonar el agua y, como solía, dio a entender la mora que estaba a punto de desmayarse, por el miedo que le daba aquel ruidito que hacía la tarrazuela. Cuando el hermano aquello vio, recordando cómo sin miedo y sin contemplación su hermana había descoyuntado la cabeza del muerto, díjole en algarabíaF

158

F:

— Aha ya ohti, tafza min bocu bocu, va liz tafza min fotuh encu.

157

Mortaja: Ropas o sábana con que se viste o envuelve al cadáver para enterrarlo.

158

Y esto quiere decir: «Ahá, hermana, os espanta el ruidito de la tarrazuela que hace boc boc, y no os espantabais del descoyuntamiento del pescuezo.»

Y este proverbio es ahora muy repetido entre los moros.

Y vos, señor conde Lucanor, si vuestro hermano mayor veis que rehúsa ayudaros cuando pedís su ayuda, según tenéis dicho, dando a entender que considera gran pecado lo que vos le pedís, cuando no es así; y, luego, cuando él os pide algo para su servicio, aunque sea gran pecado y os pueda acarrear muy gran daño, os exige que lo hagáis sin excusas, entended que actúa de modo igual al de la mora aquella que se espantaba del ruidito de la tarrazuela y no se espantaba de descoyuntar la cabeza del muerto. Y pues vuestro hermano quiere que hagáis vos por él lo que sería vuestro daño si lo hiciereis, haced vos a vuestro hermano lo que él os hace a vos: decidle buenas palabras y mostraros muy cortés; y en lo que no os perjudique, haced por él cuanto podáis, pero en lo que os pueda perjudicar, excusaos siempre muy cortésmente, y en todo caso, por una manera o por otra, evitad lo que os pueda causar daño.

El conde tuvo éste por buen consejo; hízolo así y le fue muy bien.

Y teniendo don Juan este ejemplo por bueno, hízolo escribir en este libro e hizo estos versos que dicen así:

Por quien no quiere lo que te conviene hacer, tú no quieras lo tuyo por él perder.

In document conde Lucanor moderno (página 172-175)

Outline

Documento similar