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Acontecimiento en los “Recuerdos de cumpleaños”

Capítulo 3. Teatralidad expandida y acontecimiento escénico en el Capítulo V Rentas

3.3 Acontecimiento en los “Recuerdos de cumpleaños”

La última de las actividades que se analizará de Rentas congeladas es donde los participantes compartían un recuerdo significativo de alguno de sus cumpleaños. Esto ocurría después del conversatorio con los vecinos. En palabras de Ángel Rubio “como este proyecto tiene que ver un poco con la memoria, tiene que ver un poco con el cómo nosotros también nos involucramos” (La Comuna, Entrevista) los miembros de La Comuna contaban a los asistentes una de las anécdotas que a ellos les parecían significativas de alguno de sus cumpleaños, acompañadas de algunas fotos de este suceso, proyectadas en un ciclorama colocado sobre una pared. Por ejemplo, en la función que aquí se está retomando, le tocó a Sara Alcantar contar su recuerdo: “Erika y yo somos gemelas, entonces todos nuestros cumpleaños los hemos pasado juntas, y les quiero contar del cumpleaños número 15” (La Comuna Rentas congeladas). Después de esta breve introducción ella contó sobre el contexto de la foto que los demás estaban viendo

Es muy colorida porque esa fue tomada en Garibaldi54. A mí tío le parecía sumamente

divertido e importante que en el momento en que Erika y yo cumpliéramos 15 años lo hiciéramos en Garibaldi, nada más que se le ocurrió cinco minutos antes de que fueran las 12 [de la noche], entonces yo estoy con el uniforme de la secundaria, Erika, ella está bien, mi tío está en su pijama, mi abuelita también está en su pijama, porque en ese momento decidieron que debimos tomar el coche e irnos y así lo hicimos (ibídem).

La foto que describe Sara Alcantar fue tomada en la plaza Garibaldi, situada en el ala norte del centro histórico de la ciudad de México. De alguna manera, la imagen que comparte tiene que ver con la historia del habitar que el grupo estaba buscando con este proyecto. Desde un nivel íntimo y personal, la integrante de La Comuna ofrece pocos, pero valiosos datos, sobre cómo una familia que vivía en la gran urbe a principios del siglo XXI podía tomar el auto a medianoche e ir a uno de los lugares más representativos de la fiesta mexicana a nivel nacional, donde no faltan los mariachis, la algarabía, las risas, los cumpleañeros, los

54 Sara se refiere a la plaza Garibaldi, lugar famoso en la ciudad de México por ser un sitio donde la gente que

va puede contratar algún grupo musical de mariachi para que le cante las canciones que quiera escuchar. Es un sitio icónico de la típica fiesta mexicana.

123 dolidos, el canto, el baile y, en aquella época, el alcohol. De acuerdo con Érika Hernández, “en el 2012, el Gobierno capitalino implementó el plan Tolerancia Cero contra el ambulantaje y el alcohol en la plaza, en un intento por frenar el alcohol adulterado” (parr. 2). Desde entonces, la vida nocturna en esa zona de la ciudad ha decaído, la gente ya no acude como durante los años anteriores a la prohibición.

Actualmente podrían ser numerosas las razones de por qué la gente dejó de ir en gran número a Garibaldi, algunas podrían ser el aumento de la delincuencia en la ciudad, los robos a transeúntes, los secuestros en taxis, la venta de alcohol adulterado, la presencia del cartel de Tepito, o el desinterés por este tipo de diversión. Sea cual sea la razón, lo cierto es que la población ha dejado de ocupar el espacio público, la tendencia al aislamiento se percibe en estos lugares que estaban acostumbrados a la concurrencia, a los cuerpos reunidos generando vida conjunta. Esto bien podría ser otro ejemplo de lo que se mencionó en el apartado anterior, lo que Lola Proaño llama “política de la prevención que inmoviliza y encierra a los ciudadanos alejándolos del espacio público”.

Luego de Sara Alcantar, le tocó el turno a Ángel Rubio. En su intervención hubo algunos problemas técnicos, por lo que su fotografía no se pudo proyectar. El meollo de su anécdota era compartir un momento gracioso de cuando él cumplió dos años, ya que según contó se orinó delante de su pastel justo antes de apagar las velas. Después se daba pie a que quien quisiera tomara el micrófono para compartir un breve recuerdo cumpleañero. Este momento se tornaba involuntariamente en algo parecido a un stand up, ya que frente a uno de los muros del museo estaba la base del micrófono, algunas sillas mirando hacia esta parte y una luz que le daba foco a quien se parara justo allí. En esta función hubo tres participantes que tomaron la palabra, no obstante, para explicar mejor este fenómeno del stand up se pondrá atención en la última de las personas que hablaron.

Guadalupe era una mujer de aproximadamente 30 años, algo robusta, de piel morena, cabello negro, peinado casual, vestida con jeans, playera, chaleco negro y con desenvoltura frente al público. Cuando Ángel Rubio le cedió el micrófono estas fueron sus palabras:

(…) yo también me oriné [en clara alusión a la anécdota que contó Rubio. Aquí hubo risas de los demás participantes]. No era tan pequeña, yo tenía como diez años. No me acuerdo si era mi cumpleaños o el cumpleaños de alguien más, pero éramos muchos sobrinos y muchos nietos, como 24. Había una fila gigante para recibir tu bolsa de dulces, como yo no quería

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perder mi lugar porque sabía que si me tocaba al último ya no me iban a dar dulces, me aguanté y estaba haciéndole así todo el tiempo [mientras dice esto ella hace el movimiento corporal al que se refiere en su anécdota] hasta que de repente ya me oriné y lo único que hice fue bajar la cabeza e irme directo al baño. No recibí dulces obviamente, y me regañaron [risas de la gente] (La Comuna Rentas congeladas).

A pesar de que ni los ademanes ni la gestualidad de Guadalupe fueran grandilocuentes, más bien la constancia de sus brazos pegados al cuerpo aparentaban lo contrario, la honestidad, la sinceridad, el lenguaje coloquial -falto de toda pretensión-, incluso la brevedad e ingenuidad de su anécdota hacían sentir que se trataba de un momento de confesión, de que ella estaba poniendo en el espacio común, ante una concurrencia pública, una parte de su intimidad. Este es el pie para traer a colación a Erika Fischer-Lichte cuando menciona en Estética de lo performativo que una de las características del performance es la creación no de una obra de arte -entendida ésta en su materialidad-, sino la creación de acontecimientos. Uno de los marcos de lo performativo en la participación de esta mujer podría apreciarse en que ella, con su anécdota autorreferencial, propició un momento de conexión con los demás participantes y con éste generó un acontecimiento, ya que, si se retoma la idea planteada por Jorge Dubatti, respecto a que el teatro es acontecimiento, en tanto es algo que pasa o sucede en los cuerpos, el tiempo y el espacio del convivio, entonces lo que se observa en el vídeo que ocurrió entre el grupo de personas fue algo acontecimental, a juzgar por las risas y por la unión a causa de la complicidad al hacer una revelación de un momento bochornoso.

En la introducción de esta tesis se citó al filósofo Slavoj Zizek y su definición de este concepto, de la cual, en este punto se retoma la parte donde decía que es algo perturbador, que sucede de repente, algo que surge, que ocurre y que puede referirse a infinidad de cosas, desde un desastre natural hasta una decisión íntima. Precisamente en este terreno entre lo íntimo y lo público es donde parece surgir espontánea y brevemente el acontecimiento en la acción de las historias de cumpleaños, ya que el estado anímico de los que estaban presentes en ese instante difícilmente se podría repetir. Guadalupe no era una actriz representando una historia, era ella misma rememorando en su mente, con su cuerpo, con sus palabras y con su voz un suceso que vivió y con el que logró transmitir el estado de ánimo que este le provocó.

125 En la actividad del cumpleaños hubo otra participación, la cual no está documentada en vídeo ya que sucedió en otra función que no es la que aquí se está tomando como base del análisis, pero sí está documentada en el relato de quienes la presenciaron. En la entrevista que el autor de estas líneas realizó a La Comuna, Ángel Rubio recordó lo sucedido. Resulta que

En una de las últimas funciones una señora encontró que estábamos dando unas funciones de teatro ahí en el Museo de la Ciudad de México y nos echó una llamadita, quería que festejáramos a su mamá que cumplía en ese mismo día 85 años y que ella también había vivido ahí. Entonces obviamente nosotros sin dudarlo dijimos bienvenida, este lugar justo es para usted. Ese día la tuvimos a ella como invitada especial, porque había veces que había otros invitados que habían vivido ahí. Entonces en ese momento tuvimos a ella ahí que dio también un pequeño recorrido. Y al final, después de los recuerdos de las fiestas [de cumpleaños] sacamos un pastelito y todo mundo le cantamos las mañanitas. Le pasamos el micrófono para que dijera algunas palabras, y ella, en término de evocación y de transformación del espacio (sic), pues empezó a narrar cómo había estado allí 70 años atrás. Empezó a decir, la marimba estaba allí, yo venía bajando las escaleras con mi vestido, entonces este espacio dejó de ser por un momento lo que ahora era, que era un museo, y volvió a ser por unos momentos, unos minutos, otra vez la vecindad. (La Comuna Entrevista).

Este testimonio, a pesar de ser breve y de que no entra en demasiados detalles para intentar transmitir desde el nivel descriptivo lo que hizo la señora, sí resulta un apoyo fundamental para contrastar que en un punto del evento escénico de Rentas congeladas sí se logró un efecto tanto performativo como acontecimental durante su realización.

Respecto al performance: “El performance como campo de estudio analiza fenómenos de representación estética y social, pero va más allá al interesarse en actos tanto corporales como verbales con la capacidad de transformar realidades” (Prieto y Toriz 36). La incidencia que un acto performativo tiene sobre el continuum de la realidad es una de las características que para este estudio constituyen otro marco para poder observar cómo la teatralidad se expandió hacia un fenómeno escénico con matices performativos, por lo que, más allá de la representación estética o social que hubo en las actividades puestas sobre la

126 mesa de análisis, el interés sobre los actos verbales y corporales que provocaron un cambio en el sentir, en el estar y en el percibir esa parte de la realidad llamada el habitar en la ciudad, encuentra una veta sustancial en lo que sucedió con la participación de la quinceañera octogenaria.

Los miembros de La Comuna concuerdan en que este momento constituyó uno de los puntos climáticos de todo el proyecto. Para Rubén Ortiz el Capítulo V. Rentas congeladas

revivía una parte de su propia historia de vida, ya que sus padres y él habían vivido en el antiguo Palacio de los Condes de Calimaya durante la época del “milagro mexicano”55, o sea, que su familia también había sido parte de la historia de la que, en aquel tiempo, se le conocía como la vecindad de El Salvador. Esta cercanía con el inmueble es fundamental ya que funciona a manera de piedra Rosetta para poder saber cómo se logró la rememoración de la historia del habitar en esa vecindad. Aunque todavía no existe un soporte donde se haya registrado su testimonio, lo que él ha expresado acerca de esta experiencia también ayuda a comprender que lo que compartió esta mujer no sólo fue un relato, no sólo fueron unas palabras -no fue sólo una historia que contar-, sino que, ayudada por la voz, y además por la memoria corporal -quizá despertada por el regreso a lo que por durante varios años fue su hogar-, compartió las sensaciones que en su cuerpo sintió aquella noche de 1945, cuando, ataviada con su vestido de quinceañera, bajó por las escaleras que conectaban a la planta alta con el segundo patio -escaleras que ya no existen, pero que, con su recuerdo, por un instante más de una persona pudo ver-, mientras que la marimba tocaba a un costado y toda la vecindad la miraba.

Este cambio en la percepción del espacio también se puede explicar en los términos de la liminalidad de Diéguez, ya que la asimilación del espacio que tienen los participantes se modifica y los hace sentirse -o estar- en un lugar que no es el mismo que al inicio del evento escénico. Todos estaban presentes en el Museo de la Ciudad de México, sin embargo, a través de la rememoración corporal y verbal que una de las participantes compartió, por un momento dejaron de estar en el museo ya que su experiencia corporal ya no era la que provoca el estar en un recinto donde no se puede hablar en voz alta, que se tiene que ver a distancia, a veces con ojos cargados de curiosidad intelectual; donde los músculos del cuerpo

55 Se conoce como el “milagro mexicano” a los años que abarcan la década de 1970. Fue un auge económico

debido al encuentro de enormes yacimientos de petróleo en aguas del Golfo de México, dentro de los límites acuáticos donde la legislación internacional le reconoce a México el derecho de explotación.

127 se tienen que contraer, en especial los de las manos -por aquello del no tocar-, en suma, en un lugar donde la experiencia corporal es más parecida a un estado de solemnidad. Por medio del recuerdo compartido de la cumpleañera, ese estar en el espacio se modificó, en tanto que hizo sentirse a los participantes en el patio de una vecindad, con la relajación corporal que da el estar en un lugar amplío y destechado, con el júbilo y la alegría de quien está en medio de una fiesta; con su mirada, sus palabras y su estar corporal, esta anciana les hizo sentir la frescura del agua de una fuente que antes estaba y que ahora ya no está. Todas estas manifestaciones performativas y de la teatralidad contribuyeron a evocar y convocar un momento y un espacio en la historia del habitar de la ciudad de México.

Dichas características performativas sirven de anclaje para analizar un suceso que se vuelve acontecimiento. Según Zizek, la peculiaridad fundamental de un acontecimiento es que cuando aparece surge desde un lugar casi inexplicable, él mismo menciona que es tan fugaz que incluso parece que nunca termina por aparecer, este es el caso del relato de la anciana, que no sólo es el suceso, sino también es un cambio trascendental en la percepción de las cosas. Así, los testimonios de todos los miembros de La Comuna que estuvieron ahí, y en este estudio los de Rubio y Ortiz, se pueden considerar una prueba palpable de cómo ese momento generó en algunos de los participantes un cambio en su horizonte de significación del lugar, a ese nivel. Con horizonte de significación -el concepto se puede leer en la última cita de Zizek en la introducción- se hace referencia a las sensaciones registradas a nivel corporal dadas por elementos que en su materialidad no estaban -la escalera, las fuentes o los músicos- pero que de algún modo surgieron y fueron registrado por el cuerpo de los presentes, y fue tal la marca que dejó en ellos que, según Rubio, momentos como ese es lo que los mueve como grupo a seguir trabajando.

Para terminar, se comparte un pasaje extraído de Rousseau, cuando hacia el final de su Carta a D’Alembert sobre los espectáculos describe un suceso que lo marcó en su infancia, pero que lo compartió a modo de nota a pie de página:

Recuerdo que en mi infancia me sorprendió un espectáculo bastante simple, cuya impresión, sin embargo, conservé siempre, a pesar del tiempo y de la diversidad de objetos. El regimiento de San Gervasio había hecho su ejercicio militar y, según la costumbre, habían cenado por compañías: la mayor parte de cuantos las componían se reunieron luego en la plaza de San Gervasio y se pusieron a bailar todos juntos, oficiales y soldados, en torno a la fuente, en cuyo

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brocal se habían encaramado los tambores, gaitas y portaestandartes. Un baile de gente alegre tras una copiosa comida parecería no ofrecer nada demasiado interesante que ver, sin embargo, la armonía de quinientos o seiscientos hombres uniformados, cogidos de la mano y formando una larga banda que serpenteaba cadenciosamente y sin confusión, con mil vueltas y revueltas, mil especies de evoluciones figuradas, la variedad de ritmos que las animaban, el ruido de los tambores, el resplandor de las antorchas, cierto aparato militar entre el jolgorio, todo eso producía una sensación muy viva que no podía soportarse indiferentemente. Era ya tarde y las mujeres se habían acostado, pero se levantaron todas. Pronto las ventanas se llenaros de espectadores que daban nuevo brío a los actores y que, no pudiendo permanecer mucho tiempo en sus ventanas, bajaron: las dueñas iban a ver a sus maridos; las criadas llevaban vino; incluso los niños, a medio vestir, acudían de la mano de sus padres. Cuando se interrumpió el baile, todo fueron abrazos, risas, saludos, caricias. Hubo una afectividad generalizada que no sabría describir, pero que, en un ambiente de alegría universal, se siente naturalmente dentro de todo lo que nos es querido. Mi padre, abrazándome, fue presa de un estremecimiento que aún creo sentir y compartir… Sé que este espectáculo que me hizo tanta impresión carecería de atractivo para otros muchos… (168-169).

Es tal la huella que esta experiencia le dejó que pudiera considerarse como el testimonio de un acontecimiento. Él mismo señala que lo que describe fue un espectáculo bastante simple, las causas que originaron esa percepción no fueron algo extraordinario, pero la impresión que le dejó la conservó a pesar del paso del tiempo, a lo que es válido añadir que el efecto superó a la causa sin una lógica explicable. Lo que sí es reconocible es que fue un momento espontáneo, algo ocurrió improvisadamente que hizo que las personas abandonaran la privacidad de sus habitaciones y se congregaran en la plaza pública para compartir abrazos, saludos, afectos.

En el caso de lo ocurrido en el Museo de la Ciudad de México, la marca dejada en quienes presenciaron el recuerdo de cumpleaños de la anciana podría equipararse a lo expresado por Rousseau, aunado a que también en este caso el efecto pareció exceder sus causas, ya que, en apariencia, una acción simple como la rememoración de un recuerdo, al combinarse con otros factores como el lugar, el tiempo y la situación, generaron de una manera espontánea y sin razones claras la transformación de algunos de quienes estuvieron presentes.

129 Conclusiones

La primera parte del capítulo inaugural arroja que los medios de producción con los que