6 Tema 5 De la actitud natural a la actitud trascendental
6.2 La actitud natural: la actitud naturalista y la actitud personalista Sobre la
modo genérico.
Parágrafos 27 y 30 de las Ideas, sobre la actitud natural, es decir, la actitud normal en la que nos encontramos en la vida. Especialmente importantes son las últimas líneas del § 27 sobre los componentes de mi mundo, componentes de cosas reales que en realidad son cosas que valen y tienen un sentido práctico. Ese es el mundo de la actitud natural.
§ 27. El mundo de la actitud natural: yo y mi mundo circundante
Empezamos nuestras meditaciones como hombres de la vida natural, representándonos, juzgando, sintiendo, queriendo "en actitud natural". Lo que esto quiere decir nos lo ponemos en claro en sencillas consideraciones, que como mejor las llevamos a cabo es en primera persona.
Tengo conciencia de un mundo extendido sin fin en el espacio y que viene y ha venido a ser sin fin en el tiempo. Tengo conciencia de él, quiere decir ante todo: lo encuentro ante mi inmediata e intuitivamente, lo experimento. Mediante la vista, el tacto, el oído, etc., en los diversos modos de la percepción sensible están las cosas corpóreas, en una u otra distribución espacial, para mí simplemente ahí, "ahí delante" en sentido literal o figurado, Io mismo si fijo la atención especialmente en ellas, ocupándome en considerarlas, pensarlas, sentirlas, quererlas o no. También están seres animados, digamos hombres, inmediatamente para mí ahí; los miro y los veo, los oigo acercarse, estrecho su mano al hablar con ellos, comprendo inmediatamente lo que se representan y piensan, qué sentimientos se mueven en .ellos, qué desean o quieren. También ellos están ahí delante, en mi campo de intuición, como realidades, incluso cuando no fijo la atención en ellos. Pero no es necesario que ni ellos, ni los demás objetos, se encuentren justamente en mi campo de percepción Para mí están ahí objetos reales, como objetos determinados, más o menos conocidos, a una con los actualmente percibidos, sin que ellos mismos estén percibidos, ni siquiera intuitivamente presentes. Puedo dejar peregrinar mi atención desde la mesa de escribir en que acabo de fijarla justamente con la vista, pasando por las partes no vistas del cuarto que están a mi espalda, hasta e balcón, el jardín, los niños que juegan en el cenador, etc., hasta todos los objetos de los cuales justamente "sé" que están acá o allá en el contorno inmediato que entra en mi campo de conciencia -saber que no tiene nada de un pensar conceptual y que únicamente al variar la dirección de la atención, y aún entonces sólo parcialmente, y las más de las veces muy imperfectamente se convierte en un claro intuir.
Pero tampoco con el círculo de esta copresencia, intuitivamente clara u oscura, distinta o indistinta, que constituye un constante halo del campo de percepción actual, se agota el mundo que para mí está en forma consciente "ahí delante" en cada momento de la vigilia. Este mundo se extiende antes bien, en un fijo orden del ser, hasta lo infinito. Lo actualmente percibido, lo más o menos claramente copresente y determinado
(determinado hasta cierto punto, al menos), está en parte cruzado, en parte rodeado por un horizonte oscuramente consciente de realidad indeterminada. Puedo lanzar hacia él rasgos de la mirada iluminadora de la atención, con variable resultado. Representaciones primero oscuras, pero que se van avivando, acaban por destacar algo determinado, eslabonándose una cadena de semejantes representaciones; el círculo de lo determinado se ensancha más y más, y en casos tanto, que queda establecida la conexión con el campo de percepción actual, como contorno central. Pero en general es distinto el resultado: una niebla vacía, de oscura determinación, se puebla de intuitivas posibilidades o presuntividades, y sólo se diseña la "forma" del mudo justamente en cuanto "mundo". El contorno indeterminado es, por lo demás, infinito. El nebuloso horizonte, nunca plenamente determinable, está necesariamente ahí.
Lo mismo pasa con el mundo en el orden del ser de su presencia espacial, que es el que he considerado hasta aquí, pasa con él por respecto al orden del ser en la secuencia
del tiempo. Este mundo que está ahí delante para mí ahora, y patentemente en cada hora
de la vigilia, tiene su horizonte temporal infinito por dos lados, su conocido y desconocido, su inmediatamente vivo y su no vivo y pasado y futuro. Poniendo libremente por obra esa forma de experiencia que me hace intuir lo que está ahí delante, puedo perseguir estas conexiones de la realidad que me circunda inmediatamente. Puedo cambiar mi posición en el espacio y en el tiempo, dirigir la mirada acá y acullá, hacia delante o hacia atrás en el tiempo,; puedo procurarme percepciones y representaciones siempre nuevas más o menos claras y ricas, o también "imágenes" más o menos claras en que me intuitivo lo posible y conjeturable en las formas fijas del mundo espacial y temporal.
De este modo me encuentro en todo momento de la vigilia y sin poder evitarlo, en relación consciente al uno y mismo mundo, bien que cambiante de contenido. Este mundo está persistentemente para mí "ahí delante", yo mismo soy miembro de él, pero no está para mí ahí como un mero mundo de cosas, sino en la misma forma inmediata, como un mundo de valores y de bienes, un mundo práctico. Sin necesidad de más encuentro las cosas ante mí pertrechadas, así como con cualidades de cosa, también con caracteres de valor, encontrándolas bellas, feas, gratas e ingratas, agraciadas y desgraciadas, agradables y desagradables, etc. En forma inmediata hay ahí cosas que son objetos de uso, la "mesa" con sus "libros", el "vaso", el "florero", el "piano", etc. También estos caracteres de valor y estos caracteres prácticos son inherentes
constitutivamente a los objetos que "están" "ahí delante" en cuanto tales, vuélvame o
no a ellos y a los objetos en general. Lo mismo vale, naturalmente, así como para las meras cosas, también para los hombres y animales de mi contorno. Son ellos mis "amigos" o "enemigos", mis "servidores" o "jefes", "extraños" o "parientes", etc.
§ 30 La tesis general de la actitud natural
Lo que hemos expuesto para caracterizar la minera de darse algo en la actitud natural, y con ello para caracterizar a esta misma, ha sido un trozo de descripción pura anterior a "toda teoría". Teorías, lo que quiere decir aquí opiniones preconcebidas de toda índole, las mantenemos rigurosamente alejadas de nosotros en estas investigaciones. Sólo como facta de nuestro mundo circundante, no como reales o presuntas unidades de validez, entran las teorías en nuestra esfera. Pero tampoco nos proponemos ahora la tarea de proseguir la pura descripción hasta elevarla a una caracterización sistemáticamente completa o que agote Ias anchuras y las honduras de lo
que se encuentra en la actitud natural (ni mucho menos en todas las actitudes que cabe entretejer armoniosamente con ésta). Semejante tarea puede y debe -como científica que es- fijarse como meta, y es una tarea extraordinariamente importante, bien que hasta aquí apenas vislumbrada. Pero aquí no es la nuestra. Para nosotros, que aspiramos a entrar por las puertas de la fenomenología, está ya hecho en esta dirección todo lo necesario; sólo hemos menester, de algunos rasgos característicos muy generales de la actitud natural, que han resaltado ya, y con suficiente claridad, en nuestras descripciones. justo tal claridad nos importaba especialmente.
Ponemos de relieve, una vez aún, algo importantísimo, en las siguientes proposiciones. Yo encuentro constantemente ahí delante, como algo que me hace frente, la realidad espacial y temporal una, a que pertenezco yo mismo, como todos los demás hombres con que cabe encontrarse en ella y a ella están referidos de igual modo. La "realidad" la encuentro -es lo que quiere decir ya la palabra- como estando ahí delante y
la tomo tal como se me da, también como estando ahí. Ningún dudar de datos del
mundo natural, ni ningún rechazarlos, altera en nada la. tesis general de la actitud natural "El" mundo está siempre ahí como realidad; a lo sumo, es aquí o ahí "distinto" de lo que presumía yo; tal o cual cosa debe ser borrada de él, por decirlo así, a título de "apariencia", "alucinación", etc., de él, que es siempre -en el sentido de la tesis general- un mundo que está ahí. Conocerlo más completa, más segura, en todo respecto más perfectamente de lo que puede hacerlo la experiencia ingenua, resolver todos los problemas del conocimiento científico que se presentan sobre su suelo, tal es la meta de las ciencias de la actitud natural.