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Actividad: ¿cuáles valores conocemos y practicamos?

In document Manual Cultura de Paz (página 62-65)

Propósito: comprender la importancia que tiene la formación en valores para lograr los pilares de la educación: aprender a ser y aprender a

convivir.

Material didáctico (caja de herramientas): Koichiro Matsuura, “¿Dónde van a parar los valores?”

Tiempo estimado: 20 minutos.

Estrategias: Aprendizaje colaborativo.

En equipos de trabajo, analizar el contenido del texto indicado. Plenaria:

Cada equipo, por medio de un representante, presenta los puntos claves del texto para promover la convivencia escolar armónica.

Producto:

Ficha de trabajo.

Para Zurbano, “Los profesores y profesoras, al educar los Derechos Humanos, aprovecharán tres situaciones escolares distintas, pero íntimamente relacionadas: el currículo escolar (con los objetivos y contenidos de las distintas áreas que se refieren a los derechos de las personas y los pueblos), las situaciones de la vida

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escolar, en las que entran en juego esos derechos, y los frecuentes acontecimientos sociales (en los que se dan violaciones o conflictos de derechos humanos: corrupciones, discriminaciones, intolerancia, insolidaridad)” (Zurbano, 2001: 64).

Zurbano afirma que la acción educativa se dirige a los tres frentes anteriores y es una tarea que exige una gran sensibilidad del profesorado hacia los derechos humanos y el compromiso de erradicar, por completo en el ámbito escolar, las actitudes racistas, belicistas, sexistas, discriminatorias, de intolerancia, y de prepotencia.

El docente tiene que ser congruente entre el decir y el hacer, es decir, únicamente podrá educar en valores cuando él mismo vive y expresa con su conducta actitudes favorables a lo que pretende enseñar.

Tema 2. Formación ética y cívica

A nivel internacional, en todos los sistemas educativos, existe la preocupación por los valores y se advierte, en sociedades como la nuestra, la intención de fomentar una postura ética que propicie el desarrollo del potencial humano de los estudiantes, así como comportamientos que establezcan las bases de convivencia mínimas, a través del respeto a los derechos humanos.

La formación cívica y ética es "un proceso basado en el trabajo y la convivencia escolar, donde niños y niñas tienen la oportunidad de vivir y reconocer la importancia de principios y valores, que contribuyan a la convivencia democrática y a su desarrollo pleno como personas e integrantes de la sociedad" (SEP, 2008: 11).

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La formación cívica y ética permite a niños y jóvenes interactuar en su familia, escuela y en la sociedad en general, respetando las normas implícitas y explícitas socialmente aceptadas, mismas que favorecen o dificultan la convivencia.

Los valores cívicos y éticos, que debe interiorizar el alumno, están incluidos en los campos formativos y asignaturas curriculares de los distintos planes de estudio, en los niveles de educación básica, secundaria, media superior y superior, ya que son parte fundamental del perfil de egreso y juegan un papel determinante en la manifestación de actitudes que favorecen tanto la prevención de la violencia como la convivencia escolar.

La formación ciudadana permite que el estudiante adquiera elementos de la cultura de la democracia, referentes a la participación responsable en procesos sociales, expresión de ideas, toma de decisiones y, en especial, en la transformación positiva de conflictos, proceso que nos lleva a evitar “resolverlos “ con violencia.

De aquí que se haga referencia a las competencias en la formación cívica y ética, propiciando la autorregulación que el niño, niña, adolescente y joven debe hacer respecto a sus emociones implicadas en el manejo de los valores y las actitudes que son la representación de las primeras, considerando los derechos humanos, el respeto, la justicia, la libertad y la solidaridad, de tal forma que no se presente la violencia como medio remedial al conflicto. La formación cívica y ética, y el desarrollo de las competencias, facilitan la prevención de la violencia escolar.

Para Pedro Ortega et al. (1996: 9) “La educación en valores a la vez que la formación de actitudes positivas hacia esos mismos valores, son contenidos irrenunciables en la tarea educativa. Ambos (actitudes y valores) se convierten, de hecho, en el motor del proceso educativo y en aquello que da la coherencia y sentido dinamizador a los diversos elementos que configuran dicho proceso”.

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La formación cívica y ética se deriva, por lo tanto, de un proceso educativo mayor, la educación en valores y la formación de actitudes positivas en los alumnos hacia esos mismos valores y es responsabilidad del profesor llevar a cabo esta formación de manera integral, ya que es éste el enfoque que rige actualmente la reforma educativa en nuestro país.

En el proceso de enseñanza-aprendizaje de formación cívica y ética es muy importante que el docente trabaje con estrategias y recursos que favorezcan las actitudes cívicas y éticas, por ejemplo: el diálogo, la toma de decisiones, la comprensión y reflexión crítica, ejercicio del juicio ético, dilemas morales y favorecer la participación del alumno constantemente en las clases.

Complementando las estrategias, las actividades de aprendizaje que favorecen el logro de la formación cívica y ética son, según la Secretaría de Educación Pública de México (2008: 35), las siguientes: “la investigación en fuentes documentales, discusión de situaciones, dilemas y casos basados en el contexto en el que viven los alumnos y demandan tomar decisiones individuales y colectivas, negociar y establecer acuerdos, la participación social en el entorno a través de la difusión de la información en trípticos y periódicos murales y el desarrollo de acciones encaminadas al bienestar escolar organización de charlas y conferencias”.

In document Manual Cultura de Paz (página 62-65)