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Los actos cidianos en Valencia durante el VIII Centenario del Poema de Mío Cid

C

omienza en el año 1940 un primer intento de acceso a la Cátedra de Institu- tos de Enseñanza Media,1y a finales de este año recibe una orden de nom-

bramiento de encargado interino de lengua y literatura españolas en el Instituto de enseñanza media «Luis Vives», reincorporándose a la docencia a comienzos del año siguiente.

Pero si por algo será importante este año en la vida de Guarner, será por su par- ticipación en la organización del VIII Centenario del Poema de Mío Cid. En dicha celebración, que tuvo una de sus sedes en Valencia, se pronunciaron diversas con- ferencias: Gerardo Diego, «El ritmo en el Poema de Mío Cid»; Eduardo López- Chavarri, «La música medieval»; Manuel Ballesteros, «Posibilidad y dimensión universal de la gesta del Cid»; Félix Ros, «Castillas son los ríos»; Emilio Alarcos, «Gloria y ganancia en el Poema de Mío Cid»; Joaquín de Entrambasaguas, «El

Poema de Mío Cid y su influencia en la literatura nacional»; Dámaso Alonso, «El

arte del juglar en el Poema de Mío Cid»; Ramón Menéndez Pidal, «Aspectos del

Poema de Mío Cid»; y Antonio Tovar, que clausuró los actos.

Enmarcándolo en este homenaje, Guarner modernizará el texto cidiano y lo publicará en la tipografía de Jesús Bernés,2 dedicándolo a Ramón Menéndez 1En el ALG se guarda un certificado de buena conducta, para poder presentarse a oposi-

ciones. Y una postal que enviará desde Segovia a su madre, con fecha: 14.07.1940.

2Juan Beneyto, le envía desde la Subsecretaría de Prensa y Propaganda, en Madrid, la auto-

Pidal, por su maestría y su asistencia a los actos cidianos valentinos, y acompa- ñándolo de un prólogo de Dámaso Alonso.

Gerardo Diego, le enviará una carta a Guarner el 5 de enero de 1942, desde el Instituto madrileño «Beatriz Galindo», en la que le dice:

«S. Don Luis Guarner. Querido amigo: Todos los santos tienen octava y los regalos aniversario. El de su Poema de Mío Cid está dedicado en la fecha 11 de –¿mayo?– de 1941. Todavia unos meses para decirle que entonces hojeé, que ahora con más calma lo leo y cotejo y que estoy en un todo con- forme con lo que dice Dámaso en su prólogo, a pesar de mi opinión general sobre la métrica y su valor estético que ya usted conoce.

Espero ver pronto cosas nuevas de usted de las que anuncia, sin olvi- dar sus versos originales como las preciosas Cançons de terra i de mar que guardo avaramente.

Mis mejores recuerdos y augurios de nuevo año para usted y todos nuestros amigos: Carreres, Zabala, Ferreres, Chavarri, Palau, Gaos, etc. ¿Cuándo volveré por Valencia?

Suyo afectísimo. Gerardo Diego».

Arturo Zabala recordando los distintos actos que se realizaron en el «huerto de jardín romántico y naranjos» de Guarner en Benifairó, trae a colación la visi- ta de Menéndez Pidal:

«...tuvimos no pocas reuniones memorables –o, mejor, inolvidables–, con amigos que son historia acabada o viva –Menéndez Pidal, con su hijo Gonzalo y el nieto Diego Catalán; Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Emi- lio Alarcos, padre, Entrambasaguas, Antonio Tovar, Félix Ros, Ángel Val- buena, Rafael Ferreres...–, historia por sus méritos intelectuales y su sig- nificación y trascendencia, e historia cordial de grande y permanente amistad, confiada y sencillamente humana».3

Más adelante referirá Zabala, de nuevo, aquella,

«...conmemoración supuestamente centenaria del viejo “cantar”, cele- brada en el Paraninfo de nuestra Universidad, durante la que, no sin com- plicadas peripecias, propiciamos la primera, solemne y conflictiva apari-

3ZABALA, Arturo, «Prólogos y epílogos a los primeros libros de Guarner», en Homenaje...

Pidal, por su maestría y su asistencia a los actos cidianos valentinos, y acompa- ñándolo de un prólogo de Dámaso Alonso.

Gerardo Diego, le enviará una carta a Guarner el 5 de enero de 1942, desde el Instituto madrileño «Beatriz Galindo», en la que le dice:

«S. Don Luis Guarner. Querido amigo: Todos los santos tienen octava y los regalos aniversario. El de su Poema de Mío Cid está dedicado en la fecha 11 de –¿mayo?– de 1941. Todavia unos meses para decirle que entonces hojeé, que ahora con más calma lo leo y cotejo y que estoy en un todo con- forme con lo que dice Dámaso en su prólogo, a pesar de mi opinión general sobre la métrica y su valor estético que ya usted conoce.

Espero ver pronto cosas nuevas de usted de las que anuncia, sin olvi- dar sus versos originales como las preciosas Cançons de terra i de mar que guardo avaramente.

Mis mejores recuerdos y augurios de nuevo año para usted y todos nuestros amigos: Carreres, Zabala, Ferreres, Chavarri, Palau, Gaos, etc. ¿Cuándo volveré por Valencia?

Suyo afectísimo. Gerardo Diego».

Arturo Zabala recordando los distintos actos que se realizaron en el «huerto de jardín romántico y naranjos» de Guarner en Benifairó, trae a colación la visi- ta de Menéndez Pidal:

«...tuvimos no pocas reuniones memorables –o, mejor, inolvidables–, con amigos que son historia acabada o viva –Menéndez Pidal, con su hijo Gonzalo y el nieto Diego Catalán; Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Emi- lio Alarcos, padre, Entrambasaguas, Antonio Tovar, Félix Ros, Ángel Val- buena, Rafael Ferreres...–, historia por sus méritos intelectuales y su sig- nificación y trascendencia, e historia cordial de grande y permanente amistad, confiada y sencillamente humana».3

Más adelante referirá Zabala, de nuevo, aquella,

«...conmemoración supuestamente centenaria del viejo “cantar”, cele- brada en el Paraninfo de nuestra Universidad, durante la que, no sin com- plicadas peripecias, propiciamos la primera, solemne y conflictiva apari-

3ZABALA, Arturo, «Prólogos y epílogos a los primeros libros de Guarner», en Homenaje...

pp. 260-261.

ción pública de don Ramón Menéndez Pidal, después de la contienda civil».4

Guillermo Díaz-Plaja, en su libro Sociología cultural del posfranquismo, recordando aquellos años cuarenta escribirá:

«Y así tienen una gran trascendencia la reinstalación entre nosotros de grandes figuras que vivían en el exilio, como Menéndez Pidal, Azorín, Baroja, Marañón, Ortega... ¿Qué consecuencia tuvieron estos gestos de aproximación? ¿Cómo fueron recibidas esas presencias? La España ofi- cial, triste es decirlo, se limitó a una actitud de tolerancia: ni uno de esos grandes personajes fue recibido por los dirigentes políticos o culturales del país. Pero para la España real, esa presencia sí fue importante: bastaba con que cada una de ellas se incorporase silenciosamente a su labor para que una política cultural hecha de consignas estridentes y excluyentes queda- se, cada vez más, reducida a pura gesticulación. Entretanto, Menéndez Pidal –por espontáneo gesto de José Mª. Pemán– volvía a la Dirección de la Real Academia Española. José Ortega y Gasset pronunciaba una reso- nante conferencia en el Ateneo de Madrid; Marañón predicaba, como siempre, en la tolerancia intelectual; Azorín enseñaba a hablar con voz pequeña, y Baroja centraba una tertulia de jóvenes amigos... La etapa de los años cuarenta, en la que Ortega, Menéndez Pidal, Azorín, Baroja y Marañón, se incorporan al vivir de los españoles que, traumatizados por la guerra civil, no se han movido de España. Son unos regresos patéticamen- te silenciosos, incluso tímidos, en que los “seniores” de nuestra cultura, fugitivos de la mortal asfixia del exilio, se abren paso hasta reinstalarse en sus lugares, un poco anonadados por la retórica triunfalista del momento. Su voz va a sonar tímidamente: Ortega, en su conferencia del Ateneo (“Idea del teatro”); Menéndez Pidal, acogido por el Instituto de Cultura Hispánica; Azorín, en el reencuentro de su tarea periodística; Baroja, en la prosecución de su tarea narrativa; Marañón, un poco en todas partes... De esta etapa se pasa a una etapa más afirmativa: Ortega funda el Instituto de Humanidades; don Ramón, a través de un gesto señorial de José Mª. Pemán, vuelve a la dirección de la Academia».5

Es significativa la carta que le envía Ramón Menéndez Pidal a Lluís Guarner, el 22 de mayo de 1941:

4Idem, p. 265.

5DÍAZ-PLAJA, Guillermo, Sociología cultural del posfranquismo, Barcelona, Plaza y Janés,

«Mi querido amigo:

esperaba para escribir a Vd. el recibir un ejemplar especial de su

Poema de Mío Cid que me anunció Zabala hace tiempo, pero como se

retrasa ese envío, no quiero diferir más el expresarle cuánto agrado tuve en leer su restauración moderna del viejo Poema, cuando Zabala me lo remitió. Ante todo le agradezco muy de corazón la afectuosa dedicatoria. En ella recuerda Vd. los días que juntos pasamos en Valencia con ocasión del centenario Cidiano. Crea Vd. que fueron para mi un delicioso respiro de los trabajos ordinarios; los días más agradables que entre amigos pasé en estos últimos años que tanto han transformado la faz de España.

Como una prolongación de aquella visita leí con sumo gusto la versión moderna que Vd. publica. Me agrada mucho y sobre todo por su feliz fide- lidad. Es tan respetuosa con el texto arcaico que uno se sorprende pueda ser a la vez tan afortunada. Puede Vd. figurarse con qué emoción leo en ella, así modernizados, los versos que tanto trabajé y de que tanto disfru- té en mi juventud, ya tan lejana.

Felicitándole por esta nueva publicación, le saluda muy cordialmente agradecido, suyo

Ramón Menéndez Pidal»

Además de la versión editada por Guarner, fue editado Romancero del Cid (Romances viejos), con selección y prólogo de Rafael Ferreres (Valencia, 1941), y la conferencia que dio Menéndez Pidal, «Mío Cid el de Valencia», dentro de la Colección Aneja de Saitabi, Serie Histórica, número 1, al cuidado y con prólogo de Arturo Zabala.

Sobre su versión del poema recibirá diversos elogios. El filólogo Kart Voss- ler le escribirá en 1942:

«Ilustre Sr. Guarner,

la señorita Carolina Reig Salvá, me entregó, hace algunos días, tres libros de Vd muy preciosos y ricos. Estoy pasando con ellos horas de recreo y edificación. ¡Qué elegante, hermosa y bien entonada su edición del Romancero espiritual de Lope de Vega! Mucho admiro el acierto filo- lógico y gusto artístico de su transcripción del Cantar de Mío Cid y muy simpáticos y agradables me llegan al alma sus versos de Realidad inefable. Mil gracias. No tengo nada que ofrecerle que equivalga –ni siquiera de lejos–; me siento y quedaré siempre su deudor.

Créame con sincera gratitud obligadísimo suyo Karl Vossler»

«Mi querido amigo:

esperaba para escribir a Vd. el recibir un ejemplar especial de su

Poema de Mío Cid que me anunció Zabala hace tiempo, pero como se

retrasa ese envío, no quiero diferir más el expresarle cuánto agrado tuve en leer su restauración moderna del viejo Poema, cuando Zabala me lo remitió. Ante todo le agradezco muy de corazón la afectuosa dedicatoria. En ella recuerda Vd. los días que juntos pasamos en Valencia con ocasión del centenario Cidiano. Crea Vd. que fueron para mi un delicioso respiro de los trabajos ordinarios; los días más agradables que entre amigos pasé en estos últimos años que tanto han transformado la faz de España.

Como una prolongación de aquella visita leí con sumo gusto la versión moderna que Vd. publica. Me agrada mucho y sobre todo por su feliz fide- lidad. Es tan respetuosa con el texto arcaico que uno se sorprende pueda ser a la vez tan afortunada. Puede Vd. figurarse con qué emoción leo en ella, así modernizados, los versos que tanto trabajé y de que tanto disfru- té en mi juventud, ya tan lejana.

Felicitándole por esta nueva publicación, le saluda muy cordialmente agradecido, suyo

Ramón Menéndez Pidal»

Además de la versión editada por Guarner, fue editado Romancero del Cid (Romances viejos), con selección y prólogo de Rafael Ferreres (Valencia, 1941), y la conferencia que dio Menéndez Pidal, «Mío Cid el de Valencia», dentro de la Colección Aneja de Saitabi, Serie Histórica, número 1, al cuidado y con prólogo de Arturo Zabala.

Sobre su versión del poema recibirá diversos elogios. El filólogo Kart Voss- ler le escribirá en 1942:

«Ilustre Sr. Guarner,

la señorita Carolina Reig Salvá, me entregó, hace algunos días, tres libros de Vd muy preciosos y ricos. Estoy pasando con ellos horas de recreo y edificación. ¡Qué elegante, hermosa y bien entonada su edición del Romancero espiritual de Lope de Vega! Mucho admiro el acierto filo- lógico y gusto artístico de su transcripción del Cantar de Mío Cid y muy simpáticos y agradables me llegan al alma sus versos de Realidad inefable. Mil gracias. No tengo nada que ofrecerle que equivalga –ni siquiera de lejos–; me siento y quedaré siempre su deudor.

Créame con sincera gratitud obligadísimo suyo Karl Vossler»

Y, más tarde, en 1959, será Vicente Aleixandre quien se dirija a él:

«Querido amigo: Muchas gracias por el afectuoso envió y dedicatoria del tomo del Poema de Mío Cid. Es un detalle muy delicado que me per- mite admirar el esmero de la edición y notas y sobre todo la bella y ele- gantísima versión en verso moderno que Vd. ha hecho, con tanto luci- miento.

Reitero las gracias, con un cordial saludo. Vicente Aleixandre»

Guarner y el IV Centenario