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Perspectivas actuales sobre la conciencia*

9.3. EL ESTADO ACTUAL DE LA CUESTIÓN:

ENFOQUES CARTESIANOS Y ENFOQUES NATURALISTAS Los términos en los que se plantea el debate actual sobre la conciencia son, pues, en consonancia con lo que venimos diciendo, si ésta tiene, como proponía Descartes, un carácter experiencial y no-natural, o, por el contrario, tiene un carácter empírico, no-experiencial y natural. Los planteamientos del primer tipo han recibido la denominación de cartesianos (a veces neocarte- sianos) o de primera persona, y los del segundo, de naturalistas o de tercera persona. Pero, mientras estos últimos son los que más abundan, los plantea- mientos cartesianos en estado puro son hoy difíciles de encontrar. Por eso, a los enfoques naturalistas puros, en la actualidad, hay que unir todos aquellos que pretenden ser cartesianos y naturalistas al mismo tiempo, esto es, aque- llos que pretenden que la conciencia tiene un carácter experiencial, subjeti- vo, de primera persona y, a la vez, natural, como es el caso de Searle (1999, 54) y Chalmers (1996/1999); y aquellos otros que, aun admitiendo todo eso, esto es, que la conciencia existe, e incluso es un fenómeno natural como cual- quier otro, sugieren que es imposible tener un conocimiento científico de la misma (Nagel, 1974; Jackson, 1983; McGinn, 1991)8. Por último, hay que

citar el planteamiento de los que radicalizan el naturalismo hasta negar que la conciencia exista y sea una propiedad de las personas y del mundo (los

9 Evidentemente cabe hacer otra clasificación distinta a la propuesta por nosotros de los

diferentes enfoques de la conciencia. Por ejemplo, Chalmers (1996/1999) distingue entre enfo- ques cognitivos, enfoques neurobiológicos, enfoques basados en la nueva física y enfoques evo- lucionistas. Pero, además de que todos estos planteamientos son de tipo naturalista, dados nuestros propósitos de tratar las cuestiones epistemológicas y ontológicas de la conciencia, nos parece más adecuada nuestra clasificación. También Güzeldere ha propuesto una división en tres grupos: los misteriosos, los escépticos y los naturalistas. Aunque esta clasificación se apro- xima más a la nuestra, difiere, sin embargo, sustancialmente de ella, ya que sitúa a McGinn (y al resto de los escépticos moderados) dentro de los misteriosos, a los eliminativistas dentro del grupo de los escépticos y a los naturalistas cartesianos junto con los naturalistas puros dentro del grupo de los naturalistas (1997, 3-6).

10 Georges Rey (1983, 1988) parece que es una excepción, ya que no tiene ningún incon-

veniente en hacer explícita dicha afirmación.

Churchland, a la cabeza del materialismo eliminativo, serían en la actualidad los representantes más destacados de este planteamiento)9.

En el estudio que vamos a hacer a continuación de estos distintos enfo- ques, nos ocuparemos tanto del planteamiento epistemológico, esto es, del modo que se propone para abordar el tema de la conciencia, como de la pro- puesta ontológica, esto es, de las tesis que se defienden acerca de su existen- cia y su naturaleza.

9.3.1. Enfoques naturalistas puros

Como acabamos de sugerir, el enfoque que predomina, sin lugar a dudas, en los estudios sobre la conciencia que se han realizado en los últimos años es el enfoque naturalista. Dicho enfoque consiste en sostener que la concien- cia es un fenómeno natural como cualquier otro que se refiere a fenómenos de tercera persona, públicamente observables y, en consecuencia, con ella habría que adoptar el mismo método de estudio que con los demás fenóme- nos de la naturaleza, esto es, se defiende que la conciencia se refiere a fenó- menos de tercera persona, públicamente observables y, por tanto, accesibles desde un planteamiento científico, objetivo. Este enfoque, según sus propo- nentes, debería despojar a la conciencia de cualquier aura de misterio y solu- cionar el problema de una vez por todas. Sin embargo, algunos creen que la consecuencia lógica que parece que se debería extraer de este planteamiento es, más bien, que la conciencia fenomenológica no existe, ya que se refiere a estados mentales de primera persona, cualitativos, subjetivos e internos (Sear- le, 1992/1996, 21). No obstante, son pocos los que se atreven a dar ese paso tan radical10. Este enfoque ha sido adoptado por una gran parte de los filó-

sofos funcionalistas, por los psicólogos cognitivos y, en general, por todos los materialistas. Algunos de los filósofos más representativos dentro de él son Armstrong (1968, 1980a), Lewis (1966, 1972, 1980, 1995), Shoe- maker (1975, 1991, 1994), Dennett (1986, 1991/1996), Rosenthal (1986, 1997), Lycan (1987, 1997), Van Gulick (1988, 1989, 1993), Flanagan (1992) y, desde

11 No se ha elegido la propuesta de Dennett, que es quizás la más conocida desde la publi-

cación de La conciencia explicada (1991), por una parte, porque ya se expone en otro capítulo de este volumen, y, por otra, porque los destinatarios primeros, aunque no los únicos, de este libro son los alumnos de psicología y la propuesta de Baars está hecha desde el campo de la psicología.

un planteamiento más psicológico, Baars (1988). Dado que dentro de un planteamiento naturalista general caben propuestas muy diferentes, nos detendremos a analizar dos de ellas que consideramos representativas de lo que se está haciendo dentro de dicho planteamiento. Éstas son la de Baars y la de Rosenthal.

9.3.1.1. Una teoría cognitiva de la conciencia

La concepción de la conciencia que vamos a exponer a continuación per- tenece al grupo de teorías que pretenden realizar una modelización cogniti- va, esto es, tratan de presentar «un modelo de la dinámica causal implicada en los procesos cognitivos, que explique las causas de la conducta de un agen- te cognitivo» (Chalmers, 1996/1999, 153). La propuesta de Dennett y la de Baars son posiblemente las más características de este grupo, aunque nos- otros, como acabamos de indicar, nos centraremos sólo en el segundo11.

La idea de la que parte Baars en su trabajo es que la experiencia cons- ciente, cuya comprensión y explicación son sumamente problemáticas, debe ser considerada como «un constructo teórico que puede ser inferido de evi- dencia segura» (1988, 9). Este autor sugiere, en primer lugar, como método de aproximación, contrastar estados y procesos conscientes y no conscien- tes, que sean comparables, esto es, que parecen diferir sólo en que unos son conscientes y otros no, siempre que las propiedades de ambos se puedan inferir con base en evidencia pública. Esta comparación es posible, porque hoy los estados conscientes e inconscientes en psicología tienen el mismo sta-

tus que otros constructos científicos. Este método, por tanto, se podría

denominar «análisis comparativo» y proporcionaría la base empírica para el desarrollo teórico (1988, XVI-XVII y 18-19; 1997, 187). Además, Baars pro- pone partir de los casos más simples y no de los más complejos, como la visión ciega, por ejemplo, que es lo que se ha estado haciendo hasta ahora (1988, XVIII). El planteamiento, por otra parte, debería ser global, inten- tando lograr una teoría integradora basada en los datos concretos acumula- dos, de manera que éstos restrinjan el tipo de hipótesis global que formule- mos (1988, XIX). Por último, Baars propone que se utilice el lenguaje del procesamiento de la información, que es un lenguaje neutral respecto a la experiencia consciente y así nos permitirá libertad para hablar sobre proce- sos mentales inferidos sean conscientes o inconscientes (1988, 13). Dado este enfoque naturalista, Baars cree que su teoría puede cambiar en el futu-

ro en función de la evidencia nueva que vaya apareciendo y de los cambios que se produzcan en el pensamiento.

La definición de conciencia de la que parte Baars es una definición ope- rativa:

Consideraremos que la gente es consciente de un evento si: 1) puede decir inmediatamente después que es consciente de él, y 2) podemos verifi- car independientemente la exactitud de su informe (Baars, 1988, 15). El partir de esta definición operacional no supone, sin embargo, que no existan otras experiencias conscientes que no cumplan estos criterios.

Formarían parte de la conciencia, por una parte, la experiencia conscien- te de los perceptos e imágenes y, por otra, los conceptos abstractos, aunque en este caso Baars propone que hablemos de acceso consciente en vez de expe- riencia consciente.

Baars cree que el problema de la conciencia es un problema real, cuyo debate ha sido evitado hasta ahora en psicología cognitiva utilizando eufe- mismos científicos como «atención», «percepción», «exposición al estímu- lo», «informe verbal», «control estratégico» y otros semejantes. Pero nin- guno de estos eufemismos expresa de un modo exacto lo que significa «experiencia consciente» (1988, 27). Para comenzar a explicar la concien- cia, piensa que es necesario, en primer lugar, de acuerdo con su método de análisis comparativo, tener una concepción clara de los fenómenos incons- cientes. Un fenómeno inconsciente es el resultado del funcionamiento de un sistema especializado. Todos podemos observar a diario cómo, a medi- da que dominamos una destreza o un conocimiento, éste deviene cada vez más inconsciente en sus detalles (por ejemplo, conducir). Esos sistemas especializados trabajan con representaciones. «Una representación es un objeto teórico que tiene una semejanza abstracta con algo fuera de ella» (1988, 44). Estas representaciones pueden sufrir cambios a través de procesos y, a su vez, «un conjunto de procesos relativamente unitario y organi- zado que trabajan juntos al servicio de una función particular» (1988, 50) forma un procesador. El sistema nervioso contiene muchos procesadores especia- lizados que operan en gran medida inconscientemente. Estos procesadores se pueden ver como destrezas especializadas que han llegado a ser alta- mente prácticas, automáticas e inconscientes. La percepción y otros fenó- menos conscientes como comprender un enunciado son descomponibles y pueden verse como el producto de numerosos sistemas altamente especia- lizados o módulos, interactuando unos con otros para crear una experien- cia consciente integrada, que es diferente de la suma de las partes. Esto sig- nifica que «el procesamiento detallado a lo largo de todo el sistema es ampliamente descentralizado o distribuido. Cada módulo puede ser com- puesto o descompuesto variablemente, dependiendo de los objetivos perse- guidos y de los contextos. Los procesadores especializados pueden ser capaces de adaptarse a una nueva entrada, pero sólo dentro de unos límites estrechos» (1988, 64).

En contraste con los fenómenos inconscientes se halla la experiencia cons- ciente, que está asociada a lo que Baars denomina un Espacio de Trabajo Global (ETG), que sirve de base a la misma. Los fenómenos conscientes son simple- mente aquellos que tienen lugar en el ETG. Ese ETG es el órgano de publici- dad del sistema nervioso. «Es semejante a una pizarra en una clase o a una esta- ción de transmisión de televisión en una comunidad humana». En él se produce «un intercambio de información que permite a muchos procesadores especiali- zados (inconscientes) diferentes interactuar unos con otros» (1988, 74). Los con- tenidos del ETG, que corresponden aproximadamente a la experiencia cons- ciente, son distribuidos ampliamente por todo el sistema. Así, el cerebro es concebido como una vasta colección de procesadores automáticos especiali- zados, algunos de ellos encajados y organizados dentro de otros. Los proce- sadores pueden competir o cooperar para ganar acceso al espacio de trabajo global que sirve de base a la conciencia, permitiéndoles este acceso enviar mensajes globales a cualesquiera otros sistemas interesados. Cualquier expe- riencia consciente emerge de la cooperación y la competición entre muchos procesadores de entrada diferentes. En un sistema distribuido como el que estamos describiendo «no hay un ejecutivo central, esto es, un sistema único que asigne los problemas a los especialistas específicos o los dirija para reali- zar la tarea. Para diferentes trabajos diferentes procesadores pueden com- portarse como ejecutivos, ejerciendo unas veces unos y otras veces otros el control ejecutivo de un modo muy flexible. El control es esencialmente des- centralizado» (1988, 87). Son los propios procesadores inteligentes los que «deciden» a qué informaciones atienden y a cuáles no. Sería como una eco- nomía de mercado en la que se deja actuar libremente a los distintos agentes, sin que haya un gobierno que adopte decisiones. Pero, incluso en esta situa- ción, aún se necesita de un espacio central de intercambio de información entre los distintos especialistas. Una consecuencia de esto es que un mensaje global debe ser internamente consistente, o, en caso contrario, se degradará muy rápidamente debido a la competición interna entre sus componentes. Además, la experiencia consciente requiere que los sistemas receptores se adapten o actúen para alcanzar cualquier información que sea transmitida en el mensaje consciente global. Cualquier mensaje consciente también debe ser globalmente informativo. Finalmente, la adaptación a un mensaje informati- vo tiene lugar dentro de un contexto estable, pero inconsciente.

Mientras los procesadores conscientes trabajan serialmente, los incons- cientes lo hacen en paralelo. Además, aquéllos son computacionalmente menos eficientes que éstos. Sin embargo, el espectro de sus posibles conteni- dos es mucho más amplio y poseen una mayor flexibilidad y una mayor capa- cidad relacional para tratar con nuevos contextos en contraste con la relativa limitación, rigidez, aislamiento y autonomía de los procesadores inconscien- tes. Asimismo, los procesadores conscientes poseen una «sensibilidad de con- texto», entendiendo por ésta «la forma en que los fenómenos conscientes son conformados por factores inconscientes» (1988, 79).

Las experiencias conscientes son conformadas por estructuras relativa- mente duraderas, que no son conscientes, aunque pueden evocar y ser evo-

cadas por eventos conscientes. A estas estructuras las denomina Baars con- textos. Podemos tratar los contextos como un grupo de procesadores espe- cializados cooperando con acceso real al espacio de trabajo global. El con- junto de contextos operativos en el presente es la Jerarquía de Contexto Dominante Actualmente. Ese Contexto Dominante es una mezcla coherente de contextos perceptuales, conceptuales y de objetivos, que controlan nues- tra experiencia e imponen constricciones inconscientes a lo que puede con- vertirse en consciente. Los contenidos conscientes y los contextos incons- cientes se entremezclan así para crear una corriente de conciencia. La interacción entre ellos es útil para resolver una gran variedad de problemas, en los que los componentes conscientes son utilizados para acceder a nuevas fuentes de información, mientras los contextos y los procesadores incons- cientes se ocupan de los detalles rutinarios. Finalmente, parece que una de las funciones más importantes de la experiencia consciente es obtener, modificar y crear nuevos contextos que luego conformarán la experiencia consciente posterior.

Otra noción clave en la propuesta de Baars es el concepto de información. Ésta debe ser entendida en el sentido ya clásico establecido por Shannon de reducción de la incertidumbre. «Somos conscientes de un suceso sólo cuan- do existe en un contexto estable, pero no cuando es tan predecible que no hay alternativas concebibles» (1988, 178). De este modo, la experiencia cons- ciente del mundo no es una función directa de la estimulación física, sino que dependerá de la información real que aporte (la cantidad de incertidumbre que reduzca). En general, la probabilidad de que cualquier suceso sea cons- ciente se incrementa con su valor informativo y disminuye con su redundan- cia. En resumen, la informatividad es una condición necesaria de toda expe- riencia consciente de un suceso.

Relacionada con la información está la adaptación. Aquí entendemos por adaptación «el proceso de aprender a representar algún input, hasta el punto de poderlo predecir automáticamente. Cuando hay una correspondencia per- fecta entre el input y su representación, el input es redundante con respecto a su representación. Así la redundancia es el producto final de una adapta- ción exitosa» (1988, 183). El ciclo de adaptación ante una nueva tarea que se ha de aprender estaría formado por tres etapas: 1) la primera, en la que se comienza sabiendo sólo que hay algo que aprender, consiste en la creación del contexto, en el que los elementos que van a ser aprendidos son defini- dos; 2) la segunda etapa consiste en entender el nuevo material dentro del contexto creado, de manera que ahora sea informativo; y 3) una vez que nos hemos adaptado completamente, en la tercera etapa, perdemos acceso cons- ciente al material aprendido. La experiencia consciente correspondería prin- cipalmente a la segunda etapa (1988, 184).

Esta teoría de la conciencia que acabamos de exponer es ampliada por Baars hasta intentar explicar desde ella nociones como la del control volun- tario o del yo. Así, el control voluntario es considerado como el resultado de objetivos concretos (o intenciones) que son realizados de forma consistente con el contexto de objetivos dominantes. Una acción voluntaria es «aquélla

cuyos componentes conscientes han sido editados antes de ser llevada a cabo» (1988, 266), esto es, una acción cuyos componentes han sido revisados previamente, como hace el editor con las pruebas para evitar errores en las publicaciones. Así, en estas acciones hay oportunidad de cambiarlas antes de su ejecución, frente a las acciones involuntarias en las que no sería posible hacerlo, al no producirse una edición previa. De modo semejante, el yo es entendido como el más alto y duradero de los niveles de la Jerarquía de Con- texto Dominante, que crea una continuidad a lo largo del flujo cambiante de los sucesos. Así, el yo sirve para organizar y estabilizar experiencias a través de muchas situaciones diferentes.

Por último, Baars cree que la evidencia neurofisiológica de la que dispo- nemos apoyaría el modelo que él está proponiendo (1988, cap. 3). Expuesto de un modo simplificado:

1) El sistema nervioso es visto por muchos neurocientíficos como un sis- tema distribuido en paralelo, con muchos procesadores especializados dife- rentes. Asimismo, las estructuras más importantes del cerebro, especialmen- te el córtex, pueden considerarse como una colección de módulos distribuidos especializados.

2) Algunos de estos módulos pueden cooperar o competir para acceder a lo que Baars denomina Sistema de Activación Reticular-Talámico Extendido (SARTE), que sería la parte del sistema nervioso que realiza las funciones que venimos atribuyendo al ETG. El SARTE estaría compuesto por la Formación Reticular, que recibe información de todas las estructuras importantes del cerebro, y se extiende hacia arriba para incluir los núcleos no específicos del tálamo; además, se debe incluir en este amplio sistema el Sistema de Proyec- ción Talámico Difuso, que envía numerosas fibras a todas las partes de la cor- teza, y, posiblemente, también deban ser incluidas las conexiones corticales.

3) La información que gana acceso puede ser transmitida globalmente a otras partes del sistema nervioso, especialmente al enorme manto cortical del cerebro.

Para terminar con este tipo de enfoques, una reflexión crítica. El proble- ma fundamental de estos planteamientos es que parece que se dejan fuera lo que hemos denominado conciencia fenomenológica. En la mayoría de los casos no es que la nieguen explícitamente, incluso en algunos se parte de su admisión explícita, pero luego, a medida que se va avanzando en su explica- ción, durante el camino, sin saber cómo, se convierte en conciencia repre- sentacional, olvidándose del concepto del que se partía. Dicho de un modo más explícito, estos modelos cognitivos explican muy bien el acceso del suje- to a la información, la atención, la informatividad de la conciencia, las capa- cidades introspectivas, etc., pero no proporcionan una explicación de por qué esos procesos deberían estar acompañados por una experiencia cons- ciente (Chalmers, 1996/1999, 153-154). Creo que tanto la teoría cognitiva de Baars que hemos expuesto como La conciencia explicada de Dennett son ejemplos paradigmáticos de lo que estamos diciendo. El modelo de Baars, por ejemplo, no explica por qué la información del ETG es experimentada. «¿Por qué, en palabras de Chalmers, la accesibilidad global debería dar ori-

gen a la experiencia consciente?» (ibíd.). Planteado desde otra perspectiva, es el viejo problema de los qualia, al que ni los fisicalismos (teoría de la identi-