El dualismo interaccionista de Popper y Eccles
3.4. CARACTERIZACIÓN DE LA MENTE
Popper reconoce en El yo y su cerebro que el estudio del Mundo 3 ahon- da en un objetivo central del libro: arrojar nueva luz sobre el viejo problema de las relaciones entre el cuerpo y la mente. Al respecto de tal problemática desarrolla sus argumentos.
Ante todo, tomando en cuenta algunas consideraciones básicas de su teo- ría de los tres mundos, afirma que los objetos del Mundo 3 son abstractos,
pero reales por cuanto son capaces de transformar el Mundo 1. Esta actua- ción sobre el Mundo 1 la realizan los objetos del Mundo 3 por medio de la intervención humana, a través de un proceso mental del Mundo 2 o, mejor, de un proceso en el que interactúan los Mundos 2 y 3. Esto conduce a la admisión y reafirmación de la realidad tanto de los objetos del Mundo 3 como de los procesos del Mundo 2. Partiendo de la interacción y realidad de los tres mundos, el modelo de la mutua relación entre los mundos 2 y 3, que entendemos hasta cierto punto, puede ayudarnos a comprender mejor la mutua relación entre los mundos 1 y 2, donde se sitúa la problemática cuer- po-mente.
Por otra parte, la misma condición del lenguaje humano resulta para Po- pper un ejemplo importante. Mientras la capacidad de aprender una lengua nos conecta con la dotación genética, el aprendizaje concreto de un lenguaje determinado, aunque esté influido por motivos y necesidades innatas e incons- cientes, es un proceso cultural regulado por el Mundo 3. «Así pues, el apren- dizaje del lenguaje constituye un proceso en el que disposiciones con base genética, evolucionadas por selección natural, se imbrican en cierta medida e interactúan con procesos conscientes de exploración y aprendizaje, basados en la evolución cultural. Todo esto apoya la idea de una interacción entre el Mundo 3 y el Mundo 1 y, a la vista de nuestros argumentos anteriores, apoya la existencia del Mundo 2». A pesar de la base genética, el aprendizaje del len- guaje implica para el niño considerables esfuerzos, esfuerzos que inciden sobre la personalidad infantil, sobre sus relaciones con los demás y con su entorno material. «El yo, la personalidad, emerge en interacción con los otros yoes y con los artefactos y demás objetos de su entorno. Todo ello queda pro- fundamente afectado por la adquisición del habla: especialmente cuando el niño se hace consciente de su nombre y cuando aprende a nombrar las distin- tas partes de su cuerpo, y, más importante aún, cuando aprende a usar pro- nombres personales» (Popper-Eccles, 1980, 55 y 56). Llegar a ser persona, en el sentido de sujeto responsable de sus actos, exige un proceso de maduración: así, «un bebé es un cuerpo —un cuerpo humano en desarrollo— antes de que llegue a ser una persona, una unidad de cuerpo y mente» (Popper-Eccles, 1980, 130). En este proceso, la adquisición del habla juega un papel esencial: aprendemos a percibir y a interpretar las propias percepciones a la vez que aprendemos a ser un yo, una persona.
La toma de posición de Popper sobre el problema que nos ocupa la rea- liza a partir de la descripción de cuatro planteamientos principales (Popper, 1984, 176):
1. El inmaterialismo, de autores como Berkeley y Mach, que desde una con- cepción espiritualista o idealista radical niega la existencia de la materia, del Mundo 1 de los estados físicos. Es una forma fácil de solventar el pro- blema mente-cuerpo defendiendo que sólo existen sensaciones, y que lo material se reduce a un puro ‘constructo’ de sensaciones.
2. Ciertas concepciones materialistas, fisicalistas, conductistas o de auto- res que defienden la identidad entre cerebro y mente, no consideran la
existencia de los estados o sucesos mentales del Mundo 2. Al igual que el anterior, resulta un planteamiento demasiado fácil al negar entidad a uno de los elementos de la relación.
3. El dualismo que afirma un paralelismo absoluto entre estados menta- les y cerebrales cuya teoría, defendida entre otros por Spinoza, Male- branche y Leibniz, surgió para solucionar las dificultades de la inter- pretación cartesiana.
4. El dualismo clásico de Descartes que considera la interacción entre estados mentales y estados físicos, y que para muchos autores fue reemplazado por el planteamiento anterior.
Popper se considera más próximo al dualismo cartesiano, aunque sin hablar acerca de sustancias como haría Descartes. En lugar de preguntarnos qué es la mente, mejor es preguntar qué hace la mente. «Por supuesto, sólo en el cerebro puede haber una interacción entre el Mundo 1 y el 2, y en este punto hemos de decir que Descartes fue realmente un precursor. Aunque sea revolucionaria para la ciencia moderna, lo único que hacemos es retomar de un modo u otro la idea fundamental de Descartes de que el Mundo 1 (que para Descartes era el mundo mecánico) está abierto, en el cerebro, al Mundo 2» (Popper-Eccles, 1980, 606). Frente a Descartes, las convicciones de Popper son más bien pluralistas y defiende la tesis de que el Mundo 1 físico no está causalmente cerrado, sino abierto al Mundo 2, abierto a los estados mentales y a los sucesos mentales. «Ésta es, quizá, una tesis poco atractiva para el fisi- calista, pero creo que está apoyada por el hecho de que el Mundo 3 (inclui- das sus regiones autónomas) actúa sobre el Mundo 1 a través del Mundo 2» (Popper, 1984, 177).
En su autobiografía refiere su distancia frente al materialismo radical y lo que podíamos denominar el punto de arranque de su formulación previo a la propuesta de solución, que sólo logrará consistencia con su teoría de los tres mundos. «También me pareció bastante obvio que somos mentes, o almas, o yoes encarnados. Pero ¿cómo puede ser entendida racionalmente la relación entre nuestros cuerpos (o estados fisiológicos) y nuestras mentes (o estados mentales)? Me pareció que esta cuestión formulaba el problema mente-cuerpo; y hasta donde a mí se me alcanzaba, no había esperanza de hacer nada que lo acercara a una solución» (Popper, 1977, 252). La intro- ducción del Mundo 3 representa la clave del aporte de Popper al problema que nos ocupa, «porque puede ayudarnos a desarrollar, al menos, los rudi- mentos de una teoría objetiva —una teoría biológica— no sólo de los estados subjetivos de consciencia, sino también del yo». Apelando a la biología, como única apoyatura para enfrentar tan difícil cuestión, propone considerar a la mente humana como un órgano corporal altamente desarrollado, «como un órgano que produce objetos del hermano Mundo 3 (en el sentido más gene- ral) e interactúa con ellos. Así propongo que contemplemos a la mente huma- na como el productor del lenguaje humano, respecto del cual nuestras acti- tudes básicas son innatas; y como el productor de teorías, de argumentos críticos y de muchas otras cosas, tales como errores, mitos, historias, dichos,
utensilios y obras de arte» (Popper, 1977, 253-254). Ante esta diversidad de ámbitos y objetos resulta difícil poner orden, pero se inclina a considerar que fue el lenguaje lo que vino primero. Es una conjetura con cierto valor expli- cativo, aunque resulte difícil de contrastar. Junto a las funciones de expresión y de comunicación, que se dan también en los animales, la función descripti- va y la argumentativa son características del hombre y las que permiten el establecimiento y desarrollo del Mundo 3. «Con la invención del lenguaje, se produce también la invención de excusas, de falsas excusas, y de explicacio- nes falsas producidas para ocultar algo que no está del todo bien y que hemos hecho, etc. Con ello surge la necesidad de distinguir la verdad de la false- dad… y eso, según creo, explica cómo surgió de hecho originariamente la crí- tica en el desarrollo del lenguaje y del Mundo» (Popper-Eccles, 1980, 508). La base fisiológica de la mente debe buscarse en el centro del habla y, al igual que Descartes buscara un asiento para el alma, Popper, consciente de resuci- tar ese antiguo problema, se inclina por ese «único centro de control del habla en los dos hemisferios del cerebro». Haciendo una distinción entre concien- cia y autoconciencia, afirma, en la misma línea de Eccles, que «la autocon- ciencia es de algún modo un desarrollo superior de la conciencia y que quizá el hemisferio derecho sea consciente, pero no autoconsciente, si bien el izquierdo es tanto consciente como autoconsciente. Es posible que la función principal del cuerpo calloso sea, por decirlo así, la de transferir las interpre- taciones conscientes, pero no autoconscientes del hemisferio derecho al izquierdo y, por supuesto, la de transmitir algo también en la otra dirección» (Popper-Eccles, 1980, 544).
Así pues, el problema cuerpo-mente engloba, al menos, dos cuestiones diferentes: el de las relaciones entre estados fisiológicos y determinados esta- dos de conciencia, y el de la emergencia del yo y su relación con el cuerpo. Junto a esto, hay que tener en cuenta que numerosas actividades mentales son inconscientes, una gran parte es disposicional y otra gran parte es fisiológica. «Una teoría de este tipo, concluye Popper, es claramente interaccionista: hay una interacción entre los diferentes órganos del cuerpo, como también entre esos órganos y la mente. Pero más allá de esto, pienso que la interacción con el Mundo 3 requiere siempre a la mente en sus estadios relevantes, aun cuan- do, como muestran los ejemplos de aprender a leer y a escribir, una gran parte del trabajo más mecánico de codificación y decodificación puede ser asumi- da por el sistema fisiológico, que realiza un trabajo similar en el caso de los órganos sensoriales» (Popper-Eccles, 1980, 258-259).