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ADICIONES Y NOTAS Manuscritos de Siuri

In document instituto de estudios ancanítnos (página 68-115)

En la Biblioteca de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba se encuentran, encuadernados en pergamino, tres voluminosos tomos de folios manuscritosde puño y letra de Don Marcelino en escritura menuda y con señales de dobleces que constituyen los originales de la obra que imprimió en Córdoba, y lecciones completas de la cátedra que explicó en la Universidad de Valencia. 2.317 folios, escritos por las dos caras, en apretada escritura, y con anotaciones marginales constituyen el fondo manuscrito de las obras de nuestro autor, que se guardan, como decimos, en la Catedral cordobesa.

Precede a cada uno de estos tres tomos, una diligencia, en que deponen tres clérigos, Don Gabriel Vicente Jurado, Don Diego de Zamora y Santana y Don Manuel Gómez del Castillo, en la que afirman y firman que los escritos contenidos en cada volumenson "depuñoy letra"del obispo declarando Gómez del Castillo que conoce perfectamente la escritura de Siuri, por haberlo visto muchas veces escribir, ya que durante cinco años, lo sirvió como paje. Aducen en corroboración de su aserto, el testimonio de Don José Siuri, sobrino del prelado y a la sazón canónigo de la Catedral cordobesa. Aunque no tienen numera­

ción, los describiremos por orden de mayor a menor número de páginas.

—El primero, constituye el manuscrito, de la obra que imprimió en Córdoba en tres tomos y después de la diligencia, a que nos hemos referido, figura la siguiente introducción "Obras manuscritas originales, trabajadas y leídas por el lltmo. Sr. D.

Marcelino Siuri Obpo. de Orense y después de Corva, donde las imprimió en tres tomosdivididas".

βΤΤ

—El segundo tomo dice en su introducción "Materias de Theologia trabajadas y escritas de pro° puño y leídas por el limo.

Sr. D. Marcelino Siuri Obpo. de Córdoba en la Universidad de Valencia". Son las explicaciones de cátedra de Siuri de 1681 a 1687. Al final dice "contiene este tomo hasta 1687 en "Valentina Academia".

—El tercer tomo de 371 folios dice al principio: "Segundo curso original trabajado escrito de Prop® mano y leido por el limo. Sr. Dn. Marcelino Siuri Obpo. de Corva, en la Univ® de Valencia a los vte. y dos años de su edad", y a continuación

"Compendiariae disputationes ¡n universam dialecticam. Authore Marcelino Siuri Philosophiae Mag° Ciusdenque in Valentina Universitate, bis publico et primario professore. Sacr. Theol.

Doct".

A estos manuscritos habrá que agregar los remitidos, como ya hemos dicho, al Colegio de la Compañía de Córdoba junta­

mente con gran parte de su librería y los que dejó al convento de mercedarios de Elche, a la vista de lo mucho que escribió Don Marcelino hay que reconocerle, entre otros méritos, el de ser un incansable trabajador de la pluma.

Impresosde Siuri

Gómez Bravo citala siguiente obra:

Theologia Scholastico positiva de novissimis. Impresa en Valencia en 1707.

La Custodia de Siuri

Aunque la lápida en que figura en relieve la custodia mandada hacer por Don Marcelino no nos da una ¡dea muy detallada de cómo fue esta obra. Sin duda sería una de las espléndidas muestras de la platería en el siglo XVIII, que es uno de los siglos más destacados de este arte en Córdoba. Bien es verdad, que la pieza más brillante de la orfebrería cordobesa es la maravillosa custodia de Enrique de Arfe, que se utiliza en la procesión del Corpus. Ladonación de la custodia de Siuri es un exponente más de su esplendidez. Se expuso el Santísimo por vez primera en esta custodia el sábado 17de junio de 1724 y se celebró una solemne fiesta en la que predicó el mercedario Fray

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Pablo de los Reyes que a la sazón era comendador del convento de Córdoba.

Parece que en la confección de esta custodia se tardó bastante, pues se comenzó en el año 1714 con la finalidad de tener manifiesto el Santísimo en las octavas del Corpus y la Concepción, dice Gómez Bravo, y añade que "Habiéndose ya consumido la plata vieja y otros socorros que habían ofrecido algunos devotos se suspendió esta obra, hasta que se desempe­ ñase la fábrica de las bóvedas que se continuaban con fervor"

Siuri decide terminar esta obra y llevándola a su palacio "en cuarenta meses la dio perfecta, gastó en ella diez mil pesos y su peso es de cuarenta marcos de plata".

Siuri y las Ermitas de Córdoba

Una de las últimas obras en que intervino Siuri, fue en las nuevas constituciones dadas a los Ermitaños de la Sierra de Córdoba, que formaban la Congregación de Nuestra Señora de Belén, antiquísima institución eremítica de la sierra cordobesa que en tiempos muy antiguos habitaba ermitas esparcidas por los lugares más apartados de la serranía, y que en el siglo XVII, se reunieron en comunidad ocupando el antiguo cerro de la Cárcel después de haber habitado durante muchos años numerosos anacoretas en las proximidades de la Albaida. El primer obispo a quien prestaron obediencia como comunidad, fue a DonAntonio Mauricio de Pazos, en el siglo XVI y posteriormente, otros prelados le fueron estableciendo constituciones como Don Pedro Portocarrero, Fray Diego de Mardones en el siglo XVII y en el XVIII Don Marcelino Siuri y Don Baltasar de Yusta Navarro.

Mardones había establecido veintidós artículos, a los que Siuri añadió trece encaminados a buscar una mayor perfección y una mayor ocupación en los ermitaños. Estas constituciones se imprimieron en Córdoba de la siguiente forma "..."

Lo esencial de las constituciones de Siuri, según el Marqués de las Escalonias, historiador muy concienzudo de este eremito­ rio, es losiguiente conforme al articulado de Don Marcelino:

1o— Se dispone que se guarden las precedentes constituciones en todo lo que no se oponga a la nueva reforma.

2°— Que todos los que hayan de tomar el hábito estén seis

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meses de probación y al final ocho días de ejercicios espi­ rituales.

3o— Que el archivo que estaba en el Hospital de los Desampara­ dos, se traslade al Desierto.

4o— Que el ermitaño que por su voluntad saliere de la Congrega­ ción, no pueda usar del hábitodentro del obispado.

5° — Que cuando venga a Córdoba, se hospeden en la hospede­ ría de la Puerta Osario.

6o— Que el trabajo de manos dura hasta las once, siguiendo a continuación el examen de conciencia y después la comida y que lo sobrante del trabajo de manos y las limosnas que se reciban, se entregue al Hermano Mayor para que ninguno tenga cosa propia.

7o— Que hay un depósito que está a cargo de dos hermanos que se llamarán vodores y estarán elegidos por el Sr.

Obispo, los que darán cuenta de todo lo que entrare en su poder.

8o— Que todos los sábados se entreguen a cada ermitaño las semillas y demás necesario para toda la semana.

9o— Que el que tenga necesidad de vestido, lo proponga a toda comestibles ycosas necesarias.

Fue Don Marcelino muy amigo de estos solitarios y los protegió cuanto pudo; lo mismo hizo su sobrino Don José Siuri canónigo de la Catedral de Córdoba.

SiuriyelColegio deSanta Catalina

Siuri,comoya hemos indicado, mantuvomuy buena amistad conlos jesuítas, que entonces regían el Colegio de Santa Catalina y en el que por aquella época, había profesores tan destacados en la vida cordobesa, como los padres Pedro del BustoyJuan de Santiago. En las ya citadas "Memorias del Colegio de Santa Catalina" de losjesuítas de Córdoba, "memorias" hoy perdidas, y

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de las que da noticias interesantes, Gálvez Villatoro, se cita a don Marcelino repetidamente, en los años de su pontificado, como muy relacionado con el colegio y, es curioso, que la última noticia que nos da el referido manuscrito, es del año 1728 en que termina el autor de esta especie de anales, con estas palabras en que se refiere a una fiesta, celebrada en enero de este mismo año: "La 1afiesta fue la del Sor. Siuri; la 2a del limo. Cabildo" y a renglón seguido: "Había la devoción de su lima, deseado celebrar de Pontifical y cantar la Misa en este día de su fiesta (26) enero para autorizarla más en honor de los nuevos Santos.

Pero indisposición que..." y así termina la última página de estas memorias que llegan hasta el 1728, tres años antes de morir Siuri.

Alude sin duda a una de las muchas indisposiciones que el obispo sufrió, como consecuencia de su crónico padecimiento nefrítico.

Pero, aunque hayamos comenzado a citar estas memorias por el final, por terminar justamente con una curiosa alusión a Siuri hemos de destacar en las mismas, la intervención del obispo en muchas de las celebraciones del Colegio. En el año 1718 tienen lugar en el colegio unas conclusiones teológicas y se acuerda que versen sobre un texto del propio Siuri, en su obra del libro "De Novissimis". El Rector, padre Escalera, le suplica la asistencia, a lo cual, no sólo accede sino que, preside el acto

mañana ytarde, interviniendo en las conclusiones.

En este mismo año celebra órdenes en la iglesia de la Compañía y aprueba la erección de una congregación en el propio templo.

En el año 1725 los jesuítas, que se habían hecho cargo del Colegio de la Asunción piensan que al frente del mismo haya, no un sacerdote secular, sino uno perteneciente a la Compañía" y era también un pensamiento que hacía consonancia con los deseos del Sor. Obispo Siuri y que había insinuado varias veces", dicen las citadas memorias.

Un amigo de Siuri

Citamos confrecuencia, el nombre del canónigo magistral de la Catedral de Córdoba Don Juan Gómez Bravo ysu obra "Catá­ logo de los Obispos de Córdoba" ya que es la fuente primera a que hemos de recurrir al tratar de un obispo de esta diócesis. Es

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una obra que podemosllamar "monográfica”. Gómez Bravo, que trabajó bien en los medios de que disponía en su tiempo traza una semblanza de cada obispo, que constituye una biografía.

Como muchos historiadores de su siglo (publica su obra en 1770) no cita, por lo general, fuentes, omite muchos datos interesantes y en cambio se ocupa de otros de menos valor; claro es, que lo hace enfunción del criterio de su época y su conocimiento de las cosas. Trató personalmente a Siuri y muchos datos son de primera mano. Lo utilizamos en todo aquello que consideramos útil para este trabajo, especialmente, por su conocimiento directo, en este caso, del biografiado.

Un sobrino de Siuri

Junto a la sepultura del obispo Siuri se encuentra la de su sobrino Don José Siuri y Almeda nacido en Valencia en 1696 y fallecido en Córdoba a los sesenta y tres años de su edad en 1759, Don José, que había acompañado a su tío en Orense, le acompañó también en Córdoba, donde desempeñó los cargos de Canónigo de la Catedral y juez sinodal. Fue hombre muy erudito, especialmente en las lenguas clásicas y hebreo y además parece que imitó a su tío en la generosidad para atender a templos y a necesitados. El escudo de armas que figura en su lauda sepulcral es idéntico al desu tío. A Don José Siuri, debió unirle una gran amistad con el ya citado médico y astrólogo Don Gonzalo Anto­

nio Serrano, que le dedica en 1739 una curiosa obra "Diserta­

ción physica astrológica y medica. Sobre las causas y presagios del Cometa que se observó en Febrerode 1737, y del phenomeno Igneo que se vio en 16 de diciembre del mismo año, en carta escrita a D. Joseph Siuri, Canónigo de la Santa Iglesia Cathedral de Cordoba, a quien la dedica su autor, el Doctor Don Gonzalo Antonio Serrano, Philo-Matematico y medico en la ciudad de Cordoba. Con licencia. En Cordoba, en la calle del Cister, por Fernando de Ros.Año 1739". Hemos de advertir que el dueño de la imprenta era el propio autor y Fernando de Ros, tal vez valen­

ciano, uno de los muchos regentes que la imprenta del médico astrólogo tuvo.

Suspadecimientos

Parece que el padecimiento nefrítico que Siuri comenzó a sufrir en Orensey que fue uno de los motivos que le indujeron a

sa ORTIZ: La obra en Córdoba del ilicitano...

aceptarla mitra de Córdoba, para intentar mejorar su salud con el cambio de clima, fue ya crónico para el obispo y el determinante de su muerte. Su vida de penitencia y trabajo no contribuiría ciertamente a mejorar su salud. "Su humildad admiraba a todos, pues para su asistencia, ni llamaba paje ni capellán que le sirviese. Por temprano que fuesen a su cuarto ya le hallaban levantado y compuesta la· cama y limpios los vasos. Como siempre habitó en los cuartos altos, baxaba por una escalera secreta que hay a los baxos, y en un jardín contiguo se lavaba sin esperar que se levantase la familia. En una gaveta que tenía reservada, se hallaron después de su muerte varios silicios, disci­

plinas hilo y agujas con que cosía y remendaba su ropa interior cuando podía ocultarlo". Gómez Bravo Obispos de Córdoba II pag. 780.

El sepulcrode D. Marcelino

El epitafio de la lauda sepulcral de Don Marcelino Siuri dice así:

Hic jacet lllmusac Ven D. D. Marceiinus Siuri

Vaientianae Metropoiitanae Ecc/esiae Preopositus, Episcopus Auriensisad hujus Aimae Cathedraiis sedempostmodum evectus;

pauperum vere Pater, quibus ut in perpetuum subveniret, Sancti Hiacinthi Xenodochium mire auxit. Plurimis contructis Ecciesiis, doctissimisque editisiibris virtute ac doctrinamaxime commenda- biiis foehciter abdormivit ¡n Domino die 28 Januarij anno 1731.

aetatis suae 77. Requiescat inpace.

Este epitafio es en verdad un fiel resumen de la vida y obra de este admirable ilicitano.

Vicente Ramos EL POETA CARLOS FENOLL

Nacido en Orihuela el 7 de agosto de 1912, Carlos Fenoll Felices verdadero representante, figura de alto mérito de la Escuela olecense y Generación de 1930, falleció en Barcelona el 30 de diciembre de 1972.

Susprimeras experiencias vitaleslas tuvo en la tahona desu padre y hogar de su nacimiento. De niño y valiéndose de "un pequeño carrito cubierto, arrastrado por un asnillo moruno y rabioso, Carlicos abastecía de pan el puesto que su madre tenía establecido en el Mercado Municipal, y también servía a domicilio a la clientela más acomodada", según recuerda Manuel Moi'na.

(1).

Bien se puede asegurar que Carlos Fenoll ejerció el autodi-dactismo en todo: "Aprendió el poeta —añade Molina— su

primer catón en la calle. Los nombres de los comercios que encontraba a su paso fueron su abecedario, y los transeúntes, sus improvisados maestros. Unos le indicaban las consonantes;

otros, las vocales, y los de más allá, la unión, la sílaba de donde nacería la palabra, las oraciones leídas que él iba reteniendo con tenacidad de aprendiz aplicado".

Mas, junto a esto, no se debe olvidar la influencia del padre, admirado "trovero", o sea, repentizador de trovas populares, estilo costumbrista, popularista, literario, que marcará con toda evidencia el rumbo de la poesía primera del hijo.

Adolescente, nuestro panadero-poeta conoce libros de

Ga-RAMOS: El poeta Carlos Fenoll

briel y Galán, Medina, Martínez Corbalán, junto a las novelas realistas y por entregas, lecturas que se engarzaron con el descu­

brimiento de los modernistas Darío, Villaespesa, Carrére, y, al margen y por encima de todos ellos, Juan Sansano. Finalmente, será la prosa de Gabriel Miró el factor decisivo en Fenoll, al igual que en los demás componentes del Grupo.

El proceso formativo, en cuanto a lo lírico, de Carlos Fenoll és exactamente el mismo que se opera en Miguel Hernández.

Ambos nacieron y vivieron los años de infancia, niñez y adoles­ cencia en la calle de Arriba, "calle antiquísima —dice Fenoll—, agobiada, por un lado, de sierra, y, por todos, de tan numerosa gente como sólo acumula la pobreza; larga y recta, cegada a un extremo, en cuyo ante-fondo se levanta una arcada que sustenta el camarín de la virgencita Nuestra Señora María de Monserrate (...) Calle abigarrada y ruidosa, convertida tan pronto, hoy ya, en enlutado sagrario del corazón de mis recuerdos..." (2).

El primer poema que conocemos de Fenoll está fechado en 1929 y se publicó, el 6 de junio de dicho año, en el semanario olecense "Actualidad". Se titula Canto al nuevo jardín oriola-no,y, en él, mediante versos sencillos, se celebra la placidez del lugar:

"Jardínbello y fragante, lleno de luz y poesía, tu aroma penetrante ilumina, a cada instante, las musas del alma mía".

Los motivos líricos le brotan de la directa observación de las cosas, y las estrofas se deshilan y engarzan en cauces de ternura, realismo e ingenuidad. Carlos Fenoll contaba diecinueve años y aspiraba a ser poeta de los llamados regionalistas. Data de esta época una elegía al tipismo de la barraca oriolana:

"¡Qué envejecida, qué triste se encuentra aquella barraca que con su nivea blancura mi humilde huerta adornaba!"

El joven poeta registra y se lamenta de las fundamentales ausencias de la querida mansión popular: "las gallinitas blancas", las flores "que a la barraca alegraban", "las hojillas de su parra"... Y, con acento verdaderamente hondo, escribe:

GS

"¡Con qué ilusión yo recuerdo aquellas noches lejanas en que celebraban fiestas a la puerta la barraca, y los mozos ylas mozas, al compás de la guitarra, en numerosas parejas con gran ilusión bailaban;

y el uno ofrecía el vino en bota de piel de cabra, mientras con granreverencia un segundo la aceptaba y, hasta hacer correr la bota entretodos, no paraba". (3)

Al mismo tenor, compone el retrato María Cayuelas:

"Alma tierna, casta y pura, cual fragancia de azucena;

claropunto que en escena radiante de luz fulgura y de matices la llena".

Y, antes que nadie, Carlos Fenoll es el primero en dar testi­ monio del poetaMiguel Hernández:

"Yatorna a su hogar querido hermosura de la mujer oriolana:

"Tu voz de plata, tus ojos, tu pelo.

Rosa humilde, rosa pueblerina;

rosa de carne tersa, nacarina,,

que encierras la pureza de mi cielo". (5)

También le inspira versos la acrisolada fe en la Virgen de Monserrate, la Patrona:

RAMOS: El poeta Carlos Fenoll

"Monserratica... Rabalachera hermosa.

La campaná de tu templo ya repica, y tu cielo, puro manto colorrosa, te corona con amor, Monserratica".

o el amor a España:

"|Canta conmigo que España me hizo poeta!

y es un deber el cantarle..."

Con talante de poeta bohemio —recordemos que hizo un retrato en versos endecasílabos a Emilio Carrére—, Fenoll, en 1930, escribe su poema ¡Vieja mesa de café!, donde dice:

La muerte de Gabriel Miró conmovió el espíritu de aquellos jóvenes y sembró el fecundo germen de una nueva estética, así comola esperanza en un mañana más en armonía con la belleza, la verdad y la libertad.

Carlos Fenoll dejó prueba de su amor al gran escritor de Alicante en el poema Gabriel Miró en su obra "Las cerezas del cementerio:

"¡Le he visto! ¡Le he visto! Surgió de la entraña fragante, gloriosa, del lírico texto.

Subía, solemne, ante mí, su figura,

cual nube de oro, cual nube de incienso..."

El ritmo, la musicalidad del verso se pone de manifiesto en sus cantares oriolanos:

Con sus dieciocho años, el poeta sentíase, ¡como nol, redundadode júbilo:

In document instituto de estudios ancanítnos (página 68-115)

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