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Alberto Pietrafesa

In document Renovación nº 66 Febrero 2019 (página 82-84)

Empleado público del Mi- nisterio de Agroindustria de Argentina. Exégeta au- todidacto. Estudioso de las lenguas originales de la Biblia, la exégesis y la hermenéutica bíblica. In- vestigador orientalista. Colaboró en varios sitios de Investigación bíblica en Facebook.

OTRA ARMA CON LA QUE se repre-

senta a la Madre Kali es un arco provisto de una flecha.

Para los lectores conocedores de la mitología grecorromana, es eviden- te que la mención de un arco junto con una flecha remite inmediata- mente a Eros/Cupido, el dios del Amor.

Efectivamente, en la mitología hin- dú existe precisamente una divini- dad que asume similar papel que Eros/Cupido: se trata de Kamadeva, pero antes de referirnos a él y a su posible relación con la Madre Kali, debemos hacer una aclaración su- mamente importante.

Literalmente, “Kamadeva” significa el “Dios del Placer”, siendo Kama el equivalente a “placer sensual” en sánscrito. Es preciso hacer esta aclaración previa para evitar el error de traducir la palabra “Kama” simplemente como “deseo sexual”, solamente porque figura en el título del archiconocido “Kamasutra”, el cual es (como sabemos), un tratado de erotología hindú.

Kamadeva

propio Rig Veda se encarga de aclarar que Kama es el “Primer Movimiento que surgió del Uno, después de que había cobrado vida a través del poder del ‘fervor’”. Otro himno del Rig Veda muestra a los mismos dioses adorando a Ka- madeva, quienes dicen del mismo que es “Inigualable”.

Por su parte, en el Atharva Veda (la cuarta y última colección de los Ve- das) se menciona que este “Kama” o “Deseo” no se trata de un mero “disfrute sexual”, sino que es cele- brado como “un gran poder supe- rior a todos los dioses”, y es vene- rado para “la liberación de los enemigos”.

Volviendo a Cupido, la etimología de dicho nombre nos da una pista interesante, por cuanto el mismo comprende varias acepciones que trascienden el concepto de “deseo sexual”. En efecto, “Cupido” deriva del latín “Cupidus” (“Deseoso, an- sioso, apasionado, el que ama y desea con pasión”) y de aquí “Cupi- ditas” (“Deseo vehemente, apetito, ansia, pasión”, etc.).

En la Teogonía de Hesíodo (el más famoso de los mitos de creación griegos), Eros surge del Caos pri- mordial junto con Gea, la Tierra, y Tártaro, el Inframundo. Asimismo, en los Misterios Eleusinos (ceremo- nias iniciáticas celebradas en Eleu- sis) Eros era adorado como Protó- gono (“El Primero en Nacer”).

Es a nuestro juicio evidente que, tras las imágenes interrelacionadas de Eros/Cupido/Kamadeva nos en- contramos con el mismo tipo de “Energía Espiritual” emanada pri- mordialmente de la Deidad Supre- ma. Pero, ¿de qué tipo de “Energía Espiritual” estamos hablando? Cree- mos que los textos hablan por sí so- los:

1. Vimos que los mismos dioses adoran a Kamadeva, tildándolo de “Inigualable”.

2. Que no se trata de un mero “dis- frute sexual”, sino que es celebrado como “un gran poder superior a to- dos los dioses”, y es venerado para “la liberación de los enemigos”.

3. Entre los diversos nombres de Kamadeva se encuentran: Madan ("El que intoxica con amor"); Man- matha ("El que agita la mente"); Mara (“El que hiere"); Pradyumna ("El que lo vence todo"); Ananga ("El Incorpóreo”); etc.

Pues bien, a juzgar por todos los datos antes apuntados (y queremos aclarar que hemos simplificado mu- cho) estamos en condiciones de opinar que, tras la idea de esa “Energía Espiritual” emanada de la Divinidad Suprema, que no es mero “disfrute sexual”; que se trata de “un gran poder superior a todos los dioses”; que es venerada para “la li- beración de los enemigos”, se en- contraría el “Fervor Espiritual” (Ta- pas) relacionado con la “Devo- ción” (Bhakti), los cuales juegan un importantísimo papel, tanto en los Vedas como en los Puranas: se cuentan historias de grandes ascetas fervorosos (tapasvin), cuyas auste- ridades y devociones llegaban al extremo de debilitar a los mismos dioses.

Se me dirá ahora: ¿y qué tiene que ver Kali con todo esto…?

Al representar a la Madre Kali or- nada con arco y flechas, se la desig- na con el poder de hacer descender su Gracia (Shaktipat) con el objeto de conceder precisamente a sus de- votos ese Fervor Espiritual y Devo- ción de los que estamos hablando. Ella hiere e inflama los corazones de sus adeptos con esa “amorosa in- toxicación mística” de la que sólo pueden atestiguar los devotos since- ros de las diversas religiones de todo el orbe.

No queremos terminar esta nota sin aportar una deliciosa similitud que encontramos con el episodio de la “Transverberación” de Santa Tere-

sa de Jesús, en el cual la Santa sien- te cómo un ángel clava una flecha ígnea en su corazón, tras lo cual en- tra en un sublime éxtasis.

Transcribamos el fenómeno con las mismas palabras de la Santa:

“Quiso el Señor que viese aquí al- gunas veces esta visión: veía un án- gel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal, (…) En esta vi- sión quiso el Señor le viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan. (…)

Transverberación de Santa Teresa

Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me pa- recía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón al- gunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me ha- cía dar aquellos quejidos, y tan ex- cesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aun- que no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento” (Vida 29,13). R

Varios mitos posteriores dan diver- sos dioses como padres de Kama- deva, pero si queremos conocer el sentido esotérico de la deidad que estamos estudiando, nos es preciso remontarnos, en primer lugar, a los Vedas (la antigua colección de him- nos sánscritos) y a los Puranas (an- tiguas historias tradicionales).

Kamadeva es mencionado varias veces en los Vedas. En el Rig Veda (la colección más antigua de los Vedas) y por lo menos en uno de los Puranas (concretamente, en el Shiva Purana) se menciona que Ka- madeva es “hijo de Brahma” (el dios creador del Universo). Esta an- tropomorfización no debe (desde luego) entenderse literalmente: el

CULTURA

RELIGIOSA HINDÚ

#11

D e s c r i p c i ó n d e l a M a d r e K a l i

Alberto Pietrafesa

Empleado público del Mi- nisterio de Agroindustria de Argentina. Exégeta au- todidacto. Estudioso de las lenguas originales de la Biblia, la exégesis y la hermenéutica bíblica. In- vestigador orientalista. Colaboró en varios sitios de Investigación bíblica en Facebook.

OTRA ARMA CON LA QUE se repre-

senta a la Madre Kali es un arco provisto de una flecha.

Para los lectores conocedores de la mitología grecorromana, es eviden- te que la mención de un arco junto con una flecha remite inmediata- mente a Eros/Cupido, el dios del Amor.

Efectivamente, en la mitología hin- dú existe precisamente una divini- dad que asume similar papel que Eros/Cupido: se trata de Kamadeva, pero antes de referirnos a él y a su posible relación con la Madre Kali, debemos hacer una aclaración su- mamente importante.

Literalmente, “Kamadeva” significa el “Dios del Placer”, siendo Kama el equivalente a “placer sensual” en sánscrito. Es preciso hacer esta aclaración previa para evitar el error de traducir la palabra “Kama” simplemente como “deseo sexual”, solamente porque figura en el título del archiconocido “Kamasutra”, el cual es (como sabemos), un tratado de erotología hindú.

Kamadeva

propio Rig Veda se encarga de aclarar que Kama es el “Primer Movimiento que surgió del Uno, después de que había cobrado vida a través del poder del ‘fervor’”. Otro himno del Rig Veda muestra a los mismos dioses adorando a Ka- madeva, quienes dicen del mismo que es “Inigualable”.

Por su parte, en el Atharva Veda (la cuarta y última colección de los Ve- das) se menciona que este “Kama” o “Deseo” no se trata de un mero “disfrute sexual”, sino que es cele- brado como “un gran poder supe- rior a todos los dioses”, y es vene- rado para “la liberación de los enemigos”.

Volviendo a Cupido, la etimología de dicho nombre nos da una pista interesante, por cuanto el mismo comprende varias acepciones que trascienden el concepto de “deseo sexual”. En efecto, “Cupido” deriva del latín “Cupidus” (“Deseoso, an- sioso, apasionado, el que ama y desea con pasión”) y de aquí “Cupi- ditas” (“Deseo vehemente, apetito, ansia, pasión”, etc.).

En la Teogonía de Hesíodo (el más famoso de los mitos de creación griegos), Eros surge del Caos pri- mordial junto con Gea, la Tierra, y Tártaro, el Inframundo. Asimismo, en los Misterios Eleusinos (ceremo- nias iniciáticas celebradas en Eleu- sis) Eros era adorado como Protó- gono (“El Primero en Nacer”).

Es a nuestro juicio evidente que, tras las imágenes interrelacionadas de Eros/Cupido/Kamadeva nos en- contramos con el mismo tipo de “Energía Espiritual” emanada pri- mordialmente de la Deidad Supre- ma. Pero, ¿de qué tipo de “Energía Espiritual” estamos hablando? Cree- mos que los textos hablan por sí so- los:

1. Vimos que los mismos dioses adoran a Kamadeva, tildándolo de “Inigualable”.

2. Que no se trata de un mero “dis- frute sexual”, sino que es celebrado como “un gran poder superior a to- dos los dioses”, y es venerado para “la liberación de los enemigos”.

3. Entre los diversos nombres de Kamadeva se encuentran: Madan ("El que intoxica con amor"); Man- matha ("El que agita la mente"); Mara (“El que hiere"); Pradyumna ("El que lo vence todo"); Ananga ("El Incorpóreo”); etc.

Pues bien, a juzgar por todos los datos antes apuntados (y queremos aclarar que hemos simplificado mu- cho) estamos en condiciones de opinar que, tras la idea de esa “Energía Espiritual” emanada de la Divinidad Suprema, que no es mero “disfrute sexual”; que se trata de “un gran poder superior a todos los dioses”; que es venerada para “la li- beración de los enemigos”, se en- contraría el “Fervor Espiritual” (Ta- pas) relacionado con la “Devo- ción” (Bhakti), los cuales juegan un importantísimo papel, tanto en los Vedas como en los Puranas: se cuentan historias de grandes ascetas fervorosos (tapasvin), cuyas auste- ridades y devociones llegaban al extremo de debilitar a los mismos dioses.

Se me dirá ahora: ¿y qué tiene que ver Kali con todo esto…?

Al representar a la Madre Kali or- nada con arco y flechas, se la desig- na con el poder de hacer descender su Gracia (Shaktipat) con el objeto de conceder precisamente a sus de- votos ese Fervor Espiritual y Devo- ción de los que estamos hablando. Ella hiere e inflama los corazones de sus adeptos con esa “amorosa in- toxicación mística” de la que sólo pueden atestiguar los devotos since- ros de las diversas religiones de todo el orbe.

No queremos terminar esta nota sin aportar una deliciosa similitud que encontramos con el episodio de la “Transverberación” de Santa Tere-

sa de Jesús, en el cual la Santa sien- te cómo un ángel clava una flecha ígnea en su corazón, tras lo cual en- tra en un sublime éxtasis.

Transcribamos el fenómeno con las mismas palabras de la Santa:

“Quiso el Señor que viese aquí al- gunas veces esta visión: veía un án- gel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal, (…) En esta vi- sión quiso el Señor le viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan. (…)

Transverberación de Santa Teresa

Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me pa- recía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón al- gunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me ha- cía dar aquellos quejidos, y tan ex- cesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aun- que no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento” (Vida 29,13). R

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Revista Renovación

In document Renovación nº 66 Febrero 2019 (página 82-84)