Hoy en día el fenómeno migratorio, su diversidad y su importancia se ven muy bien reflejados en la cotidianidad de las aldeas. Durante el trabajo de campo que realicé con propósitos de investigación un tanto diferentes5en distintas zonas de Mauritania
y Senegal (dos de los países que contribuyen con más emigrantes subsaharianos en
5Las investigaciones se centraban en las dinámicas de empleo local, formación de mercados rurales de trabajo y las varia-
das formas de caída en y salida de la pobreza absoluta. La investigación en Senegal también versaba sobre los efectos de la crisis de los ochenta y noventa sobre determinadas categorías de productores, que por la escala de sus explota- ciones, empleaban mano de obra temporal (véase Oya 2001).
España), la importancia de la migración saltó a la vista en numerosas ocasiones y por motivos variados. Lo más interesante es observar las varias dimensiones y formas que la migración y los “imaginarios” asociados adquieren en contextos en los que la expe- riencia migratoria ha sido diferente.
En una aldea situada en el valle del río Senegal, a caballo entre Mauritania y Senegal, se observaban los vínculos entre procesos migratorios opuestos. Por un lado, existía una diáspora significativa esencialmente dividida en dos grupos: a) la diáspora nacional urbana, residente en la capital Nouakchott y con acceso a emple- os relativamente estables; b) la diáspora internacional, en Italia. Los beneficiarios directos de estas diásporas sin duda reflejaban signos de prosperidad relativa y posi- bilidades de acumulación y expansión de actividades económicas.
Por otro lado, existía una pequeña minoría de población inmigrante en la aldea y en la zona colindante. Uno de los motivos era la existencia de una explotación agrícola comercial dedicada a la exportación y con capital extranjero, que de manera calcu- lada reclutaba siempre un porcentaje mínimo de inmigrantes temporales y jornale- ros, la mayoría venidos del Senegal al otro lado del río-frontera. La combinación de mano de obra local e inmigrante es una tónica típica en las explotaciones agrícolas comerciales, no sólo en África, y manifiesta mecanismos concretos de control y dis- ciplina sobre la fuerza de trabajo. Pero lo más interesante es que parte de estos tra- bajadores inmigrantes y otros venidos de otras regiones de hecho trabajaban tam- bién, en diversas funciones, para los locales de la aldea, y en especial para aquellos que se beneficiaban de las remesas de emigrantes o de los proyectos comunitarios también promovidos por las diásporas. Esta aldea, caracterizada por una economía local relativamente dinámica (dentro del contexto rural mauritano), reflejaba por tanto las sinergias, contradicciones y tensiones que en un micro-cosmos rural se manifiestan en relación con el fenómeno migratorio.
Otras aldeas en espacios muy diferentes reflejaban dinámicas diferentes. Allí la cons- tante exposición al riesgo climático, la sequía, la pérdida de animales, junto con la extrema pobreza de buena parte de su población, iba alimentando un éxodo lento, desigual pero inexorable, fundamentalmente dirigido a las ciudades secundarias de la zonas más cercanas (en realidad “pueblos” de mayor tamaño y situados en carre- teras donde las posibilidades de acceso a fuentes de ingresos si bien precarias eran mayores), en algunos casos como tránsito antes de llegar a Nouackhott, destino final donde la proliferación de los bidonvilles entre las dunas de arena en los últimos vein- te años ha sido alarmante. Por otro lado, se constató también cómo otras aldeas en regiones relativamente desoladas y más remotas guardaban un pasado estrechamen- te vinculado a movimientos migratorios de índole mucho más dramática y precaria. Una población que se había sedentarizado solamente una generación atrás, guarda- ba los recuerdos de los constantes movimientos en su periodo “nómada”, cuando la búsqueda de espacios de supervivencia era una constante. De esas migraciones del pasado (no muy remoto) los habitantes guardaban recuerdos de la esclavitud o semi- esclavitud que empujaba algunas de estas migraciones, de estancias temporales como siervos en otros países de la región durante seis meses al año o incluso varios años, para volver con apenas unos sacos de comida o unas telas y pequeño ganado. En este espacio, casi olvidado por el tiempo y las infraestructuras, no había ningún mito del emigrante enriquecido. El imaginario asociado a la migración era el de supervivencia, precariedad y dependencia. Y la sedentarización se consolidó en últi-
ma instancia cuando la circulación migratoria precedente dejó de ser posible y de proveer de medios suficientes para la reproducción del grupo.
La importancia de la migración rural-rural y de los varios procesos de migración cir- cular o incluso “triangular”6 se reveló en los estudios que realicé sobre formas de
movilización de mano de obra en la Cuenca del Cacahuete en Senegal, donde agri- cultores de escala media-grande y relativamente prósperos recurren crecientemente al empleo de mano de obra inmigrante temporal de regiones del Norte del Senegal, de Mauritania, Gambia y del Sur (Casamance, Guinea-Bissau y Guinea-Conakry) para operaciones diferentes del ciclo de producción agrícola. Curiosamente, este recurso creciente a la mano de obra inmigrante (que se alojaba en las casas de los agricul- tores durante 6-8 meses del año o que permanecía flotante entre varias aldeas para maximizar el número de días de trabajo en cada zona) se producía al mismo tiempo que se notaba una escasez creciente de la mano de obra familiar de hombres jóve- nes o de la mano de obra local a nivel de aldea. Estos jóvenes se han ido apuntan- do cada vez más rápidamente al éxodo hacia las ciudades secundarias (Touba, Kaolak, Thies) o hacia Dakar, o, paradójicamente a otras zonas agrícolas de exporta- ción hortícola, más cercanas de Dakar (los Niayes) donde los salarios son más eleva- dos y la cercanía de la ciudad proporciona oportunidades adicionales. Una vez más, nos encontramos ante flujos de doble dirección de entrada y salida que, además de reflejar dinámicas locales muy específicas, no son independientes el uno del otro. En cualquier caso, no se puede analizar la realidad de la migración en zonas rurales tanto du dimensión como su impacto sin echar una mirada al mundo urbano, cuyas fronteras con el campo cada vez son más difuminadas.