Carlos Oya.
requieren un análisis que transcienda la fascinación por la punta del iceberg más espectacular y mediática, como es el caso de la oleada por mar hacia las Canarias. En primer lugar, el número de inmigrantes subsaharianos censados en España es realmente pequeño en términos absolutos y relativos. En España unos 29.000 senegaleses estaban censados en 2006.1Esta cifra, en términos relativos, corres-
ponde a menos del 1% del total de inmigrantes, a 4% de los provenientes de Áfri- ca, y a 23% de los de África Subsahariana. Los inmigrantes provenientes de la región constituida por Senegambia y Mauritania constituían un alto porcentaje, 43%, de los inmigrantes subsaharianos censados en España a 31 de diciembre de 2006, pero una proporción mínima del total de inmigrantes no comunitarios. Las imágenes de “invasiones” por parte de jóvenes africanos desesperados se quedan con poca significación cuando miramos a los datos oficiales. Aún acep- tando la realidad de que existen muchos inmigrantes subsaharianos “irregulares” o “indocumentados”, estas proporciones no variarían mucho, dado que la “irregu- laridad” no es específica de los subsaharianos.
El hecho de que este colectivo inmigrante sea una minoría en España puede llevar- nos a pensar que no existe un vínculo evidente entre mayor nivel de pobreza, o pobre- za más extrema, y mayor incidencia de la migración. Esto es, los emigrantes del Áfri- ca subsahariana son plausiblemente tanto o más pobres que los procedentes de otras regiones pero tienen mucho menos éxito o probabilidades de llegar a los mercados de trabajo del “Norte”, y específicamente de España. Esta aparente paradoja ya ha sido tratada en la literatura sobre migración (Sutcliffe 1998: 113) y refleja el hecho de que los costes de la migración pueden ser bastante altos así como que hay nive- les mínimos necesarios de educación y habilidades que benefician a los menos pobres de entre los candidatos a la migración sea en comparaciones por países, sea en términos de comparaciones dentro de un mismo país. Ahora bien, a pesar de que en España la presencia relativa de africanos subsaharianos es muy reducida, el Áfri- ca Subsahariana no deja de ser según muchos analistas un territorio que genera flu- jos muy significativos de emigrantes intercontinentales y un número potencial de candidatos mucho mayor (Castles y Millar 2003).2
Si observamos la magnitud absoluta y relativa del fenómeno migratorio desde el lado africano, la realidad aparece de manera muy diferente. En algunos países, especial- mente del África Occidental, la emigración en general y al extranjero (concretamen- te Europa) es un fenómeno extremadamente importante. Los datos son difíciles de obtener y su fiabilidad siempre dudosa, pero se estima que entre 500.000 y 700.000 senegaleses residen en el extranjero, según algunas estimaciones del gobierno senegalés, mientras que algunos estudios han destacado la dimensión de la emigración del Malí, donde más de 4 millones de malienses residen en el extranje- ro. Según un estudio, los adultos malienses (35-39 años) han emigrado a otros paí- ses 1.9 veces en su vida, lo que implica una incidencia del fenómeno migratorio muy
1Datos extraídos de las tablas de la Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración, del Ministerio de Trabajo y Asuntos
Sociales, España. Sin embargo, la prensa senegalesa (Diario Walf Adjri, 7 de septiembre de 2006) estimaba en sep- tiembre de 2006 en 60.000 personas el número de senegaleses residentes en territorio español, implicando un repar- to de casi el 50% entre inmigrantes senegaleses regulares e “irregulares”.
2Algunos países han recibido históricamente mayores flujos de este continente, y en especial Francia, Bélgica y el Reino
elevado. Si nos atenemos al caso de Malí, un país con una fuerte tradición migrato- ria, a pesar de que existe una diáspora muy importante en Europa (especialmente en Francia), lo cierto es que la mayoría de emigrantes al exterior se encuentran dentro de África Subsahariana, especialmente en países de la región como Costa de Marfil. Otros estudios estimaron que en 1975 el 17% de la población burkinabé residía en el extranjero y la mayoría en Costa de Marfil (Nugent 2007: 18).
Esta constatación nos lleva a una de las cuestiones más importantes cuando se habla de migración en África al Sur del Sahara. Con gran diferencia, los mayores flujos son internos e intra-regionales. Esto, es, históricamente el fenómeno migratorio africano se ha circunscrito al espacio geográfico de este continente. La porosidad de las fron- teras subsaharianas es manifiesta y los movimientos de población son parte esencial de la historia económica y social del continente. Los datos oficiales dan una idea, si cabe muy subestimada, de la magnitud de la migración intra-africana, especialmen- te si tenemos en cuenta que según datos de Naciones Unidas el porcentaje de emi- grantes dentro de la población en África (del Norte y Subsahariana) se ha reducido del 3.2% en 1960 al 1.9% en 2005.3Así, en 1990 ya se contaban más de 30 millo-
nes de emigrantes africanos “voluntarios” de los que una mayoría migraba dentro del subcontinente (Castles y Miller 2003: 139). En 1997 se estimaba en 17 millones el número de emigrantes africanos “forzados” (de los cuales 4 millones de refugiados), la mayoría residentes en varios países de la región (ibid: 139). Hay algunos países donde la incidencia de la inmigración es particularmente alta y supera con creces las cifras que observamos normalmente en países europeos. Por ejemplo, según los años, entre 15% y 25% de la población en Costa de Marfil (antes del conflicto ini- ciado en 2002) era inmigrante o nacida en otro país (Nugent 2007: 18). La mayo- ría de estos inmigrantes y sus descendientes provenían de los países vecinos del norte (Malí, Burkina, Níger). Este fenómeno incluso está asociado a la nueva diná- mica conflictiva en ese país, donde uno de los procesos que desencadenaron el con- flicto fue precisamente el intento de “marfileñización” de la ciudadanía a través de la exclusión de los inmigrantes (incluyendo los de muy larga duración) de los dere- chos de ciudadanía y nacionalidad. En términos generales, los flujos migratorios intra-africanos son cada vez más frecuentes y complejos, como se ve en el mapa 1, en que se observa la cantidad de flujos en ambas direcciones entre dos mismos paí- ses así como la consolidación de determinados polos de atracción, como Sudáfrica, Nigeria, Gabón y Costa de Marfil. La existencia de países de vocación de “reserva de mano de obra” junto con los polos de atracción otorga una morfología particular a los movimientos migratorios regionales como los de África Occidental (Mapa 2).
Mapa 1. Movimientos migratorios en África 1995-2000
Fuente: Castles y Millar (2003).
Mapa 2- Movimientos migratorios en África Occidental