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La alegoría en los cuentos

In document TítuloLa narrativa de Cristina Peri Rossi (página 182-197)

IV. LA ESTRUCTURA LINGÜÍSTICA EN LA NARRATIVA DE CRISTINA PERI ROSS

IV.2. Alegoría, Metáfora y Comparación

IV.2.3. La alegoría en los cuentos

La alegoría rossiniana puede mostrarse de dos formas distintas en los cuentos -y en algunos casos también en las novelas-, es decir, de forma explícita o implícita. La primera se caracteriza por tener un desarrollo claro y un significado accesible. A veces incluso el narrador la desvela, en un discurso muchas veces salpicado de ironía. Las

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alegorías implícitas a veces son difíciles de descifrar, aunque el lector atento percibe en la escritura rossiniana ese discurso de significado disfrazado que indica la presencia de una alegoría. La alegoría planea en todos los cuentos rossinianos en un grado más o menos visible. No se pretende establecer una única versión traslaticia de los ejemplos que se pasarán a ver, la interpretación de ciertas alegorías puede llegar a ser muy diversa. El propósito de este análisis es establecer las interpretaciones más plausibles, según el modo de escritura y la elección de los temas de Peri Rossi.

Por ejemplo, se encuentran ejemplos de alegorías en: “11”, incluido en IP; “Punto final”, “El tiempo todo lo cura”, “Historia de amor” y “Entre la espada y la pared”, todas incluidas en el libro MEI, además de “Los aledaños”, en

Cosmoagonías.130 En el primer libro, se observa el fragmento que sigue:

Contribuyo con un pequeño ruido a la barahúnda general. El ruido es el de mis costillas y mis órganos que crecen desmesuradamente poseídos de la fiebre del crecimiento, dispuestos a avasallar los tejidos superficiales y epidérmicos que constituyen mi envoltura exterior.131

Esta historia, que recuerda por el tema a una de las fábulas fantásticas de Ray Bradbury titulada “Esqueleto”132, cuenta la historia de una persona que sufre un extraño mal. Su enfermedad se desarrolla en una sociedad sometida por algún tipo de tiranía en la que el ruido ensordece la palabra. Todo intento de protesta o rebelión es castigado. Esta alegoría se refiere al ansia de libertad de todo ser sometido. Bajo la tiranía no es posible la comunicación, sólo el ruido, que es la amenaza.133 Quien desee establecer una

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Hay otras como “14”, “16-17”, “25”, “27. Sitiado”, “28”, “36”, “46. El prócer” (en IP); “El museo de los esfuerzos inútiles”, “En la cuerda floja”, “Instrucciones para bajar de la cama”, “La peluquería” (todos en MEI); “Atlas” (en PP); “Náufragos”, “La cabalgata”, “Los desarraigados” (en Cosmoagonías); “Desastres íntimos” (en su homónimo).

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“11”, en IP, página 31. 132

Ray Bradbury, The October Country. Esta referencia, sin embargo, se toma de una breve antología titulada Fábulas fantásticas, Madrid, Unidad Editorial, 1998, páginas 49-70.

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El ruido ensordecedor aparece de este modo en otros cuentos, por ejemplo en “La Anunciación” en

protesta o un llamamiento a la libertad y al cambio, sólo podrá hacerlo de forma soterrada; pero la libertad grita en el interior de todos nosotros, como los órganos y huesos del narrador, desea emerger de un momento a otro. Pero la expresión de la libertad en una sociedad alienada, inevitablemente trae consigo el castigo extremo: la muerte.

El ruido parece que bajara desde los infiernos. Mi ruidito, en cambio, se eleva hasta el cielo.

He de morir de crecimiento, cuando ya el tamaño de mi cuerpo, el de mi piel, no alcance para contener mis órganos, el peso y el largo de mis vísceras desarrolladas.134

Otro ejemplo de alegoría se encuentra en un libro posterior, MEI, en el cual es posible encontrar otras muchas alegorías. En el cuento titulado “Punto final”dice así:

Cuando nos conocimos, ella me dijo: “Te doy el punto final. Es un punto muy valioso, no lo pierdas. Consérvalo, para usarlo en el momento oportuno. Es lo mejor que puedo darte y lo hago porque me mereces confianza. Espero que no me defraudes”.135

El narrador intentará conservar el punto final y lo guardará en un estuche. Mientras, la felicidad de la pareja ocupa los días. Pero la armonía se pierde con el tiempo y, finalmente, es necesario recurrir al punto final, pero éste se pierde. La ausencia del punto final enrarece la atmósfera, la felicidad termina, aunque no la convivencia, puesto que a ambos personajes les falta el punto final de dicha relación. Ahora están condenados a estar juntos y el cuento termina de este modo:

Sólo espero que en algún momento aparezca, por azar, extraviado en un bolsillo, confundido con otros objetos. Entonces será un gordo, enlutado, sucio y polvoriento punto final, a destiempo, como el que colocan los escritores

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“11”, en IP, página 32. 135

noveles.136

Para el lector no resulta difícil descifrar esta alegoría; en ella se desarrolla de forma literal una relación amorosa que depende de un signo gráfico. Tal signo es más que lo que parece: supone la fuerza para terminar en el momento oportuno con una relación que tuvo grandes momentos, pero que ha decaído. Es la voluntad que permite una separación necesaria y el símbolo de una confianza sostenida. La pérdida del punto final conlleva la traición a su pareja, la obsesión que acaba con la felicidad, pero al mismo tiempo supone un modo de reflexión metaliteraria. Es la ironía de un narrador que critica los finales desmarcados o inoportunos, aquellos que no llegan a tiempo y alargan tediosamente una historia que pierde interés, como la relación de la pareja protagonista. Cuando no hay más que decir, nos recomienda este cuento, es mejor guardar silencio.137

En otro cuento, titulado “El tiempo todo lo cura” la alegoría se centra en el desarrollo de un dicho popular, el mismo que da título al cuento. Como el paso del tiempo es una buena terapia para suavizar y olvidar los problemas personales, los malos sucesos, el protagonista va a una tienda de empeños a comprar una porción de tiempo para curar sus heridas cuanto antes o lo que es lo mismo, enfriar con el olvido sus malas experiencias. Allí se encuentra a una joven que tiene la urgente necesidad de vender su tiempo, un tiempo que le sobra, que le resulta insoportable y que se empeña en matar o borrar continuamente.

136

Ibíd., página 75. 137

En IP hay un cuento similar a “Punto final”, titulado “14” (páginas 38-39), donde se desarrolla una alegoría del mismo tipo en la que se materializan conceptos abstractos como la felicidad. La estructura es la misma y el contenido es similar: la protagonista recibe de su amiga una caja con la felicidad dentro, la cual debe guardar y cuidar de forma responsable. El personaje, a diferencia que en el cuento mencionado arriba, cumple con su cometido aunque no disfruta con ello, pues la responsabilidad la angustia. La felicidad es una posesión que se cuida y atesora pero debe gastarse: el avaro no la disfruta. El concepto de la felicidad es frágil y efímero: sólo se nota cuando falta y el hecho -imposible a todas luces- de intentar conservarla y protegerla sólo trae angustia. La sabiduría está en saber emplear y disfrutar de lo que se tiene.

Le compré una buena porción de tiempo. Ella respiró, bastante feliz, como a una niña a la que han exonerado de una pesada tarea. Me invitó a beber un refresco (quiere matar el resto, pensé), pero yo quería irme en seguida: las heridas sangraban, todavía, dolían mucho; iba a bañarlas en tiempo, a restañarlas en tiempo, a macerarlas en tiempo, un buen tiempo, un tiempo vacío, como el que había comprado, un tiempo accesorio, sin importancia, pero que restableciera los tejidos.138

Al igual que en el anterior cuento, la alegoría se basa en una estrategia narrativa característica de Peri Rossi que consiste en tomar al pie de la letra una expresión, un signo o un concepto y volverlo material, palpable. En tales casos la alegoría es perfectamente perceptible; no se trata de cuentos fantásticos puesto que no se desenvuelven en la duda entre lo que es real y lo que es ficción o sobrenatural; intencionadamente quieren decir más de lo que aparentan. Hay un doble significado en estas lecturas que se percibe, sobre todo, por el hecho de que se utiliza un recurso clásico: la alegorización de conceptos abstractos139. Es lo que ocurre también en “Historia de amor”:

Dijo que me amaba y me ofrendó su vida.

Al principio, yo me sentí halagado -era la primera vez que me sucedía-, pero luego comencé a notar un dolor sobre los hombros. No hay vidas livianas. Todas son difíciles de llevar. Como soy sumiso y obediente, calcé bien el pesado bulto sobre mis espaldas y me dirigí, sin vacilación, a la montaña.140

Este cuento habla de lo difícil y destructiva que puede llegar a ser una relación, pero, sobre todo, de las nefastas consecuencias que tiene la sumisión, la conformidad ante el abuso. El protagonista carece de fuerza interior para rebelarse y su sometimiento es resignado pues su voluntad es frágil y la mujer es implacable:

138

“El tiempo todo lo cura”, en MEI, páginas 110-111. 139

En “25” cuento incluido en IP, sucede algo similar al ejemplo estudiado, aunque esta vez la alegorización se centra en conceptos relacionados con el campo semántico de la tiranía. Véanse las páginas 63 y 64.

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No me preocupa el final del recorrido: la cima de la montaña está muy lejos y jamás conseguiré llegar allí. Además, ya estoy muy viejo, o por lo menos, lo parezco. Sé que moriré pronto y he tratado de advertírselo: cada vez estoy más flaco, mis pies ya no tienen piel, los huesos asoman por los agujeros del cuerpo. Como no puedo hablar (ni comer) a causa de la costra, se lo advertí con gestos. Ella me consoló de inmediato. “Te amo -me dijo-. Te he brindado mi vida. ¿Cómo no ibas a darme la tuya?”141

La vida de otro se transforma literalmente en una pesada carga, agobia al protagonista y termina destruyéndolo. La dedicación al otro supone el sacrificio de uno mismo, no hay relación sin responsabilidad. En este cuento tal responsabilidad resulta excesiva, se impone al yo y lo coarta. La justificación de tal tiranía se expresa en las últimas frases de la cita: “Te he brindado mi vida. ¿Cómo no ibas a darme la tuya?”

Por otra parte, el cuento “Entre la espada y la pared” se transforma en un relato de denuncia irónica. El narrador se queja de su incómoda vida en el exiguo espacio que tiene entre la espada que se clava en su garganta y la pared que le congela la espalda. En realidad lo que se trata de denunciar es una situación ineludible en la que se ofrecen unas alternativas igualmente perjudiciales. Cualquier decisión que se tome, entonces, supondrá la pérdida de algo muy importante (en el cuento, la vida del narrador). Tal es así que el propio narrador se rebela, aunque inútilmente:

Tanto el muro como la espada sólo pretenden mi aniquilación, mi muerte, por lo cual me resisto a elegir. (...) Sé que tampoco es posible dilatar mi muerte tratando de vivir en el corto espacio que media entre la pared y la espada.

He vivido así los últimos meses. No sé por cuánto tiempo aún podré evitar el muro, la espada. El espacio es cada vez más estrecho y mis fuerzas se agotan. Me es indiferente mi destino: si moriré de una congestión pulmonar o me desangraré a causa de una herida, esto no me preocupa. Pero denuncio definitivamente que entre la espada y la pared no existe lugar donde vivir.142

141

Ibíd., página 115. 142

De nuevo se observa una alegoría que parte de un enunciado popular tomado al pie de la letra143 y en el que la fragilidad y la vulnerabilidad del protagonista lo colocan frente a frente con los conflictos y con la propia muerte que, finalmente, acepta por resignación. Aparte de esto, la elección para los personajes rossinianos los coloca ante un conflicto insoportable y angustioso: elegir es discriminar la opción descartada. Un ejemplo de esto se encuentra claramente en el capítulo V de LMP, donde Oliverio debe elegir entre las láminas que el médico le ofrece.144

Otro ejemplo de alegoría explícita se encuentra en el mencionado cuento incluido en Cosmoagonías, “Los aledaños”. La alegoría gira en torno a la búsqueda de la perfección, de la plenitud; ésta se sitúa, desde el punto de vista del narrador, en el centro del mundo. Desde el momento en que éste se siente incompleto, se dedica a viajar por diversas ciudades y en cada una de ellas cree, erróneamente, encontrar el centro. Su instinto le indicará su equivocación y se encontrará peregrinando continuamente, en una empresa complicada pero que ocupa toda su atención. Tradicionalmente, y desde la época clásica, se ha ubicado la perfección en el núcleo y la imperfección o el estado de carencia o “sueño” (como ignorancia), en los aledaños de ese centro. La peregrinación del protagonista, desde el plano filosófico, es la búsqueda de la sabiduría, desde el plano religioso, la peregrinación hacia el paraíso terrenal. En este cuento, el centro se convierte en un lugar concreto, en lugar del concepto abstracto tradicional que es desde los planos mencionados. Vuelve a repetirse la misma técnica que consiste en alegorizar y dar cuerpo a términos abstractos. El término figurado se toma como elemento real en la historia, pero subyace claramente su significado oculto:

Peregrina. Desde entonces, peregrina. El carácter huidizo del centro del mundo lo obliga a buscarlo, de manera incesante, y quizá los pocos años de su vida

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Lo mismo sucede en “Darle margaritas a los cerdos” en el mismo libro (páginas 178-181). 144

individual, como los de cualquier hombre, no le alcancen para hallarlo. Secretamente piensa que es una búsqueda desplazada, siempre desplazada, y que el centro del mundo, intangible, evanescente, flota sobre los ríos, sobre las casas, sobre los rostros de mujeres que hablan lenguas diversas, dividido y fragmentario, pálido reflejo del sol.145

Este cuento alegoriza la situación del exiliado y del marginado que tanto interesan a Peri Rossi, como se puede observar en toda su obra literaria. La lejanía del centro corresponde a unos personajes que se mueven en los aledaños de un mundo que discrimina y aliena al individuo y otorga mayor importancia al poder de la masa o de un dictador represivo. El individuo que pretende ser fiel a sí mismo y no al poder establecido termina vagando por los aledaños, en soledad, condenado por la ley, ausente de afecto y en perpetua peregrinación y búsqueda del Paraíso Perdido. Estos peregrinos solitarios abundan en la obra rossiniana, como se comprueba en LNL, por ejemplo.

Desde su primer libro de cuentos, publicado en 1968 (MA) hasta su última producción cuentística (DI, 1997) la alegoría ha estado presente como una marca de estilo, muchas veces de forma encubierta. En su primer libro la alegoría está ligada fuertemente al tiempo y el espacio, por ello se analizará en los apartados correspondientes a estos dos aspectos de su obra.

En “La Anunciación”, cuento incluido en RN además de la técnica del simultaneísmo, es posible el estudio de una alegoría referente a la confrontación entre el bien y el mal y a la búsqueda del equilibrio existencial. En la actividad del niño co- protagonista se recoge esta última observación. Se dedica a recoger piedras del mar para llevarlas a la orilla. La mujer, que lo observa con curiosidad, comprende el significado oculto de su acción:

Como si no estuviera solo, como si el agua, las piedras y el ruido del viento lo acompañaran. Absolutamente concentrado en su tarea y

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comprendiendo de alguna manera la armonía del universo. En esa mecánica descubrió su rol, su función, y la asumió con dignidad y respeto, con convicción. Sólo las gaviotas han podido vernos.146

En este caso la clave la da la propia mujer (es una alegoría explicitada); las tareas, aunque sean aparentes “esfuerzos inútiles” o actividades humildes, responden a un equilibrio natural.147 La existencia del ser humano se puede ver felizmente justificada en el encuentro de la labor adecuada a uno mismo, sea cual sea y en qué consista. Las tareas humanas, siempre rodeadas de un halo de utilidad y necesidad (el ser humano tiende a creerse imprescindible), son siempre vanas porque son limitadas, sin embargo se erigen en ocupaciones vitales, en la propia ansia del ser humano a sentirse completo. El niño junta piedras grandes y las lleva “lejos del agua para que las olas al lamer la orilla no las encuentren”.148 Es un niño lleno de paz, porque sabe lo que debe hacer en la vida y lo hace gustosamente, como un modo de ocupar su lugar en un universo armonioso y ordenado. Pero hay otra alegoría que se suma a ésta y que es de carácter implícito: la vida es una continua batalla que deben ser afrontada. La llegada de la mujer-Virgen para el niño supone una nueva misión de carácter perentorio: debe protegerla de los elementos invasores. Primero, la aleja de la orilla, la sienta en la arena (en un lugar resguardado del viento y el mar) previamente limpiada de impurezas, y la rodea con objetos y adornos de la naturaleza, que también le servirán de protección contra el empuje incesante del mar (primer elemento invasor).

(...) yo me perdía por senderos llenos de plantas, me lastimaba las manos, juntaba flores y ramas al azar, arrancaba raíces, estrujaba nerviosamente tallos, aplastaba hiedras al caminar. Y mis oídos estaban pendientes del rumor del agua

146

“La Anunciación”, en RN, página 47. La bastardilla corresponde al discurso de la mujer y es de la autora.

147

Otra alegoría referente a los esfuerzos inútiles se encuentra en “Los espejos de colores” en

Cosmoagonías. Una mujer vende espejos de colores a un alto precio y uno de sus compradores se siente estafado. Sin embargo, cuando el personaje vuelve a ver a la mujer, se percata de que se trata de una mujer que cree en la magia de lo que hace. Véase la página 36, por ejemplo.

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al llegar, vigilaban su ascenso, su crecimiento, no podía verlo pero lo oía, como dos enemigos que se conocen bien yo lo acechaba y él estaba dispuesto a aprovechar cualquiera de mis descuidos.149

El niño también adorna a la mujer con flores y le construye una pequeña barrera de arena para evitar que el agua la toque. Toda esta actividad la lleva a cabo con verdadera devoción hacia la mujer, de tal modo que ella misma piensa:

Él me traía pequeños homenajes. Frutos del mar y del bosque. Yo no sé por qué lo hacía, pero pensé que no podía detenerlo. Fuera lo que fuera aquello que él imaginaba y yo no sabía, sus gestos estaban llenos de bondad y de reconocimiento, y yo estaba demasiado cansada como para rechazar aquellos dones, por extraviados que fueran.150

A medida que el mar se acerca, el ritmo del cuento se acelera; entonces, un ruido extraño y amenazador se aproxima (como en “Casa tomada”, de Cortázar).151 El ruido alarma a los protagonistas: el niño sube al monte para averiguar de qué se trata, la mujer huye. Son soldados cargados de armas, el segundo elemento invasor. El niño, que identifica a la mujer como la Virgen, ve a su vez a los soldados como los centinelas romanos que sacrificaron a su hijo y que vuelven a por ella para hacerla sufrir. De

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