La comuna de Pudahuel
1.2. Algunos antecedentes históricos de su conformación
Armando de Ramón (2000) nos proporciona importantes antecedentes de su constitución como comuna y de las características de su población. El autor señala que fue entre 1940 y 1970, como lo evidencian los datos de los censos del 40, 52, 60 y 70, que se agudizó el crecimiento de los bordes urbanos de la ciu- dad de Santiago “pudiendo distinguirse claramente aquellos focos de mayor ex- pansión y la especialización por clases sociales de las distintas comunas. Hacia
el oriente, (Las Condes, Providencia y Ñuñoa) por acción de las clases medias,
medias altas y altas, hacia el norte (Conchalí y Renca) ocupado por una may-
oría perteneciente a los estratos bajos; hacia el occidente (Barrancas, Pudahuel, Quinta Normal) por acción de las clases media y baja simultáneamente; y hacia el sur (San Miguel, La Cisterna y La Granja) también por la acción de las clases medias y bajas no siempre en una fácil vecindad” (p. 203). El mismo autor
indica que este proceso de ocupación del suelo por los estratos más bajos de
la sociedad, quedó al margen de toda planificación y todo cálculo (p. 223) “El crecimiento de comunas como La Granja, San Miguel, Barrancas (Pudahuel),
no tiene relación con un propósito pensado o regulado por la autoridad, tanto a
nivel municipal como provincial o nacional. Es aquí donde queda de manifiesto
la poca consistencia de la programación de la vivienda popular hecha por los organismos competentes creados desde 1931, así como lo equivocado del diag-
nóstico que sus técnicos hicieron” (p. 225).
A partir de 1890 este crecimiento, que se produce en virtud de la ocupación sistemática de terrenos situados más allá de los límites urbanos que hasta 1900
“continuaban siendo fijados por el Camino de Cintura trazado en 1872” (De Ramón, 1985, p. 210), se hace incontenible. Terrenos que se conocen como
121 ampliación del área poblada entre 1850 y 1900, se debió necesariamente a la
especulación con los “terrenos de chacras, fundos y otras propiedades agríco- las, grandes y pequeñas que estaban junto a la ciudad. El mecanismo de ampli- ación fue la agrupación de viviendas y calles conocida con el término genérico
de “población” (…) (p. 210). Así en 1897 y bajo el gobierno de Errázuriz Zañartu y “a petición de los vecinos de las subdelegaciones 13 “Pudahuel” de la comuna de Maipú y 14 “Mapocho” de la comuna de Renca, el gobierno creó una nueva
comuna ubicada a unos seis kilómetros al norponiente del centro de la ciudad,
que pasó a llamarse de igual manera que el antiguo caserío rural de Las Bar-
rancas. En forma paralela al nacimiento de Las Barrancas, el borde poniente de
la ciudad, vale decir, el límite occidental de la que mas tarde sería la Comuna
Quinta Normal, se desplazó hacia fundos y quintas de manera inusitadamente rápida. La formación de poblaciones se convirtió en uno de los procesos más novedosos y a la vez más relevantes en la mecánica de expansión de la periferia”
(Bustamante, 2007, p.5). Si bien, indica Bustamante para el caso de Barrancas ese proceso ya había comenzado en 1897, a partir de la primera mitad del siglo
XX este Municipio recibió numerosas peticiones de propietarios de poblaciones
ubicadas al oriente de la comuna, en que se solicita al alcalde implementar ser- vicios básicos puesto que se habían construido conjuntos de viviendas y calles.
Así, durante la segunda mitad del siglo XX, Barrancas se fue transformando
progresivamente en una nueva población caracterizada por su marginalidad y
Figura 18: Pintura de María Graham, Valle Lo
Aguirre, 1822.
Fuente: Revista Patrimonio Cultural Nº 36, año X, Invierno 2005, p. 16.
pobreza, hasta que en 1975, deviene la comuna de Pudahuel la que sufre su úl-
tima modificación territorial en 1981 a partir de la creación de las comunas de Cerro Navia y Lo Prado (p. 6).
Hacia 1960, señala De Ramón (2000) el grueso de la migración campesina po-
bre se radicaba en las comunas de Conchalí, Pudahuel, Ñuñoa, La Cisterna y La Granja, derivando cada vez más el domicilio de los pobres hacia la perif- eria sur de la capital. (p. 242) así, “en la década de 1960 los pobladores que habitaban la periferia santiaguina ascendían a más de 100.000 familias con
unos 700.000 habitantes, masa pobladora que significaba un tercio del total de habitantes de Santiago en aquella época” (p. 242). “Estos pobres urbanos,
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“vivienda económica” o habitaran o no “poblaciones callampas”, todos sufrían los mismos problemas derivados de insuficiente o inexistente urbanización
(pavimentación, agua, luz y alcantarillado) escaso o nulo equipamiento comer- cial, educacional, salud y recreación. Al mismo tiempo soportaban también una situación de hacinamiento que ponía a los índices de bienestar muy por debajo
de los mínimos exigibles. Precisamente las comunas periféricas ya nombradas; La Cisterna, La Florida, La Granja, Renca, Conchalí y Pudahuel, habían reu-
nido, a mediados del siglo, el 54,7% del déficit total de agua potable de la ciudad y el 57,3% del déficit de alcantarillado (p. 242-243)”.
A esta situación que ya comenzaba a perfilarse en la década del ’60, se sumarán los desplazamientos de pobladores promovidos por el gobierno militar a fines de la década del ’70, y que tendrán como consecuencia, la acentuación de la ho- mogeneidad social y cultural de estas comunas periféricas. Esta acción encuen-
tra respaldo legal en el decreto Nº 2.552 de febrero de 1979, llamado “Progra-
mas de Viviendas Básicas o Programas de erradicación de campamentos” el que
dispuso, entre otras medidas, la construcción de un catastro de campamentos, personas y familias que arrojó como resultado la existencia de 340 campamen- tos integrados por 259.000 personas agrupadas en 51.797 familias, de ellas un 27,4 % “fueron radicadas mediante un plan de urbanización y una solución hab-
itacional en el mismo lugar donde vivían” (p. 254). Las otras familias, 72,6% del
total, fueron trasladadas fuera y dentro de su comuna (erradicación inter e intra comunal respectivamente) (p. 254). Como complemento de estas disposiciones se estableció que las viviendas no podían tener un tamaño inferior a 18 mts2, la infraestructura necesaria y una urbanización mínima (p.254).
Así, Pudahuel se transforma junto con 5 comunas del área sur del Gran San-
tiago, a saber, La Pintana, La Granja, San Bernardo, Puente Alto y Peñalolén - todas caracterizadas por déficit de infraestructura urbana y alta concentración
de extrema pobreza - en territorios receptores de población pobre. Para estas comunas, señala de Ramón (2000) “generalmente con pobre equipamiento e infraestructura, la llegada de esta masa de nuevos habitantes, constituyó un aumento en la demanda por servicios públicos y mayores gastos para los muni- cipios. A lo anterior hay que añadir el crecimiento en los niveles de delincuen-
cia, prostitución y drogadicción” (p. 255) y un recrudecimiento de la violencia y de la inseguridad pública. La gran contradicción, puntualiza el autor, es que
“esta población había salido desde comunas que contaban con una infraes-
tructura eficiente como eran Estación Central, Conchalí, Vitacura, Macul, Lo Espejo, Las Condes y La Cisterna” (p. 254). Al contrario, las comunas “dadoras” de población se vieron beneficiadas con un aumento en la valorización de los
terrenos en los que antes se habían emplazado los campamentos, lo que se vio favorecido por el decreto 420 de 1979 que posibilitaba la expansión indiscrimi-
nada de los límites urbanos” (p. 254). Así, indica el autor, la pobreza deja de ser
parte del entorno urbano cotidiano de los habitantes de estos sectores, pasando a constituirse en una realidad no sólo ajena, sino también lejana. Estos mov- imientos poblacionales van a acentuar la homogeneidad social en las comunas, tanto para aquellas cuyos habitantes serán asociados a las clases medias o altas, como para aquellas que pasan a transformarse en comunas de clase baja y me-
dia baja: La Granja, La Pintana, San Ramón, entre otras del sector sur, así como
123 Refuerza este punto Hernán Boettiger1 , geógrafo del Departamento de Obras
del Municipio de Pudahuel al sostener que “En los años setenta Pudahuel era
un desastre. Yo llegué acá el año ’83, ’84 en plena época el POJH2 me tocó una
de las crisis que atravesaba al país, en esa época Pudahuel era… Había tanta
marginalidad que nosotros teníamos campamentos aquí al lado de la munici-
palidad. La comuna existía desde San Pablo hasta Corona Sueca, este tramo no existía eso se arregló utilizando recursos del POJH y había planes específicos de
saneamiento de campamentos, la cantidad de asentamientos irregulares, op- eraciones sitio, eran enormes, los porcentajes de carencia de servicios básicos
era muy grande. La comuna durante 20 años, principios de los setenta y prin- cipios del noventa, todos los esfuerzos se hicieron para solucionar ese tipo de situación. Fue un esfuerzo muy grande. Se logró erradicar campamentos hace ya varios años, aquí teníamos miles de campamentos el último grande se er-
radicó a principios de los 90, el 94, fue Lo Castillo. Un campamento numeroso
con 200, 300 viviendas. Bueno, toda esa realidad hizo que Pudahuel tuviera como un estigma de marginalidad, una comuna pobre y quedó como eso, mas encima con el cuento de los ‘80 las protestas y todo ese cuento, se hablaba de
Pudahuel en términos puramente negativos”.