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Capítulo elaborado por Stéphane Doyon, responsable del Área de Nutrición - Access Campaign (CAME), Médicos Sin Fronteras.
ƒ1
Número de personas en el mundo que padecen hambre (en millones)
Fuente: FAO (Comunicado de prensa, 20 de junio de 2009).
Este fracaso se ve exacerbado por el riesgo percibido de que la seguridad alimentaria mundial se agrave aún más a consecuencia de varios factores, como la volatilidad de los precios de los alimentos, la competencia entre los biocombustibles y la alimentación, o incluso los efectos del cambio climático sobre la
producción agrícola. Todo ello en un mundo cuya población pasará de 7.000 a 9.000 millones de personas entre 2009 y 2050, con la necesidad consiguiente de aumentar en la misma medida la producción agrícola.
Este paisaje, avivado por los muy mediáticos «motines del hambre», ha suscitado numerosos debates. Así ocurrió en la Reunión de Alto Nivel Seguridad Alimentaria para Todos y Todas (RANSA), de la que España fue anfitriona en enero de 2009, o más recientemente en julio de este mismo año durante la cumbre del G8 en Italia, en cuya agenda los retos alimentarios mundiales estuvieron muy presentes.
No obstante, si bien en todos estos foros tanto los actores gubernamentales como la sociedad civil parecen coincidir en su constatación de que
1
Introducción
A finales de 2007, el precio de los productos alimenticios básicos se dispara. Algunos meses más tarde, las poblaciones de varios núcleos urbanos de África, América Latina y Asia salen a la calle a manifestarse. El hambre regresa al debate público y suscita durante un tiempo la atención de los medios. Y se la redescubre al mismo tiempo como factor de desestabilización política y, por tanto, como cuestión de
importancia estratégica. De ahí se derivan toda una serie de medidas, desde las adoptadas por países afectados −que se inclinan por el incremento de las tasas a la importación de productos alimentarios o la subvención o prohibición de las exportaciones de ciertos alimentos básicos−, hasta una cierta movilización internacional a favor de la concesión de 750 millones de dólares
adicionales al Programa Mundial de Alimentos (PAM). Con estas medidas vuelve la calma y se acallan las voces.
2
Personas que padecen hambre en el mundo
A pesar de las medidas seguidas, la
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) afirma que el hambre en el mundo crece, y algo más de 1.000 millones de personas se acostarán con el estómago vacío en 2009, frente a los 800 millones de 2006. Aunque estas cifras sean estimaciones, expresan una tendencia inversa a la que se fijó la comunidad internacional en el marco de los Objetivos del Milenio: reducir a la mitad el número de personas que padecen hambre en el mundo para 2015, respecto a 1990; esto es, reducir la cifra a 420 millones de
personas.1
1
FAO, Comunicado de prensa [en línea], 20 de junio de
2009, (http://www.fao.org/fileadmin/user_upload/ newsroom/docs/Press%20release%20june-fr.pdf). [Consulta: agosto de 2009.]
Número de personas que pasan hambre Cifra estimada para 2009
Objetivo de la Cumbre Mundial de la Alimentación (SMA) 1996
0 250 500 750 1000 1970 1980 1991 1996 2001 2005 2008 2009 2015 ƒ1
sostenida o no es considerada como una crisis, circunstancias ambas que suelen ir de la mano. Ahora bien, los principales focos de la
desnutrición −en el Sáhel, el Cuerno de África o el sur de Asia− se encuentran mayoritariamente en países estables, donde la desnutrición es crónica. Esta puede observarse cada año
durante el período de escasez o hunger gap.
Durante esta estación se reducen las reservas de alimentos constituidas en la cosecha del año anterior, los precios de los alimentos aumentan y las oportunidades de trabajo o de encontrar recursos complementarios escasean. Ante la adversidad de este contexto, las familias optan por estrategias de adaptación: en su mayoría, reducen tanto el número de comidas al día como la variedad nutricional de las mismas, y los hombres emigran para vender su fuerza de trabajo y conseguir ingresos complementarios. En estos períodos, el conjunto de la familia se ve afectado por el ciclo de hambre y pobreza, pero son los niños en la primera infancia quienes se ven particularmente expuestos y afectados por la desnutrición. En pleno desarrollo, estos niños necesitan una alimentación rica y diversificada, indispensable para su desarrollo fisiológico y físico. El estrés alimentario y nutricional que prevalece en este período los expone
especialmente a la desnutrición. Además, en las regiones sometidas a estas estaciones de escasez crónica, la incógnita no es si esta situación se producirá, sino cuál será su intensidad.
Sin un programa de apoyo o de respuesta nutricional orientado a distribuir complementos alimenticios, o a establecer los medios
adecuados para que las familias los consigan por sí mismas, en cada período de escasez un elevado número de niños corren el peligro de quedar condenados. Esta es, por desgracia, la situación actual. Ahora bien, lo que se requiere en estas situaciones crónicas es actuar tanto a largo plazo, mediante la financiación de programas de desarrollo −tal y como ocurre actualmente−, como a corto plazo, asistiendo a las poblaciones afectadas por la desnutrición. la situación alimentaria mundial es
preocupante, no existe tal sintonía cuando se abordan las posibles soluciones para solventar el problema. Muchos consideran que la producción agrícola es la clave de bóveda de la seguridad alimentaria y reclaman una
«revolución verde» para garantizar a todo el mundo el acceso a los alimentos. Sin embargo, aunque es evidente que una producción agrícola en cantidad suficiente para alimentar al
conjunto de la población es la primera condición para la seguridad alimentaria, la cuestión del acceso a una alimentación de calidad es el principal determinante de las situaciones de
subalimentación contemporáneas.2
Para abordar esta cuestión, es interesante examinar de forma crítica las prácticas actuales implantadas por los actores de la ayuda
internacional, y observarlas a través del prisma de la ilustración más extrema de estas
situaciones de subalimentación: la desnutrición aguda severa.
3
La desnutrición aguda severa
Se trata de una patología que afecta
principalmente a los niños de corta edad, que padecen unos 20 millones de menores de cinco años en el mundo, y que cada año acaba de forma directa con la vida de un millón de ellos, y de forma indirecta con la de tres millones y
medio más.3
En primer lugar, la ayuda alimentaria o nutricional se concentra principalmente en situaciones de crisis, o consideradas como tales, ya sean de origen humano −conflictos− o natural −inundaciones, terremotos, sequía, etc.−. En efecto, los diferentes actores, como el PAM, experimentan a menudo muchas dificultades a la hora de recaudar fondos cuando la situación no moviliza una atención mediática
2
V. los trabajos de los premios Nobel Amartya Sen o Robert William Vogel.
3
SCN/WHO/WFP/UNICEF (declaración conjunta),
Community-Based Management of Severe Acute Malnutrition [en línea], mayo de 2007, (http://www. unscn.org/files/Statements/Community_Based__ Management_of_Severe_Acute_Malnutrition.pdf). [Consulta: 2009.]
contienen ni las proteínas de origen animal −leche, carne, pescado, etc.− ni los
micronutrientes −minerales y vitaminas− esenciales para el correcto desarrollo del niño. La utilización de alimentos que podrían corresponder a estándares nutricionales aceptables −es decir, cuya composición responda a los conocimientos médicos
universales sobre las prácticas alimentarias en la primera infancia− sigue sin figurar en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), como tampoco es aplicada por los diferentes organismos internacionales implicados en la ayuda alimentaria o por donantes de fondos que financian esta ayuda. A pesar de que el conjunto de expertos en nutrición reconocen que los niños tienen necesidades específicas, las políticas públicas de salud solo recomiendan el uso de productos adecuados para niños cuando estos llegan a la fase más severa de la desnutrición. Dicho de otra forma, para tener acceso a un tratamiento eficaz, los niños tienen que esperar a
encontrarse en verdadero peligro de muerte y vivir en una situación considerada como de crisis. Esta situación debe corregirse y debe reformarse la ayuda alimentaria internacional, con el fin de pasar de una ayuda basada en la compasión y los intereses de los países
donantes a una ayuda basada en las poblaciones y sus necesidades nutricionales. Paralelamente, es necesario desarrollar prácticas de asistencia alimentaria que tengan en cuenta a los niños de corta edad, la población más afectada por la desnutrición.
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Mapa de los puntos calientes de la desnutrición aguda
Fuente: «Malnutrition Hotspots», adaptado del proyecto Millenium de Naciones Unidas Task Force on Hunger 2005,
Having hunger. It can be done.
Cuando se distribuye la ayuda alimentaria internacional, ni su alcance ni su calidad permiten luchar eficazmente contra la desnutrición, ya que no incluyen alimentos adecuados para los niños de corta edad, a pesar de que son ellos los más afectados en los períodos de escasez. Para comprender las razones, es necesario echar un vistazo a la historia de la ayuda alimentaria internacional. Esta nació a finales de los años 50 del siglo XX, cuando algunos países −Estados Unidos y Canadá especialmente, y Europa Occidental en menor medida−, tenían excedentes de
producción alimentaria justo cuando otros países hacían frente a una inseguridad crónica. La economía de la ayuda alimentaria
internacional consistió en vincular el interés de los países donantes −valorizando sus
excedentes− a la situación de los países
beneficiarios que recibían asistencia. De ahí que la composición de los alimentos distribuidos se diseñara en función de la naturaleza de los excedentes agrícolas y no en función de las necesidades nutricionales de las poblaciones beneficiarias de esta asistencia.
De esta forma, los alimentos que actualmente se distribuyen a los niños de corta edad son una mezcla de harinas a base de cereales, que no ƒ2
Los 50 países sombreados registran una elevada tasa de mortalidad de niños menores de cinco años (superior a 50 por 1.000) y una tasa de atrofia del crecimiento en menores de cinco años superior al 30 %.
Las siguientes leyendas representan la tasa de consunción en la población menor de cinco años en estos países: Países con más de un 15 % de desnutrición aguda Países con más de un 10 % de desnutrición aguda Países con más de un 4 % de desnutrición aguda
*
Sin datos.Países con un número mayor de niños menores de cinco años con desnutrición aguda (estimaciones en millones). • India 8,0 • R. D. Congo 1,3 • Pakistán 1,2 • Nigeria 1,1 • Etiopía 0,6 (Haití)
hora de explicar la aparición de la desnutrición.4
Durante este período, las familias en situación de escasez se ven obligadas a desarrollar estrategias de supervivencia, tales como la reducción de la alimentación en cantidad y calidad. Con frecuencia los hombres emigran en busca de ingresos complementarios, y son las mujeres las que deben ocuparse del hogar en solitario, además de preparar las tierras para la siguiente estación agrícola.
En estas condiciones, los niños de corta edad se ven fuertemente expuestos a la desnutrición: si la atención que reciben acaba siendo deficiente, la explicación antes se relaciona con la falta de acceso a los alimentos y con las estrategias de supervivencia, que con la ignorancia de las madres. De lo contrario, ¿cómo explicar los efectos que las variaciones estacionales tienen en la desnutrición, si los conocimientos de las madres no varían en función de la época del año? Por lo tanto, en estos contextos de
inseguridad alimentaria crónica, los programas centrados en la educación nutricional que no vayan acompañados de un apoyo social, que permita el acceso a suplementos nutricionales adaptados a los niños más pequeños, serán ineficaces.
ƒ3
Curva de admisiones en centros nutricionales de MSF en Zinder (Níger) mostrando
la estacionalidad de la desnutrición
Fuente: MSF.
4
VAITLA, B., DEVEREUX, S. y SWAN, S.H., «Seasonal Hunger: A Neglected Problem with Proven Solutions»,
PLoSMedicine [en línea], 30 de junio de 2009, (PLoS Med 6(6): e1000101. doi:10.1371/journal.pmed.1000101).
4
Causas de la desnutrición
El último gran escollo es la comprensión de las causas de la desnutrición. El pensamiento mayoritario ha considerado hasta hace poco que la desnutrición solo es resultado de la falta de acceso a los alimentos en los contextos de crisis agudas, y que, en los contextos en los que es endémica, la desnutrición infantil se relaciona con problemas educativos o de malas prácticas por parte de las madres. Según esta teoría, las madres tienen a su disposición alimentos en cantidad y calidad suficientes para asegurar la correcta nutrición de sus hijos pero, debido a malas prácticas de destete materno, acaban proporcionándoles una alimentación inadecuada durante este período de transición. Con este razonamiento, se concede la prioridad a los programas educativos, orientados a cambiar el comportamiento de las madres y a asegurar la corrección de unas malas prácticas
que son percibidas como causantes principales de la desnutrición. Es más, se considera que distribuir alimentos en estos contextos es inadecuado e incluso contraproducente. Sin embargo, de existir tal relación causa- efecto, la evidencia demuestra que es minoritaria, sobre todo en las zonas de alta prevalencia de desnutrición. En efecto, la epide- miología de la desnutrición estacional
observada en la mayoría de contextos de desnu- trición crónica indica que la mayoría de casos de desnutrición aparecen durante el período de escasez, en el que el acceso a los alimentos es difícil, lo que confirma no solo la importancia, sino también el predominio de esta causa a la
ƒ3
Admisiones en centros nutricionales de MSF en Zinder (Níger) Índice de la FAO para los precios de los alimentos (1998-2000=100)
0 110 300 140 600 170 900 200 1.200 230 2005 2006 2007 2008
Finalmente, cada vez está más generalizado el reconocimiento del problema del acceso a los alimentos como factor principal de la
desnutrición. Por ejemplo, el Banco Mundial cambió de postura recientemente y, en un estudio de evaluación del coste de la lucha contra la desnutrición, integraba la respuesta a la desnutrición aguda severa con la prevención de la misma mediante la distribución de complementos nutricionales adecuados a los niños en riesgo, completando todo ello además con sesiones de educación nutricional.
Aparte del hecho de que estos avances deben consolidarse para crear las condiciones para una ayuda internacional más eficaz, son
indispensables otros dos requisitos más: que los Gobiernos de los países afectados reconozcan la existencia de una situación nutricional difícil, por una parte, y que la ayuda internacional destinada a estos países se incremente de forma considerable, por la otra.
En efecto, muchos Gobiernos de países con parte de su población en situación nutricional crítica no reconocen la existencia de esta situación: es un estigma a escala internacional y un hecho políticamente delicado en el ámbito nacional. Una elevada prevalencia de la
desnutrición suele percibirse como indicador de fracaso social, de grandes desigualdades, de pobreza extrema y como fuente potencial de inestabilidad. El que tal problema salga a la luz conlleva inmediatamente la exigencia de soluciones o, cuando menos, de una respuesta. Además de programas de desarrollo orientados a lograr soluciones a largo plazo, debe
aportarse una ayuda social que favorezca la asistencia a las poblaciones más expuestas a la inseguridad alimentaria y a la desnutrición: algo difícil de aplicar cuando se es un país pobre con pocos recursos, y que deben repartirse además entre las numerosas acciones que puedan considerarse prioritarias. Por eso, a la hora de pedir ayuda de emergencia resulta más sencillo negar la existencia de tales situaciones, o explicarlas −si es que se hace− como problemas de educación, o incluso como la consecuencia de catástrofes naturales excepcionales. En segundo lugar, con el fin de facilitar el reconocimiento de estas situaciones de inseguridad alimentaria, y distribuir la ayuda social necesaria a las poblaciones expuestas a la desnutrición, la comunidad internacional debe incrementar considerablemente los recursos destinados a estos Gobiernos. La existencia y disponibilidad de tales recursos y su vinculación a la lucha contra la desnutrición son los principales factores para facilitar el
En todo caso, al observar las últimas evoluciones, parece que la comprensión de las situaciones de desnutrición por parte de los actores de la ayuda internacional está progresando, así como las respuestas necesarias, que están integrando progresivamente y cada vez más estas realidades diferentes.
En efecto, desde la crisis nutricional en Níger en 2005, los diferentes actores reconocen la existencia de situaciones nutricionales críticas fuera de los contextos considerados como de crisis aguda, y el tratamiento de los niños con desnutrición severa se aborda con el mismo nivel de prioridad que las acciones de
desarrollo.5 De hecho, a día de hoy más de 45
países han adoptado la gestión de esta patología en su sistema nacional de salud, o están en proceso de hacerlo.
Asimismo, respecto a la calidad de los
alimentos distribuidos a la primera infancia en el marco de la ayuda internacional, ya está cuestionada por numerosos actores de la ayuda alimentaria y el mundo académico, así como por las agencias que los distribuyen a cuenta de la
comunidad internacional.6 Lógicamente, un
reconocimiento como este impulsará el cambio, puesto que ya resulta difícil seguir distribuyendo eternamente a niños expuestos a la desnutrición alimentos cuya falta de eficacia se ha
demostrado.
En relación a la ayuda alimentaria internacional, a excepción de Estados Unidos, los principales países donantes contribuyen ahora mediante ayudas económicas, lo que coayuda a desligarla de los intereses de los países financiadores y, al mismo tiempo, a crear las condiciones para aportar una ayuda basada esencialmente en las necesidades de las poblaciones asistidas, sobre todo en lo que a elección de la naturaleza de la
ayuda se refiere.7
5
Níger 2005, una catástrofe tan natural, bajo la dirección de Xavier Crombé y Jean Hervé Jézéquel.
6
Ten minutes to learn about…Improving the Nutritional Quality of WFP´s Food Basket. V. t. (http://www.who.int/ nutrition/topics/moderatemalnutrition_consultation_ dietarymanagement/en/index.html).
7
SHEERAN, Josette, «Innovating against hunger and
undernutrition», Fostering innovation for global health.
Global Forum Update on Research for Health, vol. 5, 2008,
Asegurarse de que la Unión Europea y sus Estados miembros movilizan recursos
específicamente destinados a la lucha contra la desnutrición en cantidades necesarias y ofrecen una cooperación financiera y técnica a los Estados más afectados por tal situación. Favorecer la creación de un mecanismo
internacional para la gestión de esta ayuda −tomando en consideración las instituciones ya existentes−, al que los Estados puedan dirigirse fácilmente cuando necesiten apoyo económico o técnico para poner en marcha programas nutricionales.
Favorecer la definición de una estrategia nutricional de la Unión Europea y del conjunto de sus Estados miembros, y su aplicación dentro del marco de la ayuda internacional.
Tras largos años de ignorar el problema, la comunidad internacional y los principales países donantes, con España a la cabeza, comienzan a dar signos positivos que invitan a la esperanza. Reorientar las políticas de seguridad
alimentaria en función de las necesidades de las poblaciones a las que van dirigidas, con especial atención a los niños en su primera infancia, dotarla de medios que posibiliten su eficacia y generar sinergias para garantizar su desarrollo sostenido aparecen como los primeros retos. Al Gobierno español se le presenta a partir de enero del próximo año una ocasión de oro para impulsar ese proceso.
reconocimiento, por parte de los Gobiernos afectados, de la existencia de estas situaciones, así como la puesta en marcha de programas de respuesta.
5
La seguridad alimentaria en la agenda de la ayuda europea
El Gobierno español ha afirmado que, durante su Presidencia de la Unión Europea en el primer semestre de 2010, la seguridad alimentaria será tema prioritario en la agenda de la ayuda europea a los países pobres. También resulta esperanzador su anuncio, al concluir la reciente cumbre del G8 en Italia, de una contribución de