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Alimento como derecho colectivo en la ciudad

político y de educación desde el saber.

3. Capítulo Tercero: Una lectura territorial a la agroecología urbana y sus luchas

3.3. Alimento como derecho colectivo en la ciudad

En este tercer apartado se va a presentar uno de los elementos más aludidos por los actores agroecológicos, y es la construcción del alimento como derecho, y no como objeto que pueda ser cooptado por las lógicas mercantiles. Bajo esta premisa, propia de los movimientos sociales agroalimentarios, se busca profundizar sobre estas nociones, y su vinculación práctica, además de su impacto territorial.

3.3.1. Menos alimento mercantilizado, más alimento como derecho

Para empezar se abordó lo que se entiende por derecho colectivo, “El derecho como concepto es abordado de manera crítica refiere un direccionar de esfuerzos dentro de una dinámica de poderes” (Ortega, G., 2010, p. 77). Los derechos tienen diferentes momentos de históricos, donde se reivindicaron, diferentes tipos de derechos: los civiles, los sociales, culturales, como algunos de estos. “Los derechos tienen una noción a procesos de lucha, defensa, y reivindicación de intereses sociales inmersos en un contexto histórico, donde hay un trasfondo ético-político que está arraigado a los cambios sociales que posibilitan la aparición de nuevos derechos” (Ortega, G., 2010, p. 78).

Los derechos colectivos son una de los momentos de los derechos y de las luchas sociales por nuevos reconocimientos, Ortega G. dice que “pueden entenderse como reivindicaciones políticas, sociales y culturales de un grupo con interés común dentro de un contexto histórico-político” (p.79). Hay una apuesta por no caer en las visiones clásicas de los derechos que tienen una lógica del liberalismo, y por lo tanto prioriza la individualidad, no

119 busca condicionar los derechos a grupos especiales (particulares), sino que amplía los derechos sin limitaciones a colectividades no determinadas. Aceptando múltiples sujetos colectivos, que en algún momento han tenido que sufrir de discriminación o invisibilización (Ortega, G., 2010).

Los derechos colectivos tienen una incidencia y cubrimiento de diferentes problemáticas, actores y contextos, donde se pueden ejemplificar el caso de grupos étnicos y minoritarios, para garantizar su forma de entender y relacionarse con los otros, de construir identidad, autodeterminación (Ortega, G., 2010). De igual manera, tiene en cuenta a los humanos en su relación con la naturaleza, se encuentra con los derechos ambientales colectivos, sobre la necesidad de proteger y garantizar un ambiente sano, tanto para la naturaleza: ecosistemas, como para el ser humano en relación con esta (Ortega, G., 2010).

Con esta aclaración conceptual, se puede analizar que son las presiones sociales, la cuestión social, la que logra generar los escenarios propicios para garantizar la reivindicación de un derecho, para el caso agroalimentario, estas presiones se dieron fuertemente desde los años 90’ del siglo XX, con movimientos mundiales de campesinos y agricultores, que pedían un alimento sano, un sistema agroalimentario soberano para las sociedades, un modelo no basado sobre la dependencia del petróleo y los mercados financieros mundiales. La vía Campesina fue uno de los primeros actores políticos internacionales que motivo la puesta de lo agroalimentario en la agenda pública de muchos gobiernos en el mundo, de organismos internacionales, pero con un carácter crítico y transformador, dando pie a lo que hoy se conoce como soberanía alimentaria.

Estos movimientos, reivindicaciones globales y regionales calaron en el país, y se fueron incorporando a procesos sociales críticos, que ya no solo veían la necesidad por los cambios sociales, sino que se dieron cuenta de las problemáticas que se estaban generando con el alimento. Los procesos agroecológicos investigados se posicionan desde estas lecturas, y manejan en sus discursos una clara apuesta por la lucha de los alimentos, y los procesos agroalimentarios como derechos colectivos, que no pueden ser individualizados, parcializados, y limitados al mercado, es decir su vínculo con el humano limitado por la capacidad adquisitiva, y la lógica del capitalismo de consumo, de uso, comercialización, incluir una gran cantidad de intermediarios.

Cuando se hacen patentes con semillas, se toman estos bienes comunes, y se controla el futuro del alimento en el mundo. Porque deja de estar en manos de las comunidades, de los

120 agricultores tradicionales, de los campesinos, y pasa a manejarse como segmentos de mercado, dónde se pueden transformar los alimentos a beneficio de quien los controla. Así, la modificación genética, se vuelve un falso argumento, de muchos gobiernos y corporaciones para posicionarlo como necesario para acabar el hambre en el planeta, o de volver más fuertes los alimentos, contra las plagas y las dificultades medioambientales que causa el cambio climático. Cuando el mismo modelo agroalimentario, con el uso de agroquímicos, monocultivos, y mal manejo de energías para llevarlo a cabo, es una de las razones estructurales para entender por qué del cambio climático. Si afecta a todos, debe ser un derecho colectivo, que proteja bienes comunes, los derechos fundamentales y sociales de la humanidad.

En una mirada relacional y territorial de los actores agroecológicos, se puede ver que defender la postura de alimento como derecho, implica un distanciamiento de buena parte de los lugares de distribución o comercialización alimentaria, como lo son los mini mercados, supermercados, hipermercados, plazas de mercado manejadas por empresarios. Y la formación de nuevos espacios de intercambio alimentario, como las plazas agroecológicas, el truque con otras huertas, y la interacción constante con guardianes de semillas, proceso que se incorpora a las acciones de los actores EABP, GEAM, HSE, que también manejan banco de semillas, que nutren con sus propios alimentos y siembra.

También se maneja en las relaciones educativas que se construyen en el territorio, pues uno de los elementos a tratar y abarcar en los espacios de reflexión, es el de quitar la imagen de alimento como mercancía, tan común y extendida por la ciudad. Que en su fraccionamiento cultural y de saberes con el campo, perdió la capacidad para entender el alimento y los agroecosistemas como bienes que no puede ser expropiado por pequeños grupos empresariales, con gran poder económico. En la ciudad, se consume acríticamente, y se depende de otros a la hora de abastecerse de alimentos, volviéndose una sociedad frágil y de poco poder, que pierde soberanía con agentes que velan por intereses particulares.

3.3.2. Prácticas alimentarias agroecológicas y la salud

Durante el conocimiento de los actores agroecológicos, el diálogo que se construía con ellos, surgió una categoría emergente de la cual vinculaba al alimento y a la agroecología con la salud, una salud entendida en lo humano, y lo no humano. Para el entendimiento humano, abarca la capacidad para estar bien, prevenir enfermedades, mantener vitalidad, o en caso de enfermar poder sanar. En el caso de la salud no humana, se refiere al de seres que hacen

121 parte de la naturaleza, como la biodiversidad, los ecosistemas, y elementales (agua, aire, tierra).

La EABP menciona y utiliza la relación agroecología y salud, para poder cuestionar la situación del país frente a este tema, ya que el sistema de salud es ineficiente y privilegia el negocio que la vida de los pacientes. Si a eso se suma, que la población del Centro de Protección al ser población mayor, es más vulnerable a los problemas de salud, y ha estado acostumbrada a manejar las enfermedades a partir de medicamentos. Pero no se maneja la noción de la buena alimentación, una orgánica y libre de modificaciones, químicos, como una manera para cuidar la salud, y dar una mejor vida a las personas. Ignacio menciona que en lo agroalimentario está relacionado con este tema, “ahí va metido también el problema de la salud pública, porque si uno está bien alimentado con productos orgánicos, ya esa es una prevención a la salud, uno mal alimentado cualquier cosa lo enferma” (Rangel, I., Entrevista, 2017).

Y se puede integrar con el siguiente aporte “complementar un sistema de salud en base a los alimentos, con plantas medicinales, plantas curativas, que se le pueden añadir a las cosas, y que la gente recupere la salud, porque estamos enfermos de la cabeza y de todo” (Rangel, I., Entrevista, 2017). Aquí se puede identificar que no solo alimento y salud son pensados como algo que no se puede separar, sino que además se pueden realizar actividades preventivas con el uso de plantas del huerto; pero que termina por relacionar la mentalidad de la sociedad actual con la enfermedad que más afecta la salud humana y no humana.

En los otros procesos agroecológicos, el consumo de medicamentos de uso común, como pastillas para gripas, o dolores, no son usados. En cambio, hay un conocimiento e investigación sobre que plantas pueden tener un efecto benéfico sobre los problemas que se padezcan. Bajo una mirada mucho más integral sobre el cuerpo, pues no se enfoca en mitigar un dolor, o en atender un punto específico, sino en poder intervenir el cuerpo con plantas medicinales, acción complementada con el consumo consciente, precisamente en la búsqueda de la salud preventiva, y de bienestar constante, que no necesite de constantes tratamiento médicos, o de la medicalización de la vida.

Estas formas de conocer y entender se transmiten por red a los sujetos o grupos que han participado de los procesos agroecológicos, al igual que de la transmisión que tienen a la comunidad, ya que en los barrios populares, no existen los recursos suficientes para ir a centros de salud, o compra de medicamentos constantemente.

122 La salud de la naturaleza, de la biodiversidad, de los ecosistemas está pensada en una relación de alimento de origen agroecológico, como un ejercicio de armonía con el territorio, y con el medio ambiente. Pues no solo los procesos de cultivo son de forma adecuada con el suelo, el aire, y el agua, sino que se evita el consumo de alimentos que en cambio son una afectación a la salud de los territorios donde se produce. Si se hacen desde monocultivos, con alimentos genéticamente modificados, con agroquímicos, algún territorio está enfermando sus ecosistemas para poder lograr esta forma de producción, agua que se contamina por la falta de buen uso, el suelo que se desertifica y pierde capacidad biológica para la vida, el aire que termina siendo emisor de gases de efecto invernadero, en vez de lugares capaces de mitigar el cambio climático. Esta atención a la salud no humana, empieza desde el consumo, pues es un ejercicio de poder, en la elección y en la capacidad para comprender qué modelo daña y afecta a los humanos, y a la naturaleza, y qué modelo revitaliza, garantiza la vida, y los derechos colectivos de los territorios: humanos y ambiente.

Capítulo 4: ¿Se puede hablar de escenarios políticos en la ciudad a partir de