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1.2. FORMULACIÓN DEL PROBLEMA

2.2.4. Alimentos Semisólidos, Sólidos y Otros Nutrientes

Desde el punto de vista nutricional, la LM, así como las distintas leches no maternas, cumplen con casi todos los requerimientos para el desarrollo del niño en el primer año de vida. Los primeros alimentos que se ofrecen al bebé son los semisólidos (papillas, purés, etc.) que, al principio, solo cumplen una función más educativa que alimentaria, dado que es escaso el aporte calórico y de nutrientes que brindan, siendo aún la leche el principal alimento.

El objetivo principal de la introducción de semisólidos es el de aportar alimentos de distinto sabor y textura que la leche para que así el niño se vaya acostumbrando a su nueva alimentación, constituyendo una etapa de transición hacia una alimentación variada y completa y hacia la socialización del niño.(RAMOS

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SÁNCHEZ Rolando. 2004. Educación Alimentaria, Nutricional e Higiene de los Alimentos. Ministerio de Salud Pública. La Habana. Cuba.)

2.2.4.1. Características de Ciertos Tipos de Alimentos

a. Cereales y harinas: son alimentos ricos en almidón e hidratos de carbono y, proporcionalmente, tienen bajas cantidades de proteínas, vitaminas, grasas y minerales. Pueden utilizarse en distintos grados de molienda o en grano entero (solo cuando el niño pueda masticar). Deben tener siempre la cocción adecuada, de manera que se hidrolicen lo suficiente por las enzimas del tubo digestivo. Algunos autores recomiendan no introducirlos antes de los seis meses dado que podrían predisponer a algunas alergias alimentarias o a la enfermedad celíaca.

b. Carnes: aportan, fundamentalmente, proteínas y hierro. Se utiliza habitualmente la carne de vaca y de pollo, pudiéndose también utilizar otros tipos de carne (de cerdo, pescado, etc.). La carne siempre debe estar bien cocida para evitar enfermedades que pueden transmitirse con el consumo de carne cruda. Es conveniente que cuando se incorpora este alimento se use carne molida o picada, hasta que la dentadura y la musculatura masticatoria estén lo suficientemente maduras como para una adecuada masticación.

c. Frutas: son una fuente importante de almidón, glúcidos y vitaminas, sobre todo A, B y C (mayormente los cítricos). El aporte de vitaminas disminuye al cocinarse o quitar la cáscara. Poseen, además, un alto contenido celulósico, por lo que tienen cierto poder laxante. Las frutas pueden ofrecerse solas o como parte de una comida, trozadas, en puré, en jugos, ralladas, crudas o cocidas, según la edad del niño, su gusto y los patrones culturales de la familia. d. Verduras: aportan celulosa, vitaminas, hidratos de carbono y fibra. Muchas familias utilizan, para incorporar los semisólidos, el clásico “puré amarillo” (batata, zapallo o zanahoria). Posteriormente, pueden adicionarse vegetales de hoja, como la espinaca o la acelga. Siempre deben estar adecuadamente cocidas, de manera de que se facilite su digestión.

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Se debe recordar que tanto las frutas como las verduras tienen que ser lavadas con agua potable para evitar la ingestión de bacterias , parásitos o cualquier otro microrganismo que vaya a producir alguna infección en el organismo del niño que todavía se encuentra inmaduro porque todavía no posee una calidad inmunológica adecuada.

e. Productos lácteos: son derivados de la leche con distinto grado de elaboración. Conviene utilizar solo las marcas que garanticen adecuadas condiciones de conservación. Aportan proteínas, hidratos de carbono y grasas. Algunos vienen fortificados con calcio, hierro y vitaminas. Salvo en circunstancias especiales, como la obesidad, no es recomendable utilizar los productos lácteos descremados en los niños.

f. Preparados comerciales: existe una gran variedad de productos que cambian su composición y preparación según la etapa de la alimentación del niño. Hay papillas y picados preparados a partir de frutas, vegetales y carnes. Son opciones muy cómodas para ofrecerle rápidamente al niño ya que se calienta el frasco directamente al baño de María o en el horno a microondas . Antes de ofrecer el contenido al niño, siempre hay que mezclarlo y cerciorarse de que no esté muy caliente; una vez abierto el frasco, el contenido restante puede guardarse en la heladera solo por poco tiempo. El principal inconveniente de estos productos es su elevado precio.

2.2.4.2. Suplementos y Micronutrientes

Si bien habitualmente se les indica vitaminas A, D y C a partir del primer mes, y hierro a partir del cuarto o quinto mes a todos los niños sanos, nacidos de término y alimentados a pecho; es útil que el médico conozca que no hay evidencia probada que avale esta práctica y que actúe según su criterio clínico, teniendo en cuenta el riesgo nutricional de cada uno de sus pacientes. (RAMOS SÁNCHEZ Rolando. 2004. Educación Alimentaria, Nutricional e Higiene de los Alimentos. Ministerio de Salud Pública. La Habana. Cuba.)

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a. HIERRO. La lactancia materna de una madre bien alimentada y que no ha sufrido anemia suele evitar el déficit de hierro en el niño durante los primeros seis meses de vida. Luego, la incorporación de alimentos que contienen hierro (en especial la carne, el hígado y el riñón) generalmente provee los requerimientos necesarios para un crecimiento adecuado (10 mg de hierro por día hasta los seis meses y 15 mg hasta los tres años).

La anemia materna durante el embarazo, el destete temprano, la presencia de parásitos intestinales y la desnutrición son factores que pueden depleccionar las reservas hepáticas de hierro del lactante y predisponerlo a sufrir anemia que, cuando es severa, puede traducirse en trastornos del crecimiento y del desarrollo y en la alteración de numerosas funciones metabólicas e inmunológicas.

b. VITAMINA A. El requerimiento de vitamina A en los lactantes es de 600 UI por día. La concentración de esta vitamina en la LM es de 1900 UI por litro y en la LEV de 1025 UI, por lo que una adecuada alimentación láctea provee la cantidad requerida. El déficit de aporte de alimentos ricos en vitamina A, como leche, huevo, hígado, verduras y alimentos grasos en las madres que dan el pecho y en los niños, así como la infestación con parásitos intestinales y las diarreas, pueden causar una disminución en los niveles esta vitamina. Desde el punto de vista clínico, este déficit puede ocasionar una disminución en la respuesta inmunológica y xeroftalmia.

No hay evidencia que demuestre que sea necesario indicar vitamina A en forma rutinaria a los niños que reciben una alimentación adecuada. Sin embargo, en la práctica cotidiana se suele suplementar con esta vitamina, principalmente a los niños alimentados con LEV. La decisión de indicarla dependerá del juicio clínico. Es importante tener en cuenta que, actualmente, la mayoría de las marcas de LEV están enriquecidas con vitamina A.

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c. VITAMINA D. La vitamina D se obtiene mediante la conversión en la piel de provitamina D a vitamina D por acción de los rayos ultravioleta de la luz solar. Por lo general, los niños sanos que se exponen normalmente a la luz solar no requieren aportes exógenos. El tiempo recomendado de exposición solar es de una hora por día; en la práctica, suele ser suficiente con que el bebé tenga la cara y las piernas descubiertas durante un día soleado, al aire libre. En los primeros seis meses de vida no debe exponerse al niño al sol directo, y debe evitarse que se exponga en los horarios centrales del día (desde las 10 hasta las 16). (RAMOS SÁNCHEZ Rolando. 2004. Educación Alimentaria, Nutricional e Higiene de los Alimentos. Ministerio de Salud Pública. La Habana. Cuba.) d. VITAMINA C. La vitamina C participa en numerosos procesos inmunológicos.

Su déficit puede causar escorbuto. El aporte diario aconsejado de vitamina C en los lactantes es de 40 a 50 mg por día. La LM aporta dichos requerimientos, siempre y cuando la madre no esté desnutrida. Por el contrario, los niños alimentados con LEV deben recibir suplementos ya que esta leche no provee suficiente vitamina. Como esta vitamina es muy foto y termo sensible, debe tenerse la precaución de ofrecer los jugos recién exprimidos.

e. VITAMINAS DEL GRUPO B. Las fuentes de vitamina B de la dieta son la carne, la leche, los cereales integrales y las verduras de hoja. Durante la preparación de los alimentos se pierden cantidades importantes de vitaminas, siendo los alimentos más refinados los que pierden la mayor proporción. Estas vitaminas participan en el metabolismo energético, en la síntesis de proteínas y nucleótidos y en la hematopoyesis. Las deficiencias pueden provocar anemia, deterioro del desarrollo neurológico y psicomotor, déficit inmunitario, así como determinar un mayor riesgo de enfermedades congénitas.

Los niños con alimentación adecuada tienen cubiertos sus requerimientos diarios de vitamina B y no requieren suplementos. La suplementación farmacológica solo está indicada en los niños con alimentación vegetariana o ante ciertas condiciones especiales como diarreas prolongadas, malabsorción, diabetes y síndrome febril prolongado.

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g. YODO. El déficit de yodo es un trastorno endémico que se observa en regiones donde los suelos carecen de este mineral (en general, zonas alejadas del mar). Algunos vegetales, como la mandioca, pueden interferir con su absorción. Los pacientes con déficit de yodo pueden sufrir desde bocio asintomático hasta alteraciones en el crecimiento fetal, retraso madurativo y disminución significativa del desarrollo cognitivo. Existe una ley nacional que obliga a que los alimentos envasados (inclusive la sal de mesa) tengan yodo adicionado para prevenir el déficit de este elemento. No es necesario indicar suplementos a los niños. (RAMOS SÁNCHEZ Rolando. 2004. Educación Alimentaria, Nutricional e Higiene de los Alimentos. Ministerio de Salud Pública. La Habana. Cuba.)

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