C
uando solemos escuchar en diversos discursos “nuestro compromiso es con los niños, pues son el futuro de nuestro país” puede ser que las palabras nos suenen sin significado, lejanas, abstractas: en contraste, al pensar en todos aquellos alumnos de preescolar que día a día acuden a los planteles de cada rincón de nuestro país; las palabras adquieren significado. El deber es con estos niños, reales e integrantes de una sociedad actual; en la que tienen responsabilidades y derechos que deben ser aprendidos y ejercidos. La RIEB coloca a la formación cívica como un elemento más del trayecto formativo en la educación143
Guías para la educadora
31 Eaton (1997), en Seefeldt, Carol y Barbara Wasik (2005), Op.cit.
32 “Apartado 6 del Capítulo II” en SEP (2011), Acuerdo por el que se establece la articulación de la Educación Básica.
México, SEP.
básica; orientada al desarrollo de actitudes, prácticas y valores sustentados en el principio de la democracia.
El jardín de niños es la primera institución fuera de la familia que refleja características de nuestra estructura social: organización, reglas, relaciones interpersonales, roles, entre otras. Por tanto, constituye el escenario idóneo donde se debe promover una cultura democrática entre todos sus integrantes, desterrando las prácticas opuestas a sus principios. Es preciso insistir que los niños preescolares, aún con su corta edad y ya cuentan con saberes acumulados en tan sólo tres, cuatro o cinco años, por tanto están en condiciones de aprender las habilidades necesarias para convertirlos en integrantes participativos y cooperativos de una sociedad democrática.31
Los niños aprenden lo que viven y un ámbito democrático tendrá que proporcionarles, desde el ejemplo de sus maestros, experiencias orientadas a “el respeto al principio de legalidad, de igualdad, de libertad con responsabilidad, de participación, de diálogo y búsqueda de acuerdos; de tolerancia, inclusión y pluralidad; así como de una ética sustentada en los principios del estado laico, como marco de la educación humanista y científica que establece el Artículo Tercero Constitucional”.32
No violencia
U
n ámbito democrático estará caracterizado por los rasgos socio afectivos y de respeto y de la no violencia. Desafortunadamente en años recientes, la violencia ha matizado muchos de los contextos a los que pertenecen los planteles de educación preescolar, ubicándose algunos en zonas catalogadas de alto riesgo.Ante estos escenarios, además de dolorosos, preocupantes; la escuela como un elemento importante de la comunidad en la que está inserta, no puede permanecer indiferente y el primer paso será reconocer el tipo de relaciones interpersonales que prevalecen y se promueven entre alumnos, docentes y familias. Un escenario de violencia no es propicio para un aprendizaje.
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Programas de estudio 2011
La violencia se expresa de varias formas, no solamente son golpes, heridas, robos o vandalismo. En el interior de las escuelas se identifica cuando se ataca la libertad de expresión de los alumnos, su libre movimiento o se atenta contra su dignidad; cuando se les impone quedarse sentados por horas, permanecer callados y “atentos”, cuando se les limita su capacidad de soñar e imaginar.
En general, los planteles de educación preescolar son espacios en donde los niños pueden sentirse seguros; es responsabilidad de los docentes corresponder a esa confianza, procurando un clima que no genere relaciones de violencia; aun en aquellos que presenten mayores dificultades.
La tarea no es sencilla, pero lo menos deseable es derrotarse sin ofrecer alternativas viables. Iniciar por luchar contra la violencia desde el interior del plantel es la más inmediata; esto significa privilegiar la palabra, estableciendo diálogos entre alumnos y docentes; abordar colectivamente el significado de los actos de violencia presentes en el entornos, descartando explicaciones simplistas y superficiales, ahondando en ellas a través del trabajo reflexivo; reinventar reglas y principios de civilización. De igual importancia, será identificar con honestidad la violencia simbólica y física que ejerce la escuela sobre los niños y sus familias con el fin de evitarla.
33 Conde, Silvia (2011), Entre el espanto y la ternura. Formar ciudadanos en contextos violentos, México, Ediciones Cal
y Arena. p.58.
Muchos niños y niñas han aprendido a responder con violencia y creen que es el único recurso, o por lo menos el más efectivo para ganar y resolver conflictos, ya que en los medios de comunicación, en los videojuegos e incluso en la historia se presenta la estrategia como una estrategia válida (…) Debemos recordar que la violencia es aprendida y por lo tanto es posible aprender otras formas de reaccionar ante los conflictos o las situaciones de crisis33
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Guías para la educadora
34 Conde, Silvia (2011), Op.cit., p.41.
Impulsar la prevención de la violencia y al mismo tiempo combatir las formas en que la violencia se expresa en el aula y escuela, requiere de múltiples acciones y de involucrar a los alumnos, docentes y familias.
Entre los elementos a considerar para desarrollar un plan de acción se sugieren: fomentar la cultura de la legalidad: en la escuela se inicia con la resolución de los conflictos, las normas, interacciones que se dan entre la comunidad escolar y el tipo de disciplina que se establece. “Se recomienda propiciar una experiencia vivencial en la que el alumnado ponga en práctica su capacidad de analizar y juzgar las normas que se aplican en su entorno; proponga normas justas apegadas a los principios democráticos y a los Derechos Humanos; identifique de manera autocrítica las leyes y los derechos que no respeta; analice las consecuencias de no respetar las normas y denuncie los delitos, las faltas administrativas y las faltas de respeto.”34