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Mi amor paremos, no es el momento (con la respiración agitada)

In document Si Las Paredes Hablaran (Jeb_03) (página 77-79)

Maca a pesar de ir en contra de su propia voluntad comprendió que Esther tenía razón M: Sí... (intentando normalizar su respiración)

E: No es el momento (besándola suavemente)

M: (susurrándole al oído) El momento tal vez no, pero el lugar es ideal... (refiriéndose a la pared)

E: (sintiendo estremecer su cuerpo) Ya... mira mejor me voy, antes de que te provoque experimentar en el techo, a lo hombre araña

M: (sonriendo) Espera, entonces.. (besándola) ¿Ésta noche te traigo otro despertador? E: Sí... (mordiéndole el labio después de besarla y saliendo de su habitación)

Esa noche Esther la esperaba no sólo para verla, no sólo se trataba de una simple necesidad de sus ojos, a hora se trataba de la urgencia de sus manos, de su boca, y hasta de su propia sangre por arder al sentir a Maca pegada cuerpo a cuerpo junto a ella

La espera en esta ocasión sería diferente, consistiría en la más premeditada e intencional de todas, quería sorprenderla, quería darle el permiso que le negó por la mañana, quería nuevamente provocar esa mirada de deseo que era capaz de quitarle la ropa y el

equilibrio mismo

Colocó velas perfumadas en algunos rincones de su habitación, seleccionó música de fondo y se preparó para recibirla: su cabello suelto dejaba notar ligeros y suaves rizos que ella misma acomodó para que sus hombros quedaran al descubierto, en ellos solo habían dos delgados y finos tirantes que ayudaban a sostener en su cuerpo la delgada bata negra que llevaba puesta, aquella transparencia oscura que terminaba muy por encima de sus rodillas. Se miró al espejo y no pudo evitar sonreír, se moría de nervios, pero más se moría de ganas por tenerla cerca

Maca llegaba del hospital, había tenido un arduo día de trabajo, no había parado de atender niños en todo su santo turno y se sentía algo cansada; estacionó su auto, apagó la radió y metió en su bolsillo el despertador que le había prometido a Esther sin poder ella tampoco sonreír al mirarlo. Se quedó en su auto, apoyada completamente en el respaldar observando aquel aparato de última generación que dejaba al de Esther como la más precaria invención humana. Lo movía, lo hacía sonar y luego pensó “ALGÚN DÍA PODREMOS DESPERTAR JUNTAS A LA HORA QUE SE NOS DÉ LA

REGALADA GANA”. Y sonrió

Guardó nuevamente el despertador en su chaqueta y bajó de su auto, se dirigió hacia el columpio que estaba cerca de la piscina de donde podía ver si las luces de las

habitaciones de servicio yacían apagadas. Desde allí podía ver la ventana de Esther que ocultaba lo que ocurría dentro a través de una cortina. Las luces se fueron apagando sin dejar ni una sola encendida. Sin imaginar lo que le esperaba, Maca se encaminó hacia aquel cuarto que guardaba para ella una gran sorpresa; se cercioró de que el pasillo estaba completamente oscuro y sin hacer ruido se acercó para deslizar como siempre su señal debajo de la puerta

Esther que se mantenía sentada en su cama con la mirada quieta frente a la puerta vio aquella evidencia de que su chica se encontraba esperándola detrás. Respiró profundo y se acercó a leer la nota, con las manos temblorosas abrió el papel distinguiendo

claramente aquella letra de médico que ya había aprendido a descifrar. Decía: Abre

tal vez sea el cartero

con un ramo de rosas que entregarte o el amor se disfrace (disfrazado)

de cita ocasional: perdón equivoqué la puerta y la escalera, no vamos a negar nuestro destino ahora

Sonrió ampliamente al leerla y preparó su repuesta, se trataba de una nota certera y precisa que tenía ya escrita y la deslizó por el mismo lugar donde había ingresado la de Maca; ésta que se apoyaba con una mano en la pared y su frente en la madera de aquella puerta vio como chocaba aquel papel con sus zapatos; extrañada se agachó a recogerlo y se dio cuenta que llevaba algo escrito, sacó su móvil para alumbrarse y poder leer lo que decía:

Sospechan de nosotros. Ha pasado el primer autobús, y nos sorprende

en el lugar del crimen, desatados los cuellos y las manos a punto de morir, abandonándose

¡Corre!

¡Coge el amor y corre cuerpo adentro! ¡Corre!

¡Atiende sólo al viento de la piel pasando y regresando y que suenen las ráfagas,

que suenen los disparos, que las sirenas suenen a tu espalda

“¡CORRE! LA PUERTA ESTÁ SIN SEGURO” Maca sintió como una corriente eléctrica le recorrió desde la punta de sus pies hasta el último de sus cabellos al tocar aquella perilla que se abriría con tan sólo darle vuelta a la derecha, lo hizo despacio dejando que su alma entrara antes que su cuerpo

Ya dentro observó las velas y sintió el aroma que expelían. Maravillada y en otro mundo buscó a Esther que no aparecía por ningún lado

M: ¿Esther? (preguntó sin obtener respuesta)... vamos cariño, no me digas que vamos a jugar a las escondidas (dijo riendo sabiendo que en el único lugar en donde podía estar era en el baño)

Encima de la cama encontró una venda de color negro con un papel que decía: “Enciende la radio y véndate los ojos, es la única condición para que yo aparezca” No vale hacer trampa

Se mordió los labios con una sonrisa dibujada en ellos y no lo pensó dos veces, se acercó a la radio y lo encendió; no pudo evitar traer a la memoria el primer que día que la conoció, pues la canción que sonaba era la misma que sonaba aquel día cuando llegó de Londres: “mujer que camina”. Se quedó con los sentimientos removidos y se cubrió los ojos con aquella venda

M: Bueno, esto ya está (para sí misma)... Ya puedes salir ¿no? (dirigiéndose hacia

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