La Violencia de género ha sido durante muchos años la bandera de lucha de los movimientos feministas y de protección de derechos, los cuales a lo largo del tiempo han logrado que algunos países construyan legislación para proteger los derechos de la mujer y su integridad, como son el caso de España, que con la creación de la Ley de Protección Integral contra la Violencia de Género “ha entrado a formar parte del reducido grupo de países que se ha dotado de una legislación especial” (Gomez, J. 2007, pag. 21).
Por otro lado tenemos a Ecuador, que inicialmente creó la Ley contra la Violencia a la Mujer y la Familia conocida también como la ley 103 y que actualmente estos delitos se encuentran tipificados en el Código Integral Penal.
También tenemos a otros países como Brazil, Argentina, Chile, Uruguay que han logrado crear legislaciones especiales con las que se puede hacer frente a este fenómeno criminal que tiene repercusiones sociales.
Para Miguel Lorente “La violencia de género es un fenómeno sumamente complejo, donde la mujer se la cataloga el sexo débil y por ello debe estar sumisa al hombre”. (Lorente, 1999, pag. 255). Esta es una concepción, que a pesar de que durante muchos años, se ha venido desarrollado acciones de sensibilización y creación de legislación especial para la lucha contra la violencia de género, parecería que no ha servido de mucho puesto que aún se observa implantada una cultura patriarcal y machista en la sociedad.
Para Eva Gil, “La violencia de género también puede ser entendida como un tipo de violencia que no solo hace referencia al ámbito material, sino también al ámbito simbólico como las emociones, deseos, carencias” (Gil, E. 2007, pág.
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13). Todo esto al momento de establecer relaciones afectivas, las cuales nacen según como se entiende la masculinidad y feminidad.
Las Naciones Unidas define a la violencia contra las mujeres como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga, o pueda tener como resultado, un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para las mujeres, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se produce en la vida pública o privada” (Declaración sobre la eliminación de la violencia contra las mujeres, Resolución 48/104 1993)
Susana Velázquez, define a la violencia de género como “todos los actos mediante los cuales se discrimina, ignora, somete y subordina a las mujeres en los diferentes aspectos de su existencia. Es todo ataque material y simbólico que afecta su libertad, dignidad, seguridad, intimidad e integridad moral y/o física” (Velázquez, Susana. 2003: pág. 33).
Por otro lado la violencia hacia una persona en cuestión de etnia, raza, cultura costumbres, religión, inclinación sexual, etc, conlleva al caso de violencia de género, ya que son maltratadas física y psicológicamente por parte de su agresor, recibiendo constantes humillaciones o malos tratos que afectan a lo largo de su vida al desarrollo y al progreso de la misma, deteriorando su capacidad, su desenvolvimiento hasta la integridad física, psíquica, moral y sexual, queriendo erradicar en un gran porcentaje esta clase de agresiones, pero las personas por costumbre o por su entorno social, cultural o familiar lo siguen haciendo, queriendo concientizar para que esta problemática sea tratada desde el hogar inculcando desde muy temprana edad valores a los niños para que en el futuro sea gente de bien y tengan principios sólidos y que el agredir a las demás personas en el entorno no está bien y no es normal.
“El uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos o privaciones.” (Sanmartín, 2002. Pág. 145).
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El poder que ejerce en la victima es la existencia fundamental para la violencia, generando consecuencias como las lesiones, daños psicológicos y muertes etc., lo más interesante es su clasificación, basada en la relación que existe entre los rasgos comunes y los diferentes tipos de violencia, Cuando alguien hace algo que perjudica a otros causando dolor, daños físicos, psicológicos, moral espiritual o emocionalmente, ejerce violencia de género, cuando se realiza actos inhumanos contra otro ser humano con la intención de dañar el equilibrio interno del otro en la agresión interpersonal ya que se da de manera directa entre el agresor y la víctima causando daño emocional, lo cual es muy difícil de tratar y sobrellevar entre su familia trabajo, amigos y la sociedad en general.
“Mujeres maltratadas – que quieren dejar de serlo consistente en actos u omisiones repetitivos cuyas formas de expresión pueden ser prohibiciones, coacciones, condicionamientos, intimidaciones, amenazas, actitudes devaluatorias, de abandono y que provoquen en quien las recibe, deterioro, disminución o afectación a su estructura de personalidad.” (Barea, 2014)
La violencia de género son los actos u omisiones que causan el deterioro de la estructura de la personalidad, siendo que la víctima cambia su conducta por causa de las lesiones provocados por el agresor, demostrando con el transcurso del tiempo deterioro en su estado físico, psíquico y psicológico de la víctima además se denota deterioro en su salud.
La violencia de género forma parte de las costumbres, de las tradiciones, de las formas de organización social.
Las agresiones pueden causar lesiones en la mente de la víctima y es muy difícil no afectar física y psicológicamente a una persona ya que es la parte esencial de él, siendo un agravante que sea un familiar el agresor ya que existe un vínculo sentimental o familiar entre ellos, es lo que nos da a entender que la violencia de genero se genera en la familia con los que la víctima frecuentemente tiene más contacto.
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Entendiéndose que las mujeres están en una condición de “indefensión” al perder la iniciativa de continuar con el proceso para demostrar el delito con la Fiscalía. “Es un trámite largo, tedioso y cansado, las mismas que se desaniman de denunciar, o a su vez continuar con el proceso, por las continuas amenazas, persecución y hostigamiento que sufren las mismas por parte de su agresor.
Además de que las pruebas psicológicas para determinar la magnitud del daño ocasionado por el agresor las cuales tardan y si bien en la Unidad contra la Violencia a la Mujer y la Familia del Consejo de la Judicatura (C.J) “se apoya de alguna manera a dar tratamiento psicológico más no continuo para recuperarla de una manera efectiva”, ellas no quieren que sus parejas sean detenidas, usando las boletas como una medida de prevención o defensa ante el agresor.
Podemos decir que el enfoque que se le dio a esta agresión está siendo juzgada por los ciudadanos en especial por la demora del trámite donde tan solo las averiguaciones del fiscal pueden tardar hasta un año y las víctimas de esta clase de agresión no pueden esperar tanto tiempo a su vez las mismas quedando indefensas y propensas de recibir una agresión más fuerte la cual termine con su vida, a su vez se les ayuda con una medida de protección según para precautelar una próxima agresión, y tener que esperar al trámite largo y tedioso con el único afán de hacer Justicia, tal vez con el tiempo las personas se acostumbren a los tramites largos o si no las mismas terminaran desistiendo de denunciar esta clase de violencia de genero por tiempo, dinero o la poca agilidad que se le da a la misma, en la administración de justicia – llamada hacemos de la Justicia una práctica diaria.
Para la Organización Mundial de la Salud los aspectos principales de la violencia contra género se producen en el ámbito privado del hogar, en las relaciones asimétricas en donde el hombre usa los actos violentos para el sometimiento y control de la mujer. De la misma manera agresor y víctima tienen una relación de afectividad.
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Para generar un cambio en la cultura machista se debe fomentar una cultura de buen trato. Consue Ruiz plantea que “La prevención del mal trato es fomentar las relaciones de buen trato como una forma de educación para la salud” (Ruiz, C., Quemada, J. 2005, pág. 2).
Pero también, por otro lado, el rol que cumplen los medios de comunicación e información en la construcción de la equidad de género es primordial. Los medios venden sexo, venden cuerpos, venden una idea del hombre y de la mujer y fortalece los estereotipos, con los cuales se consolida el modelo patriarcal.
Por ejemplo, para Elósegui en su libro El rostro de la violencia más allá del dolor de las mujeres plantea que “Confundir la información con el sensacionalismo supone un empobrecimiento del acto de comunicación, a la vez que una merma de la dignidad humana cuando la violencia es explicada, representada y/o exhibida de forma torpe y primitiva” (Elósegui, M, Glez, M. (2002, pág. 21).
Sin embargo, también hay que analizar que la violencia contra las mujeres, tal como establece el Plan Nacional del Buen Vivir, es un problema de salud pública y abarca “muchos tipos de comportamientos físicos, emocionales y sexuales nocivos para las mujeres y las niñas, que son practicados con más frecuencia por los miembros de la familia” (Velzeboer, M. 2003, pág. 11).
Roberto Castro manifiesta que “la forma más común de violencia contra la mujer es la que se ejerce su pareja” (Castro, Roberto: 2008:pág. 41); de hecho, identifica al hogar como el lugar menos seguro para las mujeres. Este lo confirma la gran cantidad de información empírica que se ha generado y recabado en los diversos países, en la cual, con base en cálculos de prevalencia, se demuestra la gravedad el asunto.
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Este tipo de violencia no es un fenómeno reciente, sin embargo, recién en los años setenta, gracias a los esfuerzos de los movimientos sociales especialmente del feminista, que la violencia fue reconocida como un problema serio.
La estructura patriarcal es jerárquica, pues en la esfera legal, política, económica e ideológica, las mujeres están subordinadas. El hecho de que ellas no hayan asumido a lo largo de la historia posiciones de poder en estas áreas, perpetúa su desigualdad formal y hace que la ideología patriarcal no se cuestione.
Castro dentro de sus tesis plantea que “los hombres ejercen distintos niveles de poder y control para mantener su situación de privilegio social, y las mujeres colaboran y resisten de formas distintas” (Castro, Roberto: 2008:pág. 56). Al igual que Castro, Consue Ruiz plantea que “La violencia es aprendida socialmente, no es innata a la biología o genética de varón. Es una forma de ejercer poder mediante el empleo de la fuerza física, psíquica, económica o política. Necesariamente implica que existan dos pueblos o dos personas. Una se encuentra en posición superior que la otra” (Ruiz, Consue, Quemada, Jarabo, 2005: pág. 32)
Por otro lado intereses que van más allá del respeto a valores, costumbres y creencias de otros pueblos, han permitido mantener culto y tolerar prácticas de violencia contra las mujeres en todo el mundo.
La violencia de género no tiene barreras de clase, casta, educación, sexualidad, cultura, raza ni edad. La gran mayoría de los actos violentos, particularmente de agresiones sexuales, son producidos por hombre.
Según Romero “La habituación y naturalización de los primeros incidentes violentos impide a las mujeres, detectar la violencia que están padeciendo y por tanto, poder abandonar la relación. Por otro lado, expone a la mujer, sin tener
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conciencia de ello, a graves secuelas sobre su salud física y psicológica”. (Romero, I. 2004:pág. 88).
La violencia implica la imposición del poder de quien la ejerce para regular la conducta de quien es objeto de dicha acción u omisión. La existencia de la violencia intrafamiliar y específicamente la de género es un fenómeno propio de los problemas de la sociedad. Esta, tradicionalmente, sus instituciones y su núcleo fundamental, la familia, transmiten patrones de comportamiento sobre el significado de ser hombre y mujer, en los que se incluye el dominio masculino sobre el femenino; esos patrones tienen un vínculo directo con la violencia intrafamiliar; desde considerar a la mujer como propiedad del hombre e incapaz de tomar decisiones, hasta someterla a relaciones sexuales sin su consentimiento. Pero también aflora en la forma de limitaciones para ejercer el derecho a trabajar, sobre la forma de vestir, con quien relacionarse, impedirle estudiar, practicar deportes o alguna de las formas del arte y la cultura; llega hasta el maltrato, el desprecio, amenazas, ofensas, humillaciones, burlas y la subvaloración en general.
Para Virginia Fernández, La Violencia de género tiene como objetivo mantener unas relaciones desequilibradas de poder patriarcales del hombre hacia la mujer.
Para Lenore Walker , la violencia contra género cuenta un ciclo en donde se visibiliza con 3 fases:
Fase de tensión creciente: se inicia con menosprecios, indiferencia,sarcasmos, tiranías, etc.
Fase de explosión aguda: él pierde el control y empiezan los empujones, golpes u otros tipos de violencia.
Fase de remisión o “luna de miel”: el agresor se esfuerza por mantener a la víctima con él: se disculpa, se muestra cariñoso, le hace regalos, le promete
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cambiar. Se refuerza en la mujer la idea de que no es tan malo y que ella lo podrá cambiar.
Con cada repetición del ciclo las agresiones son más frecuentes y graves; y esto ejerce sobre la víctima un importante deterioro de su salud física y psicológica.
Toda violencia genera consecuencias en el desarrollo integral, físico, psicológico, moral de la mujer.
Aquí define Walker y Dutton en sus artículos de opinión al síndrome de la mujer maltratada “como una adaptación a la situación aversiva caracterizada por el incremento de la habilidad de la persona para afrontar los estímulos adversos y minimizar el dolor, además de presentar distorsiones cognitivas, como la minimización, negación o disociación; por el cambio en la forma de verse a sí mismas, a los demás y al mundo”. También pueden desarrollar los síntomas del trastorno de estrés postraumático, sentimientos depresivos, de rabia, baja autoestima, culpa y rencor; y suelen presentar problemas somáticos, disfunciones sexuales, conductas adictivas y dificultades en sus relaciones personales.
Enrique Echeburúa y Paz del Corral equiparan estos efectos al trastorno de estrés postraumático, cuyos síntomas y características, sin duda, aparecen en algunas de estas mujeres: re-experimentación del suceso traumático, evitación de situaciones asociadas al maltrato y aumento de la activación. Estas mujeres tienen dificultades para dormir con pesadillas en las que reviven lo pasado, están continuamente alerta, hipervigilantes, irritables y con problemas de concentración.
Además, el alto nivel de ansiedad genera problemas de salud y alteraciones psicosomáticas, y pueden aparecer problemas depresivos importantes, los cuales dañan su entorno en general.
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1.4 Valoración crítica de los conceptos principales de las distintas