fernanDo iBarra Universidad nacional Autónoma de méxico El estudio de las ediciones impresas del siglo xvi es esencial para comprender la
manera en que funcionaba la labor editorial en Europa y, además, para entender la crítica literaria aplicada a la formación de un canon a partir de la recepción y de la indirecta educación literaria que de algún modo procuraban los textos impresos. En el caso particular de las ediciones de Petrarca que salieron a la luz durante el Cinquecento, es notable cómo cada una de ellas tendía a superar la calidad de las ediciones anteriores y cómo los criterios editoriales fueron modificando la manera de componer un libro quizá más por satisfacer las necesidades del mercado que por un real compromiso intelectual con la literatura o con la voluntad del autor a tratar.
El siglo xvi para Petrarca comienza en 1501, con la edición de Aldo manuzio
en colaboración con Pietro Bembo, que además se considera la primera edición impresa en letra cursiva. se trata de una edición prácticamente de bolsillo que contiene únicamente la lírica vulgar de Petrarca, sin aparato crítico, que para aquel entonces solía consistir en un proemio o una advertencia al lector y, en algunos casos, anotaciones al margen del texto. La edición aldina no cuenta todavía con numeración de folios ni con una portada en la que se indiquen los datos del au- tor, el contenido de la obra y alguna información sobre el editor: simplemente aparece como título Le cose volgari di Francesco Petrarcha. Desde el punto de vista filológico estas cuantas palabras adquieren relevancia si pensamos que ya entonces se reconocía una diferencia entre las obras de Petrarca escritas en latín y las escritas en lengua vulgar; además, pareciera que se trató de conservar el título que originalmente el poeta había concebido para su cancionero: Rerum vulgarium fragmenta.
Al final de las obras, o sea sonetos, canciones y Triunfos, encontramos un pequeño colofón que antecede un índice de primeros versos, donde se indica que el libro fue compuesto “tolto con sommissima diligenza dallo scritto di mano me- dessima del Poeta, havuto da m[esser] Piero Bembo con la concessione della illus- trissima signoria nostra, che per x anni nessuno possa stampare il Petrarcha sotto
le pene, che in lei si contengono”.1 no existía todavía el concepto de derechos de
1 Le cose volgari di Francesco Petrarcha [s. p.], edición cuidada por Aldo manuzio y Pietro Bembo. Esta edición cobra relevante importancia si tomamos en cuenta que para 1525, año de la pu- blicación de las Prose della vulgar lingua de Bembo, Petrarca ya se había consolidado como un éxito editorial, incluso desde el siglo xv. Al respecto véase Ernest H. Wilkins, “The fifteenth-century editions
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autor, pero sí la piratería y el plagio, prácticas que seguramente preocupaban a Aldo manuzio.
Esta primera edición sirvió como modelo para fijar los versos de Petrarca, pero aún así no fue suficiente el cuidado de Bembo ni de Manuzio para que el libro satisficiera los requerimientos de un público que por un lado estaba dándose cuen- ta de las ventajas de un texto impreso frente a un manuscrito, y por el otro nece- sitaba ulteriores apoyos paratextuales para que dicho material impreso fuera más funcional. En este sentido podría pensarse que la edición aldina ofreció un valioso material suficientemente legible como para tomar su lectio como modelo a imitar, sin embargo, la edición no ofrecía más que el texto listo para su lectura, su goce y su análisis, lo cual ya es mucho, pero no para un público medianamente culto, edu- cado en materia poética y con ganas de reproducir el modelo lírico petrarquista.
Dos años más tarde Hieronimo Soncino publicó otra edición con dos porta- das: en la primera se lee Opere volgari di Messer Francesco Petrarcha, y en la segunda, a modo de aclaración, Sonetti e canzoni di messer Francesco Petrarcha in laude di madonna Laura donde, además de los textos que reproduce la edición aldina, se agrega como epílogo una advertencia a los lectores y una dedicatoria a césar Borgia que resulta un documento particularmente relevante porque, contra- riamente a lo que dicta la tradición (que Aldo manuzio fue el primero en utilizar la minúscula cursiva), en ella el impresor afirma que fue justo en su imprenta donde Francesco da Bologna inventó “una nova forma de littera dicta cursiva, o vero can- celleresca, de la quale non Aldo Romano, ne altri che astutamente hanno tentato delle altrui penne adornarse, ma esso M[esser] Francesco è stato primo inventore et designatore”.2 En la advertencia al lector se menciona que, después de algunos
estudios filológicos, se puede afirmar que cierta edición autógrafa de Petrarca que circulaba en aquellos tiempos no era realmente auténtica y que se han agregado en la nueva edición un par de sonetos que no existían en la edición de manuzio, “per la qual cosa concludemo questa nostra editione esser perfecta et absoluta”; aunque se advierte que si en algún lugar se encuentra un error de composición es justamente porque quien ejecuta esta labor no tiene ojos de lince, e incluso deben tolerarse los errores de los correctores porque “non errare alcuna volta solamente se apartene a Dio”. sin embargo, todos los cuidados que ha merecido la edición de Soncino bastan para afirmar que se trata de la mejor edición de todas las existentes hasta ese momento.
Para 1504 finalmente aparece una edición anotada de casi 600 páginas donde interviene un grupo de trabajo con funciones muy específicas: Nicolò Peranzone y Riccio Marchesiano fueron los correctores, y Francesco Filelfo con Hieroni- mo Squarciafico y Antonio da Tempo se dedicaron a redactar los comentarios. Realmente se puede considerar una verdadera edición crítica de largos alcances, no obstante los varios y nuevos problemas a los que se enfrentó el impresor: por ejemplo, pretende ofrecer al lector un índice de materias; pero ¿cómo hacerlo para 2 Opere volgari di Messer Francesco Petrarcha [s. p.]., edición a cargo de Hieronimo Soncino.
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que sea utilizable? El usuario moderno de libros podría suponer que una indica- ción de páginas sería suficiente, pero no hay que olvidar que todavía para estas fechas no es una práctica común numerar los folios del libro, mucho menos las páginas. La solución que ofrece esta edición es indicar en la tabla de contenidos el número de folio y una letra. obviamente con la debida instrucción para un público que tampoco estaba familiarizado con estos mecanismos de búsqueda:
Per informatione et declaratione di questa tabula questo sie lo ordine suo che chi vuol trovare qualche cosa contenuta in dicta tabula guardi in fine della linea de la cosa che ’l cerca et quello numero lí notato significa el numero de le charte dove è la cosa cercata. Item guardi in principio della decta linea: et quella littera: la quale è lí signata in margine si significa el loco dove è la cosa cercata in quella charta dove prima te ha mandato el numero signato in fin della linea come ho de sopra dichiarato: et a questo modo con mirabile facilità e prestezza troverai tutto quello che a te farà in piacimento.3
Actualmente, los editores no suelen preocuparse por instruir al lector acerca de los procedimientos a seguir para consultar un índice de versos a menos que se trate de un material demasiado complejo. En el siglo xvi, ante la carencia de
criterios convencionales y de elementos editoriales de apoyo (numeración de pá- ginas, por citar uno) los editores vacilaban entre sus limitaciones para encontrar el mejor mecanismo de consulta: por número de carta, por número de pliego, por afinidad temática, por fecha de composición, por orden alfabético, etc. De ahí que la consulta de los índices de las primeras ediciones de Petrarca demandara un instructivo que, aun para el lector actual, podría resultar sumamente complejo y, en consecuencia, obsoleto; contrariamente a la “facilità e prestezza” que el editor presumía a partir del cuidado que ponía en su elaboración.
La edición contiene, sin embargo, notas muy abundantes sobre casi cada composición, con un especial énfasis en aquellos pasajes que podrían resultar am- bivalentes. En ocasiones menciona por qué tal composición se encuentra en ese lugar y no en otro, o comenta las elecciones editoriales en relación con ediciones anteriores. Leyendo los comentarios se nota que la principal motivación del im- presor era ofrecer una edición que brindara un valor agregado al texto, es decir que, más allá de los cuidados puestos en la recopilación de las obras vulgares de Petrarca, los comentarios son un apoyo para su correcta interpretación. cabe decir que el formato también condiciona el uso y público: no es lo mismo la edición en 3 Petrarcha con doi commenti sopra li sonetti et canzone [s. p.], con comentarios de Francesco Filelfo, Antonio da Tempo y Riccio marchesiano. Este libro tiene como antecedente directo Rime di
Francesco Petrarcha col commento di Francesco Philelpho (Bologna, sigismondo de’ Libri, 1476).
Ezio Raimondi considera que la edición de Filelfo es notable en cuanto “tra i ricordi di Erodoto e Tucidide, ovidio e omero, Empedocle e Virgilio, Livio e cassio Dione, seneca e Terenzio, Tolomeo e cicerone, Platone, Aristotele e persino Dante, inseriti nella trama delle postille, egli [Filelfo] mostra che anche le Rime sono qualcosa di classico e di esemplare”. Véase “Francesco Filelfo, interprete del
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octavo que uno puede “leer mientras camina” como se lee en una carta de agra- decimiento a manuzio, que una edición in folio, cuya consulta requeriría de un soporte suficientemente firme para aguantar el peso del texto impreso.
En 1514 Aldo Manuzio volvió a editar los versos de Petrarca, pero esta vez bajo el título de Il Petrarcha con una advertencia editorial que deja muy claro que en la primera edición había tratado de respetar la última voluntad del autor eliminando aquellas obras que Petrarca consideraba poco dignas. Tarea que no dejó satisfechos ni a los lectores ni a los impresores que le hacían competencia, y por eso, después de varias críticas, se ve obligado a integrar un capítulo que, según Bembo, había sido retirado por el mismo autor, por considerarlo superfluo, no sin antes hacer una larga aclaración acerca de las dudas que sigue teniendo sobre la presencia de estos indignos versos. Las palabras de manuzio muestran claramente que el aparato para- textual no sólo podía tener una función encomiástica o pedagógica, sino que servía muy bien como campo de batalla contra los innumerables adversarios que se podían encontrar en la labor editorial y filológica. Es de notar que Manuzio nada pronuncia sobre la falsa atribución del uso de los caracteres cursivos. A diferencia de la edición del 1501, ésta presenta al final una advertencia al lector, textos de otros autores y una pequeña fe de erratas. Por lo demás, el sólo título de la edición ya indica a qué grado se conocían las obras del poeta en la época, a tal grado que basta decir “Il Petrarcha” para que se entiendan los sonetos, las canciones y los Trionfi reunidos; síntoma de que las obras latinas han comenzado a ser olvidadas. Todavía faltan muchos años para que se separen los Trionfi del Canzoniere, aunque este último ya aparece divi- dido en vida y en muerte de Laura.
con el paso de los años el petrarquismo sigue arrasando con cualquier otra posibilidad expresiva, más por un goce estético que por un verdadero convenci- miento de orden lingüístico; para esto habrá que esperar a que Bembo publique sus Prose della volgar lingua, donde queda claro que el acceso al correcto texto petrarquesco es ineludible para la imitación lingüística, lo cual justifica a posterio- ri su labor editorial en la imprenta de manuzio.
Quizá una de las ediciones que tuvo mayor impacto –al menos en el mundo hispánico– fue la impresa en Venecia por los hermanos da sabbio en 1525: Le volgari opere del Petrarcha con la espositione di Alessandro Velutello da Lucca. En esta edición encontramos decisiones editoriales que dan cuenta de la función del texto a nivel social, más que dentro de la élite literaria. O mejor dicho, se nota que el impresor entendió que no era suficiente el cuidado filológico de Bembo ni las buenas intenciones de las primeras ediciones comentadas, porque la obra de Petrarca estaba dejando de ser exclusiva de los centros literarios para circular entre la gente más o menos culta, que requería de un texto manejable en sus dimensio- nes, acompañado de explicaciones que ayudaran a su comprensión y estudio. Así, la edición incluye licencia, dedicatorias, y un nutrido aparato crítico donde se expone la vida del autor, el origen de Laura, la descripción de Valchiusa, índices y, obviamente, comentarios editoriales de naturaleza diversa.
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La edición de Velutello se imprimió varias veces durante todo el siglo xvi, y
quizá la más sobresaliente de estas ediciones fue la de Gabriele Giolito en 1550, pues, además de estar adornada con grabados y una elegante portada, sus páginas están numeradas, la composición del texto y la tipografía permite una fácil consulta de los índices y una lectura menos fatigante que las versiones anteriores.4 Para los
años treinta no cabe duda que los editores estaban muy interesados en el éxito co- mercial de sus obras, para lo que debían satisfacer y hasta rebasar las expectativas del nuevo público que, en definitiva, era muy distinto de los lectores de cincuenta años atrás, todavía acostumbrados al manuscrito. Es aquí donde las ediciones de Petrarca nos hablan sobre las necesidades de los nuevos usuarios y clientes. Vale la pena aclarar que los comentarios críticos ejercieron una fuerte influencia en la re- cepción de los lectores. La edición comentada marca el camino de la interpretación, canoniza y limita la posibilidad de lecturas.
Bajo esta nueva motivación editorial, llama la atención la edición venecia- na de Francesco di Alessando Bindoni y mafeo Pasin titulada Il Petrarcha col commento di M. Sebastiano Fausto da Longhiano, con rimario et epiteti ordine d’Alphabeto. El rimario y la relación de adjetivos usados en la obra ¿a quién servirían sino a un usuario activo que más allá de tener la intención de conocer la obra poética de Petrarca necesitaba elementos que le ayudaran a imitarla? Además con cierta facilidad, pues no sólo el impresor pensó en numerar las páginas, sino que todos los índices están ordenados alfabéticamente. Aquí la edición de Manuzio se encuentra en clara desventaja. La edición de Bindoni incluye anotaciones similares a las de Velutello, pero dirigidas más bien a un público diletante.
Ya para mediados del siglo era evidente que la última voluntad del poeta a pocos importaba; no es casual encontrar en 1549 una edición de Erasmo di Vin- cenzo titulada Le rime del Petrarcha, tanto piu corrette quanto piu ultime di tutte stampate: con alcune annotationi intorno la correttione d’alcuni luoghi loro già corrotti. ciertamente era así: basta comparar la edición del Velutello de 1525 con la de 1541 para encontrar errores mecánicos de transcripción, de comprensión e incluso palabras inexistentes en el caso de las citas en latín de los comentarios. Erasmo de Vincenzo se limita a exponer los errores lexicales, aunque también resulta significativo que en algunas ediciones las rimas tengan un orden distinto del propuesto por Bembo, que haya textos atribuidos, que aparezcan poemas dedi- cados a Petrarca o sonetos encomiásticos o en respuesta, así como algunos textos de Dante Alighieri, Cino da Pistoia y Guido Cavalcanti, incluidos siempre al final. En la dedicatoria a Giovanvicenzo Belprato el editor comenta:
4 Los elementos paratextuales de las ediciones de “los clásicos” en lengua vulgar funcionaban como verdaderos valores agregados muy apreciados por los potenciales consumidores. Véase Daniel Javitch, “Gabriel Giolito’s ‘packaging’ of Ariosto, Boccaccio and Petrarch in mid-cinquecento”, en Franco Fido et al. eds. Studies for Dante. Essays in honor of Dante della Terza.
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Non è cosa, che io pensassi manco giamai, che di dover fare annotationi intorno la correttione di questo Petrarcha, sí perche, havento io tolto pe ’l migliore, & piu corretto di tutti (sí come è il grido) l’essemplare d’Aldo del M.D.I. mi crede- va, che bisogno non dovesse haverne: come ancho, che fui cosí alla sproveduta soprapreso dal suo doversi stampare, che quando ben creduto havessi, che biso- gnate gli fussero, non m’havrei imaginato mai, che dalla brevità del tempo mi fusse stato conceduto di poter farle.5
Una edición de este tipo era concebida, ante todo, como material didáctico. En 1554 apareció un volumen en octavo en la imprenta de Plinio Pietrasanta en cuya portada se lee lo siguiente: Il Petrarca nuovamente con la perfetta ortografia della lingua volgare, corretto da Girolamo Ruscelli con alcune annotationi et un pieno vocabolario del medesimo, sopra tutte le voci, che nel libro si contengo- no, bisognose di dichiariatione, d’avvertimento e di regola, et con uno utilissimo rimario de M[esser]. Lanfranco Parmegiano, et una raccolta di tutti gli epiteti usati dal l’Autore. En el rimario se indica la terminación seguida de una lista de correspondencias con las palabras usadas por Petrarca, por ejemplo “aCCo: bacco,
baldacco, diacco, flacco, gracco, sacco, stracco”. En la relación de epítetos se sigue un criterio similar, o sea, los adjetivos aparecen en forma de lista después del sustantivo: “oCChio: fermo, infermo, mortal” (para la voz occhi se enlistan 55
adjetivos).6 ¿Qué más podría desear un imitador de Petrarca?
La verdadera intención del impresor tenía mayores pretensiones, como se pue- de leer en el encabezado del diccionario que presenta al final del libro: “Vocabolario di tutte le voci usate dal Petrarca, le quali à quei che non sanno lettere latine, ò toscane, sono bisognoso [sic] di dichiaratione, d’avvertimento, ò de Regola”. Este “Vocabolario” de 212 páginas es realmente invaluable porque efectivamente indica el significado tanto de palabras que ya para el siglo xvi habían caído en total desuso
como de términos que, aun existiendo, en el sistema poético de Petrarca estaban do- tados de un significado particular. Cito una entrada: “maGione: casa, albergo, stanza
& è voce francese quasi mansione ch’è voce latina dalla quale essa nasce”.
Todo este material paratextual nos habla de un trabajo filológico, lingüístico y editorial que no habría podido ser fruto del trabajo de un simple impresor, sino que requirió de un gran equipo de colaboradores especializados y actualizados en cada uno de los distintos campos, desde la investigación hasta la corrección de pruebas, desde el diseño de la tipografía hasta la encuadernación. En este sentido resultaría también importante indagar a qué tipo de público estaba dirigido “il Petrarca” de Pietrasanta. Definitivamente, para consultar el “Vocabolario” habría sido necesa- rio contar con suficientes competencias lingüísticas para una correcta compren- sión y un adecuado uso; acción imposible si se tratara de veras de un público que