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josé luis QuezaDa Universidad nacional Autónoma de méxico La intención contenida en estas líneas es ilustrar la trágica historia de amor entre sofonisba y masinisa tratada por Petrarca en tres de sus obras: el De viris illu- stribus, el Africa y los Triumphi. Además de esto se establecerán las diferencias en el tratamiento que el poeta hizo de este argumento en cada una de las obras mencionadas.

Para comenzar debemos remitirnos a Tito Livio, quien en el libro XXX (12- 15) de su Ab urbe condita nos cuenta los pormenores de este episodio que breve- mente recordaremos aquí: nos encontramos en el escenario de la segunda guerra púnica, y las hostilidades se desarrollan en África. sífax, rey de los númidas masesilios u occidentales, quien había sido aliado de los romanos, se rehúsa a ratificar dicha alianza y enfrenta a Lelius sapiens, el amigo inseparable de Es- cipión, y a masinisa; éste era el rey de los númidas masilios u orientales, y es recordado en la historia como un importante aliado de Roma durante la segunda y la tercera guerra púnica. Así pues, tras el enfrentamiento sífax es derrotado, y masinisa entra en cirta, capital del reino númida, y se apodera de la ciudad; al entrar al palacio se encuentra con Sofonisba, hija de Asdrúbal (hijo de Gisgón, no Asdrúbal Barca, hermano de Aníbal) y esposa de sífax, quien se postra ante él y, apelando a que es también africano, le suplica que la mate antes de entregarla a los romanos. masinisa, cautivado por la belleza de la reina, se enamora de inme- diato de ella y medita de qué manera puede salvarla. La decisión que toma tras este debate interno es la de casarse con ella ese mismo día; piensa que sólo así los romanos le perdonarán la vida, puesto que se convertirá en su esposa. mientras tanto sífax es enviado como prisionero al campamento de Escipión el Africano, y cuando éste le pregunta por qué no respetó el pacto que previamente habían acor- dado, el vencido rey le responde que su pérfida esposa lo alentó a romperlo. Por otra parte, la Fama había ya esparcido la noticia de que masinisa había desposado a sofonisba. cuando masinisa regresa al campamento romano, Escipión de inme- diato intenta persuadirlo para que cese en su deseo de estar con ella, haciéndole ver que es necesario que anteponga la virtud a la pasión que lo está consumiendo. masinisa se avergüenza, incluso se ruboriza, y tras aceptar las disposiciones de su general, se retira a su tienda donde en medio de una escena marcada por el llanto y la lamentación, llama a un esclavo y le ordena que lleve una copa con veneno a sofonisba, y que le diga que al menos cumplirá su promesa no entregándola al pueblo romano. sofonisba acepta la invitación a la muerte y bebe el veneno. Al día

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siguiente Escipión, queriendo consolar a masinisa por la muerte de su amada, lo colma de dones y lo nombra rey de toda la numidia. Así concluye Tito Livio esta narración, que como puede verse no carece de tintes novelescos.

Petrarca conoció perfectamente el episodio apenas mencionado, debido a que en su juventud fue un ávido lector del historiador romano; no está por demás re- cordar que él transcribió con su propia mano el Harleian 2493 del British Museum, manuscrito conocido como Aginnensis o Agennensis por los editores del Ab urbe condita.1 Tras estas tempranas lecturas, Petrarca recoge uno de los primeros frutos

de su labor como filólogo para reelaborarlo en su propia obra literaria.

Hablando ya de la obra de Petrarca, mencionaremos en primer lugar el De vi- ris illustribus que es una inconclusa serie de biografías de personajes romanos que abarca desde Rómulo hasta Catón el Viejo, la cual posteriormente incluirá también vidas de personajes bíblicos y legendarios, tales como Adán, Jasón y Hércules. Para esta obra Petrarca compuso tres diferentes versiones de la vida de Escipión el Africano: en la redacción originaria denominada γ2 la historia de masinisa y

Sofonisba ni siquiera es mencionada; mas en la versión intermedia, llamada β,3

Petrarca nos cuenta la historia de los fallidos amantes con lujo de detalles. Este relato ocupa aproximadamente el triple de páginas con respecto al de Tito Livio, aunque la amplificación de la historia no implica que se aleje demasiado de su fuente. Lo cierto es que el carácter novelesco del episodio resalta aún más que en la obra del historiador latino.

En segundo lugar tenemos el Africa, epopeya en nueve cantos, igualmente inacabada, en la que Petrarca celebra las hazañas guerreras de Escipión durante la segunda guerra púnica. Recordemos que cuando Petrarca fue coronado en 1341 en el capitolio romano, le fue otorgado el título de poeta et historicus; además, la fecha de composición de la versión β de la vida de Escipión corresponde a 1341, mismo año en que se piensa que fue compuesto el canto V del Africa. De ahí el fuerte vínculo que existe entre el Africa y el De viris.

como veremos en seguida es en el Africa donde la historia de masinisa y sofonisba cobra mayor importancia ya que ocupa la totalidad del canto quinto (773 versos), que es además el canto central del epos petrarquesco. Al introducir el episodio, el poeta tiene la intención de que éste cumpla la misma función que el canto IV de la Eneida, “celebrando la vittoria della virtú sul piacere, della volontà sulle passioni”.4 Por otro lado el personaje mismo de Sofonisba es virgiliano en la

1 Giuseppe Billanovich, “Petrarch and the Textual Tradition of Livy”, Journal of the Warburg

and Courtauld Institutes, p. 138.

2 Las letras griegas α β γ indican las etapas de redacción de una determinada obra, siendo γel texto primigenio y α el texto definitivo. La utilización de α β γdevino convención a partir de que Vitto- rio Rossi las empleó en su edición de los Rerum familiarium libri, a partir de ahí han sido aplicadas también a otras obras de Petrarca.

3 Vir. ill. XXI 6, 51-90.

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El Triumphus cupidinis y el Africa de Petrarca

medida en que, tal como Dido es un obstáculo en el glorioso destino de Eneas, así sofonisba impide con sus encantos que masinisa se acerque a la virtud represen- tada por Escipión. También es necesario mencionar que Escipión, aunque no es el personaje principal en este canto, es una figura muy importante, puesto que se convierte en mediador entre la pasión y la virtud. Para algunos la función primor- dial de este relato es la de ser un elemento adicional en la apoteosis del Africano;5

en opinión de otros, con la pasión de masinisa por sofonisba el poeta quiso re- presentar su amor por Laura.6 Petrarca mismo, refiriéndose al pasaje en cuestión,

nos dice: “sepe magni cultus loco, fuit habitus neglectior. Talis cleopatra, sparsa cesarie, Cesareum animi robur inflexit. Talem fuisse Sophonisbam reor dum Mas- sinissam cepit victa victorem, quod in Africa olim gestum nunc in Africe nostre libris pathetice materie fundamentum est”.7

Revisemos ahora algunos particulares del canto quinto del Africa. La acción se inicia con el arribo de masinisa a cirta y con su entrada en el palacio, donde se encuentra con la hermosa sofonisba, de quien el poeta hace una minuciosa descrip- ción física en la que es posible reconocer un número importante de coincidencias con respecto a la descripción que Petrarca hace de Laura en los Triumphi y en el Canzoniere. Es importante añadir que para este retrato Petrarca se vale de elementos de técnicas descriptivas tales como las que Geoffroi de Vinsauf utiliza en su Poetria nova para la elaboración de su descriptio mulieris. He aquí un fragmento de la des- cripción de la belleza de sofonisba:

stabat candore nivali

Frons alto miranda Iovi, multumque sorori Zelotipe metuenda magis quam pellicis ulla Forma viro dilecta vago. Fulgentior auro Quolibet, et solis radiis factura pudorem, cesaries spargenda levi pendebat ab aura colla super, recto que sensim lactea tractu surgebant, humerosque agiles affusa tegebat Tunc, olim substricta auro certamine blando Et placidis implexa modis: sic candida dulcis cum croceis iungebat honos, mistoque colori Aurea condensi cessissent vascula lactis, nixque iugis radio solis conspecta sereni. Lumina quid referam preclare subdita fronti

5 Aldo s. Bernardo, Petrarch, Scipio and the “Africa”, p. 26.

6 nicola Festa, “sofonisba, Laura e scipione nell’opera poetica di F. Petrarca”, Atti dell’Accade-

mia degli Arcadi e Scritti dei Soci, p. 210.

7 Fam. XVII 7: Frecuentemente ha habido una actitud negligente en lugar de la preocupación por las cosas importantes. De tal manera Cleopatra con su cabellera extendida conmovió el ánimo firme de césar. Pienso que de la misma forma sofonisba en el momento en que estaba vencida capturó al vencedor masinisa, esto que sucedió en algún tiempo en África ahora en mi poema Africa es el funda- mento de la materia pasional. (La traducción de éste y los siguientes pasajes del latín es responsabilidad del autor).

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Invidiam motura deis? Divina quod illis Vis inerat radiansque decor, qui pectora posset Flectere quo vellet, mentesque auferre tuendo, Inque meduseum precordia vertere marmor,

Africa nec monstris caruisset terra secundis. (vv. 22-40)8

El desarrollo de los eventos posteriores es prácticamente el mismo que veía- mos en Livio hasta el encuentro entre Escipión y masinisa; después nos encon- tramos con el rey de numidia que se debate en un prolongado soliloquio tratando de tomar una decisión: ¿entregará a sofonisba para que sea llevada a Roma como botín de guerra o desafiará las órdenes de Escipión? Finalmente, no queriendo romper su promesa de no entregarla a los romanos, resuelve enviar a la reina una copa con veneno para que se suicide, así al menos le evitará la injuria de desfilar como prisionera ante el pueblo romano. Sofonisba recibe el mensaje y acepta sui- cidarse: antes de ello pronuncia un conmovedor discurso que termina maldiciendo a Escipión, a todos sus descendientes, y a masinisa:

nuntius accelerans regine ad limina pulsat munera dira ferens. Pannis anus obsita et annis Prosilit, atque habitum conspectaque pocula narrat. substitit attonitte similis similisque paventi; nec remorata diu, positoque instincta pavore: “Ingrediatur” ait. Stat terre lumina fixus Et peragit commissa tremens; intercipit illa: “suscipio mandata libens, nec dona recuso Regia, si maius nichil est, quod mittere dulcis Posset amans: certe melius moriebar in ipso Funere ni demens nupsissem; numina testor conscia, non aliquid quoniam de coniuge caro sit nisi dulce michi; sed sidera promptius alta,

8 El texto latino fue extraído de la edición crítica publicada por nicola Festa en 1926; el texto del canto quinto puede leerse también, junto con una traducción al italiano, en Francesco Petrarca,

Rime, Trionfi e Poesie Latine, pp. 638-683. Hasta el momento de escribir este texto, no se contaba con

una traducción al español, ni completa ni fragmentaria, de esta obra. “se erguía con un candor como el de la nieve la frente que el gran Júpiter habría admirado y a la que la celosa hermana habría temido todavía más que a cualquier otra clase de mujer amada por su inconstante esposo. Más brillante que cualquier tipo de oro, tal que opacaría los rayos del sol era su cabellera que caía movida por una ligera brisa, esparciéndose sobre el cuello, blanco como la leche, que se levantaba poco a poco con un recto movimiento (entonces derramándose le cubría la ágil espalda, aquella cabellera que otras veces estaba anudada, como en una dulce batalla, con prendedores de oro y entrelazada en plácidas formas). De tal manera su dulce belleza unía el blanco con el amarillo en una mezcla de colores ante la cual habrían ce- dido vasos dorados llenos de leche y también la nieve perenne golpeada por los rayos del sol brillante. ¿Y qué decir de sus ojos, bien puestos bajo la frente, que habrían provocado la envidia de los dioses? Puesto que había en ellos una fuerza divina y una belleza radiante que hubieran podido doblegar los ánimos en cuanto quisieran, hacer perder la razón con una sola mirada, y transformar el corazón en mármol como Medusa, de manera que África no careciera de semejantes maravillas”.

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El Triumphus cupidinis y el Africa de Petrarca

Terrenis ut eram vinclis exuda, petebam.

Hoc refer extremum, et mortis michi testis adesto”. (vv. 720-734)9

En morior; mortisque magis me causa dolere, Quam mors ipsa facit. Quid enim commercia tangunt nostra duces latios? En quanta superbia genti! non satis est hostem regnis spoliasse paternis: Libertate animos spoliant, et rite coactis coniungiis sanctoque audent irrumpere amori Ac pactos laniare toros. Victoria postquam Romano stat certa duci, nec flectere quisquam Fata potest eterna Iovis, sint ultima vite Tristia, et eximiis sua Roma ingrata tropheis, Exul ut a patria deserto in rure senescat Solus et a fidis longe remotus amicis; nec videat sibi dulce aliquid, qui dulcia nobis omnia preripuit. (vv. 740-753)10

El episodio continúa todavía en los primeros versos del canto VI. sofonisba, des- pués de haberse suicidado, entra al Tártaro y minos la envía al segundo círculo, donde están las almas de los suicidas. En este infierno petrarquesco es posible percibir ecos tanto virgilianos como dantescos.

En tercer lugar hablaremos de los Triumphi. nos encontramos también ante una obra a la que el poeta no pudo dar una revisión definitiva, aunque sabemos que siguió trabajando en ella hasta poco antes de su muerte. Al igual que en los Rerum vulga- rium fragmenta la posición protagónica es ocupada por Laura. Utilizando el motivo romano de los desfiles triunfales, el poeta emprende un viaje alegórico en el que se suceden el Triunfo del Amor, de la castidad, de la muerte, de la Fama, del Tiempo y 9 “Apresurándose el mensajero toca a la puerta de la reina llevando el terrible regalo. Una anciana harapienta y aquejada por los años sale de inmediato y describe el aspecto del siervo y la copa que ha vi- sto. sofonisba permanece como atónita y casi temerosa. sin demorarse más tiempo e inquieta, después de haber dejado de lado el temor dijo: “Entra”. Se queda de pie, inmóvil, con los ojos en la tierra, y temblo- roso revela el secreto. Ella lo interrumpe: “Acepto de buen grado la orden y no me rehúso a los dones del rey, si no hay nada mejor que pueda enviarme mi dulce amado. Ciertamente estaría mejor muerta si no me hubiera desposado en mi mismo funeral, actuando como una loca. Pongo a los dioses como testigos no porque algo que provenga de mi querido esposo no me sea agradable, sino porque liberada de las cadenas terrestres me dirigiré más prontamente hacia las regiones celestiales. Transmítele mis últimas palabras y sé testigo de mi muerte”.

10 “Aquí tienes que muero y la causa de la muerte me lastima más que la muerte misma. ¿Pues en qué afecta nuestro amor a los generales romanos? ¡He aquí cuán grande es la soberbia de este pueblo! No fue suficiente que el enemigo saqueara los reinos de nuestros padres, despojan al ánimo de su libertad; también se atreven a oponerse a un amor consagrado y al matrimonio cumplido según el ritual, y a injuriar los pactos del tálamo nupcial. Debido a que la victoria es ya cierta para el general romano, y ya que nadie puede doblegar los designios eternos de Júpiter, que para él sean terribles los últimos años de su vida y que su querida Roma sea ingrata a sus grandiosos triunfos, de modo que envejezca exiliado de su patria en un campo desierto y solitario, muy lejos de sus fieles amigos. Y que nada le parezca dulce a él que a nosotros nos privó de todas las cosas dulces”.

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de la Eternidad. Tras este recorrido, el Triumphus eternitatis culmina con una especie de apoteosis de Laura, episodio que cumple una función equivalente a la de la can- ción 366 y última del Canzoniere, “Vergine bella, che di sol vestita”.

El episodio de masinisa y sofonisba es nuevamente tratado por el poeta en el Triumphus cupidinis y podría decirse que es una especie de continuación directa con respecto al tratamiento que se le dio en el Africa. La materia pathetica de la epopeya reaparece en los tercetos del Triumphus cupidinis, pero la narración es un tanto distinta, debido a que se percibe de principio a fin la influencia del mo- delo dantesco. La historia de Masinisa y Sofonisba está ahora bajo el influjo del celebérrimo pasaje de Paolo y Francesca en el canto V del Infierno.11 como bien

apunta Barstuschat, “In nessun altro luogo dei Triumphi il richiamo alla Comme- dia è cosí intenzionale e cosí chiaro: si tratta di una vera e propia gara col modello dantesco”.12 En este sentido podemos percibir en estos versos un sabor polémico.

Petrarca se remite a Dante; pero un tema antiguo sustituye a uno moderno. El contraste no se limita sólo a esto: otro factor distintivo es que Dante encuentra a Paolo y Francesca sufriendo en el infierno, mientras que Petrarca en la conversa- ción que sostiene con masinisa y sofonisba los encuentra relativamente felices. Por otro lado, en el episodio del primero es Francesca quien habla en lugar de los dos amantes, mientras que en los Triumphi es masinisa quien se dirige al poeta en la mayor parte de diálogo. En resumen, mientras que la Francesca de Dante con- tinúa repitiendo la dolorosa ambigüedad moral por la cual terminó en el infierno, Masinisa por el contrario declara su constante devoción hacia la figura de Escipión que lo guió tanto en la tierra como en la muerte. El poeta reafirma el contraste con Dante cuando presenta a los mismísimos Paolo y Francesca en la tercera parte del Triumphus cupidinis en la siguiente forma:

Vedi Ginevra, Isolda e l’altre amanti, E la coppia d’Arimino che ’nseme

Vanno facendo dolorosi pianti. (vv. 82-84)

Estos versos recuerdan por supuesto la forma en que Dante, dirigiéndose a Virgi- lio, le manifiesta su deseo de hablar con la pareja de Rimini diciendo:

Poeta, volontieri

Parlerei a quei due che ’nsieme vanno, E paion sí al vento esser leggieri.13

La polémica en torno a si Petrarca conoció o no la obra de Dante y si lo imitó o no, surgió desde su propia época cuando, en respuesta a un manuscrito

11 Inf. vv. 73-142.

12 Johannes Barstuschat, “sofonisba e massinissa. Dall’Africa e dal De viris ai Trionfi”, Petrarca

e i suoi lettori, p. 128.

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El Triumphus cupidinis y el Africa de Petrarca

que Boccaccio le envió, el Vaticano latino 3199, que contenía nada menos que la Commedia de Dante, Petrarca le respondió con una carta14 en la que afirmaba

desconocer la obra del florentino y desmentía la supuesta envidia hacia él que algunos contemporáneos le atribuían. con respecto a este tema, es importante recordar que Petrarca comenzó a formar su biblioteca en Provenza, muy lejos de los principales centros de difusión de la Commedia, por lo cual no es improbable que efectivamente no hubiera leído la obra de Dante para cuando Boccaccio le envió la mencionada copia del poema dantesco.15 Esta discusión ha continuado

durante siglos, pero ahora es claro, gracias al trabajo de diversos estudiosos,16