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CAPÍTULO 3. ANÁLISIS Y DISCUSIÓN DE RESULTADOS

3.4. Análisis integrador

A partir de la integración de los resultados obtenidos durante la investigación se destaca que la totalidad de las emociones exploradas fueron identificadas en el grupo de niños estudiados (alegría, orgullo, serenidad, ansiedad, tristeza, ira, vergüenza, culpa, celo, envidia), expresándose tanto las de carácter placentero como displacentero. Una mayor incidencia tuvieron la alegría, la ansiedad y la tristeza, identificadas desde todas las perspectivas de análisis en más de la mitad de la muestra; el resto de las emociones se distinguió en situaciones más específicas.

Se logró identificar la presencia de situaciones comunes en torno a las cuales se generan múltiples emociones placenteras, con predominio de aquellas relacionadas con el vínculo afectivo con la familia, aunque también emergieron otras en relación con el juego entre los coetáneos, recreación y las recompensas morales y materiales, asistir a la escuela y obtener buenos resultados académicos.

Las situaciones generadoras de emociones displacenteras tienen su expresión en accidentes, violencia en diferentes contextos, muerte, ataque animal y enfermedad, todas ellas de un impacto emocional significativo para los menores. Las situaciones asociadas al contexto escolar fueron mencionadas en menor medida, aunque se pudo observar que el fracaso académico, los regaños, las burlas, las peleas, las discusiones, las prohibiciones en este escenario tienen una incidencia importante en el mundo emocional de los niños.

Resalta que las principales formas de expresión fueron tanto de índole extraverbal como verbal, en el caso de la alegría predominaron: aumento de las verbalizaciones de contenido agradable, expresiones artísticas, hacer bromas, tono de voz medio, risa, aplausos, postura erguida, elevación de cabeza y mayor concentración en las actividades, así como mirada reluciente cuando están orgullosos al ser elogiados por su desempeño.

114 Las manifestaciones de la ansiedad más comunes en niños estudiados fueron: sobreintranquilidad, hablar mucho, desconcentración y preocupación, así como otras de carácter fisiológico (temblor, cambios de temperatura, comer mucho). La tristeza se manifestó a partir de escasas verbalizaciones, tono de voz bajo, postura encorvada, aislamiento, esconderse y llanto. Se constató que muchas de estas manifestaciones se constituyen en factores de riesgo para el desarrollo de la personalidad en formación de los niños estudiados. Al respecto Guerra (2001) destaca que en ellos se pueden identificar necesidades insatisfechas de afecto, seguridad, comunicación, independencia y aprobación por los demás como eje central en la formación de la subjetividad infantil, además del predominio de vivencias conflictivas y contradictorias de carácter negativo.

A partir de la triangulación de la información ofrecida por niños, familiares y maestros, se pudo distinguir que predominan los estilos inhibidos y desajustados en las expresiones emocionales de los escolares. Ello es indicador de la presencia de dificultades para expresar tanto emociones placenteras como displacenteras o para el ajuste de las mismas a las situaciones y/o normas de expresión emocional, aspectos esenciales que deben estimularse en esta etapa para lograr un desarrollo saludable. Tuvieron una menor incidencia los estilos semiexpresivo y expresivo.

En relación con las particularidades de las familias de niños estudiados, predominan las familias extensas y nuclear biparentales, la mayoría con condiciones socioeconómicas regulares, aunque en algunos casos conviven en condiciones precarias.

En cuanto a los indicadores del funcionamiento familiar estudiados, las principales dificultades se encontraron en la comunicación, la armonía y la afectividad, con la presencia también de estilos educativos inadecuados.

La comunicación de manera general fue calificada de regular, la cual se presenta de manera empobrecida, distinguiéndose por existir pocos espacios de interacción entre los miembros. Priman los mensajes directos y rígidos por parte de las figuras de mayor jerarquía, quienes generalmente son del

115 sexo masculino, hallándose sumisión hacia este, por lo que los niños experimentan temor al abordar algunas temáticas que se constituyen en tabúes en el contexto social angolano. Esta cultura patriarcal afecta también la armonía en el hogar. Se aprecia una jerarquización de los intereses individuales de los jefes de familia, por encima de los colectivos, lo cual provoca malestar entre los miembros que en muchas ocasiones no es expresado.

La afectividad se caracterizó en algunos hogares por el predominio de emociones displacenteras, aunque también se distingue como tendencia una limitada expresión de las experiencias emocionales tanto placenteras como displacenteras e insatisfacción con la trasmisión del afecto. Los padres mostraron poco conocimiento acerca de las diversas formas de manifestar cariño hacia sus hijos, limitándose solamente a su cuidado, y en escasas ocasiones dirigieron elogios a los mismos.

Otros indicadores del funcionamiento familiar también mostraron dificultades; la distribución de los roles se asume, mayoritariamente, de forma no equilibrada y rígida, teniendo en cuenta el estereotipo sexual tradicional y con sobrecarga de tareas en la mujer sin posibilidad de modificación. Los niños asumen tareas en el hogar por encima de sus posibilidades de acuerdo con la etapa de vida.

En cuanto a la cohesión, se caracteriza por ser regular en tanto existen dificultades en la involucración de los miembros de la familia para tomar decisiones en conjunto y dar solución a las situaciones que les afectan, estas son tomadas generalmente por uno de los miembros y asumidas por todos. Solo en algunas familias con una mayor tendencia a la disfuncionalidad se apreció falta de apoyo ante situaciones conflictivas y poco sentido de pertenencia hacia el grupo familiar.

También se muestran niveles medios de adaptabilidad, a pesar de constatarse la presencia de eventos normativos y paranormativos que afectan a los miembros de la familia, se percibe rigidez para asumir cambios en la dinámica familiar ante el afrontamiento a los mismos, al respecto Ramírez-Lucas, Ferrando y Sainz (2015) destaca que un afrontamiento familiar vulnerable y no adaptativo repercute negativamente en el bienestar emocional.

116 La permeabilidad en la generalidad de las familias obtuvo niveles escasos; no aceptan la intervención en la familia de personas y/o instituciones, sobre todo en relación a conflictos hacia el interior de la misma; no resultó de esta manera en aspectos vinculados a la salud de algún miembro o rituales y celebraciones, donde se solicita la cooperación de amigos, parientes y grupos de pertenencia como la Iglesia.

Entre los estilos educativos se distinguió el autoritarismo en la mayoría de las familias, donde generalmente las normas impuestas por la figura masculina son rígidas e inquebrantables, además de transmitirse poco afecto hacia el menor. También existieron casos de permisividad, sobre todo en las familias monoparentales, donde la ausencia de control puede llegar a la negligencia.

De manera general, se constata un predominio de las familias moderadamente funcionales y disfuncionales, y existen pocas que satisfacen los indicadores de adecuación. Se considera que las características socioculturales tienen un peso importante al interior de la institución familiar: la estructura patriarcal y la autoridad masculina son distintivas de esta cultura.

Al respecto, en los estudios efectuados por Lundoloqui (2012) en el contexto angolano, también se identificaron como principales características el insuficiente nivel de preparación de la familia para educar a los hijos, pues prevalecen muchos prejuicios, métodos y estilos educativos desacertados que afectan la formación de los niños, problemas de incomunicación padre-hijos.

Los resultados obtenidos, en su conjunto, demostraron la estrecha relación existente entre el funcionamiento familiar y la expresión emocional de los escolares estudiados. Al igual que en los estudios efectuados por De Melo (2005), el predominio de emociones placenteras estuvo vinculado a aquellas familias con una tendencia a la funcionalidad, mientras que en las familias disfuncionales, estas emociones se asocian a los niños con ansiedad y tristeza. Se constató también una relación significativa entre el funcionamiento familiar con la presencia de manifestaciones de emociones displacenteras que por su duración e intensidad constituyen un riesgo para el desarrollo armónico de la personalidad del

117 niño, principalmente con los procesos armonía y comunicación, siendo estas las variables que mejor predicen las alteraciones en las diferentes esferas.

La expresión emocional también correlacionó significativamente con el funcionamiento familiar, pudiéndose apreciar que en las familias disfuncionales prevalecen los estilos inhibido y desajustado, mientras que en las familias moderadamente funcionales los estilos predominantes fueron el semiexpresivo y expresivo. Estos resultados coinciden con Henao (2013), quien en su tesis doctoral destaca como aspecto relevante en sus hallazgos que el esquema maladaptativo de insuficiente autocontrol y autodisciplina se encuentra presente en los estilos autoritario y permisivo y este se relaciona con menor rendimiento a nivel del desempeño emocional infantil.

De manera general, se constató que dentro de las variables del funcionamiento familiar se distingue el estilo educativo como una de las que mayor relación guarda con la expresión emocional, apreciándose correlaciones significativas entre estas variables. Predominaron los niños con estilos inhibidos en las familias donde prima el autoritarismo, así como la permisividad en los niños que expresan sus emociones de manera desajustada a las normas de expresión emocional y al contexto, siendo en este último donde mayor cantidad de conflictos emergieron. Resultados coincidentes obtuvieron Pinheiro y Marinho en escolares portugueses y sus respectivas madres, que muestran una asociación significativa entre los estilos educativos negativos de autoritario, permisividad e inconsistencia y problemas de comportamientos y emociones desagradables (Pinheiro, 2015 y Marinho, 2010).

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CONCLUSIONES

 En los niños angolanos estudiados se expresaron las emociones tanto de carácter placentero como displacentero. Tuvieron una mayor incidencia la alegría, la ansiedad y la tristeza. Las situaciones en torno a las cuales se generan múltiples emociones placenteras fueron asociadas fundamentalmente al vínculo afectivo con la familia; mientras que las situaciones generadoras de emociones displacenteras tienen su expresión en accidentes, violencia en diferentes contextos, muerte, ataque animal y enfermedad.

 Las principales formas de expresión de las emociones fueron tanto de índole extraverbal como verbal. En el caso de la alegría predominaron: aumento de las verbalizaciones de contenido agradable, expresiones artísticas, tono de voz medio, risa, aplausos, postura erguida, elevación de cabeza y mayor concentración en las actividades y mirada reluciente.

 En relación con las emociones displacenteras, la ansiedad se expresó fundamentalmente a través de las manifestaciones siguientes: sobreintranquilidad, el hablar mucho, la desconcentración y preocupación, mientras que la tristeza se manifestó a partir de escasas verbalizaciones, tono de voz bajo, postura encorvada, aislamiento, esconderse y llanto en menor medida.

 El estilo de expresión de las emociones más común en los menores que participaron en la investigación fue el inhibido, caracterizado por dificultades para compartir con otros sus experiencias emocionales placenteras y displacenteras, así como el estilo desajustado, donde existió poco ajuste a las normas sociales, culturalmente aceptadas para manifestar las emociones.

 Las familias evaluadas se caracterizaron por presentar dificultades en los procesos del funcionamiento familiar, lo que evidencia una tendencia a su inadecuación de acuerdo con los indicadores asumidos en la investigación. Se constató un predominio de las familias moderadamente funcionales y disfuncionales, y los procesos de comunicación, afectividad y armonía los más afectados.

119  Los resultados obtenidos, en su conjunto, demostraron la relación existente entre el funcionamiento familiar y la expresión emocional de los escolares estudiados. Existió un predominio de emociones placenteras en las familias con tendencia a la funcionalidad y de manifestaciones de emociones displacenteras en los niños con familias disfuncionales. Se distingue el estilo educativo como uno de los procesos que mayor relación guarda con la expresión emocional; en los niños con estilo inhibido sobresale el autoritarismo, y en aquellos que expresan sus emociones de manera desajustada la permisividad.

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RECOMENDACIONES

 Continuar profundizando en el estudio de la expresión emocional del niño angolano, a partir de la utilización de diseños cualitativos de investigación, extenderla a otros contextos, en particular al educativo, y abordar otras categorías afines como la comprensión emocional, lo cual favorecería la profundización de los resultados científicos obtenidos.

 Diseñar acciones encaminadas a potenciar el desarrollo emocional del menor a través de una labor preventiva a nivel familiar, que contribuya a una mejor comprensión de la adecuación de los estilos educativos parentales y su influencia en las manifestaciones de la expresión emocional del infante, y emplear el contexto educativo como mediatizador y puerta de entrada para el acceso a la familia.  Se sugiere valorar la aplicación de las técnicas psicológicas propuestas en la investigación como

instrumentos para evaluar la expresión emocional y el funcionamiento de la familia, como parte del proceso de psicodiagnóstico infantil en Angola.