III. Presentación de resultados
3.2. Análisis interpretativo de los datos
A continuación se desarrollará un modelo comprensivo del fenómeno de la construcción social de las enfermedades mentales. Ello se logrará a través de la puesta en relación de las categorías descriptivas emanadas desde los datos (la puesta en tensión con la teoría se realizará en la conclusión). Esto se puede resumir en el siguiente cuadro, el cual grafica la construcción social de la realidad del enfermo y los ámbitos que identifican como relevantes para su existencia.
Cuadro 3. Modelo de la construcción de la realidad social del enfermo
ESFERA SOCIAL ESFERA FAMILIAR Lo social Como amenaza a la existencia Malestar por significaciones sociales Hospital Psiquiátrico Influencia del discurso y la praxis médica Significaciones Sociales excluyentes No hay concordancia Entre significaciones sociales
ESPACIO DE INTEGRACIÓN
Generación de estereotipos
Exclusión
Sentimiento de protección. Generación de lazos identitarios y afectivos
En cuanto a la categoría exclusión social, esta fue descrita como el sentimiento que expresan las pacientes de ser o de haber sido muchas veces rechazados o marginados debido a su condición de “locos”.
Esta exclusión se manifiesta según los informantes en dos niveles o esferas sociales: dentro de la familia y en la calle y el trabajo. Los enfermos del Psiquiátrico que fueron entrevistados no manifiestan la importancia de esta distinción de forma explícita, si no que a partir de los niveles de angustia o de disgusto con que relatan sus experiencias dentro de uno y otro espacio de exclusión37. Lo que más les afecta es sin duda alguna el rechazo por parte de sus familias, el que experimentan en la calle y en el trabajo les perturba igualmente, pero en menor intensidad según los relatos.
Por otro lado, el ámbito del Psiquiátrico significa para ellos un espacio donde se sienten integrados, donde comparten su existencia con otros pacienten que padecen condiciones similares y que han experimentado situaciones sociales adversas como la exclusión y la estigmatización. En el Hospital se sienten comprendidos y acogidos, incluso protegidos de “los males de afuera”38
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Ejemplo de esto es lo que señala un informante, al cual se le inquirió acerca de la percepción que tenía de su enfermedad, destacando que estaba desorientado, que caminaba desorientado por las calles sintiendo que lo perseguían, luego mencionó un refrán popular: “Martes hoy martes mañana, cree usted en eso?”. Como se explicara en el apartado descriptivo, el informante se refería en realidad al dicho popular “Martes 13, no te cases ni te embarques” y a que “alguien le había tirado” una especie de maleficio. El aforismo en cuestión representa la necesidad de quedarse en casa (o en uno mismo) y no salir, no tener contacto con el exterior ya que algo malo puede ocurrir.
Lo que le sucede en realidad es que experimenta un temor a su casa y a su familia “tengo miedo de llegar a mi casa”, por lo que pasa el tiempo en la calle; le teme al contacto con su familia, es esto lo que le hace sentirse perseguida, desorientada: “(debido al mal que le tiraron) no quería llegar a mi
37 v. cit. p. 41 (fragmento entrevista 5) y entrevista 1 en p. 4 del Anexo. 38 v. cit. p. 42 entrevistas 4 y 10 y p. 46, fragmentos entrevista 10.
casa, mi mamá me salía a buscar y yo me arrancaba de ella, no quería llegar a mi casa , me daba miedo no quería llegar a mi casa, incluso andaba a pata pelá corriendo en la calle porque pensaba que me perseguían” (entrevista 4). Este temor esta relacionado con la forma como experimenta su enfermedad dentro del ámbito familiar y el espacio del Psiquiátrico significa un lugar de encuentro y de generación de lazos de identidad –“No see... yo pensaba que nadie se sentía como mi si po…pero no po, hay más gente que se sentía como mi aquí, asi que uno no esta tan solo”. (entrevista4).
En cuanto a la dimensión “estigmatización”, ésta también es percibida tanto en el espacio social general como en el familiar; los pacientes manifiestan que se generan estereotipos, a partir de los cuáles se les atribuyen características a las enfermedades psiquiátricas- y con esto a ellos mismos por ser pacientes psiquiátricos * y que esas características no se relacionan con la realidad y les producen malestar, generando nuevas dolencias y sumando mayor complejidad a su ya precaria condición de internos dentro de un Hospital Psiquiátrico39. Los pacientes sienten que se los etiqueta, y ese etiquetaje condensa tanto la forma como la sociedad los observa, así como la percepción que los pacientes tienen del entorno social. En conclusión, los pacientes distinguen, ya sea implícita o tácitamente, tres esferas relevantes en cuanto a su experiencia social en tanto enfermos: social cotidiana (la calle, el trabajo), familiar, y la esfera o ámbito hospitalario. De estas, dos son percibidas como excluyentes y donde se generan estereotipos (esferas social y familiar), y una esfera es experimentada por los pacientes como integradora (Hospital Psiquiátrico).
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Esta relación se establece a partir de lo que señala Ronald Laing; la enfermedad mental determina la totalidad de la existencia del sujeto que la padece. En este caso, el padecer la enfermedad significa estar sujeto a una serie de estereotipos que apuntan hacia la enfermedad, y con ello hacia al paciente que la sufre, ya que su experiencia consigo mismo y con el mundo estaría determinada por el padecimiento. Por ejemplo, si la esquizofrenia es señalada como una enfermedad peligrosa porque hace que el individuo esquizofrénico sea agresivo, en definitiva el “ loco” es señalado como peligroso y agresivo, su enfermedad y su sí mismo terminan siendo uno solo. (esto será desarrollado en mayor profundidad en el capítulo sobre la discusión y las conclusiones finales).
A partir de lo expuesto, se puede establecer una relación entre las categorías estigmatización o generación de estereotipos y exclusión social; ambas operan en los pacientes psiquiátricos generando el sentimiento de que tanto en la sociedad como en sus familias se fundan significaciones sociales de exclusión y de rechazo. La generación de estereotipos, así como los discursos y actitudes excluyentes que se generan a nivel social producen sentimientos de malestar a nivel subjetivo en los pacientes. Los individuos entrevistados afirman por ejemplo que se sienten angustiados o impotentes por como son tratados por sus familias y por el colectivo social en general40. Estas estructuras de significación generan disgusto, hacen que perciban la realidad social como un ámbito inhóspito, donde no son aceptados; y este rechazo se les manifiesta explícitamente en forma de exclusión.
De la relación entre estas tres dimensiones o categorías analíticas derivadas de los datos, a saber: exclusión, estigmatización y sentimiento de malestar, se desprende una cuarta: Lo social como amenaza.
Los pacientes comprenden el hecho de que se les rechaza y se les etiqueta en el espacio social, y esto les produce disgusto. Al articular las significaciones sociales de exclusión y de estigmatización y su sentimiento de angustia respecto a ellas, caracterizan el ámbito de las relaciones sociales- ya sean estas familiares, laborales o “de la calle”- como de amenaza a su subjetividad.
-Sienten desconfianza hacia la sociedad en general
“Que tengo desconfianza a la gente, sufro de desconfianza, eso es mi enfermedad, en eso se basa mi enfermedad, que soy desconfiada” (entrevista 3).
-Se sienten perseguidas y vulnerables frente al resto.
“que la gente de afuera me persigue, que todo el mundo la persigue y que el único lugar donde me siento segura es aquí (escuchas el helicóptero, me persiguen)” (entrevista 10).
- Se consideran poco valoradas y degradadas -“me ven como bicho raro” (entrevista 1).. “como que no me entienden (la gente en general), no me valorizan como persona” (entrevista 3).
-Creen además que en sus propias familias no se les acepta y se les critica -
40 v. cit. p. 42 segundo fragmento entrevista 5 y p 45 primer párrafo fragmento
(en su casa le decían) “Hay enferma del demonio!!!!!, tienes espíritus malos!!!!” (entrevista 1)- ,
-Distinguen que en sus familias se les agobia -“A mi nunca me han dicho nada de mi enfermedad, son inventos de mi papa, el choto de mi viejo y de mi vieja que son viejos y tratan de tenerme amarrada a ellos y no quieren darme la libertad que yo necesito”-;
-Incluso llegan a temer y evitar el ámbito familiar -no quería llegar a mi casa, mi mamá me salía a buscar y yo me arrancaba de ella, no quería llegar a mi casa, me daba miedo no quería llegar a mi casa, incluso andaba a pata pelá corriendo en la calle porque pensaba que me perseguían” (entrevista 4).
En definitiva, los pacientes integran en sus relatos todas estas significaciones que comparten sobre como el espacio social los observa, caracteriza y actúa frente a ellos; a partir de esta integración trazan un campo de relaciones sociales inhóspito y amenazador para su existencia. La influencia del discurso y la praxis médica juega también un rol importante en cuanto a la construcción de significados de enfermedad y a la forma como el paciente se percibe a sí mismo. Esta influencia se relaciona con la incapacidad de ciertos sujetos de reconocer algunas significaciones sociales que si reconocen otros, sobre todo en cuanto a la generación de estereotipos de “locos” o “locura”.
Dentro del espacio de integración que significa para los enfermos el Hospital Psiquiátrico, se observa que los relatos sobre sus propias enfermedades y su existencia cotidiana dentro del Instituto estaban determinados relativamente por el discurso teórico médico y la praxis terapéutica. Al aplicarles las entrevistas, algunos pacientes respondieron a las primeras preguntas sobre la percepción de su propia enfermedad a través de elementos pertenecientes al discurso teórico médico: “yo no tengo esquizofrenia porque me acordaba de todo lo que había hecho” (entrevista 1).
Así mismo, en la descripción sobre la estigmatización negativa se plantea un caso desviante. Al preguntarle al sujeto por como cree que observa la sociedad a los enfermos mentales, este responde que igual que al resto, y adhiere que los alcances de la enfermedad son cuestiones médicas sin mayor trascendencia en cuanto a una construcción social de enfermedad mental o a un discurso social sobre esta41
Al igual que el anterior, otro entrevistado manifiesta que lo que le ocurre es algo que tiene implicancias meramente clínicas; señala que lo que le sucede se reduce a una enfermedad crónica que se trata con remedios y que no tiene mayor influencia en ningún ámbito de su vida42
Estos pacientes encasillan los alcances de su enfermedad en algo concerniente exclusivamente al ámbito hospitalario, sin reconocer implicancias en su vida cotidiana.
Como se advierte, la informante 4 dice sentirse igual como si nunca se hubiese enfermado, señala sentirse igual que al resto, otro interno dice que la gente observa a los “locos” igual que a “los otros”, y no reconoce significaciones sociales estigmatizantes. Esto puede ser plausible en una persona que padece la enfermedad desde muy pequeño, y que su proceso de socialización ha estado marcado por la sicopatología, no conociendo otra forma de “ver el mundo” si no desde su enfermedad. Este no es el caso, el entrevistado número 4 de 22 años de edad tuvo su primera crisis esquizoide, es decir que su enfermedad se hizo evidente, recién a los 17 años y solo desde entonces ha debido enfrentarse al mundo social desde su condición. El hecho de relacionarse con otros desde las características intrínsecas de su enfermedad y el de encontrarse en un Instituto Psiquiátrico, a pesar de que existe la posibilidad que en realidad no se reconozca enferma, debiera influir de alguna forma en su vida social y en las significaciones sociales de enfermedad que si captan los otros sujetos entrevistados; el reconocimiento de estas estructuras de significación no se aprecia en un primer momento en los relatos del paciente, las significaciones sociales de enfermedad mental que debiera poseer están reemplazas por nociones de la medicina psiquiatrica “es una enfermedad que se trata con remedios y que es para toda la vida”.
Como se observa en los relatos, se hace patente la objetivación de la enfermedad que realiza el discurso médico, y gracias a esta separación de la enfermedad de la subjetividad del individuo enfermo, estos no distinguen, o no son capaces de manifestar, las representaciones sociales de enfermedad (incluidas las estigmatizantes) y por ello no reconocen los alcances sociales que conlleva tener una enfermedad psiquiátrica y que de hecho si manifiestan una vez soslayada esa primera barrera en la entrevista.
Los mismos informantes en los que se distingue esta influencia de la praxis médica, comienzan paulatinamente a lo largo del diálogo a relatar los eventos que experimentan en el campo de las relaciones sociales, y que fueron analizados bajo las categorías de exclusión, estigmatización y exclusión negativa.
Por último se encuentra que el nivel de concordancia entre las representaciones sociales de enfermedad mental, y como esta es definida por los pacientes, es prácticamente inexistente.
Esta concordancia negativa se ubica principalmente entre lo que los pacientes designan hacia su condición, y como sienten que la sociedad los observa a ellos. En definitiva como los pacientes definen su realidad como enfermos no guarda relación con como perciben que esa realidad es socialmente construida en el ámbito de la realidad cotidiana (sociedad, ámbito laboral y de la calle) y en sus familias. Esto se debe principalmente a que en esas esferas, según los pacientes, las enfermedades psiquiátricas son designadas como:
“peligrosas”: [“Yo me siento mal porque no todo lo que dicen es verdad, yo no soy agresiva, y no me gusta que me digan eso, me hace sentir mal” (entrevista 2).]
-“contagiosas”: [“Que no quería estar conmigo (su hija) porque parecía loca, que estaba loca y eso fue terrible para mí, me sentía muy mal, me agarraba angustia..decía que mis nietos eran muy chicos y los podía contagiar)”] (entrevista 5)
-“degradantes” [ (la gente en general a los enfermos)“la ven como bicho raro” (entrevista 1)]
Como ya se explicara anteriormente, estas significaciones o definiciones sociales de “locura” provoca malestar en los enfermos, ya que reconocen que a partir de ella son observados y tratados de forma excluyente y estigmatizante. Los entrevistados no aprueban esas representaciones de exclusión y rechazo, de ahí la no concordancia entre esas significaciones y lo que ellos definen para sus enfermedades.
Fenómenos emergentes
A Partir del análisis de los datos surgieron algunos fenómenos que no estaban en un principio considerados dentro de las categorías analíticas. No obstante, entendiendo el aporte que significan a la interpretación de algunos elementos del fenómeno, se procede a exponerlos a continuación.
El factor educacional:
Cabe señalar que existen algunos casos desviantes en cuanto al sentimiento de exclusión por parte de la familia. Un informante señala que: “Yo creo que les da pena (el hecho de estar enfermo y de estar en el Psiquiátrico), a mi familia les daba como impotencia porque trataban como de ayudarme y de entenderme pero yo no escuchaba”. (entrevista 9). Este paciente señala que su familia intentaba apoyarla y que era ella quién se alejaba, aquí ocurre algo bastante notable. De todos los pacientes entrevistados éste era el que parecía tener un nivel educacional más alto, se expresaba correctamente y utilizaba un lenguaje que denotaba un nivel cultural superior al de los otros pacientes que sirvieron de informantes.
Se puede interpretar de esto que la familia quizás también posea un nivel educativo alto, por lo tanto contaría con una serie de herramientas que le permitiría comprender la situación en la que se encuentra, de esta forma son capaces de apoyarla.
En este sentido se observa que los entornos familiares de los pacientes tienden a atribuirle a las enfermedades mentales características a partir de las cuáles rechazan y excluyen a sus familiares enfermos. Por ejemplo un informante señala que en su casa le decían: Hay enferma del demonio!!!!!, tienes espíritus malos!!!!” (entrevista 1). Otra señala que su hija la separó de sus nietos porque les podía contagiar la locura. La falta de educación incide en la forma en que los familiares tratan a los enfermos, llevando a estigmatizarlos y excluirlos.
El factor del nivel educativo no es privativo de la esfera familiar, en otros ámbitos también se tiende rechazar debido a falta de información sobre este tipo de enfermedades: “uno no es un criminal o un delincuente o una persona mala, pero a uno lo miran como a un bicho raro, como si uno fuera culpable de algo, pero no soy culpable de nada, yo no quiero estar aquí…. solo lo que
tengo es algo que es parte de mi… es parte de mi y no lo puedo cambiar yo solo” (entrevista 8) o “Porque pensarían que soy como poca... otra persona, persona distinta, como que yo me sentiría como fuera de ellos, como en otra cosa… Yo antes trabajaba y no me querían en el trabajo, en la contru me tiraban cosas y me decían chifladito o chespirito y esas cosas”. (entrevista7). De esta forma, la cuestión educacional parece bastante significativa cuando se trata de comprender y aceptar a los enfermos psiquiátricos.
“El que dirán”:
Se observa que uno de los pacientes siente que su familia lo segrega debido a lo que los otros puedan decir sobre el hecho de compartir el tiempo con un “loco”, siente que su entorno familiar se avergüenza de su condición. En definitiva este paciente se refiere a como sus hijos consideran, al momento de compartir el tiempo con él en presencia de otros, las formas de estereotipación que se constituyen en el entorno social. Quizás es posible que los miembros de la familia no compartan tales tipificaciones a nivel discursivo, pero de todas formas les preocupan y terminan excluyendo debido a significaciones que se constituyen a nivel social. Por lo tanto, según los relatos del informante, la familia termina adhiriendo a lo que percibe desde lo social, y a través de su propia familia, esa construcción le afecta.