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4.3 Análisis de las principales amenazas para la biodiversidad

de los ecosistemas forestales.

¡Qué raros resultan estos árboles! Porque deben sobrevivirnos, los tenemos envidia; los cortamos por celos, los robamos a la posteridad, a nuestros hijos, a los que privamos de sombra, de leña, de bosques y del placer de ir a oír allí el canto, las notas de órgano, las cadencias, los estallidos armoniosos, los martilleos de

Fotografías 1 y 2.

Fuente: Archivo propio. Tierras del Mandeo y Tierra de las Marinas (provincia de La Coruña). Declarada Reserva de la Biosfera en el año 2013.

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4.3.1.-Introducción

Las ideas conservadoras de la Naturaleza se basan principalmente en dos premisas fundamentales: la primera, es la unidad del espacio físico que forma el ecosistema y la segunda premisa consiste en la preservación de la integridad de las poblaciones de los distintos ejemplares existentes en dicho espacio físico. Toda aquella circunstancia que intente dañar alguna de las características recién mencionadas terminará por convertirse en una amenaza para el ecosistema, poniendo, por tanto, en riesgo la pervivencia de la comunidad de la que se trate y, además, la variabilidad genética que es el elemento fundamental que asegura el mantenimiento de cualquier paraje tal cual se le conoce.

Así pues, la manera más devastadora de destruir un ecosistema consiste en la extinción de las especies. Desafortunadamente es un hecho con el que convive la naturaleza en su devenir cotidiano, pues la muerte está comprendida dentro del ciclo vital de los organismos. Sin embargo, lo que no está incluido es la acción del hombre que acelera, en muchas ocasiones, el ritmo destructor de la naturaleza. Aún a pesar de esta certeza, tampoco se puede hacer un cálculo aproximado de cuánta biodiversidad se pierde diariamente, pues la riqueza genética de la tierra es mayor de lo que se puede pensar y se desconoce cuánta existe. Una manifestación de este aserto se ve ilustrada por el descubrimiento de nuevas especies de modo habitual. Sin embargo, aunque tales sean los hechos, no puede dejar de mencionarse el fenómeno de la extinción de las especies como una amenaza para la pervivencia futura de los ecosistemas. Sin embargo, hay alguna parte de la doctrina que emplea los términos «la sexta extinción» para referirse al momento de devastación que está sucediendo en la actualidad.

En el primer párrafo de esta introducción se han mencionado las principales premisas que deben reunir los ecosistemas y las poblaciones de las especies que habitan en tales espacios físicos; y en este sentido, cabe entenderse como una de las principales amenazas para la pervivencia de los ecosistemas el quebrantamiento de cualquiera de las dos unidades –población y ecosistema en porciones más pequeñas de paisajes. Uno de los principales riesgos que se corren con dichas circunstancias es la merma de las poblaciones de las especies que desemboca necesariamente en el menoscabo de la variabilidad genética que asegura la futura existencia de esta naturaleza para las futuras generaciones. El empobrecimiento de la carga genética puede manifestarse, por ejemplo, en la aparición de la endogamia en algunas especies, lo que, en una perspectiva a largo plazo, garantiza una menor riqueza en los genes de cada especie y un debilitamiento de las defensas de dichos ejemplares contra las amenazas que puedan cernirse sobre su entorno.

Si uno de los anhelos surgidos de la nueva sociedad humana es la preservación de las condiciones de los medios naturales lo más parecida a la situación original, habrá de concluirse que la aparición de nuevas especies no propias de dicho entorno hace peligrar las primigenias condiciones de los ecosistemas. Resulta indiferente que esta aparición haya sido efectuada de modo deliberado o no por el hombre, pues lo que adquiere relevancia es el desenlace final y éste no es otro que el cambio de las condiciones de los ecosistemas. Dicha transformación sucede, en muchos casos, a través de la sustitución de los antiguos ejemplares por los nuevos generándose un ecosistema distinto del original y, al mismo tiempo, un empobrecimiento de nuevo de la carga genética que hace ser más vulnerable ante las nuevas amenazas que surjan.

Por último, se menciona como una amenaza cada vez más real la conservación de determinados espacios en sus lugares de origen –lo que, en otros términos, se denomina conservación in situ- esto es debido a una sobreprotección de los espacios naturales que, en muchos casos, resulta ser tan dañina como la sobreexplotación de los recursos. El menoscabo de la naturaleza se produce pues, en muchas situaciones, la preservación de estos espacios se hace sin contar con la opinión de la comunidad humana que vive en ese territorio, ignorando su modo de vida y despreciando la labor de conservación que, desde tiempos inmemoriales, ha realizado. Todo ello provoca, en ocasiones, un ánimo de revancha desde el hombre hacia la naturaleza, de odio y resentimiento que lleva a dañar tal medio natural. Una manifestación de estos daños son los incendios forestales intencionados ocurridos en algunos parajes después de ser declarados Parques Nacionales o Naturales a pesar de la protección jurídica que supone. Así pues, lo que empezó con unos propósitos de salvaguarda de unos determinados bienes naturales, termina siendo, sin embargo, una de las mayores amenazas que se ciernen sobre los ecosistemas forestales.

De este modo, el propósito que anima el análisis de las posibles amenazas que existen o pueden existir en derredor de los ecosistemas tiene como finalidad poner de

El bosque español y su industria de primera transformación

relieve cuáles son los mayores riesgos para estos paisajes, no ya en la actualidad, sino en el futuro, pues, al hablar de la conservación de la naturaleza se debe hacer teniendo la mirada puesta en las generaciones venideras, no sólo de la sociedad humana que contemplará las transformaciones causadas por las generaciones de hoy, sino también habrá de tenerse en cuenta el surgimiento de los ecosistemas y los elementos que componen dichos ecosistemas cuya evolución depende de evitar los riesgos presentes para su pervivencia más allá del tiempo.

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4.3.2.-Extinción