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Ya en los años 1970 existía una oferta local, aunque obviamente incipiente, de SSI53. Recién en 1987 se produce un primer relevamiento del sector, mediante una encuesta a 180 empresas (de las cuales 10 eran de capital extranjero), dedicadas a la comercialización de software en el mercado argentino (SECyT, 1987). Las principales conclusiones de dicho informe eran las siguientes:

• Mercado: en 1985 el mercado argentino de software alcanzaba los U$S 34,4 millones, contra U$S 7 millones que se habían registrado en 1980. Estas cifras excluían a aquellas transacciones en las cuales se tomaban licencias de uso de software directamente con empresas radicadas en el exterior, operaciones que, según el informe de la SECyT, eran de magnitud significativa en los segmentos de grandes firmas locales y extranjeras, así como en las empresas públicas. Sumando a esto el hecho de que la estimación de U$S 34 millones ya se consideraba como inferior a la magnitud real del mercado dado que existía un comercio informal significativo, se concluía que la demanda local de software era, en la práctica, al menos del doble de la mencionada cifra.

• Oferta local: se estimaba que más del 70% del mercado local era abastecido por software de origen importado. Mientras que el software de base (sistemas operativos, por ejemplo) y los programas utilitarios eran de origen predominantemente extranjero, los programas de aplicación (usados en aquel momento esencialmente con fines administrativos, contables e impositivos) eran abastecidos en forma mayoritaria por firmas locales. La necesidad de contemplar aspectos idiosincráticos de las normas contables e impositivas del país era el factor determinante de la presencia de oferta local en ese rubro de mercado.

• Grado de concentración: la concentración de la oferta de software resultaba elevada. Diez firmas acaparaban 79% del mercado, cinco un 70% y la primera el 41%. Sólo dos de las diez firmas líderes tenían como actividad principal al desarrollo de software, siendo las restantes comercializadoras de software de terceros (de origen principalmente importado), productoras de equipos informáticos (este grupo incluía exclusivamente a filiales de ET) y/o empresas de servicios informáticos. En la práctica, para la mayor parte de las firmas encuestadas la comercialización de software –fuera propio o de terceros- resultaba una actividad más entre una gama diversificada de rubros de operación.

• Desarrollo de software: de las 180 empresas encuestadas, unas 120 desarrollaban alguna actividad de producción de software propio, por un valor total de U$S 10 millones54. Las “casas de software” eran casi exclusivamente firmas pequeñas –facturación inferior a U$S 100 mil-, aunque había un grupo de firmas medianas que desarrollaban software propio pero

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. Es posible que ya en la década de 1960 hubiera alguna actividad en desarrollo de software y oferta de servicios informáticos en el país, pero, hasta donde conocemos, no se encuentran documentados.

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. Este dato resulta compatible con una estimación presentada en Chudnovsky (1986), que señalaba la existencia de unas 200 firmas operando con desarrollos propios en el mercado argentino.

que se dedicaban principalmente a actividades de asesoría, consultoría y procesamiento de datos o bien a la comercialización de equipos informáticos y/o software de terceros.

• Antigüedad de las firmas: 2/3 de las empresas encuestadas habían comenzado con la comercialización de software en los años 1980 (aunque un número de ellas ya existía con anterioridad a dicha fecha). Una parte de estas empresas ya había comenzado antes de 1980 con el desarrollo de software, aunque no lo vendiera separadamente; 38 empresas ya desarrollaban software antes de 1976 y algo menos de 90 antes de 1980.

• Personal: el personal ocupado en desarrollo de software llegaba a 1178 personas, de los cuales más de 40% eran egresados de carreras de computación y sistemas, en tanto otro 11% se había graduado en otras carreras universitarias. El resto eran mayoritariamente programadores y analistas-programadores. Sólo 3 firmas tenían más de 35 personas en el área de desarrollo, en tanto la mayoría ocupaba menos de 5 personas en esa actividad.

• Tipos de software: el software desarrollado localmente era principalmente de tipo “a medida” y consistía en programas de aplicación para micro y minicomputadoras con fines administrativo-contables. En orden de magnitud le seguía el software destinado a control de procesos, pero muy lejos de la importancia de los desarrollos administrativo-contables. En cuanto a servicios informáticos, por la misma época un trabajo había detectado la existencia de casi 300 firmas que realizaban tareas relacionadas con el procesamiento de datos. La mayoría de ellas eran de tamaño pequeño (menos de 15 personas ocupadas), y se ocupaban de temas tales como asesoramiento y consultoría de sistemas, desarrollo e instalación de software, procesamiento de datos, etc. De acuerdo con una encuesta realizada en aquel momento, unas 100 de esas firmas ocupaban a algo más de 2000 personas (Bour, 1985). De los datos de ambos trabajos surge un panorama en el cual, en un contexto donde predominaba claramente el uso de software importado, ya existía a mediados de los años 1980 un sector de SSI con un cierto grado de desarrollo. Considerando la probabilidad de que existieran numerosas superposiciones entre los universos de las dos encuestas que comentamos, no podemos simplemente sumar los datos de ambas. En consecuencia, la estimación más conservadora sugiere que al menos existían 300 firmas operando en SSI en aquella época, aunque probablemente la cifra real era superior. De ellas, alrededor de unas 200 realizaban desarrollos de software, aunque no necesariamente para comercializarlos separadamente. Estas estimaciones, cabe aclarar, no incluían a las firmas e instituciones que realizaban software para uso propio (“autodesarrolladoras”).

¿Cuáles eran las fortalezas y debilidades del sector en aquel momento? Las firmas locales consideraban que los bajos salarios relativos y la disponibilidad de personal calificado eran sus principales ventajas competitivas, las cuales, de todos modos, no alcanzaban a compensar las limitaciones provenientes del tamaño pequeño del mercado, la falta de recursos y capacidades en I&D y marketing y las restricciones para el acceso al mercado de capitales (Correa, 1990). Un poco más adelante, otro informe (Correa, 1996) señalaba que a mediados de los años 1990 había aproximadamente 300 empresas activas en la producción y/o distribución de software,

empleando a unas 3000 personas en actividades vinculadas con software y a unas 1500 en la provisión de servicios. Un tercio del mercado, que se estimaba en U$S 190 millones, era provisto por firmas nacionales y el resto por importaciones. Las exportaciones eran ocasionales, aun cuando existían empresas que buscaban socios extranjeros y participaban en exhibiciones internacionales con el objetivo de penetrar en terceros mercados.

Comparando estos datos con los antes comentados, referidos a mediados de los años 1980, pareciera que entre dicho momento y mediados de los años 1990 no se observó un crecimiento significativo en el número de firmas activas –aunque obviamente es de suponer que se produjeron numerosas “alzas y bajas”, considerando la juventud del sector-. Sin embargo, el mercado local aparentemente había crecido en forma sustantiva en el citado período, con una participación relativa de la oferta doméstica relativamente constante.

CAPITULO III. FACTORES EXOGENOS DE COMPETITIVIDAD Y POLITICAS