2.2 PROBIÓTICOS PARA AVES DE CORRAL
2.3.4. Antecedentes de Saccharomyces cerevisiae como probiótico
Al encontrarse activa o viable con un conteo de 10 mil a 20 mil millones de células vivas por gramo, esta levadura se utiliza principalmente como probiótico, algunas de sus funciones son:
- Promotor de crecimiento
- Aumenta la producción de vitamina B. - Mayor ganancia de peso.
- Rápida digestión de algunos alimentos. - Acción estimulante de la inmunidad. - Mejora la asimilación de nutrientes.
- Corrige el balance de la población microbiana (Agarwal et al, 2000).
Dentro de las levaduras, la especie S. cerevisiae var. boulardii ha sido la más ampliamente estudiada en ensayos clínicos, ya que ha mostrado estar asociada a la prevención de diarrea, aunque el mecanismo aun no se encuentra bien definido. Este microorganismo fue aislado inicialmente de frutas que eran usadas en la medicina popular. En Francia, en 1950
se introdujo un producto que contenía la levadura y en la actualidad es comercializada de manera liofilizada en Europa, Africa y Suramérica. No es encontrada como parte de la flora habitual del tracto gastrointestinal y debe ser administrada continuamente, para asegurar su permanencia y colonización de enterocitos (Toma et al, 2005).
Esta levadura puede secretar una proteasa que digiere dos exotoxinas, toxina A y toxina B, que están implicadas en la diarrea y la colitis causada Clostridium difficile. (Surawicz et al, 1989). Basados en estudios experimentales se han propuesto 3 posibles mecanismos de acción por el que esta levadura puede controlar la diarrea i) actividad antagónica in vitro contra varias bacterias patógenas (Brugier and Patte, 1975) y especies de Candida (Ducluzeau and Bensaada, 1982); ii) estimulación de una secreción de inmunoglobulinas intestinales, defensa ante infecciones (Machado-Caetano et al, 1986; Buts et al, 1990); iii) reducción de la producción o acción de varias toxinas bacterianas (Massot et al, 1982); y iv) aumento de la actividad de disacáridos en la mucosa intestinal en ratas y humanos (Buts et al, 1986).
Según Rodrigues et al (1996) la actividad antagónica de la levadura se observó in vivo contra Candida sp., pero no contra Salmonella typhimurium, Shigella flexneri y Escherichia coli. Otro mecanismo posiblemente envuelve el sistema inmune como responsable de la protección conferida por S. cerevisiae var. boulardii contra estos enteropatógenos. Toma et al (2005), encontró que probablemente S. boulardii puede estar implicada en la conversión de diferentes compuestos tóxicos tales como agentes mutágenicos en productos no reactivos, característica que junto la resistencia a temperatura y acidez (Fietto et al, 2004) y la resistencia a antibióticos, genera un panorama muy prometedor para el uso de este microorganismo comparado con otros probióticos.
S. cerevisiae es un microorganismo probiótico que ha sido estudiado en especies como cerdos, bovinos y caballos en los que se ha utilizado como promotor del crecimiento (Medina et al, 2002). En el estudio de Dann et al (2003), se observó que se mejoraba la producción de leche cuando se suministraba la levadura en la dieta de bovinos, En animales como terneros se ha mostrado que se mejora la absorción de nutrientes y se mejora la producción de los animales a los que se suministra en la dieta (Kung et al, 1997).
Saccharomyces contiene grandes cantidades de ß-glucanos en su pared celular, que actúan como promotores de la activación inespecífica del sistema inmune. Estos compuestos, son polímeros de glucosa con uniones beta-(1-3) que se pueden encontrar en forma de
partículas o en forma soluble y tienen capacidad inmunoestimulante, mediante la estimulación de macrófagos y neutrófilos y de esta manera protegiendo al huésped de infecciones, ya que en situaciones de estrés se producen y liberan corticoides endógenos, que deprimen la respuesta inmune y se genera un desequilibrio en la flora intestinal, situación propicia para la colonización por patógenos (Pelizon et al, 2003).
El valor nutritivo de la levadura varía dependiendo del sustrato utilizado para su crecimiento y también del proceso industrial al cual es sometida (Alvarez y Valdivia, 1980). Existen reportes que indican que cantidades del 10 al 15 % de levadura, como sustituto parcial de la harina de soya en raciones de pollos de engorde, no afecta el comportamiento productivo de las aves (Murakami et al., 1993). Las levaduras no son parte de la flora normal de los monogástricos, sin embargo al estar situadas en bajo ciertas condiciones anaerobias pueden aportar enzimas como lipasas, proteasas, vitamina B, aminoácidos, minerales, iones metálicos y otros cofactores (Pardio, 1996).
Al consumir el oxígeno debido a su metabolismo, pueden estimular el crecimiento de microorganismos anaerobios característicos del tracto gastrointestinal. Al encontrarse adheridas a enterocitos, y debido la absorción celular que tiene en su pared, esta levadura puede ser fuente y reserva de zinc, potasio y cobre. Pueden aportar factores de crecimiento, vitaminas del grupo B, inhiben toxinas y debido a la producción de ácido glutámico aumentan el gusto de los alimentos (Dawson, 1987).
En Cuba se han realizado estudios que incluyen S. cerevisiae, con bagazo de caña de azúcar en concentraciones de 10%, 15% y 20 % (p/p) a la dieta tradicional suministrada a los polluelos para evidenciar los beneficios que genera en el animal, encontrando que después del período de evaluación, la levadura puede constituir portadores de nutrientes con características favorables, aumentando el peso del pollo en un período de tiempo aceptable y a la vez disminuyendo los costos de producción (Solano et al, 2005).
Los beneficios que ofrece este microorganismo para los pollos radica en lo enumerado anteriormente y además porque se señala que su utilización como probiótico, reduce algunos enteropatógenos, produce cambios favorables en la mucosa intestinal y mejora el comportamiento productivo con raciones bajas en proteína (Kumprechtová et al., 2000) por lo que la evaluación de este microorganismo se hace muy importante como mecanismo para verificar que las cepas en estudio pueden ser suministradas al polluelo, y resisten las condiciones del tracto gastrointestinal.