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Aplicación y evaluación de probióticos en aves de corral.

2.2 PROBIÓTICOS PARA AVES DE CORRAL

2.2.4 Aplicación y evaluación de probióticos en aves de corral.

Los probióticos para pollos son diseñados para reemplazar organismos benéficos que no se encuentran en el tracto alimenticio o para proveer al pollo de los efectos benéficos de los mismos (Abdudrahim, 1999). Estos microorganismos pueden estar ausentes porque los métodos actuales de crianza previenen el contacto entre el polluelo y su progenitor previniendo la transferencia vertical rápida de bacterias benéficas o por prácticas de manejo que pueden alterar la microecologia intestinal; adicionalmente, la producción de corticoides endógenos por estrés, deprimen la respuesta inmune del animal, desencadenando un desequilibro en la flora luminar del tubo digestivo. En el caso de los pollitos que son criados lejos de sus madres y adquieren del medio ambiente su flora, trae como consecuencia que la flora intestinal de los polluelos recién eclosionados “modernos” sea deficiente comparado con la de los pollos incubados por sus madres biológicas (Fuller, 1992).

Existen dos grupos grandes de preparaciones de probióticos: aquellas que primariamente son efectivas en el buche (en esta parte del TGI se encuentra gobernado el mecanismo de colonización, ya que allí se lleva a cabo la multiplicación de la flora bacteriana y posteriormente esta migra para colonizar las partes bajas del sistema digestivo) y regiones anteriores del tracto alimenticio y aquellas cuyo efecto es principalmente en el intestino ciego. Sin embargo ambas preparaciones pueden ser efectivas a través de todo el sistema digestivo (Fuller, 1992). Si se proporciona microflora a las aves, por lo común de contenido de ciegos, se produce una alta protección estable 32 horas después, lo cual limita con eficiencia la prevalencia de la infección de Salmonella sp. La exclusión competitiva funciona contra la exposición animal continua elevada y con frecuencia, previene las infecciones cuando existe contaminación con Salmonella sp. en bajas cantidades (Jordan F. y Pattison M, 1998).

Aunque un número de observaciones empíricas ha sugerido que, algunas preparaciones que contienen bacterias son probióticos efectivos, el uso de organismos vivos es enfatizado para muchos productos debido a que la colonización intestinal es esencial para la eficacia del mismo (Fuller, 1992). De la misma manera, se ha estudiado la posibilidad de proporcionar a los pollitos un cultivo de heces proveniente de pollos adultos, como

alternativa al uso de antibióticos para controlar Salmonella sp, ya que mediante este método el patógeno puede no ser eliminado y generar resistencia (Oliveira et al, 2000).

Según Tortuero (1973), en pollos de engorde, la administración de probióticos fue tan benéfica como la de un promotor de crecimiento convencional en lo que hace referencia al incremento de peso y al índice de conversión. Dilworth y Day en 1978 condujeron experimentos evaluando probióticos en la dieta de pollos de engorde. Se obtuvo un significativo mejoramiento en el peso y la eficiencia del alimento. Para 1979, Crawford encontró que un cultivo probiótico en la proporción de 454 g por tonelada de alimento, mejoró la conversión alimenticia en pollos sometidos a la prueba desde el nacimiento hasta el día del sacrificio. En 1978 Couch agregó un probiótico a un alimento para pollos de engorde obteniendo un incremento en los promedios de peso, decreciendo la mortalidad en un 4% (Fuller, 1992).

Para asegurar la habilidad de colonizar, el probiótico debe adherirse al epitelio del buche, crecer en el medio ambiente del intestino y resistir mecanismos inhibitorios naturales o innatos. La tolerancia a bajos rangos de pH también es importante para permitir la colonización del intestino delgado y la sobrevivencia al medio ambiente de la molleja. Factores adicionales tales como temperatura óptima de crecimiento y resistencia a ácidos grasos insaturados pueden ser también significantes en la colonización (Fuller, 1992).

2.3. Saccharomyces cerevisiae

2.3.1. Generalidades

Levadura es un nombre genérico que agrupa a una variedad de hongos, incluyendo tanto especies patógenas para plantas y animales, como especies no solamente inocuas sino de gran utilidad. Se encuentran clasificadas dentro de los Ascomicetes y Basidiomicetes pertenecientes al orden Endomicetales. Las levaduras constituyen el grupo de microorganismos mas íntimamente asociado al progreso y bienestar de la humanidad. La membrana celular consta de polisacáridos y muy poca quítina. Tienen glucógeno como sustancia de reserva y contienen también numerosas vitaminas (Barnett, 1990).

Saccharomyces cerevisiae es un anaerobio facultativo: transformando azúcar a la misma velocidad, la levadura aeróbica produce dióxido de carbono, agua y una producción relativamente alta de nueva levadura, mientras que crecida anaeróbicamente tiene una

velocidad relativamente lenta de crecimiento, que se acopla a una alta conversión de azúcar en alcohol y dióxido de carbono. Dentro de sus requerimientos nutricionales se encuentra el carbono, como el mayor compuesto encontrado en la célula, utilizando para su metabolismo glúcidos como hexosas, disacáridos y trisacáridos. El nitrógeno, es utilizado en forma de ión amonio y es utilizado en aminoácidos, vitaminas y nucleótidos. Otros elementos como fósforo, azufre, potasio, magnesio, calcio, zinc y manganeso son importantes dentro de su metabolismo (Bouix, 2000).

Algunas especies de levaduras del género Saccharomyces son capaces de llevar a cabo el proceso de fermentación, propiedad que se ha explotado desde hace muchos años en la producción de pan y de bebidas alcohólicas. El estudio de las levaduras como modelo biológico ha contribuido de manera muy importante a dilucidar los procesos básicos de la fisiología celular. (González, 2000). En años recientes se ha implementado su uso como probiótico, entre las que se incluyen Saccharomyces cerevisiae, Saccharomyces uvarum y Saccharomyces cerevisiae var. boulardii (Arora, 1991).

Dentro del género Saccharomyces, la especie cerevisiae constituye la levadura y el microorganismo eucariote más estudiado. Así, desde fines del siglo XIX se reconocieron algunas de las ventajas que ofrece el uso de esta levadura como biológico en la investigación: por un lado, la facilidad con la que se obtienen grandes cantidades de este microorganismo debido a su facilidad de cultivo y su velocidad de división celular (aproximadamente dos horas); y por otro, el hecho de que S. cerevisiae posee un ciclo de vida que al incluir una fase sexual, permite abordar estudios con las herramientas que provee la genética formal (González, 2000).

Por medio de receptores anclados a la membrana celular, esta levadura puede responder a la presencia de moléculas que actúan como señales en una condición fisiológica determinada, estas señales se traducen por un sistema de señalización en el que participan cinasas denominadas “proteín-cinasas”, que le permiten resistir exposiciones a alta o baja osmolaridad, la presencia de una alta o baja concentración de sal en el medio de cultivo o de pH, por lo que se genera una señal, que al interaccionar con un receptor específico, pasa a través de una serie de moléculas intermediarias hasta modificar un determinado regulador transcripcional, que es capaz de activar o reprimir la expresión de un gen o grupos de genes. Esto le permite a la célula transcribir de manera selectiva un grupo de genes específicos, cuya traducción resultará en la síntesis de los productos que le permitan contender de manera eficiente con la condición fisiológica en la que se encuentra, y por tanto mantener la

viabilidad, esporular, crecer en forma de filamentos, etc. Así se han descrito en S. cerevisiae distintas cascadas que responden a estímulos ambientales diferentes y específicos (González, 2000)