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LA FILOSOFÍA DE LOS PADRES DE LA IGLESIA

B. Antignósticos.

La gnosis del siglo II es una nueva teosofía que encierra elementos de la filosofía griega y de doctrinas secretas orientales. Sólo se estima el conocimiento (gnosis) y se desprecia la simple fe. Como el hombre consta de carne, alma y espíritu, hay hombres «hylicos» (materiales), «psíquicos» (animales) y «pneumáticos» (espirituales). Sólo los espirituales participarán, en el «cristianismo del espíritu», de la plena redención por Cristo. Valentín, que, hacia el 150, enseñó en Alejandría, lo explica todo por emanaciones de Dios, que se van haciendo peores según se alejan de Él, hasta que se hunden por fin en la materia más oscura, que es el asiento del mal. Saturnino y Basílides, que enseñaron hacia el 150, admiten dos principios eternos, de la luz y las tinieblas, que se juntan en el hombre, por lo que éste se convierte en campo de batalla entre el bien y el mal. El maniqueísmo, fundado por el persa Mani (216-277), prescribe a los perfectos, para liberarse de la materia, la renuncia al matrimonio y a comer carne, y aconseja la muerte voluntaria por hambre. Esta doctrina se continuó en los cátaros (los «puros») hasta el siglo XIII.

Entre los primeros impugnadores de la gnosis se cuenta Ireneo,

La primera patrística

que era oriundo de Asia Menor y fue luego obispo de Lyón, donde, hacia el año 202, hubo de sufrir el martirio. En su Refutación de la falsa gnosis, hace ver que por la gnosis queda desvalorada la acción redentora de Cristo y se haría superflua la acción de la Iglesia. Ireneo nota la vanidad de pretender intuiciones más profundas más allá de la revelación divina. Contra la desestima de la materia, acentúa la corporalidad de Cristo y la fe en la resurrección de la carne. Hipólito de Roma (f 236), en su Refutación

de todas las herejías, hace ver que el mal no puede entenderse como

substancia, sino como privación de bien; por lo cual no tiene sentido la identificación del mal con la materia.

Sin embargo, la gnosis no fue vencida porque se la impugnara, sino porque se le opuso una gnosis cristiana. Ello acaeció en la escuela catequética (kátekhein = instruir) de Alejandría, la primera escuela superior de teología cristiana. En los años 180-200, esta escuela fue dirigida por Panteno, un filósofo estoico que se hizo cristiano en edad madura.

Clemente de Alejandría (150-215), oriundo de Atenas e introducido en la

filosofía por Panteno, recibió de su maestro la dirección de la escuela y en ésta desarrolló el ideal del gnóstico cristiano. Clemente distingue tres grados de perfección: 1. El filósofo, que es iluminado por Dios, aunque Dios no le hable directamente, como a los profetas, sino por medio de la razón. La filosofía es buena, pues hace uso de la razón, que es el más precioso don de Dios. Para todos los que no llegan al cristianismo, ella es la guía de la vida; y para los cristianos, el mejor medio de exponer y defender su doctrina. 2. El cristiano, que, al aceptar por la fe la revelación, es superior al filósofo. La revelación es la «señora de 1a filosofía», juzga de la verdad de todos los sistemas filosóficos y posee ya visiones o ideas a las que aún tiene que llegar la filosofía. 3. El gnóstico, que, como síntesis de filosofía v revelación, es conclusión, y coronamiento en la evolución del cristiano. Hallamos aún sin duda, en pormenores, rasgos del sabio estoico; así la apatheia (carencia de pasiones) y el fuerte realce de la razón, que es hasta punto tal la naturaleza del hombre, que el cuerpo, como tal, viene a ser un montón de tierra. Sin embargo, el gnóstico cristiano se distingue del estoico por la caridad o el amor.

Antignósticos

que culmina en el amor a Dios. El cristianismo venció a la filosofía griega al admitirla en sí mismo.

Orígenes (185-253) no es solamente el teólogo más importante de esta escuela, sino que, en la pura especulación filosófica, no fue ya alcanzado por ningún padre de la Iglesia de oriente. Es oriundo de Alejandría, fue cristiano desde niño e iniciado en la filosofía griega por su propio padre, por Clemente y seguramente también por Amononio Saccas. Ya a la edad de 18 años se le encomendó la dirección de la escuela catequética, que elevó a su máximo esplendor del año 203 al 231. El año 232, por doctrinas no conformes con la Iglesia y por su ordenación sacerdotal ilegítima (por su mutilación, era irregular), fue excluido de la clase presbiterial y. depuesto de la dirección de la escuela. Entonces marchó a Cesarea de Palestina, en que fundó una escuela propia. Murió en Tiro, a consecuencia seguramente de las torturas sufridas durante la persecución contra los cristianos. Orígenes fue un profesor brillante, un escritor extraordinariamente fecundo y, por añadidura; hombre de diamantina capacidad de trabajo (el «diamantino»), y fue ya admirado por sus contemporáneos como el más grande teólogo. Como cultivó dondequiera nuevos campos del pensamiento, no podía, dejar de caer, dada su audacia, en errores varios. Como los herejes apelaban constantemente a él, fue condenado por el emperador Justiniano, el año 543, y por el segundo concilio de Constantinopla, el de 553.

1. Filosofía y revelación.

La filosofía no ha llegado por sí misma a ninguna verdad nueva, sino que lo tomó todo del Antiguo Testamento. Tampoco ha contribuido para nada a la mejora moral del hombre. La sola filosofía verdadera es la revelación divina, en que están contenidas todas las verdades. Para demostrarlo, Orígenes admite en la Sagrada Escritura un triple sentido: 1) el literal, que se destina a los incultos, los cuales, como los niños, sólo conocen en groseros velos u ocultaciones; 2) el tropológico o figurado, para los adelantados, y 3) el espiritual, para los sabios. Para, una visión espiritual, todos los milagros son naturalmente explicables; sólo son «milagros»

La primera patrística

para los incultos. Orígenes fue uno de los más grandes exegetas, pero no siempre fue afortunado en la elección del sentido. Interpretaba literalmente Mt 19, 21 (sobre los que se castran a sí mismos) y tropológicamente las penas del infierno, con lo que se puso en pugna con la doctrina de la Iglesia.

2. Dios y el mundo.

Orígenes demostró de forma tan convincente la espiritualidad de Dios, que en adelante desaparecen de la literatura teológica todas las interpretaciones materiales. Su alta idea de Dios lo lleva a una teología «negativa». Efectivamente, como todos nuestros conceptos humanos no son ya válidos para Dios, sólo podemos decir de Él lo que no es, no lo que es. Respecto del mundo enseña la creación ex nihilo; y, como también la materia procede de Dios, quedan refutados los gnósticos. Sin embargo, enseña un mundo eterno, pues la bondad eterna de Dios necesita un objeto eterno. Pero el eterno no es nuestro mundo; a él han precedido mundos innumerables, como otros innumerables le seguirán.

3. El hombre.

El primer mundo constaba de espíritus de igual perfección. ¿Qué pudo haber movido al Dios justo a repartir distintamente sus dones? También nuestras almas estaban entonces entre aquellos espíritus. Si hoy los espíritus descienden gradualmente desde el mejor ángel al peor demonio, ello depende del libre albedrío, que Orígenes funda cuidadosamente por la observación propia y ajena. Por el uso fervoroso del libre albedrío los espíritus se convirtieron en ángeles, por el no uso, en demonios. Los espíritus que eran demasiado malos para pasar a ángeles y demasiado buenos para ser demonios, se convirtieron en hombres. Para su castigo fue creado el mundo material, y ellos fueron, también como castigo, desterrados en un cuerpo. Todavía tiene el hombre tiempo de decidirse. Puede convertirse en ángel o en demonio. Orígenes está persuadido del triunfo definitivo del bien. Alude a la materia, de la que cada uno ha recibido la parte que necesita para su corrección. También nuestros padecimientos contribuyen a la purifica-

Alta patrística de oriente

ción. Los ángeles buenos vienen en nuestra ayuda; los demonios, por la tentación, nos dan ocasión de prueba. El Logos mismo vino a la tierra para redimirnos.

Según el grado de mejoramiento es destruido cada mundo antiguo y se crea otro de materia más fina, hasta que todos los espíritus estén de nuevo maduros para la pura espiritualidad. Como por fuego serán aún borradas las últimas impurezas. Al fin toda maldad será expiada y toda suciedad purificada. Aun en los demonios irradiará entonces la primigenia belleza. Ahora bien, cuando todo haya vuelto a Dios, Él reinará de nuevo en el imperio de los puros espíritus y Jo será todo en todos.