c) Educación política: Para evitar esta decadencia, el Estado educará cuidadosamente la juventud de los dos estamentos superiores Por medio
2. Metafísica.
Aristóteles no conoció aún el término técnico de «metafísica», que aparece por vez primera en Boecio (f 525 d.C.), sino que habla de «filosofía primera». Ésta estudia el ente como ente, es decir, 1a razón o fundamentos de ser de todas las cosas reales. Su objeto es lo universal, a que todo particular puede ser reducido. Ahora bien, como Dios es el fundamento último del ser, la filosofía primera puede también llamarse «teología». Sólo ella, entre todas las ciencias, es fin en sí misma, es la más divina de todas; en ella se actualiza de la forma más noble el espíritu, por el que el hombre es semejante a Dios.
a) Materia y forma: La filosofía anterior fracasó ante el problema del cambio (del fieri, del devenir). Heraclito se da cuenta del cambio, pero es ciego para el ser permanente. Parménides ve el ser permanente, pero se ciega para el cambio. Demócrito y Platón explican el mundo por átomos que se mueven o por ideas eternas, respectivamente, pero los separan del mundo fenoménico y no hacen tampoco justicia a los procesos reales del mundo.
Aristóteles
Aristóteles resuelve ahora el antiguo problema por su famosa distinción entre materia y forma. Cuando las cosas cambian, hemos de admitir en las cosas mismas un doble elemento: algo que permanece igual y algo que se hace otro; lo primero es la materia, lo segundo la forma. La materia es, pues, aquel elemento primero que subyace a todos los cambios y permanece el mismo en todos ellos; la forma, aquella figura que toma una cosa que cambia cuando ha abandonado precisamente una figura anterior. El cambio es, por tanto, un constante ir y venir de formas en una materia que permanece igual.
Sólo el «compuesto» de materia y forma constituye la substancia de las cosas particulares. Por eso la substancia es una unidad sintética que nunca puede disolverse. La forma no puede faltar nunca, pues ella es la esencia de la cosa, sin la cual es inconcebible una existencia. La materia no puede faltar nunca, pues cada forma sólo puede realizarse en una materia. Sólo por razón pueden distinguirse. Sin embargo, no son construcciones ideales, sino principios del ser. Aristóteles llama a una y otra «substancia». Aunque no pueden existir por sí solas, tienen, sin embargo, existencia substancial en la cosa formada por ellas. ,
Aquí se ve con la mayor claridad la dependencia y, a par, el contraste respecto de Platón. Aristóteles identifica su forma con la idea de Platón; la forma es todo el ser, la materia no añade nada. Pero la forma no existe separada de las cosas, sino en las cosas. Nuestros conceptos no son, por lo tanto, imagen de las ideas, sino reflejo fiel de la esencia de las cosas reales. Nuestro espíritu no se dirige a lo universal antes de las cosas, sino a lo universal en las cosas. Así puede cerrar Aristóteles la sima abierta por Platón.
Ahora puede explicar Aristóteles el cambio o movimiento de las cosas, para lo que identifica materia y forma con potencia y acto (posibilidad y realidad). La potencia radica en la materia, el acto en la forma. El cambio es la transición de la potencia al acto. Desaparece una forma y entra en su lugar otra que estaba ya en potencia. El cambio tiene lugar en la naturaleza o en la actividad humana. En el primer caso se trata de un ser orgánico en que, por ejemplo, la semilla lleva ya en potencia la forma de la planta. En el segundo caso, la forma está en el espíritu del hombre, y la
Edad de oro de la filosofía ática
potencia en la materia, por ejemplo, cuando un artista, de un bloque de mármol, forma una estatua de Zeus.
b) Las cuatro causas: Precisamente el ejemplo del bloque di mármol
lleva a Aristóteles a su teoría de las cuatro causas. El bloque mismo es la causa material (causa materialis), la forma d Zeus que se pretende es la causa formal (causa formalis), los golpe del cincel la causa eficiente
(causa eficiens) y la exposición de 1; estatua en un templo la causa final (causa finolis). Las dos primera son causas intrínsecas; las dos últimas,
extrínsecas. Esto se ve e: los seres vivos, en que las formas mismas son fuerzas que obra inconscientemente, de la semilla sacan la planta y de ésta flores frutos. Pero la realización de la forma es para ellas el cumplimiento del fin, por lo cual la forma es, a par, causa final. La materia tiene como un deseo de la forma y la busca de suyo.
c) Substancia y accidente: Si la cosa particular es el ser propiamente
dicho, le conviene en primer término la denominación d «substancia». Si se quiere designar también la idea como substancia; sólo es «substancia segunda», que no tiene consistencia en sí misma, sino sólo en la substancia primera de la cosa particular.
La materia que se forma por vez primera es la materia prima; la forma que la determina es la «forma substancial» (forma substantialis). Cada cosa es determinada substancialmente sólo una vez; todas las otras determinaciones que le sobrevienen son «accidentes». Aristóteles conoce nueve grupos supremos de accidente; cantidad, cualidad, relación, acción, pasión, lugar, tiempo, posición y estado. Forman con la substancia las llamadas diez categorías.
d) Jerarquía de las formas: Podríamos ensayar de ordenar toda la
realidad sobre una esfera en que un polo es la materia informe y el otro la forma más pura y suprema. Luego habríamos de aproximar las cosas a uno u otro polo según el grado de su formación Así resulta cierta jerarquía de las formas.
Materia informe: Una materia totalmente informe (materia prima) puede existir realmente. En efecto, como todo es realizado p la forma, nada real puede darse sin forma. La «materia prima» es un ser, sino sólo un principio de ser por el que, juntamente c la forma, se hace una cosa. Por eso, ella sola es el ser más dé y casi nada. Sin embargo, desempeña un gran papel en la estruc-
Aristóteles
tura del mundo: 1. Es el «principio de individuación», es decir, la razón por que hay cosas particulares. Sin ella, sólo habría formas universales. Sólo por ella puede haber en una especie muchas cosas de la misma especie. 2. Da a las formas existencia real porque sólo las cosas particulares son reales. 3. Explica las deformaciones y monstruosidades del mundo, que proceden de que la forma no pudo dominar enteramente a la materia. 4. Explica también lo la asual en el mundo, que no puede calcularse científicamente.
La forma pura: No puede existir una materia informe; en cambio, tiene que darse una forma sin materia alguna. Esa forma no sólo es activa de por sí, sino también causa de toda actividad. Todo lo que se hace real, se realiza por otro. Como Aristóteles llama también a esta realización movimiento, llega al axioma: «Todo lo que se mueve, se mueve por otro.» Ahora bien, en la cadena de los motores no podemos proceder hasta el infinito, pues una serie infinita no se alcanzaría nunca y no habría, por tanto, nada real. Tiene que haber un primer motor inmóvil, que es Dios. Dios mismo está fuera o más allá de la cadena de motores. Efectivamente, como el amado suscita en el amante el amor, que impulsa a la acción, así suscita Dios en todos los seres el anhelo de formarse según Él. Dios mismo no es causa eficiente, sino causa final. Aquí se ve con particular claridad lo cerca que está Aristóteles de Platón.
Dios: Dios es forma pura sin materia, acto puro sin mezcla de potencia,
realidad infinita, eterno, inmutable, separado de todas las cosas y, sin embargo, causa de ellas, no sólo causa de sus movimientos, sino también su fin último. Aristóteles identifica por vez primera lo inmaterial con el espíritu, pues sólo éste está constantemente activo. Por eso es Dios la suprema realización del pensamiento. Este pensamiento no tiene por objeto las cosas externas mudables, pues entonces se introduciría también mudanza en Dios. Su pensar es purísimo pensar en sí, o la conciencia más perfecta de sí. En esta pura visión consiste la infinita bienaventuranza de Dios, pues el perfecto conocimiento es la bienaventuranza consumada.
Aristóteles llega ya a un alto concepto de Dios: 1. Su monoteísmo está científicamente fundado. 2. Enseña un Dios trascendente » distinto del mundo. 3. Identifica lo inmaterial con lo espiritual. Se
edad de oro de la filosofía ática
comprende que Tomás de Aquino no se enlazara con Platón, sino con Aristóteles. Sin embargo, este Dios no es aún el Dios cristiano: