de modo mágico
Muy a menudo abandonar una determinada casa resulta muy violento, quizá porque ha pa- sado allí una gran parte de su vida o porque fue donde se sintió feliz y contento. En su mayor parte esta sensación ante la casa se produce porque usted y su familia han «llenado» hasta las piedras con que está construida con su esencia. Esto ha sido retroalimentado hasta usted por la casa misma; si recuerda lo que le he dicho sobre las mentes de grupo, la casa de una familia feliz, o incluso una en donde ha tenido lugar una tragedia puede formar una mente de grupo muy sustancial a partir de la vida que allí se ha llevado. La razón del funcionamiento de un amuleto está en la emoción que hay dentro de la piedra. La piedra retiene la emoción mucho más que cualquier otra sustancia, y por tanto una casa, sobre todo cuando es de un material de piedra natural o está construida sobre roca sólida, formará una mente de grupo muy poderosa que tenderá a unirse a ese lugar. La sensación de abandonarla es la misma que cuando se abandona a un animal muy querido a los nuevos propietarios.
Pero no hay necesidad de inquietarse, sim- plemente llévese con usted a la mente de grupo o al elemental de la casa. Es muy simple y no se necesita más que una vela. Primero, tendrá que explicar a la mente de la casa que está pensando en mudarse y le gustaría llevarla al nuevo lugar. Déle tiempo... Permítale pensar las cosas, si es posible deje allí una o dos fotos del nuevo lugar. Parecerá una tontería, pero puedo asegurarle que funciona. Los europeos tienen incontables historias sobre estas cosas, sobre todo en Polonia, en donde los Domovoi o espíritus
Cuando haya dado a la mente doméstica tiempo para pensarlo unos días y acostumbrarse a la idea de mudarse, compre una vela grande, bastante grande para arder por lo menos 30 horas. Elíjala de un agradable color claro, azul, verde pálido, amarillo claro o quizá roja. Empiece por la parte superior de la casa el día anterior a la mudanza. Coloque la vela en la primera habitación y enciéndala, dígale a la mente doméstica que quiere llenar la llama con todos sus buenos sentimientos y recuerdos de esa habitación, y que pase los sentimientos desde la llama hasta la propia vela. Déjela arder durante una hora y pásela a otra habitación, sin apagarla, repitiendo la intención. Gradualmente, lleve la vela encendida por toda la casa, asegurándose de que no deja ninguna babrtación sin r¡sitar, ni siquiera el ático que no utiliza, el servicio y el garaje. Finalmente déjela en la habitación que más usa, en donde late unido el corazón de la familia, déjela allí hasta el momento de la mudanza. Asegúrese de que en ningún momento se apaga la vela. Póngala en una esquina, donde no haya corriente de aire.
Procure también que con el alboroto no la tire al suelo ni se la deje olvidada. Debe ser la última cosa en cambiar de casa, y si es posible, manténgala encendida hasta llegar al nuevo hogar. Esto es posible si tiene una linterna de vela del tipo antiguo. Si no, en la puerta de salida dígale a la mente doméstica que se funda en lo que queda de la vela (deberá quedar por lo menos la mitad) y apáguela pellizcándola con los dedos.
Cuando llegue a la nueva casa puede empezar a llenarla con su antiguo doméstico. Ahora algunos estarán preguntándose, ¿pero, y si la
nueva casa tiene ya una mente doméstica? Cierto, si la casa es nueva no hay problema, simplemente enciende la vela nana más llegar, empezando por el piso más bajo y subiendo hacia arriba, dándole a cada habitación por lo menos una hora de vela (entenderá ahora la importancia de comprar una vela lo bastante grande) dejándola encendida hasta llegar a la última habitación.
Si la casa ha sido utilizada por otra familia, tendrá que dejar espacio a otra mente doméstica. Podernos apostar cinco contra diez que los antiguos propietarios ni conocían a su mente doméstica ni se preocupaban de ella, por lo que tendrá que hacerlo por ellos. Si es posible, procure visitar la nueva casa y siempre que los antiguos dueños se hayan mudado y pueda estar solo explíquele a la mente doméstica, que pro- bablemente se sentirá perpleja, que usted se muda allí y lleva con usted a su propia mente doméstica, pero que no es necesario que se sienta abandonada pues pronto tendrá una compañera. Déle como regalo un trozo de su propia vela y enciéndala con una invocación en pro de la salud, felicidad, prosperidad, y atmósfera amorosa. Reúna a la mente doméstica en la llama, puede hacerlo rápidamente, unos cuantos minutos en cada habitación, pues a diferencia de su propia mente doméstica no la está llevando a mucha distancia. Lleve ahora su vela de su propia mente doméstica y colóquelas juntas
encendiéndola una de la otra. Páselas por la casa hasta que hayan terminado de arder. Lleve algunas flores a la casa lo antes posible, mejor todavía una planta creciendo en una maceta. Si tiene algún animal, la mente doméstica se sentirá más a gusto, pues suele comunicarse con los animales más fácilmente que con los seres hu- manos.
Si no es posible visitar la casa de antemano, haga esto en un plazo de 24 horas una vez que se haya mudado y no encienda su propia vela hasta que haya reunido a la mente doméstica; entonces podrá liberarlas juntas, como una entidad nueva y reforzada. Recuerde incluir a su amigo doméstico en las celebraciones y acontecimientos. Hágale un presente por Navidad, una nueva esterilla de la puerta, una porcelana en forma de casa, una lámpara o incluso sólo una hermosa vela. Inclúyela en sus planes y si va a irse pida que cuide de las cosas por usted. ¡No siempre ahuyenta a los ladrones, pero seguramente conseguirá «que se pierdan» en esos momentos las cosas que usted más quiere. Pero las cosas forman parte del fenómeno que llamamos universo, los seres animados y los inanimados compartimos todos la sustancia de nuestro ser. La mente de la casa puede no ser consciente del modo en que entendemos la palabra, pero a su nivel puede marcar la diferencia entre un hogar feliz y uno desgraciado.