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Apertura y Vínculo

Lo que le da su valor a una taza de barro es el espacio vacío que hay entre sus paredes. Lao - Tsé

En esta primera reflexión provisoria nos referiremos a una situación que hace a la economía del comportamiento como a los nuevos espacios del conocimiento económico fusionado con la ciencia natural (econo- biología, neuroeconomía, etc.) como a las exactas (econofísica, economía de redes, economía compleja, etc.). En todos esos casos, la economía y su ciencia alterna, buscan confluir y abordar a conclusiones que ‘no eran las acostumbradas’ para la economía, pero que tampoco lo eran para las alternas. Y ello da como resultado un espacio de beneficio mutuo, donde la ciencia económica puede valerse de técnicas y evidencia ya recolectada por su alterna, y ésta, además de valerse de la misma ventaja, ingresa en la órbita de la ciencia social de la mano de la economía93.

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Mas antes de continuar aclaremos algo crítico: Dado que hemos traído al foco aquellas fusiones que existen hoy de la economía y otras ciencias, áreas y disciplinas que le eran foráneas, debemos dejar en claro que las cuestiones fundamentales

En el caso de la economía del comportamiento, es su inervación con la psicología experimental y cognitivista la que exhorta a no ver el mundo como lo haría cualquier individuo egoísta maximizador de su bienestar propio. En otros casos, serán conceptos y fenómenos físicos, biológicos, neurológicos, y demás, que se combinan en un espacio común donde dos cuestiones destacables para el conocimiento, y desde allí para nuestras vidas: por un lado, lo que esas ciencias se estén preguntando (sea una cuestión de índole psicológica-cognoscituva, un fenómeno físico, un proceso biológico o uno neurológico), combinado con otro muy importante y tan cotidiano como aquéllos, como es la dimensión económica de individuos y grupos puesta en términos en donde se legitiman sus conclusiones en términos de más de una disciplina. Esta conjunción, allende sea más o menos fluida, más o menos plausible, más o menos dable de explicar fenómenos abarcativos o los procesos más acotados e improbables del conocer y acontecer humano, es una apertura de espacio –y caminos-, una porosidad, una mayor permeabilidad entre las ciencias (sin la obligación de reparar en que ambas sean sociales o naturales o exactas). Por otro lado, esa porosidad no se da en clave de ‘auxilio’ (esto es, por ejemplo, en el modo en que la arqueología auxilia a la antropología natural, por ejemplo), sino que ambas están en acción, echando mano de las estadísticas ya recabadas, de las teorizaciones ya adoptadas y criticadas, y hasta de las lógicas de razonamiento de la ciencia alterna, que puede acabar siendo de utilidad para la economía, que tal vez no devenga lógicamente en el modo de su alterna. No negaremos otro posible camino, como es que todo esto conduzca a una dirección no tan promisoria, y el resultado de trabajar con otra ciencia se convierta, en realidad, en un lecho de Procusto: con datos que no se atienen con corrección y completitud a lo que se hipotetiza, híbridos de discursos con serios baches o conclusiones forzadas, metodologías inapropiadas y un universo de otras [malas] posibilidades. Pero si nos guiásemos por ese criterio, no existiría la ciencia en general (y, en este panorama, no podríamos dar cause a esa tendencia humana a explicar[se] lo que nos rodea). Por eso, aún sabiendo que todo modo de ver es también -y necesariamente- un modo de quedarse ciego, apostamos a algo no ya tan pretencioso comenzar a ver con completitud, pero sí, al menos, a ser un poco menos ciegos...

Lo anterior nos conduce, de suyo, a pensar en el encuentro de esos espacios, en los caminos que los unen, y en el producto final de ello en términos epistemológicos: la [mayor o menor] interdisciplinariedad en que resulten. Esta aproximación, en terrenos de la economía del comportamiento, de la psicología y la economía, parece mostrar una razón valiosa para interesarse en ellas, si convenimos que partimos de dos de los campos que menos en común hubiésemos pensado que tienen dentro de la ciencia social, y que por esta razón, es posible que

de la economía del comportamiento (como su refutación, para decirlo con excesiva rapidez, de la plausibilidad del homo æconomicus), no se trasladan mecánicamente a otras áreas que se combinan con la economía como las que nombramos líneas más arriba. Es decir, la econofísica no se propone realizar esa refutación desde un espectro donde la física y la economía lleguen a sus conclusiones como tampoco la bioeconomía tiene su norte en ello. De este modo, hacemos alusión a ellas no en su objetivo epistemológico, sino en su carácter de diferenciadas de la economía convencional.

acabemos por pensar alejados entre sí dentro del espectro de aquellas (incluso pensando en enfoques al interior de cada una, como la psicología experimental y la economía neoclásica). Pero allende esta cuestión, en este camino hacia vínculos fluidos y productivos de las disciplinas, a pesar de los buenos ejemplos, no por ello estamos ante un espectro de producción profuso, sino que queda por hacer casi todo. Teniendo ello como una esperanza a futuro, podríamos ver en la economía del comportamiento (como en la econofísica, la economía computacional y demás) una entrada innegable: una posibilidad, un comienzo. Será productivo, en este sentido, reclamar como tarea presente y como condición futura un constante y creciente análisis epistemológico para estos abordajes.

El antecedente no es alentador en el campo de la economía, donde la mainstream naturaliza la mayoría de sus supuestos, situación que no es mucho mejor en la heterodoxa (incluso cuando esta hace interesantes objeciones a aquélla, ellas provienen de posiciones particulares que, por supuesto, arrastran supuestos y cosmovisiones que no revisadas. Ante este escenario, podríamos apelar a que las ciencias alternas, tengan una relación más fluida con sus respectivas autocríticas epistemológicas (sobre lo que no emitimos juicio o consideración alguna dada nuestra completa ignorancia acerca del estado de tales discusiones) y que así se trasladen a los abordajes que acompañen a la economía; pero, huelga decir que si un estudio es producto del encuentro entre dos disciplinas, sabe algo tuerto un análisis que provenga de una de ellas94 (sin contar con que éste, arrastrará a esa ciencia social las tensiones y complejidades que se aplican o han aplicado, a esa ciencia).