- Nettby
Hoy he encontrado un texto en la página de Anabell que, textualmente, nos dice:
Miércoles, 2 de junio de 2010, 15:27, lecturas: 20 - marintaler 52
"Hay 2 tipos de sinceridad en las personas:
La primera es la que como dice todo lo que piensa a la cara se cree con derecho de decirlo gritando,siendo mal educada y haciendo daño...
La segunda es la que piensa lo que dice,dice lo que piensa y lo hace educadamente,sabiendo cuando callar y no hacer daño...".
Esto me hace reflexionar, en el sentido que el primer tipo de sinceridad de las personas corresponde a aquellas que siempre desean ser perdonadas; mientras que, las segundas, se refiere a las que siempre perdonan. Aquéllas, siempre tendrán razón en todo; mientras éstas, sin embargo, siempre se equivocan. Aquellas son perfectas, éstas
incorregibles porque siempre tienen la culpa de todo.
No se trata de situarnos a qué grupo de personas pertenecemos en nuestro viaje de gansos, sino de valorar y
comprender que sea el tipo que nos haya tocado vivir, lo vivamos con intensidad. Al fin y al cabo los gansos vuelan en "V".
En este sentido, no se trata de quién es líder y quién no, porque tarde o temprano el líder tendrá que rezagarse para aprovechar la corriente que crea el grupo.
Cuando leemos el texto "Aprendiendo a perdonar", de Edgar Martinez, nos damos cuenta de esta realidad. No se puede, como pasa en el ejercicio de Rachel Charles, dejar de perdonar. En mi opinión, perdonar es olvidar con palabras; no hablar nunca más del tema ya superado. Muchas veces nuestro corazón se parte en pedacitos, pero no hemos de olvidar que cada uno de esos pedacitos te da más amor para regalar a los demás.
Un cordialísmo saludo para todos y para todas!
Marintaler
Barcelona 15:22:41 horas
Anabell
Aprovecha el día
- Nettby
Algunas veces nos relajamos y podemos perder la compustura en el aleamiento de la "V" de gansos, perdiendo su formación y alejándonos del grupo. Entonces es cuando tenemos que emplearnos más a fondo para alcanzar al grupo y situarnos en la formación.
Miércoles, 2 de junio de 2010, 15:55, lecturas: 11 - marintaler 52
Más no siempre podremos realizarlo, pero siempre contaremos con amigos que nos lleven a la sepultura o bien nos acompañen en el transitar vital de la existencia.
Y nos habremos separado del grupo porque el desaliento y el cansancio ha hecho mella en nosotros. Entonces es cuando nos rezagamos... Es curioso, pero el ser humano es el único animal que puede darse el lujo de fracasar y continuar vivo en la vorágine selvática del mundillo de los negocios. Y digo que se da el lujo, porque mientras otros siguen luchando por mantener la formación en "V", los ve alejarse en el tiempo y seguir su propio camino. Retrasado, desea volar tan alto como ellos pero le es imposible. Ha perdido a los que se alejaron de la formación para
acompañarle, por inclemencias del tiempo. Sus fuerzas no dan más.
Siente que sus huesos no responden y las alas tienden a quebrarse con el viento. A lo lejos, divisa un barco donde pretende descansar. Ello significaría abandonar la formación para siempre con este grupo que tanto le ha dado en la vida, con este grupo que le vio nacer y crecer.
Por más que los demás gansos gritaban al líder de la formación para que mermase el ritmo, la corriente de aire que les llevaba a emigrar les conduciría al mismo desastre de soledad del ganso rezagado, si no continuaban a la altura recomendada.
Mientras, el ganso rezagado alimentaba sus sueños de descansar en el barco al menos una noche. Coger fuerzas y reemprender el viaje para adentrarse ya en otro grupo de gansos que realizaran la misma trayectoria.
No tenía con quien expresarse al encontrarse solo y abatido. Pero deseaba en lo más profundo de su corazón hacer algo extraordinario. Avanzaba la tarde y caía la noche. El sol, quejumbroso, lloraba la ausencia de su esplendor meridiano. ¿Cómo podía cambiar el mundo, si apenas le llegaban fuerzas para aterrizar en el barco? Cambiándose a sí mismo.
Al amanecer, todo un día saturado de posibilidades era suyo. Estaba agradecido con el hecho de estar vivo y saber que compartía, en ese mismo instante y aunque no estuviesen ahora presentes, todas las anécdotas y aventuras que departió con el grupo que le vio nacer. Era protagonista de su propia historia.
Y comenzó a soñar y a sentirse libre. Y cuando emprendió el vuelo no dejó de gritar. Alguien le escucharía. Emitió su alarido lo más fuerte que pudo por los techos del mundo. A lo lejos, divisó una manada de gansos. ¡Todo lo anterior se había superado y estaba vivo! Voló tan alto y batió con tanta intensidad sus alas, sin temor a que se
resquebrajaran. Valoró la belleza del amanecer y de las cosas simples del aire que golpeaba sus sienes. Sabía en su interior que alcanzaría al nuevo grupo. Tenía toda una vida por delante. Vivió intensamente la ocasión y encaró su tarea de alcanzar el grupo, sin miedo. Y, cuando por fin alcanzó el grupo y se integró, su corazó se llenó de alegría al comprobar que era el mismo grupo de siempre que había volado al ritmo del barco para no perderlo. Entonces aprendió la lección:
"No existe nadie tan sabio que no pueda aprender algo nuevo, como tampoco hombre tan pobre que no tenga algo por enseñar".
Un cordialísimo saludo para todos y para todas!
Marintaler
Barcelona 15:48:49 horas