- Nettby
En la interconectividad de nuestras relaciones no podemos prescindir de nuestros sentimientos ni de nuestros pensamientos o comunicaciones. Están tan estrechamente ligados, que es imposible separarlos ya que por naturaleza han sido instaurados en nuestras vidas humanas.
Viernes, 4 de junio de 2010, 10:31, lecturas: 11 - marintaler 52
Quiere decirse, que los sentimientos nunca van separados de las expresiones, porque son parte de ellas. A su vez, la comunicación también requiere de sentimientos, al tiempo que ponemos énfasis en las cosas que expresamos; con lo cual, llegamos a nuestro auditorio. Lo que está en línea con lo planteado en nuestro artículo "Cabeza Vs Corazón", donde los poníamos en una balanza que, a la postre, quedó completamente equilibrada.
Por lo que al tema de hoy respecta, tenemos que no podemos vivir separados porque estamos interconectados hasta tal punto que, aún por lo que hace a nuestros seres más queridos que nos han dejado para siempre, los llevamos en nuestros corazones y, por qué no decirlo, aún surgen imágenes positivas del recuerdo en nuestras inteligencias. Así, para hacer sencillas nuestras relaciones con los demás, hay que tener en cuenta lo dicho con anterioridad; porque si tomamos a cada persona que comparte nuestras existencias como si fuera la última vez que la viéramos, nos esforzaríamos en brindarle no solamente lo mejor de nosotros mismos, sino también el que se sienta lo más confortable y feliz posible a tu lado. Al fin y al cabo, todos somos personas, seres humanos que compartimos una misma existencia, una misma vida y unos mismos hechos: nacemos para morir.
Por tanto, cuando compartamos nuestros sentimientos y nuestras existencias, hagamos llegar la felicidad por doquier, demos alegría y transmitamos cordialidad. Sin esperar recibir nada a cambio.
Por demás está decir que si hubiese problemas de comunicación, siempre queda el diálogo. Más éste no debe imponerse. Esperar, tantear y aprovechar el momento preciso cuando las leñas se han convertido en cenizas y ya no queda fuego. Entonces las aguas vuelven a su cauce, siempre que se respeten los sentimientos y opiniones de los otros. Porque eso es el diálogo: un intercambio de sugerencias, opiniones y puntos de vista que enriquecen a la pareja. Y ya no se mira el problema como algo personal, sino que lo que se discute, o mejor, lo que se dialoga es el problema desde un punto de vista objetivo que, afectando a la pareja, tiene atisbos de solución con las aportaciones de los dos. Hay que seguir dialogando y acercando posiciones, sin dejar de ser neutral en tus opiniones, aciertos o desaciertos. Y reconocer, en un momneto dado, que también puedes equivocarte.
Descubrimos así, con esta técnica, sentimientos que no habían salido nunca a la luz. Descubrimos panoramas que nunca habían pasado por nuestras existencias. Y, lo que es mejor, nos descubrimos a nosotros mismos en unión con los demás.
Por eso es interesante sentir. No doblegues nunca tus sentimientos. Valóralos en su esencia, porque ellos te comunican la razón del ser que vive en tí y en cada uno de los humanos que poblan este Planeta.
Por tanto, para comunicar nuestros sentimientos, hemos de descubrir nuestros sentimientos. Parece una paradoja, pero si nos paramos a pensar un instante sobre ellos, comprendemos que los sentimientos tratan de dar no tanto una oportunidad, sino más bien un respiro a nuestros corazones. Y es más: con ellos, con los sentimientos, incorporamos con profundidad, en la fibra más profunda de nuestro ser, sentimientos ahora tan nobles y tan serenos que nos permiten tener una vida más tranquila, sosegada y amable, tanto para tí como para los demás.
Y he aquí la importancia de los sentimientos. Sin ellos, no es que no podamos vivir; es que no sabemos vivir y llegamos a estar desorientados en la vorágina de la vida. Expresar algo, es reflexionar y prestar atención. No consiste en monopolizar la conversación, pues todo el mundo tiene derecho a la creatividad personal que nutre su
personalidad y le hace ser tal cual es.
Aprendemos como niños: con miedo. Porque no sabemos lo que nos depara el futuro. Y si lo supiéramos, miraríamos de conducir todas las piezzs del puzzle hacia esa dirección. No sabemos cuándo vamos a morir ni cómo. Y si estas cosas también supiéramos, miraríamos por mejorar nuestras vidas.
El castigo no es bueno, la reflexión sí. Los golpes, los maltratos y la violencia, en general, no llevan a ningún sitio. Porque violencia engendra violencia. Hay muchos tipos de violencia, pero la peor de todas es la psicológica. Porque de las heridas te puedes rezarcir, pero lo que queda en tu interior vive allí para siempre. Ya no tendrás la misma confianza hacia tu protector, ya sea éste padre, madre, hermano o hermana mayor, tíos o tías mayores, educadores, etcétera, sino que los verás de otra forma, alejándolos de tu sonrisa. Alejándolos de tus emociones y de tu
existencia.
Así, pues, mejor es la paz. La paz con todos y también contigo mismo. No puedes pasarte media vida quejándote de la otra media. Tienes que luchar y salir avante con nuestro brioso corcel que es el alma. Y el alma, es
transcendental. El alma no mira la realidad, no observa las cosas, ni ve vanaglorias ni sabe de pasiones. El alma sólo existe para vencer. Y es nuestro espíritu el que, en definitiva, comprende que la mejor victoria es evitar la guerra. Basemos nuestras experiencias en el diálogo, no en la imposición. Eduquemos a nuestros niños en el diálogo, no en la destrucción. Porque aquello que siembras, cosechas.
Un cordialísimo saludo para todos y para todas!
Marintalero
Barcelona 10:20:12 horas
Comunicación y sentimientos [Paulo Coehlo] Cabeza vs Corazón