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El aprendizaje servicio en los discursos actuales de Educación Superior

service learning y campus compact

B. Información sobre Community Service

4. El aprendizaje servicio en la universidad como propuesta pedagógica

4.3 El aprendizaje servicio en los discursos actuales de Educación Superior

¿Es el aprendizaje servicio una actividad posible, adecuada y deseable en la Educación Superior? Como hemos visto en las diferentes defi niciones de APS, son actividades que se pueden llevar a cabo en prácticamente cualquier contexto y en cualquier nivel educativo, por tanto también en Educación Superior. Además, actualmente ya se llevan a cabo con éxito algunas experiencias de calidad en la universidad.

El APS tiene un lugar en los discursos actuales de Educación Superior como una innovación que encaja en las propuestas de cambio actuales marcadas, sobre todo, por el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Es un buen momento para establecer cambios y acuerdos en la manera de entender la universidad ya se apuesta por un proceso de en- señanza aprendizaje más participativo, menos individualista. Además, la universidad, ahora más que nunca, puede tener una fuerte infl uencia ciudadana ya que el acceso a los estudios superiores ha ido aumentando en los últimos años. En el conocido como proceso de Bolonia hay una reunión clave que apoya, explícitamente, la importancia de la dimen-

sión social de la universidad. Es en el año 2003, en Berlín,6 cuando se

apuesta por una universidad que trabaje para y por la cohesión social, que apueste por mejorar las características sociales de la educación ya que ésta es un bien y una responsabilidad pública.

La universidad se debería abrir y salir más a la sociedad y la segun- da debería entrar en la primera. A través de experiencias de APS en el mundo universitario podemos ofrecer espacios de implicación en la comunidad más allá del voluntariado, experiencias en que los conteni- dos curriculares puedan devenir conocimientos contextualizados en la realidad, lo que hará que el servicio prestado sea, con toda seguridad, de mayor calidad y los aprendizajes más signifi cativos.

Consideramos pertinente y positivo que el alumno universitario cuente, a lo largo de sus estudios superiores, con la oportunidad de de- sarrollar un proyecto de APS, pero pensamos que esta propuesta educa- tiva no debe verse como un eje fundamental de los estudios superiores o como algo obligatorio. La motivación de los participantes debe ser muy alta, son proyectos en los que hay que creer y hacerlos con convicción. La idea de que alguien que no quiere ayudar se vea obligado a ello re- sulta contraproducente.

Las experiencias de APS son óptimas para desarrollar, además de unos determinados contenidos curriculares, muchas de aquellas com- petencias transversales que a veces no parecen tener un lugar defi nido pero que son muy valoradas en el mercado laboral y que están relacio- nadas, sobre todo, con la dimensión social de la persona: trabajo en equipo, toma de decisiones, la convivencia en grupos heterogéneos, la incorporación al tejido social o la actuación de manera autónoma y con iniciativa, y el dominio de diferentes lenguajes y de nuevas tecnologías (Martínez, 2005).

Los proyectos de APS contribuyen a impulsar algunos aspectos por los que entendemos que la universidad, para tener mayor calidad, debe- ría luchar y transmitir a su alumnado, como la participación ciudadana y la creación de capital social. Recordemos que las experiencias de APS tienen como objetivo la mejora de algún aspecto de la sociedad, ya sea cubriendo una necesidad u optimizando un determinado aspecto. Esta mejora se lleva a cabo a través de un servicio de calidad, con aquel

6. Encontramos el documento ofi cial Realising the European Higher Education Area en línea en

<http://www.mec.es/universidades/eees/fi les/030919Berlin_Comminique.pdf> (última consulta 17-03- 2007).

«manos a la obra» del que hablamos anteriormente, con la participación del alumnado en la citada mejora social. Es así como las experiencias de APS impulsan la participación ciudadana entendida como la parti- cipación en la búsqueda del bien común. El objetivo perseguido por el bien común, el de todos, supera al individualismo y al interés privado para alcanzarlo con éxito. Las propuestas de APS tienen como objetivo la participación del alumnado en la vida pública y, para que tenga éxito, necesita organizar la convivencia y ofrecer la posibilidad de contribuir de manera personal en la mejora de algún aspecto de la vida social (Puig

et al., 2006).

El alumnado participa y se implica en un proyecto complejo que surge y se desarrolla en la realidad, con lo cual surgen aprendizajes que difícilmente se darían de otra manera, como la sensibilidad frente a las problemáticas sociales que a menudo son creadas por el propio sistema global, el compromiso que se adquiere frente al proyecto y los benefi - ciarios del servicio, la comprensión de la realidad actual, la importancia de la participación o la complejidad del propio proyecto educativo que están desarrollando.

La naturaleza de las prácticas de APS conlleva abrirse a la sociedad, crear redes entre instituciones educativas y otras asociaciones de muy diversos tipos. Las relaciones que se establecen en los proyectos de APS deben ser, para que se lleven a cabo con éxito, rigurosas explicitando los derechos y los deberes de cada una de las partes, lo que pueden ofrecer unos y necesitar los otros. Es por ello que consideramos que los proyec- tos de APS ayudan a crear capital social entendido como una variable para analizar la calidad de una sociedad (Cortina, 2001). Analizando este concepto vemos que Putnam (2000) destaca además la interacción y la cooperación social considerando que el capital social consiste en el conjunto de redes y las normas de reciprocidad y confi anza funda- mentadas entre los miembros de las asociaciones de la comunidad. Así, destacamos la capacidad de crear redes positivas de las experiencias de APS ya que el entendimiento entre los miembros del proyecto y entre las instituciones será necesario para llevar a cabo este tipo de proyectos. Los miembros implicados participan en redes sociales, en proyectos, en asociaciones creadas o no para estas experiencias de manera que hay una sensibilización y un aprendizaje del tejido social y de las posibilidades que ofrece. Si en una comunidad educativa se trabaja para crear capital social, las relaciones entre el alumnado, los docentes y la institución mejoran cualitativamente si se hace a partir de actividades sistematiza-

das y refl exionadas, no improvisadas o dejadas al azar. El capital social también se refi ere a la existencia de expectativas mutuas de cooperación entre las personas de una comunidad; en la medida que esperas que el otro coopere, el uno coopera en acciones colectivas (Boix en Putnam, 2000).

Recordemos que el APS pone énfasis en la alteridad abandonando el individualismo, para mirar a y por los demás, en este sentido las ex- periencias de APS también ayudan a la creación de capital social que supera el «yo» para situarse en el «nosotros» (Cortina, 2001).

Como vamos viendo, las experiencias de APS impulsan la creación de capital social, mejoran la calidad de las redes sociales. El tipo de capi- tal social que se crea en las actividades de APS crea un aprendizaje y un estilo de hacer que puede ser útil en las interacciones que tienen lugar fuera de la propia experiencia de APS. Para Putnam (2000) se denomina capital social que «tiende puentes». Así que la importancia de asociarse con el otro es básica para generar redes sociales. En nuestro contexto, a menudo la universidad parece estar cerrada en sí misma con la idea de que ya tiene sufi ciente y que fuera de ella parece haber otro mundo. A su vez, el tejido asociativo ve también distante a la universidad: ambas partes tienen una fuerte barrera para asociarse que las experiencias de APS pueden ayudar a superar. Putnam también realza el mismo acto de la asociación, más que los objetivos de las asociaciones, ya que considera que es lo que facilita la cooperación social.

La sociedad actual requiere un estudiante universitario que consi- deramos que debe ser una persona participativa en la sociedad y com- prometida con ésta. Tal vez es demasiado optimista esperar que los ciu- dadanos sean participativos y comprometidos de manera espontánea, por lo que aprender a serlo requiere tener oportunidades educativas que faciliten estos aprendizajes. Sin duda, consideramos que las experiencias de aprendizaje servicio cumplen los requisitos para llevarlos a cabo. El estudiante que vive intensamente una experiencia como ésta en la que ve, vive y actúa en la realidad, en su complejidad y sus problemas, no vuelve a mirar sus estudios ni su profesión de la misma manera. Se le ofrece la oportunidad, además, de crecer como persona, de ampliar su mirada social y profesional, de dar signifi cado a conocimientos académicos, de vivir valores como la solidaridad, el respeto y el compromiso.

Finalmente, no podemos olvidar que estos proyectos, a menudo de gran envergadura, necesitan apoyo institucional. Hemos analizado al- gunas de las amplias oportunidades que nos ofrecen los proyectos de

APS y algunos de los factores que impulsa o promueve esta metodolo- gía. Todo esto se verá facilitado y posibilitado si las políticas educativas e institucionales de nuestras universidades apuestan por ello. Es nece- sario refl exionar institucionalmente sobre este tipo de prácticas si no queremos que queden en el buen hacer y la buena intención de algunos docentes, si se apuesta para que este tipo de aprendizajes sean objetivos sistematizados de nuestras universidades o sean aprendizajes dejados al azar que solo algunos llegarán a alcanzar.

4.4 Conclusiones

A lo largo del texto hemos llevado a cabo un recorrido por algunos au- tores que nos han ayudado ha refl exionar sobre las prácticas de APS y su lugar en los discursos actuales. En muchos momentos se han llevado a cabo prácticas de APS que no se han denominado así o que, tal vez, haciendo un poco más de hincapié en algún aspecto, se convertirían en excelentes prácticas de este tipo. Estas experiencias que muchos co- nocemos o nos han explicado son buenas semillas para completarlas y sistematizarlas para que sean experiencias de APS.

Como hemos visto, las propuestas de APS no son algo totalmente nuevo y tienen aspectos en común con otras propuestas pedagógicas, pero consideramos que son propuestas adecuadas para desarrollar ac- tualmente, es una oportunidad que vale la pena no perderse. La com- plejidad de este tipo de prácticas y su naturaleza hacen que el resultado sean excelentes oportunidades de aprendizaje para el alumnado, en mu- chos casos, por no decir siempre, para el profesorado y para la mejora cualitativa de la institución educativa que se abre a la sociedad y crea redes asociativas.

Toda esta complejidad también da lugar a que plantear proyectos de APS implique a muchas personas diferentes de distintos contextos que se tienen que comprometer durante un período de tiempo a menudo bastante largo. La gran organización que se necesita puede suponer, a veces, una difi cultad que se llevará mejor si los compromisos de cada uno son justos y adaptados; si hay un apoyo institucional y un reconoci- miento del proyecto y de sus participantes. En este sentido, empezar por pequeños proyectos o, como hemos comentado, por modifi car algunos que ya estén empezados, puede asegurar el éxito con mayor facilidad.

Referencias bibliográfi cas

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Nues tra Cultura

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Puig, J. M. et al. (2006), Aprenentatge servei, Barcelona, Octaedro.

5. El proyecto derecho al Derecho: un planteamiento

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