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CAPÍTULO 3. LA GESTIÓN INTEGRAL DE LA SEGURIDAD

3.2. A LGUNOS MODELOS

3.2.8. Algunos aprendizajes

La descripción de los modelos seleccionados no pretende mostrar una evolución sobre el modo de concebir o representar una parcela particular de la realidad, sino ofrecer un panorama general sobre condicionantes y factores que los autores han identificado como elementos clave que inciden en la seguridad y la salud en un sentido amplio. Su revisión nos permite contar con una base para el análisis y la reflexión, ya que los diferentes modelos abordan la seguridad desde perspectivas distintas y no excluyentes.

Conceptualmente hablando, los modelos son esquemas que, de un modo simplificado, explican y representan lo que sucede en la realidad, mostrando determinadas regularidades (Morán, 2008). En palabras de Escudero (1981) un modelo es una “representación simplificada de la realidad, que desde la filosofía vendría definido como interpretación o representación simbólica o esquemática que permite dar cuenta de un conjunto de fenómenos” (p. 9).

Los modelos seleccionados son una abstracción de la realidad e intentan representar aquello que sus autores han estudiado y quieren dar a conocer en relación a la seguridad, la salud y la prevención. Fueron elaborados con una determinada intencionalidad, y aunque diferente en cada caso, todos ellos comparten una finalidad general común: contribuir a la mejora de la seguridad, la salud y el bienestar de las personas, aunque desde posicionamientos teóricos e ideológicos distintos. El modelo del Department of Education & Training (2006) parte del concepto de escuela eficaz, los de EU-OSHA (2006) y St. Leger, Young, y Perry (2010) del de escuela promotora de salud, el de la OMS (2010) del de entorno de trabajo saludable, el de E. Longás (2010) parte del concepto de daño no intencionado, y el de Alolah et al. (2014) del de rendimiento de seguridad. Todos los modelos presentan un marco conceptual a partir del que derivar acciones, estrategias y propuestas concretas. A través de los modelos los autores señalan aquellos elementos que consideran relevantes y que inciden en el campo de acción que es de su interés, descartando aquellos que no lo son tanto. De ahí que no todos los modelos señalen las mismas dimensiones o factores, aunque algunos sí que se

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muestran recurrentes, aunque su concreción y desarrollo conceptual pueda variar de uno a otro. Concretamente, el atender el ambiente físico y socioemocional, el cumplir con la legislación, políticas y normativas, y el establecer vínculos con la comunidad, se erigen como tres componentes centrales para crear entornos seguros y saludables, prevenir los daños no intencionados y mejorar la seguridad de las instituciones educativas.

Al analizar los diferentes modelos, no podemos obviar que la realidad educativa y cultural desde la que se plantean es distinta. Hay modelos que se trazan desde concepciones culturales amplias (OMS, 2010), mientras que otros se focalizan en un ámbito territorial concreto (Alolah et al. 2014; E. Longás 2010), aunque extrapolables a otras realidades por la generalidad en la definición de los factores o dimensiones.

Todos los autores han pretendido superar lagunas existentes del fenómeno objeto de estudio por la inexistencia de modelos previos, por resultar incompletos los ya existentes o por partir de concepciones que en la actualidad han evolucionado. Los autores basan y justifican su elaboración en base a la revisión de estudios y literatura especializada en la materia, así como en resultados de estudios empíricos. Asimismo algunos parten de representaciones previas que adoptan e integran, hecho que supone una evolución y actualización del campo objeto de estudio. El ejemplo más claro lo encontramos en el modelo de EU-OSHA (2013), que supone un cambio metodológico en la integración de la SST en el ámbito escolar y que fue representado por el modelo de EU-OSHA (2006). El nuevo modelo conjuga de manera integrada la educación en el riesgo, la educación para la salud, la gestión de la prevención y el concepto de escuela saludable, superando visiones más parciales y restringidas. Podemos decir que este modelo sintetiza en el ámbito escolar las pretensiones del modelos de entorno de trabajo saludable de la OMS (2010) y del modelo de las Escuelas Promotoras de Salud (St Leger et al., 2010).

Más allá del conocimiento particular de cada uno de los modelos y de los aportes concretos que nos brinda cada uno, su análisis permite poner de relieve algunas cuestiones clave que guardan relación con el enfoque de seguridad integral que venimos defendiendo:

 La seguridad, la salud y la educación son conceptos inseparables. Ello conlleva prestar atención a las cuestiones físicas, emocionales y sociales.

 La seguridad no es una política independiente, sino que forma parte de las organizaciones. La seguridad, la salud y el bienestar han de incorporarse en todos los componentes del trabajo del centro educativo de manera transversal. Cubrir los diversos campos de acción de los centros educativos es la mejor forma de integrar la seguridad y la salud en la educación y en los programas para la mejora sostenible de la cultura preventiva.

 Los centros educativos, con sus decisiones y propuestas, pueden favorecer o reducir la accidentalidad, pudiendo trabajar explícitamente la prevención y preparándose del mejor modo posible para hacer frente a los posibles incidentes y accidentes. La estructura física de la escuela, los procedimientos de actuación y los recursos pueden actuar como factores de riesgo o de protección.

 La prevención debe formar parte de los procesos ordinarios de gestión, tanto en los niveles más concretos y operativos (responsabilidad de los centros educativos) como de los más

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generales (responsabilidad de la Administración), ya que la integración de la seguridad y la salud en los centros educativos depende tanto de factores internos como externos.

 La protección y promoción de la seguridad, la salud y el bienestar de alumnos y profesores debe formar parte de un proceso o ciclo de mejora continua en el que, entre otros, se contemple la información, la planificación, la toma de decisiones, la implementación/actuación, la evaluación y el seguimiento. Para diseñar y aplicar un verdadero ciclo de gestión, es necesario conocer lo que acontece en el centro educativo, de modo que la evaluación es el primer paso.

 El logro de ambientes escolares seguros y saludables requiere desarrollar e implementar políticas, prácticas y otras medidas en las que toda la comunidad educativa participe (alumnos, profesores, padres y el entorno social próximo).

 Si queremos empoderar a los alumnos en el ámbito de la seguridad y la salud debemos crear un ambiente escolar en el que se subraye que la seguridad y la salud son tenidas en cuenta y en donde se les motive a participar activamente.

Asimismo, existen un conjunto de factores centrales que contribuyen al fomento de la seguridad en los centros educativos son:

 La interpretación de la seguridad en un sentido amplio, incluyendo tanto la búsqueda del bienestar físico, como del emocional y social.

 La atención a la estructura física del centro educativo, pero también a los factores emocionales y sociales para crear entornos escolares seguros y saludables para todos.  La definición e implementación de políticas de seguridad, salud y bienestar, tanto a nivel

general (sociedad) como a nivel de los centros educativos.

 El diseño e implementación de procesos de gestión de la seguridad.  La existencia de un liderazgo claro y comprometido.

 La implementación de programas, prácticas y medidas diversas que incidan tanto en las actuaciones y conductas individuales como colectivas.

 El desarrollo de una cultura preventiva a través de la integración de la seguridad y la salud en las actividades escolares y en el funcionamiento general del centro educativo, de modo que formen parte de la vida escolar.

 La implicación de la comunidad educativa (directivos, profesores, alumnos y familias), así como de las entidades del entorno social próximo.

En la Figura 17 planteamos provisionalmente, desde un punto de vista teórico, las dimensiones, ámbitos y agentes que, a nuestro entender, están implicados en el logro de la seguridad escolar integral. Su presentación responde a la necesidad de disponer de una propuesta teórica más acorde a la concepción de seguridad escolar integral que defendemos: (a) la seguridad escolar debe focalizarse tanto en la dimensión física como emocional y social; (b) la función de seguridad debe estar integrada en todas y cada una de las actividades que desarrolla el centro educativo, es decir, en todos los ámbitos de gestión; y (c) en la gestión de la seguridad deben implicarse todos los miembros de la comunidad educativa.

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Figura 17. Modelo provisional de seguridad escolar integral: dimensiones, ámbitos y agentes.

Dimensiones. La dimensión física, incluye todo lo relacionado con el edificio, las instalaciones, la infraestructura y los materiales, así como todo lo relativos a las condiciones de iluminación ventilación y calefacción. La dimensión emocional, se relaciona con el clima de centro y de aula que se fomenta para promover el bienestar emocional del alumnado, del personal docente y no docente. La dimensión social hace referencia al fomento de relaciones interpersonales positivas entre todos los miembros de la comunidad educativa.  Ámbitos. La gestión de las relaciones, en relación al fomento de buenas relaciones y de un

clima de convivencia y respeto. La gestión de los recursos materiales, es decir, del edificio, las instalaciones y los materiales. La gestión de los recursos económicos destinados a la compra de materiales, a cuestiones de mantenimiento o a pequeñas reparaciones. La gestión documental, específicamente, lo referido a la custodia de información documental sensible y a la protección de datos. La gestión de imprevistos y anomalías, mediante el establecimiento de protocolos de actuación y adoptando las medidas oportunas cuando se produzcan situaciones sobrevenidas. La gestión de la prevención de riesgos laborales propiamente dicha, y que incluye, entre otras actividades, la revisión periódica de la señalización del centro y de los aspectos vinculados con el Plan de emergencia para asegurar su funcionalidad (simulacro anual).

Agentes. La Administración, el personal y la comunidad educativa son responsables de la seguridad de los centros educativos. El nivel de responsabilidad e implicación variará en función del cargo y la posición.

Los modelos estudiados siguen siendo válidos, aunque aportan una visión mucho más focalizada y restringida en determinados ámbitos de gestión de la seguridad de la que requerimos en la presente investigación.

Con nuestra propuesta queremos subrayar que el abordaje de la seguridad escolar integral requiere contemplar todas las dimensiones de seguridad que afectan a las personas y a los grupos, no limitar su gestión a un solo ámbito o a unos pocos, e implica a todos los agentes de la comunidad educativa.

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3.3.

A modo de síntesis

Una gestión óptima de la seguridad escolar requiere desarrollar e implementar medidas proactivas, es decir, identificar los peligros y estimar los riesgos para corregir las condiciones inseguras antes de que se produzcan accidentes e incidentes. También implica analizar, corregir y prevenir.

En la presente investigación, haremos referencia a la gestión de la seguridad escolar y no de la prevención escolar, con el objetivo de desvincular la gestión de la seguridad del ámbito exclusivo de la prevención de riesgos laborales del personal. Concebimos la gestión de la prevención de riesgos como parte de la gestión de la seguridad escolar integral.

La gestión de la seguridad en centros educativos debe contemplar tanto la prevención pasiva (focalizada en el edificio, las instalaciones y los equipamientos), como la prevención activa (focalizada en el desarrollo de procedimientos y competencias de seguridad y gestión del riesgo), como la promoción del bienestar emocional y social.

La gestión de la seguridad requiere el establecimiento de un sistema preventivo basado en un ciclo de mejora continua que incluya: la política preventiva, la planificación, la implementación y la evaluación constante. En el caso de los centros educativos, la gestión de la prevención no puede limitarse al personal docente y no docente, sino que debe considerar también al alumnado, para generar un proceso que a la vez que los proteja de los riesgos los forme en cultura preventiva. Esta máxima deberá ser tenida en cuenta cuando se plantee el estudio de campo, para analizar si lo que recomiendan diversos organismos y autores se ha trasladado ya a la realidad, y en qué grado, o es necesario seguir trabajando para ello y para que se convierta en una realidad.

La revisión de los modelos deja patente la necesidad de pensar la seguridad como función integrada en la organización y gestión habitual de los centros educativos. En los dos próximos capítulos, y en base a los elementos para el análisis de las organizaciones propuestos por Gairín y Darder (2003) (ver Figura 18, página 120), abordamos el estudio de la seguridad como función integrada en las organizaciones educativas. Nos centrándonos en los aspectos contextuales (Capítulo 4) y los componentes organizativos (Capítulo 5), sin olvidar los aspectos vinculados con las dinámicas organizativas, que quedan integrados en los otros dos componentes y que, en parte ya han sido expuestos en el presente capítulo.

El estudio separado de cada uno de los elementos nos permitirá un mayor grado de comprensión sobre los mismos, dados los aportes extraídos de los modelos analizados.

a. Los aspectos contextuales, es decir, las influencias que los centros educativos reciben de su entorno y que condicionan sus actuaciones de seguridad (M. T. González, 2003). Veíamos anteriormente como todos los modelos presentados destacaban la importancia de conocer y entender el papel de la política y la normativa en materia de seguridad y salud, así como también la necesidad de optimizar las relaciones con el entorno sociocultural próximo.

b. Los componentes organizativos, es decir, el conjunto de elementos que constituyen las variables principales a gestionar (Armengol, Feixas, y Pallarés, 2003).

 Los planteamientos institucionales, entre los que destacan el Proyecto Educativo y el Proyecto Curricular de Centro, han de reflejar principios, objetivos y contenidos

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preventivos y de seguridad, tal y como indica el Modelo de Escuelas Promotoras de Salud, el Modelo de escuelas eficaces, el Modelo de integración de la SST en la educación, y el Modelo del enfoque integral de la seguridad.

 La estructura organizativa, entre los que destaca el papel de los recursos humanos, la atención a la estructura física de la escuela y la importancia de crear un entorno escolar seguro y saludable, tal y como sostienen los diversos modelos descritos.  El sistema relacional, concretamente los diversos flujos de comunicación que se

establecen entre los diversos agentes, tanto internos como externos, implicados en la gestión de la seguridad del centro educativo. Destaca la necesidad de colaboración y participación, en los términos expuestos en los modelos de Entorno de Trabajo Saludable, Escuelas Promotoras de Salud y Escuelas eficaces.

 La cultura y el clima, dado que los miembros que conforman la organización han de compartir un conjunto de significados, principios, valores y creencias de seguridad, salud y prevención. La cultura preventiva ha de ser parte integral de la escuela y de todos sus componentes. Los modelos de Entornos de Trabajo Saludable, Integración de la Seguridad y Salud en el Trabajo en la educación, Enfoque integral de la seguridad y Conceptual comprehensivo para la evaluación de la seguridad escolar, subrayan este aspecto.

c. Lasdinámicas organizativas, en referencia a los procesos y actuaciones internas que tienen lugar en los centros educativos para garantizar la seguridad. En esta línea, el Modelo de Entornos de Trabajo Saludable propone un proceso cíclico o iterativo para la implementación de programas que promuevan entornos saludables, mientras que el Modelo de integración de la Seguridad y Salud en el Trabajo en la educación propone un proceso de 6 fases, también concebido como un bucle de mejora continua.

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