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CAPÍTULO 3. LA GESTIÓN INTEGRAL DE LA SEGURIDAD

3.2. A LGUNOS MODELOS

3.2.2. Escuelas Promotoras de Salud

La Promoción de la salud en el entorno escolar supone un enfoque más amplio que el de educación para la salud. Abarca todas las actividades relacionadas con las políticas escolares sanas, con el entorno físico y social, con el programa de estudios, con los vínculos con la comunidad y con los servicios de salud (St Leger et al., 2010). Parte de la idea de que salud y educación son dos conceptos interrelacionados: un alumno sano aprende mejor y el impulso de acciones educativas benefician la salud al generar conocimientos y habilidades en los ámbitos cognitivo, social y conductual (St Leger, Young, Blanchard, y Perry, 2009).

Una escuela promotora de salud compromete a los funcionarios de enseñanza y de salud, a los profesores, alumnos, padres y líderes de la comunidad, en la tarea de promover la salud. Fomenta la salud y el aprendizaje con todos los medios a su alcance, y hace todo lo que está en su mano para ofrecer ambientes que propicien la salud y una serie de programas y servicios clave de promoción y educación para la salud. Una escuela

Marco teórico

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promotora de salud aplica políticas, prácticas y otras medidas que respetan la autoestima de la persona, ofrece oportunidades múltiples de desarrollo y reconoce sus esfuerzos e intenciones, así como sus logros personales. Hace todo lo que está en su mano por mejorar la salud del personal del centro, las familias y los miembros de la comunidad, además de los alumnos, y trabaja con los líderes de la comunidad para ayudarles a comprender cómo puede ésta contribuir a la salud y a la educación. (St Leger et al., 2009, p. 13)

La Escuela Promotora de Salud se fundamenta en la Carta de Ottawa para la promoción de la salud (OMS, 1986). Seis son los elementos esenciales (ver Figura 12):

Figura 12. Escuelas Promotoras de Salud (St Leger et al., 2010, p. 1).

Políticas escolares saludables. Se definen claramente en documentos o en prácticas generalmente aceptadas que promueven la salud y el bienestar.

Entorno físico de la escuela. Se refiere a los edificios, terrenos, espacios de juego y equipamientos del recinto escolar y alrededores: el diseño y la ubicación del edificio, la provisión de luz natural y de suficiente sombra, la creación de espacios para el ejercicio físico y de instalaciones para la actividad docente y para una alimentación saludable. También se refiere a las instalaciones básicas, al mantenimiento y a las instalaciones sanitarias para impedir la transmisión de enfermedades, a la disponibilidad de agua potable, al aire limpio y a la ausencia de contaminantes medioambientales, biológicos o químicos perjudiciales para la salud en el entorno escolar.

El entorno social de la escuela. Es una combinación de la calidad de las relaciones del personal y de los estudiantes y de éstos entre sí. Está influida por las relaciones con los padres y con la comunidad más amplia.

Habilidades de salud individuales y competencias para la acción. Se refiere al programa curricular, tanto formal como informal, y a las actividades relacionadas con éste. Los

La gestión de la Seguridad Integral en los centros educativos Facilitadores y obstaculizadores

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alumnos incorporan conocimientos, toman conciencia y realizan experiencias adecuadas a su edad que les permiten adquirir competencias para mejorar su salud y bienestar y la de otras personas de su comunidad y fuera de ella, y mejorar sus resultados académicos.  Vínculos con la comunidad. Son las relaciones entre la escuela y las familias de los alumnos y

la escuela con los grupos y personas clave de la comunidad. La consulta adecuada de estos grupos y su participación ofrece a los alumnos y al personal el entorno y el apoyo necesario para sus acciones.

Servicios de salud. Son los servicios de salud, locales y regionales, vinculados con la escuela o basados en ella, que ostentan la responsabilidad de la atención a la salud y a la promoción de la misma entre niños y adolescentes, a través de la prestación de servicios directos a los alumnos: reconocimientos médicos y valoraciones de salud, servicios de salud mental para fomentar el desarrollo social y emocional de los alumnos, entre otros.

A los que se les unen los siguientes principios (Bruun y Simovska, 2002; Buijs, 2009):

Equidad. La promoción de la salud escolar se basa en los principios democráticos que facilitan la promoción de la educación, el desarrollo personal y social, y la salud. Las Escuelas Promotoras de Salud deben garantizar la igualdad de acceso a la educación y a la salud. A largo plazo tendrá un impacto significativo en la reducción de las desigualdades de salud y en la mejora de la calidad y disponibilidad de la educación permanente.

Sostenibilidad. Las Escuelas Promotoras de Salud reconocen que la salud, la educación y el desarrollo están estrechamente ligados. Las escuelas actúan como centros de aprendizaje académico y apoyan y desarrollan una visión responsable y positiva del futuro papel que deberán tener los estudiantes en la sociedad. Por ello, se desarrollan mejor cuando cuentan con el apoyo de la Administración y las acciones se aplican sistemáticamente durante un período de tiempo prolongado.

Empoderamiento y participación. Las Escuelas Promotoras de Salud mejoran la capacidad de los niños y jóvenes para actuar y generar cambios. Proporcionan un entorno en el que niños, jóvenes, profesores y miembros de la comunidad participan activamente tanto en el establecimiento de objetivos relacionados con la salud, como en el establecimiento de las acciones necesarias para alcanzarlos.

Colaboración. La responsabilidad compartida y la colaboración entre los Ministerios, en particular los de Educación y Sanidad, es fundamental para el logro de Escuelas Promotoras de Salud. La asociación a nivel nacional, regional y local, así como los roles y responsabilidades, deben establecerse con claridad.

Denardin (2009), que analizó los obstaculizadores y facilitadores para el desarrollo de los programas de educación para la salud en la escuela, identificó que el principal facilitador es el interés mostrado por los miembros del equipo directivo, así como la participación del profesorado, el interés y el compromiso institucional, y el tiempo disponible del equipo directivo para el involucramiento y la participación en el programa. Como obstaculizadores identificó la falta de recursos, la baja participación de las familias y la baja implicación del alumnado en algunos programas.

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