37 1.6 La industria cultural
1.6.2 Apropiación simbólica y proceso de consumo cultura
“Soy anarquista. soy neonazi, soy un esquinjed y soy ecologista. Soy peronista, soy terrorista, capitalista
y también soy pacifista / Soy activista sindicalista, soy agresivo y muy alternativo. Soy deportista, politeísta y también soy buen cristiano / Y en las tocadas la neta es el slam pero en mi casa si le meto al tropical... Me gusta tirar piedras, me gusta recogerlas, me gusta ir a pintar bardas y después ir a lavarlas”.
Cafetacuba Para el caso de las culturas que surgen de la música como el rock, es importante precisar que el desarrollo de estos procesos se construye de diferentes dinámicas de apropiación simbólica y material que produce transformaciones sociales y culturales a efecto de los modos de producción, industrialización y masificación que se construyen en las lógicas de mercado. Estas son transformaciones que surgen en base a la cultura de la modernidad por excelencia y que se profundizan en el marco del surgimiento y desarrollo de las tecnologías de la información; la apropiación simbólica se construye en prácticas sociales y culturales que se reordenan, conforman y modifican en los grupos culturales que producen irrupciones en las normas y esquemas de lo tradicional.
La globalización es el margen de recomposición cultural en el mundo en que las redes de flujos de información se entrecruzan; la humanidad se envuelve de signos y cargas simbólicas que trasmiten elementos culturales que llegan de distintos lugares del planeta, mediadas por los grandes avances tecnológicos en materia de comunicación. El desarrollo del Internet y la disrupción con medios tradicionales de comunicación, son fundamentales para la comprensión de estos procesos en que la cultura se reorganiza y conforma dinámicamente en la generación de nuevas identidades y manifestaciones. La carga simbólica que se difunde a través de estos instrumentos reorganiza, de lo global a lo local y viceversa, las identidades colectivas.
En ese sentido, la industria, y sobre todo la industria cultural, otorga a la práctica de consumo una carga cultural que se fortalece de los referentes con los cuales los grupos sociales se identifican. Es así que
¨la transnacionalización de la cultura efectuada por las tecnologías comunicacionales, su alcance y eficacia, se aprecian mejor como parte de la recomposición de las culturas urbanas, junto a las migraciones y el turismo de masas que ablandan las fronteras nacionales y redefinen los conceptos de nación, pueblo e identidad¨ (García Canclini;2001: 45).
Los procesos de apropiación simbólica surgen del consumo cultural, se relaciona con la resemantización de los bienes materiales y simbólicos que tiene la mediación de los flujos de información que integran a los grupos sociales. En esa línea se define que en las prácticas
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culturales se reelabora el sentido social y valor simbólico que en determinadas ocasiones prevalece por sobre los valores de uso y de cambio. Este hecho es un tipo de reestructuración de los referentes de identidad, enmarcado en las realidades socioculturales urbanas que se hacen visibles en las manifestaciones colectivas de grupos juveniles.
La configuración colectiva de nuevos modos de vida e identidad, amalgamados en prácticas sociales y culturales de distintos lugares, es una realidad indiscutible al momento de hablar de la diversidad de culturas que se crean en el organismo social. Esto quiere decir que las realidades socioculturales, a más de sujetarse a lo singular de su circuito histórico territorial, están enmarcadas en los procesos de globalización.
“En este proceso de restructuración de los referentes identitarios, según Jesús Martín Barbero, son los jóvenes quienes reflejan con más facilidad estos nuevos modos de percibir y narrar la identidad ‘con temporalidades menos largas, más precarias pero también más flexibles, capaces de amalgamar, de hacer convertir en el mismo sujeto, ingredientes de universos culturales muy diversos’ ”. (Piña Narváez citando a Barbero; 2007: 165).
En la relación cultura/consumo existe un doble papel de las mercancías, en las cuales se proporcionan y establecen subsistencias y líneas de relaciones sociales. La utilidad práctica de las mercancías, con lo cual el consumo tiene una función esencial, se demuestra en la capacidad de dar sentido a las mismas. En esa línea, el consumo es “el conjunto de procesos socioculturales en que se realiza la apropiación y los usos de los productos” (García Canclini, 1999, 42).
En ese contexto, vale preguntarse en qué lugar de la organización del tiempo libre de las personas se centran los consumos culturales. Se advierte que la hiperconectividad en relación a las redes sociales es una de las actividades más destacadas como también la televisión que aún se mantiene como una actividad importante en la conformación del uso del tiempo libre. Lo importante de este dato es evidenciar el fenómeno que da cuenta de lo que significa la mediatización de la cultura como capacidad de relacionarse con las diversas tecnologías de comunicación. En ese sentido cabe la cita de la CEPAL que sugiere esta relación de las personas con las tecnologías de comunicación, lo cual es importante para el análisis actual de la investigación de la comunicación social,
“Los propios medios generan rutinas, hábitos de consumo, formas de operar tecnología y discursos que se construyen desde la relación con ellos: ‘si la televisión se desenvuelve a través de la instantaneidad, la fragmentación y las mezclas audiovisuales, la radio restituye la conversación y la interacción más cálida con las audiencias, mientras que la prensa combina conocimientos, información y entretenimiento” (CEPAL citando a Rey, 2007: 241).
Lo anterior da cuenta de cómo en las culturas mediadas por la música y la industria cultural, las experiencias de vida se construyen a través del consumo de símbolos. En ese sentido se entiende
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cómo a través de la música que tiene una carga simbólica asociada a discursos y formas de consumo, genera a nivel cultural elementos de identificación y diferenciación expresados en el valor simbólico atribuido a los objetos y los sentidos conferidos, en las cuales se construyen no solamente representaciones identitarias sino dinámicas de organización social y transformaciones culturales.