EL ROCK COMO OBJETO CULTURAL DE ORGANIZACIÓN SOCIAL Y POLÍTICA EN QUITO DE LA AGENCIA SOCIAL A LAS PRODUCTORAS
3.2 Memorias y reflexiones sobre el caso de los metaleros de Quito en la década de los ochenta
A diferencia del rock de los setentas, influenciados por las estéticas del hipismo, en los ochentas surgen otras derivaciones del rock definidas por una parte en el pop y el glam que constituyeron el denominado rock latino; y por otra parte, a finales de los ochentas mayoritariamente al sur de Quito, el caso de los metaleros.
En esta etapa los procesos de discriminación y exclusión social estructurados en los setentas se mantuvieron. Esta vez profundizados en la construcción de estereotipos y estigmas de las identidades de los jóvenes y sus nuevas estéticas. Este proceso de discriminación tuvo mayor impacto en el caso de los metaleros, ya que la producción simbólica de esta derivación del rock tomó otros matices en sus símbolos y estéticas.
En el metal se performaba y vivía el cuerpo con vestimentas de color negro, con adornos y cadenas con símbolos tribales extraños. Las camisetas negras estampadas con las bandas de su preferencia mostraban las ilustraciones de los discos, con imágenes relativas a la muerte, imágenes desgarradoras y crueles. La estética del cuerpo y al metal, generó un nuevo proceso de rechazo en las dinámicas sociales del rock; los metaleros se congregaban mayoritariamente al sur de Quito, y que se construían socialmente en estereotipos, ya no solo vinculados a la drogadicción y delincuencia; sino que además, mediáticamente, sus actos se los asociaba con rituales religiosos definidos como satánicos.
“Todavía hay un estigma sobre todo con los que no vamos a la iglesia, los que no somos sociales, porque ahora hay full rockeros que se juntan en las esquinas y juegan al futbol y en su trabajo son diferentes o escuchan rock cristiano y eso en realidad no existe es como ponerle la cara del che en una camiseta, o sea creo k hay un falso rockero y un mundo underground que nunca deja de serlo” (David Chungandro / Acracia).
Así se construía la imagen socialmente estereotipada del metalero, desde prejuicios de su estética. Lo que para Karina Gallegos se proyectaba en la sociedad como “pánico moral”
(Gallegos, 2002, 78). La estética del metalero en la forma de vestir, de llevar el pelo o adornos,
tiene una imagen socialmente estereotipada que se proyecta en la ciudadanía en general como temor social. Desde la categoría de pánico moral Gallegos propone que este efecto es “generado
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por los prejuicios existentes en el pensamiento de la gente “normal”, para quienes el uso de ropa negra y cadenas, adornos con símbolos de muerte y cabello largo significa delincuencia, y causa miedos y conflictos” (Gallegos, 2002, 78).
Un ejemplo de esta memoria que se reactiva en el presente, se visibilizó en la tragedia ocurrida el 19 de abril del 2008 en el concierto de rock gótico de la discoteca Factory. Fue un incendió que puso en riesgo la vida de más 350 jóvenes que se debatieron con el fuego que caía del techo, el humo y la desesperación por salir. 19 murieron. En medio de esta tragedia, muchos acudieron a pedir auxilio, se acercaban a los autos y a la gente pero no recibieron ayuda. Su estética, como menciona Gallegos, causaba miedo en la gente.
En ese sentido, Diego Brito de la organización al Sur del Cielo menciona que a nivel social la estética del metal generaba niveles de marginalidad cotidianas que se percibían en las relaciones con la gente. El temor social se traducía en la proximidad, en el encuentro y relacionamiento con el otro, en los accesos a espacios de distinta índole, lo cual generaba procesos de marginalidad y exclusión. “Recuerdo una tarde que estábamos con unos panas cerca de la Tola y unos policías se nos acercaron y sin ninguna razón nos empezaron a pegar con sus toletes, no podíamos levantarnos del dolor” (Diego Brito / Resistencia).
Daniel Mejía, de la organización Tribu Urbana en complementación a lo anterior recuerda: “cuando hacíamos los conciertos, generalmente en lugares clandestinos, la marea negra imponía su presencia, éramos grandes grupos los que caímos a los conciertos, pero al poco tiempo venía la policía y el concierto se acababa” (Daniel Mejía, Tribu Urbana).
Así, en los sistemas de exclusión que se crean en la pauperización de distintas identidades e identificaciones sociales. Así, desde la perspectiva de Foucault se puede observar como el poder se configura en lo cotidiano y topa los cuerpos, las formas capilares, los conductos y ramificaciones singulares a través del discurso. En ese sentido, el poder se estructura y encarniza en el ser, mediante procedimientos como la educación, la comunicación y la industria cultural que sirven para moldear las conductas y acciones del individuo. La noción Foucaultiana del poder nos lleva a entender como “las redes del discurso y el poder se crean desde el cuerpo” y perpetúan la trama apacible que intenta anular la agencia por la emancipación y las rupturas que en el orden cultural se suceden (Foucault;1973: 20).
En ese sentido, adicionalmente se puede tomar la perspectiva de Adorno y Horkheimer, respecto de la producción de la industria cultural en la construcción de estereotipos sociales. “Pese a todo el progreso en la técnica de la representación (…) el pan con que la industria cultural alimenta a
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los hombres sigue siendo la piedra del estereotipo (…) lo cual sirve para endurecer la inmutabilidad de las relaciones existentes” (Adorno y Horkheimer; 1969: 193). Esa lógica de crear modelos de vida inmutables se estructura en el espacio discursivo en que el poder pretende dominar y controlar en la producción de sentidos, en el tejido de campos específicos, históricos y contingentes. Así, todo grupo o identidad que se vea atentatorio a las lógicas de poder es deformado mediáticamente, condicionado al estigma que imposibilita su accionar en el mundo en el ámbito cultural donde se construyen las relaciones sociales, simbólicas e intersubjetivas.
“El estereotipo siempre sucedió pero nunca importo, desde la familia que te dice que no es una buen estilo de vida ser músico, la tía, el primo que desde pequeño te botan que de eso no ganas dinero. Pero tomarlo a pecho no, eso es para débiles. Los músicos que quieren hacerla, lo logran, te esfuerzas y consigues lo que tienes que conseguir para llegar a donde quieres. Asi que de mi parte, me resbala” (Jason de la Vega/ Guerrilla Clika).