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Archivo particular de Luis González Cárdenas.

In document Pueblo en Vilo- Luis Gonzalez (página 124-127)

Pu e b l o e n v il o

Uno de los pocos pueblos aún no visitados por el señor presidente estaba comprendido en el municipio donde él nació, a unos cuantos kilómetros de Jiquilpan, donde hay gente apellidada Cárdenas porque proviene del mismo tronco familiar que el mandatario. Los vecinos de San José achacaban el desaire a dos causas: al hecho de haber sido cristeros, y al no querer ser agraristas. Acaso ninguna de esas ideas pasaron por la mente del general. Quizá tampoco lo decidió a venir el avilacamachismo revelado por los electores de San José el domingo siete de junio de 1940. Mientras sólo veinte votan por Almazán, el candidato de oposición, 373 lo hacen por Avila Camacho, el candidato cardenista. Desde los tiempos de Madero no se había interesado la ciudadanía de San José en ningunas elecciones para la renovación de poderes federales, y quizá explica el súbito amor hacia don Manuel el que desde los días de la ciistera, fue un anticristero misericordioso y tolerante.®“

Unos días antes llegó el aviso. Los vecinos estaban amolados. Desde 1938 pasaban por un ciclo de años estériles. Las vacas daban poca leche y las milpas pocas mazorcas, pero “es la primera vez que nos visita un presidente de la República”, según se decía. Era necesario hacerle un recibimiento de primera. El padre Federico organizó al pueblo y las rancherías. Agraristas y propietarios se juntaron en San José y salieron a la entrada del camino a Jiquilpan. El abrazo de reconciliación: se abraza­ ron el general Cárdenas y el padre Federico y codo con codo subieron al pueblo por entre las vallas populares, entre la multitud que los aclamaba y les arrojaba puños de confeti. El general se hospedó en la casa del padre después de haber recorrido las principales calles, saludado a la gente y oído sus peticiones y sus quejas, y abrazado a la viuda y a los hijos del líder agrarista de San José; del difunto Antonio Ávila. El general y el padre platicaron largamente a solas. La recepción fue espléndida. En el pueblo y en los ranchos de los contornos quedó la sensación de que el general Cárdenas era su amigo. Pocos días después, el 11 de octubre de

1940, se recibió una carta del presidente Cárdenas.

P o r su amplio espíritu — le dice en ella al padre Federico González— , p or su amplio espíritu com prensivo de los problemas sociales que tiene el país y por la dedicación que pone usted para elevar las condiciones de vida de los habitantes de ese lugar, le envío mi felicitación muy cordial.

50. AJTO, papeles correspondientes a la jefatura de Juan Moreno.

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Lar e v o l u c i ó n a g r a r ia 1 9 3 3 - 1 9 4 3

San José y su tenencia, zona tan reacia a confundirse con México, tan díscola frente a las autoridades de la nación, abandonó muchos de sus tradicionales recelos contra la patria y stos jefes a raíz de la visita de don Lázaro Cárdenas. Por otra parte la indistinta amabilidad del presi­ dente hacia agraristas y pequeños propietarios coadyuvó a la reconcilia­ ción de unos y otros. Los terratenientes se quedaron con la idea de que el general Cárdenas se iba con la seguridad de que la reforma agraria había concluido en la jurisdicción de San José. Los aspirantes a la propiedad de la tierra abrigaban la esperanza de que el gobierno siguie­ ra creando y ampliando ejidos. Poco después de la visita presidencial se multiplicaron las solicitudes para la formación de unos ejidos y la ampliación de otros.^^ Todo a destiempo: el presidente repartidor de tierras dice: “El cardenismo se acabará el último de noviembre” la zona de San José había quedado de derecho y casi totalmente de hecho dividida; el general Ávila Camacho, el hombre de las conciliaciones, estaba con un pie en el estribo de la presidencia de la República.

In c ip it v it an o v a

La reforma agraria produce agricultores. Mientras los vecinos de San José de Gracia ejercen la ganadería, la fabricación de queso, los meneste­ res artesanales, el comercio y, en menor escala, el cuidado de una milpa, los ejidatarios trabajan en verano y otoño en su yunta, o mediayunta de sembradura. Según el informe del ingeniero Carlos Gómez del Campo, “como la topografía es en general accidentada..., los lomeríos sujetos a cultivo dan poca retribución... y el trigo no prospera”. En una hectarea de superficie se pueden sembrar, en promedio, quince kilos de maíz y cosechar 700; diez de frijol para obtener 200; 30 de garbanzo para percibir 6 0 0 ; 69 de cebada que darán 450; y 48 de trigo a fin de recoger 450. Lo que se siembra más es el maíz. Si bien va los ejidatarios obtienen con la siembra principal del maíz y demás 550 pesos al año para ni siquiera cubrir el diario normal de una familia campesina de seis miembros, tres adultos y tres niños; 42 centavos de maíz, once de frijol, diez de manteca, cinco de chile, cinco de cebolla y jitomate, doce de 51. ADAAC, exps. 12343, 20275, 2 9 4 1 ,1 2 9 5 4 , 14760 y 12863.

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Celso Villalobos.

Alejandro Salcedo, Srio. del Ayuntamiento.

Pu e b l o e n v il o

azúcar, 20 de carne, 24 de leche, quince de arroz, cinco de petróleo, cinco de jabón y diez de cigarrillos. Total, un peso setenta y cuatro centavos al día; 598 pesos al año sin contar los 150 pesos que se gastan en ropa.®^

Cuando pasa la temporada de labores, algunos ejidatarios, para completar el pan de cada día, ejercen, si las hay, diversas actividades lucrativas. Buscan contratarse como peones con los propietarios, venden el rastrojo de sus parcelas a los ganaderos, ayudan en la construcción del camino en el tramo de Jiquilpan a San José, llevan al mercado los árboles de su minifundio, hechos leña. Con todo, el trabajo en las secas es escaso. Los contratadores de jornaleros son generalmente los terratenientes enemigos de la reforma agraria, y prefieren repartir el poco trabajo entre personas ajenas al ejido. Por otra parte, en 1944, los máximos jornales son de peso y medio al día. En suma, los ejidatarios viven una vida de penuria que ellos aspiran a remediar mediante la petición de nuevos repartos de tierras. Ninguno aspira a volver a la condición anterior de peón o mediero. Quizá estén tan pobres como antes, pero son más libres y humanos, y no cesan de pedir más tierras.

A toda solicitud de nuevo ejido o ampliación de ejido se contesta: “no se concede en virtud de que dentro del radio de los siete kilómetros no existen fincas afectables”, pero se dejan a salvo los derechos de los solicitantes. Desde 1942 el ingeniero Carlos Hernández informa al Departamento Agrario que en la parte alta del municipio de Jiquilpan no hay fundos repartibles. Señala que algunos de los ranchos mayores ya han sido afectados (Auchen, Casa Blanca, Cerrito de la Leña, San Pedro, Estancia del Monte, Tinaja de los Ruiz, Divisadero y Sabino) y otros fraccionados (Ojo de Rana, entre los cuatro hijos de doña Librada Sandoval, el Guayabo entre varios Zepeda, el Palo Dulce entre los Arias y el Sabino entre centenares de parceleros). Como circulara el rumor de que el fraccionamiento de la hacienda del Sabino había sido ficticio, el inspector del Departamento Agrario aclara;

Verifiqué una visita de ojos a los terrenos que constituye la finca de referencia encontrándose efectivamente fraccionada y trabajada por los poseedores de los lotes... En general el terreno es de cultivo pero de una pobreza muy

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