U. Datos comunicados por Agustina y Josefina González Cárdenas.
24. José López Portillo y Rojas, La Parcela, p 36.
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a fuerza de desbaratar varas de membrillo en las asentaderas de los muchachos, los enseña a leer, escribir y contar mientras la vista se lo permite.
Enceguecido Gama, se buscó otro maestro, y se le halló en una orden religiosa reciente. Hacia 1884, sabedor el señor Cázares de que en Sahuayo vivía la monja exclaustrada sor Margarita Gómez, la invitó a fundar en Zamora una orden que se dedicaría principalmente a difundir la enseñanza primaria en los pueblos. Por otra parte dispuso el obispo que cada pueblo tuviera su escuela que se llamaría “asilo”. En la cons trucción del de San José colaboró con entusiasmo todo el vecindario, pero antes de que se terminara llegó sor Juana Garnica a esparcir las primeras letras y el catecismo en los párvulos. Al otro año, en 1900, vinieron sor Ángela Gómez y tres compañeras más. Todavía faltaba terminar el asilo cuando las religiosas empezaron a enseñar su repertorio a casi todos los niños y niñas del pueblo. Enseñaban lectura, escritura, nociones de gramática y aritmética, catecismo del padre Bipalda e historia rehgiosa de Fleury. A las niñas se les daban cursos suplementa rios de labores domésticas. A la primera escuela religiosa acudieron dos centenares de alumnos.
En la vicaría de San José de Gracia se vivía tan atado a la tradición como a la tierra, es decir, muy atado, pero no al punto de no poder desatarse, y menos querer estar sujeto. La gente del pueblo y contornos, en su gran mayoría, no había visto más mundo que el de la meseta; en algunos casos, los salitrales de Teocuitadán, las playas de Chapala, las villas de Jiquilpan, y Sahuayo, la pequeña ciudad de Cotija, las tierras de la miel y de la cera, y Contla, Tamazula y Zapotián. Había hombres (muy pocos) que hacían viajes a Zamora, a Guadalajara y a México. Pero lo común no era viajar. La gente se plantaba de por vida en su pequeña patria, en la reducida patria que alcanzaban a divisar sus ojos. Era lo corriente el sentirse a gusto en su rincón. Eran muy pocas las gentes que se decidían a cambiar su tierra por otra más pródiga, como la del contorno, o más poltrona, como la de las ciudades. Aquí la iban pasando pobremente, pero sin mayores agobios. Sin embargo, la carcoma de la curiosidad hacía su obra. Iba en aumento el interés por conocer lo distante, por averiguar lo sucedido allá lejos. Se les preguntaba a los
Datos comunicados por Luis y Josefina González Cárdenas.
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arrieros por las selvas de Tabasco. Don Gregorio González Pulido refería maravillas de la capital de la República. Un día don Gregorio se aventuró hasta Orizaba, y vino con la noticia de la luz eléctrica. Era también el encargado de describir a don Porfirio y los fastuosos desfiles de la capital. El estaba familiarizado con el tren, pero la mayor parte de sus paisanos jamás lo habían visto, y a algunos, al verlo por primera vez estruendoso y llameante, les temblaron las corvas y no faltó quien echara a correr.^^
A la curiosidad por lo lejano se suma la curiosidad por lo moderno. Se viaja para conocer el tren. Llegan los primeros rumores acerca del fonógrafo y la fotografía. Comienzan a colarse aires foráneos del mundo reciente.
Los A IRES D E AFUERA
Los primeros años del siglo XX no fueron buenos. En 1902 se inició una época de sequía que sacrificó más de la mitad del ganado. Sin embargo, a ningún ganadero se le ocurrió abandonar el negocio de la ganadería. En los últimos años del siglo anterior había muchos vendedores de tierras; en los comienzos del presente siglo varios querían comprar terrenos, pero casi nadie estaba dispuesto a vender. El valor de la propiedad rústica subió. En 1902 se dijo que don José Martínez acababa de comprar el rancho de Auchen casi regalado porque había dado por él únicamente $10,000. Cuarenta años antes la misma finca había valido $2 000, precio que entonces se estimó altísimo.^^ Por otra parte, don José Martínez fue un comprador afortunado no sólo por haber compra do barato, sino por haber conseguido vendedor. Además con la entrada del siglo la muerte se olvidó de las personas. En el pueblo de San José murieron 28 el último año de la centuria pasada; nueve el primer año de la nueva y cinco en 1902. También mejoraron con ese advenimiento las relaciones personales. Hubo menos riñas y robos. En el quinquenio 1901-1905 sólo se registraron dos homicidios.^*
26. Datos comunicados por Agustina y Josefina González Cárdenas.
27. AN], Protocolo del Lic. Ignacio Zepeda, 1902, y Protocolo del Lic. Miguel E. Cázares.
28. APSJ, Libro de defunciones, I.
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Al pueblo seguían llegando inmigrantes. Muy pocos de las rancherías de su jurisdicción; entre ellos, don Isidro Martínez, condueño de El Saucito. Otros llegaron de más allá: de Sahuayo el ganadero Faustino Villanueva, después de desposar una hija de Don Gregorio González. Eran de Zináparo los alfareros Salomé Barriga y Mateo Zavala, más sus mujeres e hijos; de la Manzanilla, el zapatero don Carmen Berbera y familia, y del Valle uno de los ricos de ese pueblo, seguido por sus hermanos: en 1902 se establecen en San José don Herculano Zepeda y la numerosa prole de su primer matrimonio
Mientras unos llegaban otros se iban. Mucha de la gente atraída por el padre don Othón salió tras él. El 5 de abril de 1903 el padre entrega la vicaría al clérigo Francisco Castillo, también de Sahuayo. Enmedio de la consternación general se despide don Othón, el padre que había sido de San José por doce años. El nuevo sacerdote era tan joven como el anterior y más ilustrado, pero inmisericorde, duro, ascético. Llegó dando machetazos contra los enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne. Se propuso levantar todavía más las tapias que tenían aislado a San José, abatir todos los pecados, purificar el cuerpo e imponer sin tregua ni piedad la limpieza y el orden cristianos.
El padre Castillo introdujo algunas mudanzas. Cerró la escuela de las madres y abrió en su lugar otra donde enseñó él personalmente, auxiliado por alumnas aventajadas de las expulsas: María Pulido, Elena Cárdenas, María y Agustina González Cárdenas. Redujo festividades profanas. Se le cercenaron a las fiestas públicas, incluso a la del 19 de marzo, la música, los cohetes y los castillos. Aspiró a convertir en asceta a cada uno de los feligreses. Incrementó las vigilias, los ayunos y las oraciones. Fueron las abanderadas de su política purificadora las “Hijas de María”. A éstas no se les permitía tener novio, ni vestir atractivamente ni andar en fiestas ni en espectáculos profanos.^“ Su campaña contra las apetencias de la carne obtuvo algunas modestas victorias. Varias mucha chas de las mejores familias se quedaron solteras para siempre. El consigue una disminución en el número de matrimonios. En 1902 el padre Othón casa a 40 parejas, en el primer año del padre Castillo sólo
29. 30.
APSJ, Informaciones rmitrimoniales, II.
Datos comunicados por Agustina González Cárdenas.
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hay 32 bodas, y en el segundo, 31. Pero sufre también derrotas de consideración.31 Bajo su mandato comienzan a desmoronarse las barre ras de la soledad.
Al mesón de don Lorenzo Zepeda empezaron a llegar gentes extrañas. Era un mesón pobre al que se entraba por un zaguán largo y ancho. Enmedio del patio empedrado había un pozo. Alrededor estaban cuartuchos con puertas llenas de resquicios, sin muebles, con chinches y pulgas. De que no hubiera ratones se encargaban los cincuates, las víboras negras de dos metros, que ahuyentaban a las víboras malignas y se comían a los ratones. Al fondo del patio había macheros y caballerizas. A toda hora se oían golpes, rebuznos, relinchos, canciones y pláticas. Al principio sólo llegaban al mesón los rancheros de las cercanías y los arrieros de Sahuayo y Cotija. Luego dieron en venir gitanos, saltimban quis, catrines, los que atravesaban corriendo por entre un aro de lumbre, los adivinadores de la suerte, los titiriteros, los merolicos que ofrecían ungüentos y yerbas, los payasos y los agentes de casas comerciales y firmas de renombre. En una de ésas vino el agente comercial de la Bayer a proponer la aspirina, la píldora milagrosa, la que por algún tiempo fiie curalotodo.
En 1905 aparece en el pueblo un hombre catrín, de sombrero chiquito. Llama a la puerta de las casas principales. Algunos vecinos, por equivocación, le besan la mano. Lo creen sacerdote. De hecho es un agente viajero de la casa Singer. Propone máquinas de coser movidas por pedales. Logra entusiasmar a varios jefes de familia. Después de un mes entran al pueblo cinco máquinas lustrosas y con ellas una señorita de Jiquilpan que viene a mostrar su manejo.
El correo llega a San José de Gracia en 1906. Con Guadalupe González Buenrostro al frente, se funda en el pueblo una agencia postal. U n día a la semana don Camilo recorrería la ruta San José-Tizapán a caballo, lentam en te.A ntes era difícil y costoso mandar o recibir una carta. Se hacía con propio o por medio de arrieros. A partir de 1906 la correspondencia se vuelve más fácil y normal, pero eso es lo de menos. Lo importante es que por consejo de los seminaristas algunos señores
31. APSJ, Libro de matrimonios, I.
32. Datos comunicados por Josefina González Cárdenas.
33. H uanimba (1941), núm. 1, p. 13.
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del pueblo, quizá no más de tres o cuatro, se suscriben a los periódicos. Por primera vez algunas personas de San José se enteran de la anchura del mundo y de las muchas cosas que suceden en él gracias a los diarios, o mejor dicho al diario El País, de la capital de la República.
El País, era el diario católico más leído en las provincias. Don Trinidad Sánchez Santos, su director, era provinciano, de la falda orien tal de la Malinche. A los veintiún años fue a México, y finalmente, en 1899, se fundó El País que combatió “el caciquismo y otras lacras de la dictadura... Quísose, en vano, atraerlo a la blanda comodidad del confor mismo. Pero él optó por la dureza y el riesgo... Sus breves e inflamados editoriales llegaban al pueblo y levantaban ámpula”.^^ Como quiera, al pueblo de San José más que los editoriales y artículos de índole política, más que los pormenores de las huelgas de Cananea y B io Blanco y de la entrevista del presidente Díaz con el periodista Creelman, incluso más que las noticias sobre el Tercer Congreso Agrícola de Zamora y el Tercer Congreso Católico y Primero Eucarístico de Guadalajara, más que cualquier reportaje sobre sucesos nacionales, causaban admiración las noticias sobre inventos que parecían increíbles: el vuelo de los hombres en aparatos alados, la telegrafía sin hilos, el teléfono, el auto móvil, el cine, los tranvías eléctricos, la fotografía, el fonógrafo, la lámpara incandescente, el submarino, la aspirina y otros medicamentos y artefactos de la vida moderna.
Don Gregorio González Pulido seguía viajando periódicamente a la capital de la República de donde volvía cargado de monedas y noticias. El confirmaba muchas cosas referidas por el periódico. El veía en México tranvías y focos eléctricos, teléfonos, automóviles, cine y demás aparatos de bienestar y les contaba a sus paisanos lo que había visto. Don Gregorio también acarreaba rumores políticos, pero vagos y escasos. Debe tomarse en cuenta que las estadías de don Gregorio en la capital eran cortas, pasadas en el mercado de la Merced y los templos aledaños, y que no podía traer muchas noticias aparte de las relativas a los inventos más notorios.
Los colegiales fueron otra fuente de información que se agregó a la caudalosa del periódico. Llegaban en los primeros días de noviembre; venían del Seminario Conciliar de Zamora. Dos o tres eran de San José y
M íom o]\ m co, Sanare de Hispania, pp. 56-57.
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D oña G ertrudis, sus hijas y una nieta.
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rara vez faltaba el invitado de fuera. Se llegaron a juntar en el pueblecito hasta media docena de colegiales que hablaban de todo; se referían despectivamente al gobierno de la República porque era liberal; empeza ban a mentar a Madero y a Reyes que eran otra cosa; pronosticaban la caída de don Porfirio; lucían su información política, pero sobre todo les gustaba lucirse en la manera de hablar, en resolver casos de conciencia, en dictaminar dónde terminaba el bien y comenzaba el pecado y en referir los nuevos inventos, algunos de los cuales ya habían llegado a Zamora, y todavía no a San José.^^
Entre lo que llegó a San José estaba el gramófono, que provocó un remolino de curiosidad. Enseguida vinieron los fotógrafos. Muchos no habían oído hablar nunca del invento de la fotografía. En 1908, algunas familias de San José, con una expresión de solemnidad asombrada, se hicieron retratar. Doña Gertrudis Pulido, la más vieja del pueblo, la viuda de don Guadalupe González Toscano se resistía a que le tomaran su imagen pero sus nietos vencieron la resistencia. Para otros no hubo poder humano que los hiciera ponerse frente a la cámara.^'’
El padre Castillo trató de contener el alud de noticias e inventos. A las mujeres les prohibió terminantemente la lectura del periódico. Ali mentaba las afectas a leer con obras piadosas. Pero sin menoscabo de su piedad, los hombres y las mujeres que sabían leer continuaron leyendo
El País y asombrándose con el gramófono, la máquina de coser, las
“vistas” y la fotografía. Probablemente por conducto de este periódico penetraron a San José nuevas formas de vestirse y ataviarse. Seguramen
te ^ox El País nacieron las inquietudes políticas entre los josefinos. Por
las ventanas del diario capitalino, los colegiales del seminario, los viajes de don Gregorio y los forasteros que traían “vistas”, fonógrafos y cámaras de retratar se colaron los aires de afuera, las inquietudes nacio nales, los primeros aparatos de bienestar y las ideas exóticas. Los vientos foráneos no hicieron mella en las viejas generaciones, pero fueron aspira dos por los jóvenes.
La generación del nuevo siglo, formada con los hermanos menores y los hijos mayores de la gente fundadora del pueblo, o sea con los nacidos entre 1862 y 1877, fue una generación rebelde. Se rebeló contra
^5. Datos comunicados por Luis González Cárdenas. Datos comunicados por Josefina González Cárdenas.
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las rigideces, los escrúpulos y las tristezas del padre Castillo y se rebeló contra parte de sus antepasados. Los jóvenes que andaban entre los 25 y los 40 años a la entrada del siglo, se afeitaron; vieron con repugnancia la luenga barba de sus padres y abuelos; comenzaron a retorcerse los bigotes, y los pudientes, los hijos de los ricos, agregaron botonaduras y alamares de plata a sus vestidos charros. En las casas se introdujeron nuevos elementos de bienestar, como el agua corriente. Se entubó la del Ojo de Agua y se trajo por caños de barro hasta una de las orillas del pueblo, donde se construyó el depósito. De éste se hicieron salir caños para las casas sobresalientes de la población. Otras mejoras, como la de empedrar las calles, mampostear con baldoquines rojos las fachadas, usar la cantera para adornos y construir balcones con rejilla se introdujeron entonces. La nueva generación fue activa y de mano emprendedora. Conservó el espíritu de iniciativa social de sus padres. Fue nacionalista, política y novelera, y tuvo líderes de iniciativa y empuje.
El padre Juan González fue el máximo líder de esa generación. Había nacido hacia 1873. Era nieto de Antonio González Horta. Hacía lodo cuando el padre Othón se fijó en él para mandarlo al seminario. En el Auxiliar de Sahuayo se le colgó el mote de “El Alezno”. Allí y en Zamora gozó fama de astuto. Su don de gentes, su capacidad para inspirar confianza, su entusiasmo y su dinamismo, le facilitaron una brillante carrera. Fue habilísimo hombre de negocios. En 1907 se celebró solemnemente el cantamisas del padre Juan. Asistieron al ban quete los ricos de la región, además de los parientes del recién ordenado sacerdote. Volvió a Zamora para ser catedrático distinguido en el semi nario. Era filósofo de mente clara, persuasivo y excelente orador, y hubiera podido ser un intelectual de fuste si no se hubiera dejado vencer por la tentación del dinero. En un abrir y cerrar de ojos se hizo de una fortuna respetable; adquirió ranchos y vacas. Creía tanto en la virtud creadora de la riqueza que trató de traer a San José a los ricos de los contornos; se propuso llenar el pueblo de “gente de provecho”. También era afecto a la política.
El comerciante Manuel González Cárdenas, hijo de don Gregorio González Pulido, le hacía segunda al padre Juan. Sin cultura, pero tan emprendedor como éste, trató de hacerse rico mediante el comercio y las actividades agropecuarias. Puso una tienda tan bien surtida, con tantos abarrotes, telas y trebejos que hizo quebrar a otras tiendas y consiguió 134
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que los tenderos de las poblaciones vecinas vinieran a surtir sus estable cimientos en el suyo. Las ganancias obtenidas en el comercio las invirtió en la compra de tierras y ganados. Como el padre Juan, aspiraba a ser rico entre ricos. Secundó la política de traer adinerados a San José. También se empeñó en el mejoramiento de la fisonomía del pueblo. Tampoco fue ajeno a las inquietudes políticas.
Revolucionario de otro tipo fue Narciso Chávez. Como su tío don Juan se instaló en los negocios artesanales y como él llevó su curiosidad a esas tareas sólo conducido por la afición y la inteligencia que no por ia cultura. Fue hábil en todo lo que puso mano. De sus muchas y raras habilidades quedan las rejas de algunos balcones pueblerinos y el baran dal del atrio. Del tintineo de su herrería salieron mil cosas dignas de admiración y hubieran salido más sí de ahí a poco no hubiese muerto.
Otro personaje central de la nueva época sería don Apolinar Parti da. Se formó con don Juan Chávez. Había venido de la Villita cuando comenzó el pueblo. Aquí le enseñó don Juan la manera de hacer molinos de piedra para moler nixtamal. Puso taller y fue a muchas partes a vender sus moiinitos. Después se dedicó a la carnicería. Mataba reses y vencüa su carne en la plaza. Su verdadero destino no se reveló entonces. Él no había nacido ni para ser artesano ni para ser matancero. La sangre fría, los ojos pequeños y alertas, el gusto por el peligro y las hazañas físicas lo empujaron a la vida bronca. Al sobrevenir la revolución encontró su camino y su muerte.
Luego vinieron a sumarse al padre, a don Manuel, a don Narciso y a don Apolinar, los anhelados ricos. El pueblo se llenó de pronto de huéspedes adinerados: don Ignacio Sánchez llegó armado con pistola, carabina, machete, daga, escopeta y navaja, era dueño de un par de ranchos de extensión considerable. Otro de sus méritos residía en el hecho de ser marido de la hija de don José Martínez. Era éste el dueño de Auchen y La Arena y estaba próximo a serlo del Palo Verde. Don José Martínez fue otro de los inmigrantes al pueblo, como lo fueron también