CAPÍTULO 3: La labor de la UNESCO en América Latina: la ORCYT
1. Historia y dinámicas de la relación entre la Argentina y la
1.3. Argentina en la UNESCO: primeras acciones como Estado
Si bien Argentina se incorpora a la UNESCO en el año 1948, participa de la Conferencia General en esa oportunidad pero no hace efectivas las contribuciones asignadas. Recién en el año 1953 se dispone la creación de una Delegación Permanente ante UNESCO y se genera en el ámbito de la Cancillería la División UNESCO, según la
41 El mismo reconocimiento tuvo la cantante argentina Susana Rinaldi en 1992. Los embajadores de Buena
Voluntad son personalidades destacadas que han aceptado, a través de su prestigio y celebridad, difundir y amplificar la labor de UNESCO.
42 Información extraída del sitio web oficial: http://www.unesco.org/new/es/culture/communities/
127 Resolución Ministerial N° 217 del día 24 de junio de 1953, que albergaría secciones destinadas a becas, educación, ciencia y cultura. Recién en el año 1954 se vuelve a registrar participación de Argentina en la Conferencia General, y es en este momento cuando se reanudan las relaciones diplomáticas y se realiza el pago de la primera cuota (Abarzúa Cutroni, 2017).
Cabe destacar que la reanudación de la participación activa de Argentina en UNESCO es parte también de una tendencia general marcada por un proceso de transformaciones al que se hizo mención anteriormente, en el que el organismo se propone estrechar su vinculación con los gobiernos de los Estados miembros (Finnemore, 1993).
En 1949 la Asamblea General de la ONU aprueba el Programa Ampliado de Asistencia Técnica, destinado a la asistencia de los países denominados “subdesarrollados”. A partir de estas directivas, los funcionarios de UNESCO comienzan a implementar programas de asistencia técnica con la pretensión de apuntalar las iniciativas nacionales y regionales dando como resultado el desarrollo económico y social de los países “receptores” (Stokke, 2009 citado en Abarzúa Cutroni, 2017).
El primer evento realizado en Argentina por el organismo fue el “2º Coloquio Matemático sobre algunos problemas matemáticos que se están estudiando en Latinoamérica” celebrado en Mendoza en 1954 (el 1° Coloquio se había realizado en Punta del Este en el año 1951). De acuerdo con Establier el coloquio fue posible gracias al trabajo realizado en los meses previos entre los funcionarios de la Oficina de Montevideo y la colaboración de la Universidad Nacional de Cuyo (UNC) y la CNEA. Estas declaraciones dan cuenta de la existencia de vínculos o contactos personales entre científicos al margen de los canales oficiales de comunicación entre el Estado miembro y la UNESCO (Abarzúa Cutroni, 2014). Esta situación refuerza la idea del débil contacto institucional que caracterizó los primeros años de la vinculación entre la UNESCO y el gobierno argentino.
Al año siguiente, se organizaron cursos de perfeccionamiento intensivos para actualizar la formación de profesores universitarios de matemáticas y física, organizados por la UNESCO y la UNC en el caso de matemática, y por la UNESCO y la CNEA en física. Así comienza una etapa de visitas de expertos y misiones científicas en el país.
Más tarde, la delegación argentina realiza la primera propuesta oficial ante la Conferencia General: la creación de un Centro Regional de Matemática de América
128 Latina43. La propuesta se discutió y aprobó en la 10º Conferencia General de la UNESCO realizada en París, en 1958, a la cual asistió el Sr. Alfredo Calcagno como representante de la delegación argentina.
En la década de 1950 prevalecía un contexto global donde surgía la necesidad de priorizar y estimular la investigación en el campo de las matemáticas, principalmente debido a su aplicación en otras disciplinas en crecimiento como la física, la astronomía y la computación. Cabe recordar, como se desarrolló en el tercer capítulo, que durante esos años se difundía por el mundo el modelo lineal de innovación, paradigma científico imperante, cuya premisa consistía en sostener que el fomento a la ciencia básica generaría como consecuencia desarrollo tecnológico.
En dicho contexto, reconociendo la necesidad de mejorar la formación en el campo de las matemáticas en los países en desarrollo, y luego de transcurridos dos años de que la Conferencia General de UNESCO haya recomendado su creación, en 1960 se llevó a cabo en Buenos Aires una reunión regional, organizada por la Oficina de Montevideo, en la que se redactó un Estatuto y un programa para el Centro Regional de Matemática. Dicho documento no fue aprobado por UNESCO dado que preveía la financiación permanente por parte del OI y tampoco fue ratificado por ninguno de los Estados de la región.
La puesta en funcionamiento del Centro desde sus inicios estuvo impulsado por el entonces Centro de Cooperación Científica. A su vez, se dispuso la creación de un número, aunque limitado, de becas llamadas “Argentina-UNESCO”. Jurídicamente la situación del Centro Regional fue irregular desde su creación hasta 1966 cuando cesa el apoyo de la UNESCO. A partir de ese año fue el PNUD quien sostuvo su funcionamiento hasta 1970.
De esta manera, el Centro nunca tuvo estatus jurídico ni infraestructura propia, sino que su funcionamiento dependió del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). No obstante, se constituyó como importante polo de formación para los matemáticos latinoamericanos en la década de 1960, ya que permitió que el gobierno argentino pudiera incluir este antecedente en sus pedidos de asistencia técnica a la UNESCO, para el reclutamiento internacional de expertos y becarios a partir del prestigio del organismo (Abarzúa Cutroni, 2014).
43 UNESCO, Conferencia General, Décima Reunión, París, 1958, Resoluciones. Disponible en:
129 De esta manera, desde una mirada constructivista, se observa cómo la UNESCO es percibida como lugar de autoridad, donde cobran singular relevancia su legitimidad moral y de experiencia. Por un lado, al reflejar y representar principios y valores de la comunidad internacional, por otro lado, al ser reconocido como actor con trayectoria en la temática. De esta forma, la creación del Centro se toma como un antecedente positivo dado que habilitaría futuras acciones en el área científica, a partir del reconocimiento y “visto bueno” ejercido por UNESCO al legitimar el accionar argentino en materia científica.
En 1959 se celebra el 3º Simposio de Matemáticas en Buenos Aires, iniciativa organizada por el Centro de Cooperación Científica y la UBA. El entonces Director del Centro Regional de Matemática, Dr. Alberto González Domínguez (1959), en la apertura del Congreso advierte:
“el fin último que persigue UNESCO con el auspicio de estos congresos no es otro que el progreso de la matemática (…). Pero el objetivo inmediato es otro, a saber: desterrar el aislamiento en que trabajan los matemáticos de nuestros países, dar pie a que se cambien ideas y se establezcan contactos que en definitiva plasmen un intercambio de personal científico entre nuestras Universidades e Institutos” (1959: 109).
Entre 1959 y 1964 se suceden 11 misiones en Argentina de matemáticos que dictaron cursos y seminarios especiales de corta duración (orientados al perfeccionamiento de docentes) principalmente en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. A este respecto, mayoritariamente los testimonios de los expertos dan cuenta de un nivel avanzado de las matemáticas en Argentina, tanto de profesores calificados y experimentados como de estudiantes con alto nivel de conocimiento. Abarzúa Cutroni (2017) advierte que estas visitas patrocinadas por UNESCO no fueron azarosas sino que fueron producto de vínculos académicos preestablecidos a partir de la deliberación de los matemáticos locales de querer estrechar el contacto con dichos expertos.
El procedimiento para solicitar misiones de asistencia técnica se iniciaba a partir de un pedido de un candidato específico a través de Cancillería argentina (órgano coordinador de la asistencia técnica), luego se giraba la solicitud a UNESCO donde realizaban los contactos y se sugerían otros expertos disponibles en caso de que no se obtuviera respuesta
130 afirmativa. Los elegidos debían viajar a Paris a recibir las instrucciones de su misión e información sobre el destino, los pasos a seguir para remitir los informes y recomendaciones a UNESCO, e indicaciones sobre cómo debían proceder en terreno. Del mismo modo debían entrevistarse en la sede de UNESCO al finalizar la misión.
En el caso de las misiones protagonizadas por expertos físicos, no estaban destinadas a dictar cursos o seminarios, sino que se trataba de estadías de entre seis meses y dos años de duración, con el objetivo de contribuir al desarrollo de la física experimental, siendo esta última una disciplina con un importante recorrido en Argentina, de hecho la investigación y desarrollo en energía nuclear eran respaldados por el Estado.
En el período 1957-1966 ocho físicos, en su mayoría suecos, realizaron misiones en Argentina, quienes eran demandados por el Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y la CNEA. En este caso, los funcionarios de UNESCO intentaron cambiar el perfil de los expertos solicitados, orientándolo hacia un candidato que fuese profesor de nivel universitario y que no fuera de nacionalidad sueca. Dicha sugerencia no prosperó, y las autoridades argentinas insistieron en la idea de traer físicos nucleares de origen sueco. En consecuencia, principalmente la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, se comprometió a financiar la contratación de los expertos, mientras que UNESCO pasó a hacerse cargo de las gestiones administrativas. Las autoridades de UNESCO argumentaron que el espíritu del programa científico universal que promovía el organismo no podía ser utilizado para proyectos bilaterales de asistencia, debiendo éstos ser financiados con recursos nacionales (Abarzúa Cutroni, 2017).
El envío de expertos obtuvo la colaboración de fundaciones estadounidenses (como la Fundación Ford o la Fundación Rockefeller) siendo sus aportes canalizados a través de subsidios para la compra de instrumental, contratación de profesores extranjeros o el establecimiento de bibliotecas especializadas. Feld (2010) advierte que si bien estos recursos externos para la investigación representaban alrededor del 10% de la totalidad, entre 1959 y 1964 Argentina ocupó el segundo o tercer puesto entre los países que más fondos recibieron de estas fundaciones.
El golpe de Estado 1955 no afectó la vinculación con UNESCO, de hecho desde 1956 se multiplicaron los pedidos de expertos extranjeros a UNESCO desde UBA y CNEA. De la misma manera continuaron las relaciones con la asunción de Frondizi en
131 1958. No obstante, a partir del golpe de Estado de 1966 si bien las relaciones oficiales persistieron, como demuestra la organización de la primer “Reunión de consejos de investigación científica y otros organismos responsables de la política científica nacional de los Estados miembros de América Latina” celebrada en Buenos Aires en el marco de las recomendaciones de CASTALA, finalizaron las misiones científicas por lo que los vínculos entre académicos de universidades y funcionarios de UNESCO sí se vieron afectados.
Según Abarzúa Cutroni (2017), en referencia a las primeras vinculaciones desarrolladas desde mediados de 1950 hasta mediados de 1960 entre Argentina y UNESCO, los contactos establecidos abrieron la posibilidad de la circulación de conocimientos en el ámbito latinoamericano y permitieron la consagración de algunos centros académicos periféricos, además del establecimiento de alianzas académicas. No obstante, las misiones de expertos no estuvieron ajenas de disputas político-académicas, y su impacto tampoco puede entenderse aislado de otros factores como la politización del campo académico, la política científica implementada, y la capacidad de científicos locales de legitimar su trabajo frente a pares de otros centros académicos.
La autora destaca que en este período el accionar de la UNESCO venía acompañado de prestigio, por lo que el aval de la organización sirvió como fuente de reconocimiento para los físicos y matemáticos locales al momento de posicionar sus investigaciones en el ámbito internacional. Es decir, pudieron capitalizar los recursos puestos a disposición por UNESCO para la internacionalización de sus propias trayectorias como científicos y educadores. Una vez más, se advierte cómo la autoridad moral y de experiencia de la UNESCO influye en la comunidad científica local.
Asimismo, Feld (2015) menciona una ligazón entre modernización e internacionalización, en palabras de la autora: “no sólo en los aspectos cognitivos de la vida académica, sino también en la promoción de la participación argentina en espacios internacionales de sociabilidad”, como por ejemplo fue el ingreso del CONICET en 1958 al ICSU (Feld, 2010: 152).
De esta forma, al finalizar la década de 1970 se producen cambios en el modelo institucional científico argentino motivados por varios factores, entre ellos los fuertes cuestionamientos provenientes del campo académico a la política científica y tecnológica vigente, y la emergencia de un nuevo paradigma difundido por los OI. Con el advenimiento
132 del gobierno de facto de Onganía en 1966, el Estado asume una racionalidad técnica y se propone generar un nuevo esquema organizacional donde confluyeron: una concepción tecnocrática del Estado y de las políticas públicas, el nuevo paradigma de políticas científicas difundido por UNESCO y el acuerdo de la comunidad científica en torno a la reformulación de dichas políticas (Feld, 2015).
1. 4. La creación de organismos públicos y la realización de informes bajo la