Carlos es un una persona que ha vivido ciento diez años y tiene la salud y la apariencia de un tipo de cuarenta, tiene la certeza que lo que lo ha hecho “inmortal” es su ritual de fumarse una cajetilla de cigarrillos al día y dejar el último cigarrillo dentro de la caja antes de dormir. Él intuye que con esto está tentando al destino a dejarlo fumarse ese último cigarro y prolongar su vida un día más todos los días, puesto que no ha envejecido desde el día que comenzó a practicarlo.
El día que cumple ciento once él se inquieta por la muerte, como es un experto tarotólogo él la busca en sus lecturas de cartas pero no la encuentra: hace varias tiradas pero nunca sale la carta del arcano XIII y siempre que destapa la carta base del mazo, la posición más lejana que una carta tapada puede estar de una lectura regular, la encuentra. Ansioso, repite las tiradas buscándolas hasta que se cansa y en la última tirada no lanza las cartas, sólo ve la carta de base que resulta ser el XIII nuevamente.
Frustrado, sale de su con un cigarrillo en su mano y camina largo tiempo. Al volver, por la noche, se sienta en su cama, saca un revolver de un cajón con llave en el que están varios tarot más y se apunta con éste en la cien. Tembloroso, baja el arma y lanza un suspiro pronunciando una frase: “la única forma es dejar de fumar”.
Al otro día él va a un centro de terapias grupales, se inscribe y entra a la sesión. En la terapia se encuentran varios personajes, la mayoría hombres mayores de la edad que Carlos aparente tener. La terapia empieza con las anécdotas personales de cada quien pero Carlos está distraído, ensimismado en su problema y no le pone atención a los testimonios de los demás. Una terapista lo toma del hombro y lo invita a hablar lo toma por sorpresa, él levanta la cabeza, la terapista le repite la invitación. Titubea inseguro y trata de articular las sílabas, finalmente se presenta, enmudece, y frunce el ceño de una manera melancólica, se acuerda de su padre. Hablando taciturnamente y con la mirada baja empieza a contar la siguiente historia:
57 Su padre murió, en un incendio, la misma noche en la que él fumó su primer cigarrillo. Interrumpió la historia para confesar su ritual de dejar el último cigarrillo pero no mencionó la inmortalidad. Continuó diciendo que su padre practicaba el mismo ritual que él y que una noche, a los doce años, él entró a la cocina y sacó la caja con el último cigarro, del padre, lo prendió, le pareció incómodo y asfixiante pero pudo descifrar el porqué del gusto del padre. Habiendo alzado el tono de su voz en lo que había contado de la historia, lo volvió a bajar y dijo en voz muy baja “yo me aseguré de apagarlo bien, tenía miedo de que mi papá se diera cuenta por el olor, tanto así que escondí la cajetilla en mi cuarto.” Pero esa noche hubo un incendio en su casa que inició poco después de que él botara el cigarrillo en una caneca. Nadie supo nunca qué lo ocasionó pero él lo relaciona con el incidente del cigarrillo. Revela además que desde entonces ha guardado la cajetilla . La sesión acaba y todos se van, pero la terapista que lo invitó a hablar, lo detiene en la salida y le aconseja ser abierto con sus problemas para poderlos enfrentar.
Carlos levanta la mirada y la terapista lo invita a sentarse y reconoce el coraje que tuvo para contar la historia y le da pautas para dejar el cigarrillo gradualmente. Para la siguiente sesión Carlos debería estar fumando menos cigarrillos al día, la terapista le aconseja dejar de hacer el ritual del último cigarrillo, pero él le dice que esa es la parte más fuerte, que eso es más difícil que no fumar ninguno en todo el día, el terapeuta lo entiende y le anima a seguir el proceso paso a paso.
Carlos se devuelve a su casa, entra, saca un cigarrillo de la cajetilla que sólo tiene uno más, se lo fuma mientras se alista para dormir. Cuando duerme le dan pesadillas y recuerda el velorio de su padre. Sueña además que guardo la cajetilla vacia en un baúl.
En la siguiente sesión, una semana después. Carlos se encuentra ojeroso y desgastado, manifiesta su cansancio y pérdida de la lucidez por las visiones que le daban esporádicamente. Esta vez se encuentra solo con la terapeuta, quien le formula una pregunta: ¿Por qué quiere dejar de fumar? Nervioso, él contesta que para mejorar su salud y de paso liberarse de la carga de su padre. La terapista, preocupada por el estado de Carlos, le insiste de una forma invasora que se esfuerce más en la respuesta, que diga todo lo que tiene que decir. Carlos le explica que él quiere dejar de fumar para morirse y explica su inmortalidad. La terapista lo detiene y sermonea a Carlos por su falta de colaboración con el grupo. Carlos se va frustrado, llega a su casa por la noche, saca una botella de trago, pone música y empieza a beber y mientras que fuma sentado en un sofá de su sala.
Estando ya borracho empieza a tener visiones de nuevo, dolorido saca un tarot, busca la carta XIII, la pone sobre la mesa, la mira concentradamente, luego saca el último cigarrillo de la caja y se lo fuma. Al terminárselo se termina
58 casualmente la música que Carlos estaba escuchando. Él oye una puerta (la de la entrada de su casa) que se abre y se cierra, y unos pasos que se escuchan cada vez más cerca.
Una mujer muy delgada, vestida elegante, con sombrero de copa y gafas oscuras (Barón Samedi, ícono de los cultos vudú) viene caminando y se sienta frente a Carlos en el sillón diametralmente opuesto de la pequeña sala, tiene una gran similitud con la terapista. Los separa una mesa de centro en la que el tarot, con la carta XII están puestos, Samedi recoge la carta y la reincorpora en le mazo, lo baraja calladamente y sin decir palabra se lo entrega a Carlos para que lo parta. Al partirlo, Carlos le devuelve las cartas, Samedi pone cuatro cartas tapadas haciendo una cruz. Al destapar la primera (izquierda para Carlos) él ve la imagen del emperador, el arcano IIII (notación del tarot) y empieza a recordar imágenes de su padre en el día del incidente. Al destapar Samedi la segunda carta (derecha), el loco, él ve imágenes de él mismo en aquel día. La tercera carta es la carta de la torre, la XVI, que tiene como imagen una torre de castillo incendiada y dos personajes callendo de ella, él empieza a reconstruir todo el incidente del accindente en un orden claro y se da cuenta que eél no ocasionó el incendio. La cuarta carta es la de la muerte, él tiene visiones del entierro de su padre, de cuando guardó el baúl y luego de cuando se fumó el primer cigarrillo de su vida. Esta última visión lo deja ver que él no se había fumado el último cigarro de la cajetilla del padre porque aún quedaba otro y él se había confundido.
Al terminar la lectura, Samedi recoge las cartas, se las entrega y se va de la misma forma en la que llegó. Carlos se busca una llave y va a donde el baúl, lo abre y saca caja, la abre y ve que aún queda un cigarrillo.