8. LA CREACIÓN DE “EMPRESAS VIRTUALES”
8.3. El arquitecto de la empresa virtual
La figura principal en el inicio de una empresa virtual, aparte del “broker”, es el “arquitecto”. ¿Qué hace el arquitecto de la EV? Casi ya se lo imaginan; el arquitecto diseña la EV. Básicamente decide qué empresa será la líder, qué empresas participan y establece el marco general de operación y coordinación de los miembros de la EV. Como figura es fácilmente identificable y su necesidad fácil de detectar; en la práctica las cosas nos pueden aparecer algo más oscurecidas.
Cuando una oportunidad llega a una red empresarial hay que decidir como hay que aprovecharla. Lo más sencillo es que sólo requiera de las capacidades de un suministrador miembro. Las redes de negocios generarán muchas de estas operaciones. Si la red sólo contiene una empresa que se dedique al negocio, esa será la que podrá aprovecharla. Si hay varias hay que tomar decisiones sobre qué hacer entonces. Esta decisión la toma el arquitecto (cual de las empresas de la red suministra o si se produce un reparto a través de una empresa virtual). En el caso de operaciones más complejas, que involucren la participación de varias empresas con capacidades diversas su tarea es aún más necesaria. Tiene que analizar las capacidades de los miembros de la red y ver
la manera de configurar la empresa virtual más competitiva. Para ello reúne los elementos funcionales y operativos de cada empresa miembro de más utilidad y diseña la EV. A veces es muy fácil, otras veces es complejo. El gráfico 8.6 es una estilizada representación de esta tarea.
Gráfico 8.6 El arquitecto y el diseño de la empresa virtual
Fuente: elaboración propia.
Para configurar una empresa virtual el arquitecto reúne una serie de empresas entre los miembros de la red (derecha del gráfico) analizando las capacidades y características de la manera en que realizan sus operaciones (izquierda). Con los elementos a su disposición diseña la EV más adecuada.
La función de arquitecto en una red empresarial la realiza el gestor de red. Es parte de su función general de “convocar” que ya hemos comentado. Lo que ocurre en la práctica, cuando la oportunidad es de alto nivel de complejidad, es que esta función puede ser delegada en una miembro de la red, casi siempre - pero no necesariamente- en la empresa líder (sujeta al cumplimiento de ciertos parámetros de diseño; los más importantes los relacionados con el cómputo de costes, pagos entre miembros y distribución de ingresos y beneficios). Si es así, el gestor ya ha comenzado el diseño,
ya que ha escogido la empresa líder (que es parte de la EV). En la mayoría de las veces esta será una decisión obvia que obedece a la lógica intrínseca del negocio y la composición de los miembros red. Para los casos más complejos la red tendrá que reunirse (los miembros necesarios) y consensuar el diseño de la EV.
Cuando al gestor de red le llegan las oportunidades comerciales a través de sus propias iniciativas o a través de otros miembros de la red (función de filtrado) que no tienen interés prioritario en la oportunidad (colaborarán, pero su aportación puede que sea no muy decisiva) el funcionamiento anterior suele ser el más normal. Pero muy frecuentemente llegan a la red oportunidades por parte de un miembro que tiene un gran interés en el negocio y que se autodesigna líder. Probablemente sea el más adecuado para tal labor pero el problema surge porque en este caso puede que asuma todas las tareas fundamentales de arquitecto sin limitaciones en el diseño lo que suele acarrear conflictos sobre el reparto. El líder pretende así convertirse en un suministrador con el resto de los miembros de la EV en función de subcontratistas tradicionales. Ocurre muchas veces y los miembros lo aceptan porque siempre salen favorecidos (si no, no aceptarían la posición de subcontratista) pero no es buena señal. La manera de compensar esto es hacer que todas las oportunidades a la red pasen a través del gestor de red, que al menos podrá evaluar todo protegiendo los intereses de los diferentes miembros, pero es difícil impedir que un miembro (el líder, normalmente) se ponga en contacto directo con otros sin pasar por el gestor dado que ya conoce perfectamente al resto de los miembros.
La evaluación de las medidas a tomar en las anteriores circunstancias no es sencilla porque una red empresarial debe facilitar las relaciones directas entre los miembros sin centralizar demasiadas cosas. Lo más razonable en estos casos es quizás el permitirlos, sujetos al cumplimiento de las normas de operación que rigen para el funcionamiento de las EVs que se forman en la red. Probablemente esto sea suficiente para limitar el posible oportunismo.
Para concluir estos epígrafes sobre la configuración de EVs debemos añadir algún comentario sobre figuras legales que permiten la contratación a un grupo de
empresarios y hacer así innecesaria la contratación independiente con el cliente de cada miembro o la contratación a través de un líder.
• Agrupaciones de Interés Económico: figura asociativa, útil para proyectos de cooperación interempresarial. Tiene carácter mercantil, personalidad jurídica propia y sin ánimo de lucro para sí misma, pero sí para sus socios. Esta figura se halla regulada por la Ley 12/1991, de 29 de abril, de Agrupaciones de Interés Económico que trata de incorporar en la legislación española el reglamento (CEE) 2137/1985 sobre agrupaciones europeas de interés económico.
Las EVs pueden configurarse como AEIs. y contratar como tal. En algunos casos en los que le EV tiene duración larga, realiza varios contratos sucesivos con clientes y la actividad es así bastante impredecible de antemano puede ser una figura útil. En realidad las AEIs se concibieron inicialmente en Europa –un tanto vagamente, sin embargo- para resolver los problemas centrales de identidad legal
de una Red Estratégica Empresarial tal como nosotros la concebimos. Son así un formato legal que puede en algunos casos ventajosamente sustituir al asociativo que hemos analizado. Su operativa básica sería la misma. La transposición a la normativa española se ha hecho utilizando la referencia de Sociedad Colectiva que implica la potencialidad de participaciones diferentes en la misma (y que potenciales socios discutirán). Algo útil en muchos casos pero que va en contra del régimen de igualdad que debe imperar en las redes empresariales. Las desventajas de configurar una red como figura legal autónoma (SA) ya las hemos comentado antes y se aplican aquí de forma semejante.
• Uniones Temporales de Empresas (UTE): Esta forma de colaboración entre empresas facilita la competitividad entre grandes compañías y las de tamaño medio o pequeño, ya que estás últimas no podrían presentarse a ciertas obras, o a la realización de ciertos servicios, si no se unieran entre ellas para así aportar los medios técnicos y la financiación de forma conjunta. El objetivo de estas uniones es el desarrollo o ejecución de una obra, un servicio o un suministro determinado. El sector de la economía que las utiliza con más profusión es el de la construcción.
Curiosamente las empresas que más uso hacen de esta figura no son las Pymes sino las grandes empresas constructoras que han encontrado en esta figura un procedimiento muy a la mano para repartirse un pastel (el contrato) que si no se tendría que llevar uno sólo. Las Pymes, sin embargo, las utilizan poco. Algo que podrían hacer más y que, bajo la protección de una red empresarial que cree los procedimientos para la creación y administración de estas UTEs, sería fácil.
Añadir aquí que una red estratégica empresarial puede crear una Sociedad Anónima que sirva como medio para la creación de empresas virtuales. Esta Sociedad, actuando como líder de la EV, sería la encargada de contratar con el cliente. Es importante apreciar que esta SA es diferente de la red estratégica configurada como SA que hemos comentado antes y que dijimos que no nos gustaba mucho como esquema. Es simplemente una herramienta a usar para facilitar la creación de EVs. Toda buena red estratégica empresarial terminará creando una.