3. Los baños árabes: El Hammam
3.3. Arquitectura, construcción y funcionamiento del Hammam
Los baños siguieron siendo edificaciones utilitarias dedicadas a la higiene corporal que podríamos llamar clásicas por la influencia tan directa que recibieron de las termas romanas. La principal diferencia se impuso en la etapa emiral-califal (siglos VIII-XI), momento en que las salas se sitúan paralelas e inscritas en un cuadrado o en un rectángulo, como ocurre en los baños del Campo de los Mártires de Córdoba, y en los baños anejos al salón Rico de medinat al-Zahara. Esta tipología será la que continúe a lo largo de todo el periodo hispanomusulmán.
MICHELL, G. Los Baños de Gany Ali Jan en Kirman
(La Arquitectura del Mundo Islámico, 2000).
Según henri Péres podemos establecer una distinción en la etapa islámica, entre los baños naturales o hamma y los baños clásicos, que en la actualidad
denominamos “baño turco” por influencia del romanticismo pictórico, y que en árabe se llama hammam, plural hammamat. 17
Los hamma o manantiales de agua caliente y mineral abundaban en tierra granadina (Sierra Elvira, La Mahalá, Alicún de Ortega, baños de Graena, Alhama, etc.), pero no en todos se construyó un edificio que los albergara. De hamma precisamente deriva el topónimo Alhama, del que tenemos ejemplos en Zaragoza (Alhama de Aragón), en Murcia, en Almería y en Granada.
17 VILCHEZ VILCHEZ, C.
Baños Árabes. Granada guías de Historia y Arte. Los libros de la
MICHELL, G. Hammam de Istambul s. XVIII
(La arquitectura del mundo islámico, 2000)
La estructura del hammam seguía fielmente el esquema romano, tomando proporciones menores y eliminando una serie de salas complementarias. Según Torres Balbás18, conocemos el nombre árabe de las distintas dependencias del hammam gracias a un documento mozárabe del siglo XIII de reparación de un baño propiedad del Monasterio de Dueñas de San Clemente, (Toledo).
18 TORRES BALBÁS, L.
Los baños públicos en los fueros municipales españoles. Al-Andalus Tomo XI. Madrid, 1946.
ORTEGA ANDRADE, F. Baño del Palacio de Comares
Por lo general, la planta del baño musulmán consta de una primera estancia denominada al-bayt al maslaj, que corresponde a aquella bautizada en Roma
como apoditerium, vestíbulo de ingreso donde el cliente descansa, espera y se desviste. Servía de guardarropa y sala de reunión, ya que en los muros de esta estancia suelen abrirse taqas, camarillas de escaso fondo destinadas a
depositar la ropa. Exterior a esta zona solían venir emplazadas las letrinas, retrete abierto por una ranura vertical en el suelo donde corría el agua, generalmente un pequeño cubículo.
ORTEGA ANDRADE, F. Baño del Palacio de Comares
(Historia de la Construcción IV, 1998)
LÓPEZ RECHE. M. Baño del Palacio de Comares
La siguiente estancia es denominada al-bayt al-barid, que corresponde a la
sala fría, o frigidarium en una terma romana. Estas dos salas, generalmente de planta rectangular, suelen estar atajadas en sus extremos mediante arcos perpiaños o gemelos, que originan espacios destinados al reposo (iwan). 19
Figura. S. Fría. Baño Bañuelo (Granada)
Figura. S. Fría. Baño el Polinario(Granada)
VILCHEZ VILCHEZ, C. (Baños Árabes, Granada, 2001).
La tercera estancia, la más espaciosa del baño, y correspondiente a la sala templada o de vapor, cuyo nombre latino es el de tepidarium, se denomina en la arquitectura islámica al-bayt al-wastani, que en árabe significa literalmente
“la sala intermedia”. Por su mayor dimensión, suele organizar la cubrición del espacio central mediante cúpula apoyada en columnas.
19IWAN. No han de confundir este espacio dedicado al reposo con aquél de los palacios persa-
sasánidas. Este último era una sala rectangular o cuadrada, con 3 de sus 4 lados cargados, que servía de acceso a dichas edificaciones.
Sala Templada. Baños Bañuelo y de la Judería de Baza. VILCHEZ VILCHEZ, C. (Baños Árabes, Granada, 2001).
La cuarta sala, corresponde al caldarium o sala caliente de la época romana y tiene la denominación árabe de al-bait al-sajun. El suelo de dicha estancia,
permanecía hueco y se sostenía por pilares de ladrillo, era una cámara de tradición romana para calentar el suelo desde el horno. Como el suelo se mantenía a altas temperaturas los usuarios circulaban desnudos pero calzados con gruesos zuecos o alcorques de suela hueca, que impedían la transmisión del calor y, como consecuencia, que se quemaran.
Sala Caliente en Baños Comares y Polinario. VILCHEZ VILCHEZ, C. (Baños Árabes, Granada, 2001).
La zona de servicio o hypocausis, hueco o arco de medio punto abocinado, contaba también con caldera o al-burma, y todo este sector recibía el nombre
genérico de horno o al-furn (término derivado directamente del latino furnus),
aunque lo conocemos más comúnmente cómo leñera.
En algunos baños también se conserva un angosto callejón que era utilizado para el acarreo de leña por acémilas, y que Jesús Bermúdez Pareja denominó “calle de servicio del baño”. Quedaba abierto a modo de patio para facilitar el acceso de las caballerías con sus cargas de combustible, ya que para caldear el baño, se quemaba en el hornillo todo aquello que podía arder, sin molestias para el vecindario.
Hypocausis. Baño de la plaza del mercado de S. Agustín VILCHEZ VILCHEZ, C. (Baños Árabes, Granada, 2001).
Respecto a el combustible, es curioso el relato que hace Michael Jenner, en 1984, en una crónica viajera a Sana’a, ciudad del centro de la meseta yemení que estuvo durante siglos cerrada a la influencia arquitectónica actual: “El viaje termina con una entrada al interior de la casa de baños (hammam) provistos de una guía, en donde se enumeran 17 establecimientos de éstos, después de una iniciación al ritual del baño. El combustible más importante es el excremento humano (khara), recogido para proporcionar gran calor…El arriero que abastece al baño con tal combustible, saca luego de él las cenizas, que vende como abono a huertos y jardines donde se cultivan legumbres. Así, el
ciclo comienza de nuevo con la producción de alimentos.” 20
En cuanto a su construcción, los baños eran edificios de gran solidez, dado su uso. Fundamentalmente se utilizaba para elevar los muros hormigón de cal hidráulica, y para las bóvedas la piedra o el ladrillo. La tipología de las bóvedas se relacionaba con el espacio que cubrían: las de medio cañón, rectángulos, y las de aristas y esquifadas espacios compartimentados sostenidos por muros y columnas.
20 JENNER, M.
“Sana’a-Summit of Islamic urbanism”,The International Magazine of Arab Culture. Iraqui Cultural Centre of London. Londres, 1984.pp. 54 y 55
En el interior se cubrían los muros con un duro estuco, algunas veces policromado, para poderlos limpiar fácilmente y con asiduidad. La disposición en muros de los huecos de paso de una sala a otra determinaba ejes quebrados de entrada y salida.
Restos de muro. Baño de Tenerías. Toledo. Autora M.C. del Campo Moreno
El suelo solía ser de mármol o de ladrillo. El pavimento de las distintas salas se organiza con pendientes mínimas que aseguraban la eliminación del agua vertida o derramada, las cuales eran conducidas hasta el exterior del hammam. La naturaleza de esto pavimentos variaba desde el mármol y el barro cocido hasta la piedra natural, en función del papel que cada estancia desempeñaba.
VILCHEZ VILCHEZ, C. Fuente baja de la Sala Vestuario. Baño del palacio de Dar al-Arusa (Baños Árabes, Granada, 2001).
El caño o desagüe, el humero o chimeneas y las cenizas procedentes del baño, son tres elementos que han de evitar problemas a la vecindad, salvo que el hammam sea más antiguo que las edificaciones levantadas en su entorno. El hornillo constituía la parte sucia del baño donde trabajaban esclavos, generalmente cautivos cristianos en espera de remisión. Éstos, caminando sobre las bóvedas de cubrición del baño, cerraban o abrían las lucernas (midwa, madawi en plural) mediante cristales coloreados, graduando así la temperatura interior. Son estos orificios de forma geométrica (lobuladas, cuadradas, rectangulares, hexagonales, octogonales o estrelladas) los que cumplían una doble misión: en primer lugar daban luz cenital, y en segundo lugar regulaban la cantidad de vapor y calor de las salas, según era la apertura de los cristales que las tapaban. Las madawi eran muy llamativas, ya que lucían colores muy diversos.
VILCHEZ VILCHEZ, C. Detalle de lucernas. Baño de Comares (Baños Árabes, Granada, 2001).
Bajo el arco abocinado ubicado entre el la sala caliente y el hornillo, un tabicón separaba la parte sucia de la limpia del baño, evitando el paso del humo. Esta pared será eliminada en época cristiana por la costumbre de permanecer sentados ante el fuego sin molestias ante la presencia de aquél.
A ambos lados del hornillo solían disponerse nichos profundos, conteniendo pilas de agua fría y caliente.
“La construcción del hypocausis bajo el pavimento de las salas templada y caliente del baño, se organiza partiendo de un conducto principal que se inicia en el hornillo, lugar de apoyo de la gran caldera de cobre donde se calentaba el
agua para todo el edificio”.21 Este conducto, ramificado en otros secundarios,
acaba conectándose con chimeneas abiertas en los muros, por donde el humo y el aire caliente escapaban al exterior. Montado el pavimento sobre la red de canales subterráneos, quedaba altamente caldeado; vertiendo agua fría sobre él, podía obtenerse vapor para el correspondiente baño caliente.
21 DELGADO VALERO, C.
Toledo Islámico: ciudad, arte e historia. Caja de Toledo. Toledo,
Canalización. Baño de Tenerías. Toledo. Autora M.C. del Campo Moreno
La alimentación de agua a la caldera y desde ella a las distintas pilas se lleva a cabo a través de conductos de barro (atanores) o de plomo que, alojados en
muros, prestan a éstos su calor perdido.
El recorrido interno del agua en el hammam no era complejo porque no necesitaba de una gran red de tuberías, ya que sólo se utilizaba en la caldera y en las pilas de agua fría y caliente, y para conseguir producir vapor por medio de una diminuta fuente generalmente situada en al-bayt al-wastani. Aunque la red interna de agua era pequeña, necesitaba el baño una gran afluencia. Para conseguir este objetivo el hammam se abastecía de distintas maneras, normalmente a través del entramado de acequias (al-saqiya) que recorrían las ciudades y los campos. Muchas veces se complementaba el abastecimiento con aljibes (al-jubb) que aseguraban el suministro, como ocurrirá en las Mercedarias de Granada (madinat Garnata) o en el palacio de los Abencerrajes de la Alhambra (madinat al Hamra).
Si la orografía así lo requería, se utilizaban las norias (na’wra) que subían el agua desde las acequias o ríos, como encontramos en los baños de Ronda o en el de Dar al-Arusa en el cerro del Sol, sobre el Palacio del Generalice.
VILCHEZ VILCHEZ, C. Alzado yPlanta del Baño de Alhama (dibujo Manzano Martos, R) . (Baños Árabes, Granada, 2001).
En la etapa musulmana, como ocurrió en la época romana, había baños públicos en las ciudades y pequeños pueblos, así como baños privados que se construían en los grandes palacios y casas del estamento privilegiado.
Los baños públicos eran generalmente propiedad de las mezquitas y con la recaudación se ayudaba a su mantenimiento. Eran construidos por lo emires y grandes personajes, que los donaban a las mezquitas para su mantenimiento, gracias al sistema de fundación piadosa de los hábices o ahdis. Un arrendador era el encargado y lo ayudaban los mozos del baño o tayyab, y los masajistas
El funcionamiento del baño público estaba perfectamente regulado y se prohibía expresamente la coincidencia de hombres y mujeres. Según el arrendador Ibn Abdun “el arrendador del baño no puede sentarse en el
vestíbulo cuando éste se abre para las mujeres, por ser ocasión de libertinaje o
fornicación”.22
Por las mañanas acudían los hombres y, por la tarde, las mujeres, las más asiduas clientes del hammam en opinión del profesor Rachel Arié. Allí se reunían con amigas y conversaban mientras se dedicaban largo tiempo al cuidado de la piel con aceites y al teñido del pelo con alheña. A su servicio estaban las maquilladoras o masita. Ibn Abdul especifica que “las pilas de los baños públicos deben estar tapadas, porque si quedan al aire libre no se podrá evitar que se ensucien, siendo así que estos lugares han de ser limpios por definición”.23
22
PORRES MARTÍN - CLETO, J. Un enigma histórico El baño de la Cava. Fundación Juanelo Turriano. Toledo, 1991. p.p. 75-76
23
PORRES MARTÍN - CLETO, J. Un enigma histórico El baño de la Cava. Fundación Juanelo Turriano. Toledo, 1991. p.p. 81-82