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Ars, como el griego téchnë, designa lo que nosotros entendemos por

In document San Agustín, Sobre La Música (página 82-100)

«ciencia»: ars grammatica, ars rhetorica, ars musica.

4 Se trata de reproducir m ediante un instrumento de percusión el patrón rít­ mico común a las palabras en cuestión, práctica, al parecer, habitual entre gra-

D. — Lo reconocería.

M. — Lo llamarías, por tanto, pie pirriquio. D. — Lo llamaría.

M. — El nombre de este pie, ¿de quién, sino de un gramáti­ co, lo aprendiste?

D. — Lo confieso.

M. — Por lo tanto, sobre todos los sonidos de esta índole ha­ brá de juzgar el gramático, ¿o aprendiste por ti mismo esos pul­ sos y, en cambio, el nombre que debías ponerles lo habías oído de un gramático?

D. — Así es.

M. — Y un nombre que te enseñó la gramática, ¿has osado transferirlo a una cosa que confiesas que no pertenece a la gra­ mática?

D. — Veo que no por otro motivo se puso nombre al pie que por mor de la medida de los tiempos; medida que donde quiera que la reconociere, ¿por qué no voy a osar transferir allí aquel m á tic o s, m e tríc ó lo g o s y m ú s ic o s: c f., p o r e je m p lo , Af t o n ioGrammatici L ati­

ni (ed . Ke i l) V I 183: « p u e s si s in p a la b ra s u n s o n id o s e e je c u ta ra , se le d irá

crusma» o Ps. Ce n s o r in o, Fr. XI: «crusmata se lla m a n lo s g o lp e s a p ro p ia d o s sin carmen»', e n a m b o s p a s a je s se c o n tr a p o n e l a m ú s ic a m e ra m e n te in s tru m e n ­ tal (crusma) a l c a n to (ode).

El griego kroú(s)ma designa los golpes sobre ciertos instrumentos de per­ cusión (sistro, crótalos, tamboriles o instrumentos de cuerda pulsados con el plectro) y los sonidos a que dan lugar: cf., por ejemplo, Ro c c o n i, Le parole d é ­ lit Muse. La formazione del lessico técnico musicale nella Grecia antica,

Roma, 2 0 0 3 , pág. 135, s.v. kroüö; San Agustín, en su línea purista ciceroniana,

evita el helenismo, sustituyéndolo por tympanum y chorda.

Este principio de la obra, con el que se sumerge súbitamente al lector in m e­

dias res, parece planteado como una especie de obertura donde se apuntan los

temas principales que luego se van a desarrollar. Queda claro, por ejemplo, en estas frases iniciales que el autor persigue algo que está más allá de las palabras y su estructura métrico-prosódica; su objetivo es la rítmica, la música como medida del tiempo, la cual terminará sirviéndole de vehículo para conseguir al final elevarse a una filosofía del tiempo.

vocablo? Pero, aunque se deben poner otros vocablos cuando los sonidos son de la misma medida pero no conciernen, sin embargo, a los gramáticos, ¿qué me reporta tomarme el trabajo en cuestión de nombres cuando la cosa es manifiesta?

M. — Ni yo lo quiero. Sin embargo, cuando ves innumera­ bles géneros de sonidos en los que pueden observarse unas me­ didas concretas5, géneros que reconocemos que no son atribui- bles a la disciplina gramatical, ¿verdad que piensas que existe

5 Traducimos así la expresión certae dimensiones, entendiendo certus

como «concreto» en el sentido de algo «que resulta de un proceso de concre­ ción» (D R A E ), es decir, «determinado», «preciso», no vago ( M . M o l i n e r ) . Este mismo adjetivo latino, frecuentemente usado por San Agustín, aparecerá en expresiones técnicas del tipo del certus fin is (un «final concreto») que ca­

racteriza, por ejemplo, al «metro» y al «verso» frente a la secuencia indefinida (no precisa, no concreta) del «ritmo» (cf., por ejemplo, Π Ι 1, 1).

6 Sobre el término y concepto rhythmós y su relación con otros básicos en el

pensamiento antiguo como son los de número (arithmós/numerus), medida (mé-

tron/metrum), relación (logos/ratio) o armonía (harmonía), etc., cf. L u q u e ,

«Numerus: la articulación rítmica del lenguaje», Actas del X Congreso Español de Estudios Clásicos, Madrid, 2001, pág. 496 y los estudios allí mencionados.

En griego la proximidad entre rhythmós (ritmo) y arithmós (número) es evi­

dente. Ello pudo contribuir a que el latín recogiera el significado de ambos térmi­ nos con uno solo, numerus: Numerus uocatur qui Graece rhythmós dicitur( C íe ., Discursos 67). Cf. al respecto C o c H lA , «Numerus e carmen nella antica poesía la­

tina», Rivista iudo-greco-italica 3 (1919) 1-10 y C a s t i l l o , «Numerus qui graéce

rhytmós dicitur», Emérita 36/2 (1968), pág. 288, en donde se encontrará también

lo fundamental sobre la posible etimología de numerus (quizá relacionable con el

griego notnáo o némó, en el que se halla implícita la idea de «distribución») y sus

significados principales en los primeros empleos documentados en latín: nocio­ nes de cantidad, de número, clase, categoría o importancia. Implicando la idea de «ritmo» aparecería por primera vez quizá en el epitafio de Plauto que recoge A u l o G e l i o (124) y luego en L u c r e c i o (Π 629 ss.; 635 s.; IV 768 ss.; V 1401 s.), en C a t u l o (50,5) y en la Rhetorica ad Herennium IV 44,12.

El latín adoptó además el helenismo rhythmus, que convivió con numerus

en la designación del ritmo. Por ello nos parece oportuno distinguir ambos tér­ minos, ritmo y «número», en la traducción. Para distinguir estas acepciones dé

alguna otra disciplina que contenga cuanto en voces de este tipo haya de «numeroso»6 y con arreglo al arte?7

D. — Me parece aceptable.

M. — ¿Cuál estimas que es su nombre? Pues opino que para ti no es nuevo que suele concederse a la Musas una especie de omnipotencia sobre el cantar. Esta disciplina es, si no me enga­ ño, la que se denomina Música8.

D. — También yo estimo que es ésta.

i M. — Pero ya tenemos decidido no to­

mamos el mínimo trabajo en la cuestión del Definición n0mbre. Sólo indaguemos, si parece, lo más

de la musica ° r

diligentemente que podamos, toda la fuerza y el sistema de esta disciplina, sea la que sea. D. — Indaguemos, de acuerdo; pues todo esto, sea lo que sea, mucho deseo conocerlo.

M. — Define entonces la música. D. — No me atrevo.

M. — ¿Puedes al menos aprobar mi definición?

las otras (número, numeroso, numérico, numerable, etc.) con que también apa­ recen estos términos y que son las que han pervivido entre nosotros, usaremos en ese caso las comillas («número» = ritmo [cf.DRAE s.v. 13], «numeroso» = rítmico [cf. DRAE s.v. 2], «a número» = a ritmo).

1 Traducimos así el término artificiosus,que designa lo perteneciente o re­

lativo a un ars o téchnë,lo ajustado a sus normas y sistema.

8 El ars musica,en efecto, es «la ciencia de las Musas». El propio San Agustín, hondamente inmerso en la tradición clásica, se refiere a ello en otras ocasiones: D e ordineII, 14,41, donde considera a las Musas hijas de Júpiter y Memoria, lo cual responde al doble carácter, sensitivo y racional, de esta cien­ cia; D e doctrina ChristianaII, 17, 70; en las Retractationes(I, 3, 2) se arrepen­ tirá de tales referencias mitológicas.

Pero en realidad esa especie de poder omnímodo de las M usas (omnipoten­

tia quadam canendi)no es sino la expresión mítica del poder que como ciencia tiene la música, que, según quedará claro en el libro sexto, se halla implicada en el mundo y en su creación.

D. — Lo intentaré, si llegas a decirla.

M. — Música es la ciencia de «modular» bien9. ¿O no te lo parece?

D. — Me lo parecería, tal vez, si para mí estuviera claro qué es la propia «modulación».

M. — ¿Es que acaso este verbo que se dice «modular» o nunca lo has oído o en algún lugar más que en lo que pertenece al cantar o al danzar?

D. — Así es, precisamente, pero como veo que «modular» se dice a partir de «modo»10, cuando en todas las cosas bien he­

9 E s l a d e fin ic ió n d e V a rró n , q u e S a n A g u s t ín r e p ite c o n a lg u n a v a ria n te e n

Epístolas CLXVI 5, 13: musica, id est scientia sensusve modulandi, y q u e v e ­ rn o s r e c o g id a u n a y o tra v e z p o r lo s a rtíg r a f o s : C e n s o r i n o , De die natali 10, 3;

M a r c i a n o C a p e l a IX 930; C a s i o d o r o , Inst, Π 5; I s i d o r o d e S e v i l l a , Eti­

mologíasΠ Ι 15. S o b re e l o rig e n d e e s ta d e fin ic ió n , p o r lo d e m á s c la ra m e n te c o m p a tib le c o n la q u e re c o g e A r i s t i d e s Q u i n t i l i a n o (De mus,1 4: « L a m ú ­ s ic a e s la c ie n c ia d e l mélos y d e lo q u e a ta ñ e a l mélos»),cf. R i c h t e r , « G rie ­ c h is c h e T ra d itio n e n im M u s ik s c h r if tu m d e r R ö m e r. C e n s o rin u s , De die natali, K a p . 10, Archiv für Musikwissenschaft 21 (1965), p á g s . 90 s.; M a r z i , op. cit., p á g . 26, η. 1 y lo s e s tu d io s re s e ñ a d o s p o r a m b o s.

El verbo latino modulari, al igual que los sustantivos modulator o modulatio,

no se corresponden con nuestros «modular» o «modulación», sino que apuntan a la articulación estructural (modus = «medida», «demarcación», «delimitación»)

que entraña la música en sus diversos aspectos, melódico o rítmico (así como a la medida de los versos o de los movimientos en la danza). Así, pues, modulari y

modulatio designan tanto la organización melódica como la estructura propor­

cional de tonos, intervalos, intensidades o duraciones implícita en cualquier he­ cho musical y en el sistema de la música (Cíe., Or. 58; De or. ΙΠ 185; Tib. Π Ι4,

39; V irg., Buc. 10,51; Liv. X X V n 37,14; H o r., Epist. I I 2,144; Carm. 1 32,5).

Modulator es el que ejecuta una pieza musical, el músico (Hor., Sat. I 3, 130).

Modulari y modulatio, formaciones sobre modulus, han pervivido como

tecnicismos («modular», «modulación») en el lenguaje de la moderna doctrina armónica (cf., por ejemplo, el HmT, s.v.), pero con un significado distinto del

que tienen aquí. Por ello en nuestra traducción los marcamos entre comillas.

10 Más precisamente, al igual que modulamen o modulamentum, a partir de

chas se ha de preservar el «modo», y muchas cosas, incluso en el cantar y el danzar, aunque deleiten, son de valor más que es­ caso, quiero comprender en toda su plenitud qué es exactamen­ te la «modulación» en sí, palabra que prácticamente ella sola contiene la definición de una disciplina tan importante. No se trata, en efecto, de aprender aquí algo por el estilo de lo que cualesquiera cantores e histriones conocen11.

forman verbos como moderor o modifico («reglar», «establecer medidas»),

sustantivos como modificatio, moderatio, o adjetivos como modestus o modi­ cus. Todas estas palabras forman parte de una gran familia léxica que gira en

tomo a la idea de medida.

Modus, como tecnicismo, con el sentido de «medida» o «unidad de m edi­

da», tratándose del lenguaje o de la música, es decir, de un sistema de comuni­ cación mediante el sonido, designa cualquier unidad en que se articula dicho sonido (que por esencia ha de ser «discontinuo») en cualquiera de sus facetas, tonal, intensiva o duracional. Modus (Cíe., Disc. 198; Tuse. I 106; Ley. II 39;

Liv. V II2 ,4 ), por tanto, al igual que modulus (Hor., Epist. 1 7, 98), designa las

medidas o estructuras rítmico-melódicas en las que se articulan los sonidos musicales. Cf. B o e c i o , Mús.1 1; IV 15 ss.

Ante esta situación y tratando de evitar en lo posible ambigüedades y m a­ lentendidos, nos ha parecido oportuno traducir siempre modus, en cuanto que

término de hondo arraigo en la terminología musical, por «modo» y entreco­ millarlo, para dar así a entender que su sentido, en principio, es el más general de «patrón», «estructura», «forma musical» y no el nuestro específico de «modo» (DRAE s.v. 9)

11 L a distinción entre musicus, conocedor de la ciencia musical, y cantor,

músico en nuestro sentido moderno del término, es una constante en toda la tra­ dición clásica, así como el desprecio del segundo frente a la altísima estima del primero.

Histrio, término que en los pasajes siguientes va a emplear repetidas veces

San Agustín, designa en general a la gente de la escena; aquí lógicamente se re ­ fiere a todo tipo de músicos (cantores, instrumentistas, danzarines) que viven del espectáculo. Cf. L a l o y , Aristoxène de Tarente, disciple d ’Aristote, et la

musique de l ’Antiquité, Paris, 1904; B e n z , Unfreie Menschen als Musiker und

Schauspieler in der römischen Welt, Stuttgart, 1961; B a u d o t , Musiciens ro­

mains de l ’Antiquité, Montreal, 1973.

M. — Aquello de más arriba, de que en todo lo que se hace, incluso fuera de la música, hay que preservar el «modo» y de que, aun así, en la música se habla de «modulación», no te vaya a inquietar, si por casualidad no ignoras que «dicción» [dictio] se denomina propiamente la del orador.

D. — No lo ignoro, pero ¿a dónde va eso?

M. — Porque incluso un esclavo tuyo, aun todo lo poco pu­ lido y rústico que quieras, cuando incluso con una sola palabra te responde al preguntarle, ¿confiesas que él algo «dice»?

D. — Lo confieso.

M. — Entonces, ¿también él es un orador? D. — No.

M. — No ha hecho, por tanto, uso de la «dicción» aun cuan­ do algo haya dicho, aunque confesemos que «dicción» se dice a partir de «decir».

D. — Lo concedo, pero también esto me pregunto de nuevo a dónde va a parar.

M. — A esto, puede verse, a que entiendas que la «modula­ ción» puede ser pertinente sólo respecto a la música, aunque el «modo», de donde se ha derivado la palabra, pueda hallarse también en otras cosas; a la manera en que «dicción» se atribu­ ye propiamente a los oradores, aunque diga algo todo el que ha­ bla y a partir de «decir» haya sido denominada «dicción».

D. — Ya entiendo.

cal), como disciplina científica, y la práctica musical, una distinción generali­ zada entre los tratadistas antiguos: cf., por ejemplo, Pt o l o m e o (s. n), Excerp­

ta Neapolitana 4, pág. 412 Ja n; Ar i s t i d e s Qu i n t i l i a n o (final s. m ), Mús. 1 4, 6, pág. 4 Wi n n i n g t o n- In g r a n); Ba q u i o (época de Constantino), Eisag. I pág. 3 Ja n; Bo e c i o (s. v i), Mús. 1 1-2 y 34.

El aprecio del santo por la primera está fuera de toda duda. Sobre la músi­ ca práctica, en cambio, no termina de adoptar una actitud uniforme y exenta de contradicciones, según dejamos dicho en la introducción.

M. — Aquello, entonces, que después di­ jiste, que en el cantar y en el danzar hay mu- Se sopesa c|las cosas de poco valor, en las que, si acep­

te definición , , . , , . ,

tamos el nombre de «modulación», esa disciplina casi divina se envilece, fue por tu parte una advertencia absolutamente cauta. Así es que discutamos primero qué es «modular»; después, qué es «modular» bien, pues no en vano se añadió esto a la definición. Por último, el que allí se ha puesto «ciencia», tampoco es de despreciar. En efecto, con es­ tos tres puntos, si no me engaño, aquella definición alcanza su ple­ nitud.

D. — Hágase así.

M. — Entonces, ya que confesamos que la «modulación» recibió el nombre a partir Qué es modular de «modo», ¿no te parece acaso de temer

que el «modo» o se exceda o no alcance su plenitud, si no es en las cosas que se produ­ cen en virtud de algún movimiento? O, si nada se mueve, ¿po­ demos temer que resulte algo al margen del «modo»?12.

D. — De ninguna forma.

M. — Luego, no incongruentemente se le dice «modula­ ción» a una especie de pericia en el movimiento, o en todo caso a aquello por lo que resulta que algo se mueve bien. No pode­ mos, en efecto, decir que algo se mueve bien, si no observa el «modo».

D. — No podemos, desde luego; mas, al revés, será preciso reconocer13 esa «modulación» en todas las cosas bien hechas.

12 Aquí parece dejarse oír el eco de la tradicional relación entre movimien­ to y sonido: éste, según la definición más difundida en el mundo antiguo, es consecuencia de un golpe y no hay golpe sin un movimiento previo; al ligar, por tanto, San Agustín la «modulación» al movimiento, la está ligando al sonido.

Nada, ciertamente, veo que se haga bien, si no es con un buen movimiento.

M. — ¿Y qué, si acaso todo eso se realizara a través de la música, aunque el nombre de «modulación» se encuentre más trillado tratándose de instrumentos de cualquier tipo? Y no sin razón, pues creo que a ti te parecerá que una cosa es el que algo de madera o de plata o de cualquier material haya sido hecho al torno, y otra, por su parte, el propio movimiento del artífice mientras dichas cosas son torneadas.

D. — Asiento; es mucha la diferencia.

M. — ¿Es que, entonces, acaso el propio movimiento es ape­ tecido por sí mismo y no por aquello que quiere ser torneado?

D. — Es manifiesto.

M. — ¿Y qué? Si los miembros los moviera no por otra cosa, sino para que se muevan con belleza y propiedad, ¿diría­ mos que hace otra cosa que no sea danzar?

D. — Así parece.

M. — ¿Cuándo, entonces, consideras que alguna cosa se destaca y, por así decirlo, domina? ¿Cuando es apetecida por sí misma, o cuando por otra razón?

D. — ¿Quién niega que cuando por sí misma?

M. — Vuelve ahora a aquello de más arriba que dijimos so­ bre la «modulación». Pues la habíamos propuesto tal como una especie de pericia en el movimiento; y mira dónde debe tener más su sede este nombre, en aquel movimiento que es, por así decir, libre, esto es, que por sí mismo es apetecido y por sí mis­ mo deleita; o en aquél que de algún modo es esclavo; en efecto, son como esclavas todas las cosas que no son para sí mismas, sino que están referidas a alguna otra14.

D. — En aquél, claro está, que es apetecido por sí mismo.

14 E s u n a d e la s i d e a s b á s i c a s d e l tr a t a d o : l a m ú s i c a , l a c i e n c i a m u s i c a l (ars liberalis) c o m o l i b e r a d o r a d e l e s p í r i t u : c f . V o n A l b r e c h t , op. cit.

M. — En conclusion, es ya aceptable que la ciencia del «mo­ dular» sea la ciencia del mover bien, de manera que el movimien­ to sea apetecido por sí mismo y por ello deleite por sí mismo.

D. — Es aceptable; de acuerdo.

3 . 4 M. — ¿Por qué, entonces, se añadió

Por qué «bien», cuando ya la propia «modulación», se añade si no hubiera un buen movimiento, no po-

«bien» dr fa existir?15

D. — No lo sé, e ignoro de qué modo se me ha escapado, pues esto se me había fijado en la mente para volver a preguntarlo.

M. — Podía no hacerse ninguna controversia en absoluto sobre esta palabra, de modo que la música, suprimido lo que se ha añadido, el «bien», la definiéramos tan solo como ciencia del «modular».

D. — ¿Quién, en efecto, iba a mantenerla, en caso de que quieras aclararlo16 todo de esta forma?

M. — Música es la ciencia del mover bien. Pero, puesto que puede ya decirse que se mueve bien cuanto se mueve según «número», observando las dimensiones de los tiempos y los in­ tervalos (ya, en efecto, deleita, y por esto, no incongruentemen­ te, se llama ya «modulación»), puede, en cambio, resultar que ese carácter «numérico» y esa medida deleiten cuando no es menester.

Por ejemplo, si alguien, cantando con máximo agrado y 15 Siendo, como ya se ha dicho, una definición procedente de Varrón, Agustín interpreta y explica la aparente redundancia de be ne dándole un senti­ do ético, moral que sólo posee el m usicus, no el cantor. En consecuencia, atri­ buye a la M úsica un alto interés ético-pedagógico, lo que la hace merecedora de ser incluida entre las «disciplinas» que han de recorrer los que desean llegar a la verdad y a una vida feliz.

danzando con belleza, quisiera justo con ello juguetear cuando el asunto17 requiere severidad: no hace buen uso, evidentemen­ te, de una «modulación numerosa»; esto es, de un movimiento tal que ya puede decírsele bueno por aquello de que es «nume­ roso», hace aquél un mal uso, esto es, incongruente18.

De donde una cosa es «modular»; otra, «modular» bien. Pues hay que discernir que la «modulación» pertenece a cual­ quier cantor, en tanto que no yerre en las consabidas medidas de voces y sonidos; y que, en cambio, la buena «modulación» per­ tenece a esta disciplina liberal, esto es, a la música19.

Y, si aquel movimiento no te parece bueno por aquello de que no es ajustado, aunque confieses que es «numeroso» con arreglo al arte, mantengamos como nuestro esto que en toda ocasión hay que observar: que la disputa por una palabra, es­ tando la cosa suficientemente a la luz, no nos atormente; y no nos preocupemos nada de si la música se describe como la cien­ cia del «modular» o del «modular» bien.

D. — Me gusta, desde luego, pasar por alto y despreciar las riñas por las palabras; no me desagrada, sin embargo, esa dis­ tinción.

17 L a «realidad» (res). Se trata de la necesaria adecuación (tà prépon) y ajuste (aptwn) entre contenido y forma (res y verba, por ejemplo, en la expre­ sión lingüística), norma básica de toda expresión artística. Cf., por ejemplo, Cíe., De or. ΙΠ 55; A g„ De ord. I I 34.

18 «Inadecuado»; una expresión similar puede verse en Conf. X 33, 49, a propósito precisamente del fuerte atractivo que en su juventud ejercía sobre él la música, por encima incluso del texto sagrado al que dicha música servía de vehículo.

19 La música para San A gustín (cf. De ord. I I 5, 14; 35-42; Retr. I 5, 6; C.

acad. I 7, 12), como para cualquiera, es una de las artes liberales, es decir, de

las disciplinas que forman al hombre libre; aunque guarda relación con la gra­ mática, la retórica y la dialéctica, se integra, sobre todo, desde siempre en el sistema de ciencias (los mathëmata platónicos; lo que Boecio denominaría

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