FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA
Capítulo 1: ESTADO DE LA CUESTIÓN
1.1.1 Artículo vs columna
Los estudiosos han reservado el término 'editorial' para referirse al texto que refleja la opinión de la empresa editora; mientras que no existe un término consensuado con el que referirse al texto que sustenta opiniones personales. Entre los vocablos más utilizados se encuentran el de ‘columna’ y el de ‘artículo’, abreviado éste de la expresión ‘artículo de opinión’. Y, así, encontramos que, según unos autores u otros, estos dos términos significan una misma realidad o bien hacen referencia a dos realidades distintas.
La denominación como columna “es relativamente cercana en el tiempo, el término más tradicional para definir los textos periodísticos de opinión ha sido el de artículo de opinión”, recuerda al respecto León Gross (2014). Y añade que, de ahí viene que el género tenga “una tan larga trayectoria”.
Romero Bernal, ponemos por caso, diferencia los dos términos, pero apunta que en un momento dado han llegado a significar lo mismo; y, así, por ejemplo, señala que “Manuel Alcántara utiliza ambos vocablos indistintamente”. Otros profesionales que recurren a ambos términos son Busutil, Antonio Burgos o Morán Torres, quien defiende que “la columna actual responde a lo que en el viejo periodismo era el artículo de un colaborador fijo, denominándose columnista al que antes se llamaba articulista” (Romero Bernal: 2009, 156), un argumento también recogido por López Pan (1995, 19).
León Gross, quien no los diferencia, considera que “...el artículo de opinión, independientemente de que aproveche los mecanismos literarios del ingenio e independientemente de la medida en que lo haga, no puede excluirse del género periodístico “artículo”, cuya naturaleza es persuasiva y, por tanto, no impide la convocatoria de cualesquiera mecanismos expresivos en beneficio de la eficacia de estos textos (caracterizados por la determinación espacial y, probablemente, un nivel de recepción singular)” (León Gross, 1996, 222). Y
apunta que “el articulismo o columnismo puede considerarse un breve ensayo con la amplitud que esta denominación entraña […]. De hecho, probablemente se trata de una de las manifestaciones más características del ensayismo en su evolución desde los Essais de Michel de Montaigne... El ensayo, como el artículo, entra de lleno en la prosa didáctica y más concretamente en la literatura de ideas. Uno y otro renuncian a la erudición y a la cita puntual; los dos tienen pretensión de claridad y belleza; en ambos importa primordialmente el punto de vista del autor, el sello personal. Pero el ensayo escapa a la servidumbre de la oportunidad y al imperativo de la concisión”. Y concluye: “El artículo es, pues, un microensayo actual” (Romero Bernal, 2009, 194).
Igualmente, Paniagua y Gómez-Elegido admiten que el concepto de columna, muchas veces ha aparecido, y aparece, bajo la denominación de comentario, crónica o artículo. Sobre todo habría que apuntar cómo las palabras columnismo/articulismo son indistintamente utilizadas en muchas de las páginas dedicadas a esta cuestión (Paniagua y Gómez-Elegido, 2014).
López Hidalgo considera que “el artículo es el tronco común de donde se ramifican los demás géneros de opinión”, y, en un análisis histórico, apunta que “Está claro que a esa altura de siglo [en relación a la fecha en que apareció un texto de José María Salaverría, diciembre de 1916] artículo y columna no están claramente diferenciados” (Romero Bernal, 2009, 167). Pero termina identificando que la diferencia entre columna y artículo estriba en que la columna debe “atrapar al lector en sus primeras líneas y debe ser 'alada y ligera' en su estilo, y se pierde entre la anécdota y el comentario divertido, grosero o desgarrado, frente al artículo que se perfila más documentado, incluso más retórico y más analítico” (Romero Bernal, 2009, 167). Y en cuanto al artículo, señala que “su estilo tampoco tiene que ser 'ligero y alado', pues muchos se caracterizan por una profundidad que, lejos de estos principios, necesitan de una lectura más pausada y enriquecedora” (Romero Bernal, 2009,
167). Una postura que Romero Bernal (2009, 167) defiende como “la tesis más generalizada”.
Por su parte, según lo indicado por González Ruano, el artículo debe contener “...una discreta aplicación de elementos de cultura, una participación nada pequeña de valores que pertenecen a la invención poética y cierto gusto por las formas melancólicas, que responde bien al interés periodístico y que son perfectamente compatibles con la amenidad exigida por el gran público y aun con las imposiciones de un sentido realista de la actualidad y del suceso diario, que muchos de nosotros no solamente no hemos rechazado, sino que procuramos glosar siempre que la ocasión nos lo proporciona” (Romero Bernal, 2009, 166).
Romero Bernal (2009, 167) continúa matizando que “el artículo tiene vocación ensayística mientras que la columna se pierde más entre el ligero humo de la actualidad renovable”.
Para Mancera (2009b, 50), “la diferencia entre la columna y el artículo estriba en la periodicidad de la primera y el espacio fijo que ocupa en el periódico”.
La opinión de Alfonso Ussía avanza también en esa línea: “la diferencia entre artículo y columna es la regularidad y el espacio fijo que la segunda tiene en un periódico, mientras que el artículo es normalmente ocasional. En cuanto a su contenido, opino que tanto en la columna como en el artículo se trata de un texto con una opinión firmada a través de la cual su autor realiza un acto de periodismo valiente porque se juega el prestigio en cada afirmación que hace” (Romero Bernal: 2009, 168).
Así pues, para Romero: “parece que el uso de ambos significantes ha terminado por delimitar sus conceptos, de modo que “artículo” sigue albergando una significación más amplia y “columna” parece designar, más
modernamente, a un artículo con regularidad” (Romero Bernal, 2009, 158). Y, según recogen Paniagua y Gómez-Elegido (2014), “Morán propone denominar columna al comentario/columna de los otros dos autores [Martínez Albertos y Santamaría] y reservar el nombre de comentario para aquellos artículos en los que se apostilla, se explica, se aclaran los hechos más destacados entre los que constituyen la información del día (Ibíd.: 18)”.
Ahora bien, tanto Romero como el citado López Hidalgo, y otros autores, tienden a presentar al artículo como el antecesor de la columna. Así lo hace López Pan cuando señala: “...las columnas personales de hoy toman el relevo del articulismo de épocas anteriores y en esa medida no son una fórmula expresiva nueva -como afirma Martínez Albertos-. Sino una vieja fórmula que se reconoce hasta incorporarse a un género en expansión” (Romero Bernal, 2009, 166). Y el propio Romero Bernal (2009, 166) dice: “también podría asegurarse que sus actuales columnas entroncan con los artículos de su paisano Romero Murube, o tal vez deberíamos llamarlos ya columnas”.
También Paniagua y Gómez-Elegido (2014) lo tiene en cuenta en su trabajo cuando recoge: “Lo que sí parece claro, y en esto hay casi absoluta unanimidad, es que la columna ha tomado elementos de otras modalidades periodísticas nacidas antes, aunque no necesariamente extinguidas, como son el artículo y el comentario. Grohman (2006,11), en este sentido, no habla de absorción, como López Pan, sino de herencia, pero el resultado se puede considerar equivalente”.
Y en este punto, introducimos también lo recogido por Paniagua y Gómez-Elegido (2014) en su texto: “...hallamos la opinión de Teodoro León Gross (1996, 146) que aplicando indistintamente los términos artículo/columna considera ambos como poligéneros:
La variedad de discursos propia del articulismo, con variedad de rasgos diferenciales y estructuras características, plantea asimismo la necesidad de no despreciar su potencial naturaleza poligenérica (…). Y es que el artículo (…) es una denominación amplia, en la que, por tanto, conviene insistir que será útil tener presente la idea de plurigénero o texto plurigenérico” (Paniagua y Gómez-Elegido, 2014).
Cabe señalar, por último y por su aplicación a esta tesis, que León Gross apunta también que “el artículo es fundamentalmente un género periodístico, sometido a condiciones materiales y estilísticas de soporte y cuya naturaleza singular […] proviene precisamente de esa determinación espacial y extensiva”, y señala que “el artículo de vocación periodística no excluye la posibilidad, y en muchos casos la convivencia y hasta la necesidad, de ser analizado como texto literario en la medida en que en él se generalizan numerosos mecanismos creativos” (Romero Bernal: 2009, 196).