2.La crisis del mundo romano.
4. El arte y la cultura en los últimos siglos del Imperio.
El arte y las manifestaciones intelectuales también sufrieron un retroceso en los siglos finales del imperio. No obstante, aún se edificaron monumentos majestuosos, como las termas de Diocleciano o la basílica de Majencio. En escultura, perdido el sentido de la proporción y de la medida, triunfó el colosalismo (como se ve en la cabeza de Constantino). En general, la cultura romana de ese período, incapaz de crear nada nuevo, se limitó a copiar los modelos del pasado. Una de las figuras intelectuales más brillantes de aquella época, Amiano Marcelino, nos ha transmitido una excelente pintura de la atmósfera decadente que reinaba en Roma. A pesar de que el interés por la cultura se mantiene, la vida intelectual decae notablemente y en Occidente comienza a perderse la lengua griega. La ciencia se encuentra en notable retroceso: las matemáticas ya no se enseñan en Alejandría, la astronomía se ve ahogada por la astrología, las ciencias naturales derivan hacia la alquimia y la magia, y se olvidan los conocimientos geográficos. San Agustín no hará sino reflejar el espíritu de la poca al escribir. «Todo lo que el hombre puede aprender fuera de la Biblia está condenado en ella, si es dañoso, y se encuentra en ella si es útil». Sólo el derecho sigue encontrando un notable desarrollo (Papiano, Ulpiano, Paulo), así como el pensamiento filosófico- religioso (Plotino y los Padres de la Iglesia). La transición a la Edad Media no será violenta
5. El Cristianismo y los últimos siglos del
Imperio: el llamado "Imperio Cristiano".
1. Los orígenes del cristianismo en el siglo I d.C:
Pero, ¿cómo surgió el cristianismo y porque se expandió tan rápidamente, hasta convertirse en la religión oficial del Imperio? Como hemos dicho, desde los primeros tiempos del imperio (Siglo I) se estaba difundiendo en el mundo romano esta nueva religión, que iba a tener en el futuro una enorme trascendencia. La génesis del cristianismo se encuentra en la predicación de Jesús de Nazareth, cuya vida y cuya doctrina conocemos sobre todo gracias a los Evangelios(1). Jesús nació en Galilea, en el año 753 de la supuesta fundacion de Roma (su fecha de nacimiento sirve de base para el cómputo de la llamada "Era cristiana", vigente en nuestros días en el mundo occidental, de modo que hoy se dice que nació en el siglo I de nuestra era, durante el mandato de Octavio Augusto). Después de una vida oscura y modesta, de la que se sabe poco (salvo que fue bautizado por Juan el Bautista según la tradición de los monjes esenios), hacia los treinta años comenzó a recorrer Judea y Galilea, es decir, el mundo rural judío, en el que el había nacido, con objeto de transmitir su mensaje. Al cumplir los treinta y tres, sin embargo y, coincidiendo con la celebración de la Pascua Judía (la fiesta más importante de Israel, que congregaba a grandes multides venidas de la provincia a la Capital para celebrar el rito en el Templo) decide revelarse como el "enviado de Dios" y entra en Jerusalén adoptando los signos tradicionalmente considerados como símbolos del poder mesiánico ( entrar a lomos de un asno con una palma en las manos), lo que provoca las aclamaciones de una multitud enfervorecida. Unos días después, sin embargo, sorprendentemente, es prendido por los soldados romanos en el monte de los olivos (no sin violencia por parte de algunos de sus discípulos) gracias a la traición de Judas Iscariote. Y es entonces cuando ese mismo pueblo que le había vitoreado muy poco tiempo antes le da la espalda (el incidente de Barrabás) y consiente que sea crucificado por los romanos a instancias del alto clero judío (el Sanedrín) quien le acusaba de proclamarse ilícitamente "mesías" o "rey de los judíos". Según la tradición, después de ser ajusticiado de la forma más humillante (los romanos reservaban la crucifixión para los delitos de rebelión contra el orden establecido) y en compañía de dos "ladrones", al tercer día Jesús resucitó para ascender a los cielos. Este es, más o menos, el relato escueto de lo que narran los evangelios.
Si lo que se cuenta en ellos es cierto, en el complejo mundo espiritual judío de la epoca, la doctrina de Jesús aportaba ideas sustancial y sorprendentemente nuevas. Al parecer, según los evangelistas, Jesús predicaba la humildad, la caridad y el amor fraterno, y anunciaba la
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Aunque no sólo, pues algunos historiadores romanos de origen judío como Flavio Josefo tambien escribieron sobre él en dos libros sobre la historia de la Palestina de este tiempo (si bien es, cierto que de pasada, entre otros personajes de la historia judía del momento): las "Antiguedades Judias " y "la
vida eterna. Él era el Mesias, el Hijo de Dios. Pero a diferencia del Mesias que los judíos
esperaban, un Mesias triunfador que vengaría al " pueblo elegido" de sus pasadas desgracias ayudado por un ejercito celestial de ángeles, el Jesús que nos presenta el Evangelio era un mesías no violento que predicaba el amor al prójimo (incluso si se tratase de un enemigo) y anunciaba el juicio final, mediante un mensaje claro y sencillo, dirigido a todos los hombres - y no sólo a los hebreos (pues para él " todos son hijos de Dios")-.Al parecer, sólo por esto fue condenado a morir de la forma más monstruosa: crucificado . Pero la noticia de su resurrección, rápidamente propagada por sus seguidores, le daba un extraordinario prestigio, pues, según ellos, confirmaba su naturaleza divína. Su evangelio no tardaria en ser propagado por sus discípulos por todo el orbe romano.
Esta es, al menos, la versión de los hechos que nos ha transmitido la tradición cristiana. Sin embargo, y sin entrar en el debate sobre la naturaleza divína o humana de Cristo (en nuestra opinión, una cuestion de fe), otros historiadores han sostenido la tesis (basada en el estudio exegético del Nuevo Testamento y de otras fuentes (como las Antiguedades Judias del citado Flavio Josefo) de que Jesús fue uno más de los muchos lideres mesiánicos que se alzaron en Judea durante estos años contra el poder económico-militar de Roma y sus cómplices (los judíos de elevada posición y, particularmente, su alto clero, muy complacientes con la autoridad de la que dependía su riqueza, mientras el pueblo campesino de Galilea y otras zonas vivía en la más absoluta explotación) y así como la de que el cristianismo no hubiese pasado de ser una desviación del judaismo ortodoxo, o como mucho, una más de las muchas sectas orientales que tuvieron tanto éxito en Roma, de no ser por varios acontecimientos casuales, pero decisivos, que le llevaron a convertirse en la religión oficial del Estado Romano al final del Imperio.
En efecto, el pueblo hebreo (un pueblo con especial mala suerte en el mundo antiguo, dominado y esclavizado por casi todos los grandes imperios de laAntiguedad, desde Egipto hasta Roma, pasando por Mesopotamia y el Imperio Helenístico) había desarrollado una tradición mesiánica absolutamente delirante, pero comprensible en función de las duras circunstancias en que le tocó vivir, según la cual sus sufrimientos terminarían cuando un hombre santo, de la estirpe del rey David y nacido en Galilea, consiguiese el arrepentimiento y la purificación del pueblo por sus pecados. Sólo una vez conseguido esto, el pueblo tendría la fortaleza de espíritu suficiente para iniciar la "victoriosa guerra final" contra sus enemigos en la que, sin lugar a dudas, Dios acabaría de completar el triunfo de su pueblo enviándoles la ayuda de un ejército de ángeles capaz de destruir a fuerzas tan poderosas en número. Alcanzada la victoria, se instauraría en la tierra el reino de Dios, (es decir, el imperio terrenal de Israel sobre las demás naciones del mundo), en el que los judíos disfrutarían de una inaudita felicidad espiritual, pero también material, pues las riquezas serían abundantes y desaparecería toda pobreza. Con más o menos altibajos; esta creencia se mantuvo a lo largo de los siglos, pero se exacerbó en la epoca de la dominación romana, en la que la explotación
de los campesinos judíos llegó a extremos verdaderamente intolerables. Lógicamente, comenzaron a surgir por todas partes hombres que se arrogaban el título de "Mesías": entre los años 40 y 73, el citado Flavio Josefo menciona hasta cinco mesías militares judíos, (sin incluir al propio Jesús o a Juan el Bautista) cuyos intentos de revuelta popular acabaron en el más absoluto de los fracasos, siendo crucificados sus cabecillas. Esto demuestra que, durante los años anteriores y posteriores a la vida de Jesús existió un clima de agitación revolucionaria contra Roma que iba en aumento, encontrando un pretexto y un lenguaje religiosos (el de la tradicion mesiánica) para expresar la desesperación de las gentes más humildes de Israel, tan miserables y explotadas que estaban dispuestas a creer a cualquier hombre honrado, piadoso y valiente que les prometiese la ayuda de Dios para derrocar a unos amos infinitamente más poderosos que ellos.
Tan grande era el odio hacia los invasores que dicha agitación acabó por desembocar en una insurrección abierta de gran parte de la población judía contra la opresión romana, allá por los años 63-70 d.C (es decir, sólo unos treinta años después de la muerte de Jesús). Y las preguntas que deberíamos hacernos son las siguientes: ¿Podía
tener éxito en este contexto revolucionario de odio a muerte contra Roma un mesías "pacífico", es decir, alguien que predicaba la paz , la no violencia, el amor a los enemigos y que incluso recomendaba pagar impuestos al emperador ("Dad al Cesar lo que es del Cesar...")? ¿Podrían haber condenado los romanos a un hombre inocente de cualquier delito político contra el poder establecido simplemente por las cuestiones internas de orden religioso de una de sus colonias? ¿No sería más lógico pensar que Jesús fue otro de estos hombres "puros", que predicaban por un lado un amor fraternal y la típica "solidaridad de clase" para sus seguidores, pero por otro también un odio mortal y revolucionario contra los romanos? Y si esto fue así: ¿Cabría la posibilidad de que hubieran sido falsificadas o deformadas las fuentes por las que conocemos su predicación (los evangelios) ?
Nadie lo sabe a ciencia cierta pero muchos historiadores creen que hay datos suficientes para pensar que el Jesús histórico fue uno más de los muchos mesías guerreros que surgieron entre el pueblo judío en esta época y que el Nuevo Testamento nos ofrece una imagen deformada de su figura histórica real2 : por ejemplo, en el mundo anglosajón
historiadores como S.G. F. Brandon y otros sostienen esta hipótesis basándose en pruebas difícilmente discutibles. Por otra parte, el gran antropólogo materialista norteamericano Marvin Harris ha resumido magníficamente bien esta tesis en su obra "Vacas, Guerras, Cerdos y Brujas ", cuya lectura recomendamos. Lo mismo puede decirse del investigador español, Gonzalo Puente Ojea, quien en su magnífico libro: "Los origenes del cristianismo como fenomeno ideológico" aporta datos inestimables en favor de esta tesis, desde una
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Hay que tener en cuenta que hasta la Iglesia Católica reconoce que el evangelio más antiguo, el de Marcos, fue escrito hacia el año 71 d.C -es decir un año después de la destrucción de Jerusalén por el emperador Tito y nada menos que 38 años después de la crucifixión de Jesús- por un cristiano de cultura helénica que no conoció directamente a Jesús y que debió ser evangelizado en Roma por San Pedro o por Pablo de Tarso
perspectiva claramente marxista. La lectura de ambos trabajos es insustituible (especialmente del último) para quien quiera formarse una opinión independiente de la sustentada por las distintas iglesias cristianas acerca del tema. En lo que sigue, nosotros trataremos de hacer un resumen de las aportaciones de todos estos trabajos para esclarecer la verdad histórica.