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“Así dirás a la casa de Yaakov y anunciarás a los hijos de

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Israel”.

En una oportunidad me hizo una observación el Rosh Yeshivat Porat Yosef, el erudito gaón Rabí Yehudá Tzadka, z”l, con estas palabras: “Debes

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saber que el precepto de Taharat HaMishpajá se encuentra aún arraigado en el corazón y en la sangre de muchos judíos sefaraditas, y si Boré Olam así lo desea, tú tendrás el zejut en esta generación de despertar a las almas dormidas, y a pesar de existir hogares judíos no observantes, estas mitzvot siempre han sido cumplidas, aun por familias no tradicionalistas”.

Y fue así. Luego de fallecer este gran rabino, fundamos en su nombre la institución Zejut

Yehudá, con la intención de difundir la educación judía y las leyes de la pureza familiar. Y gracias al Todopoderoso he presenciado milagros y grandes salvaciones a través de esta sagrada tarea. Vemos las dificultades que se les presenta a nuestra generación, la que es llamada por los sabios Ikvetá DiMeshijá (generación de la llegada del Mashíaj), sobre la cual se refirieron nuestros sabios si ves una generación donde los sufrimientos abundan como las aguas de un manantial, espéralo a él”. Es nuestra obligación afianzar nuestra emuná, y al mismo tiempo corregir nuestro comportamiento con respecto a Boré HaOlam, así como también con nuestros semejantes.

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Es conocida la frase dicha por Rabí Eliézer: “La persona que desea evitar el sufrimiento de la llegada del Mashíaj debe poner énfasis en el estudio de la Torá y las buenas acciones”.

Y en Pirké Avot leemos: “El que estudia halajot a diario, se asegura el Mundo Venidero”. Por lo tanto es la obligación de todo hombre y toda mujer judía fijar un tiempo de estudio constante sobre las halajot de Taharat HaMishpajá, así evitarán frustraciones y pecados.

Rabí Eliézer dice: “La mejor acción que se puede realizar es aquella que aproxima a las personas que se han alejado del cumplimiento de la sagrada Torá, ya que a través de esa buena acción cumplimos con la Torá y las midot tovot (buenas características). En especial nos referimos a aquellas parejas jóvenes que inician su vida en común, pues al acercarlos logramos que puedan construir sus hogares con pureza y Taharat

HaMishpajá.

Es el deber de toda persona a quien Boré Olam haya dotado de la habilidad de enseñar, influir sobre nuestros hermanos extraviados ya que la alegría del Creador es inmensa cuando retornan sus hijos perdidos.

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Como menciona el Jovot Halevabot (Sháar

HaAhavá): “…y es digno de ti, hermano, conocer

cuáles son los derechos de la persona creyente, corrigiendo su alma, aun cuando haya llegado a su destino, mejorando sus actos y acciones y llegando al nivel de un ángel. Jamás se llegará a comparar con aquellos judíos que acercan a nuestros hermanos perdidos, logrando que retornen y cumplan la Torá. El mérito y la recompensa de regresar un alma perdida se considera eternamente a través de las generaciones actuales y venideras.

Quién es aquella persona que puede leer los profundos pensamientos escritos hace más de 900 años por este gran Rabino y no adquiere valentía para salir a pregonar las leyes de la Torá kedoshá; hasta los hombres débiles de carácter deberán fortificarse como un gran león y exclamar: “Mi

laShem, elai”, “Los que se encuentran con el Todopoderoso vengan a mí”, esta es la causa por la que debemos volver en teshuvá (arrepentirnos) de nuestras malas costumbres, acciones y, consecuentemente, no provocaremos desgracias en el sagrado pueblo de Israel.

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Yojai, z”l, en su sagrado libro Zóhar HaKadosh: “Si supieran los seres humanos la importancia de la persona que provoca el retorno de un judío a las fuentes de la Torá y sus mitzvot, estarían persiguiendo a sus respectivos hermanos del pueblo de Israel de la misma forma que persiguen sus vidas...” Con mucha humildad puedo atestiguar mi reconocimiento a la gran ayuda Divina, que he recibido en esta generación.

Ya que como dice el versículo:

ר ֵמ ֹגּל ֵא ָלןֹוי ְל ֶעםי ִה ֹלא ֵלא ָר ְק ֶא י ָל ָע 

“Clamo a Dios, El Supremo , al

Dios, que lo cumple todo por

mí”.

La explicación es la siguiente: “Cuando comiences a cumplir una mitzvá porque HASHEM

lo ha ordenado no temerás porque Él te ayudara a finalizarla”.

Y debemos comprender por qué ha enfatizado la Torá en forma tan severa el pecado de niddá. Cada persona al cometer una transgresión es castigada en forma individual, pero en el caso del

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pecado de incesto (guilui araiot) son dos seres los merecedores del castigo. No es así cuando es transgredida la mitzvá de Niddá, paralelamente al castigo recibido por el hombre y la mujer, Dios nos libre y guarde, reciben los hijos (las almas deterioradas) el castigo Divino.

Debido a estos factores en el momento de que el hombre judío contrae enlace matrimonial debe saber que en cada minuto recae sobre él la obligación de la cautela, y en caso que desgraciadamente desatienda las reglas de la separación, o la mujer no es observante de las leyes de las revisiones durante los siete días limpios, pueden fracasar, ¡Dios se apiade!

Ese hombre y esa mujer en lugar de traer al mundo un hijo temeroso de Dios, recibirán un ser con malas midot, de las cuales sufrirán varias generaciones por el pecado cometido por sus antepasados, HASHEM nos cuide y nos ampare...

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Primera

Parte

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