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Cuando vino Rav Dimi, dijo otra interpretación: “Ellos

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dormían en una sola cama”.

Por su parte, los rabinos en

Israel interpretaron que tan

solo un delantal los separaba”.

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Este hecho fue descrito en el Talmud, Maséjet

Shabbat, página 13, a nombre del libro “Tana

DeVé Eliyahu”, el cual fue escrito por un gran erudito perteneciente a la época del Talmud, y que tuvo el mérito de que Eliyahu HaNaví se le apareciera esporádicamente, con quien estudiaba. Posteriormente escribió este libro en base a los conocimientos que adquirió de dichas sesiones. Así relató este jajam lo escuchado de Eliyahu HaNaví acerca de un talmid jajam, erudito, que estudiaba mucho, repasaba mucho (se refiere a la

Torá SheBeAlPe, La Torá Oral, que no figura escrita y fue transmitida en forma oral, también llamada Mishnayot), y leía mucho, (se refiere a la

Torá BiJtab, la Torá que figura escrita, llamada

Mikraot) y que sirvió a grandes sabios, que quiere decir que debatía y estudiaba la Guemará (Talmud) junto a los grandes sabios. A pesar de que se entregó tanto al estudio de la Torá y fue un gran Erudito, falleció en la mitad de sus días, es decir, en plena juventud.

El hecho de que su esposa había tomado los

tefilín, significaba lo siguiente: Está escrito en la

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días”. La intención de esta mujer era reforzar su asombro: ¿Cuál era el verdadero motivo por el que se le había acortado la vida? Ciertamente que él se colocaba los tefilín (cuya peculiaridad es que alarga la vida); también fue un erudito en el estudio de la Torá, cuyo estudio es sinónimo de vida larga; como está escrito: “…porque ella es vida y alarga tus días”. Así, iba preguntando a los grandes rabinos en los baté kenéset y baté

midrash, ¿cuál fue la razón de su muerte? ¿Qué grave pecado ha cometido para que los méritos de las mitzvot que había cumplido no lo hayan beneficiado?

Nadie podía responder dado que su asombro era tan grande como los reclamos de la mujer.

“Una vez”, cuenta Eliyahu HaNaví, “me hospedé en su casa, (y de su boca salió el mismo reclamo), le pregunté: ‘Hija mía, en los días que te encontrabas impura - niddá (días en los cuales la mujer recibe su menstruación) - ¿cuál era su comportamiento?’ Ella comprendió inmediatamente que la intención de mi pregunta era acerca de si tenían relaciones maritales, y me respondió: ‘¡Jas VeShalom!, No me tocó ni con el dedo meñique’.

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“Volví y le pregunté: ‘En los días del libún (es decir aquellos siete días, que se deben contar limpios, en el cual la mujer debe vestirse ropa interior blanca - labán - y durante los cuales no debe encontrar ni una mancha de sangre, cosa que invalidaría el conteo - por lo que son llamados

sheva nekiyim, siete días limpios), como se comportaba contigo?’ Ella me contestó: ‘Comió y bebió conmigo, y dormíamos en contacto físico, sin embargo, nunca se le ocurrió pensar en cosas ajenas (es decir que no pensaba en tener relaciones maritales)’.

“Le contesté: ‘Bendito HASHEM, que lo sacó de

este mundo, porque no cumplió la halajá como se debe. En la Torá está escrito: “…y a la mujer en los días limpios no te acercarás”.

El gran jajam Jidá nos explica que la intención de este joven talmid jajam fue la de ponerse a sí mismo a prueba: se comportaba de esta manera para restringirse y dominar su instinto.

Y a pesar de ello, le dijo Eliyahu HaNaví: Bendito Boré-HaOlam que lo sacó de este mundo, porque no ha cumplido la halajá y lo escrito en la Torá como corresponde. Desobedeciendo a su deber y poniéndose a

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prueba, arriesgándose y provocando consecuencias perversas. Le estaba prohibido obrar en contra de la Torá y su din; por esa razón lo sacaron de este mundo.

Prosigue la Guemará y cuenta que cuando vino Rav Dimi de Babilonia, dijo que hay un error en la copia de la descripción de los hechos: no se habló de comer, beber ni dormir con ella, sino que se trata de que la pareja durmió en una sola cama, aunque a cierta distancia.

Los rabinos en Israel, en nombre de Rab Yitzjak Bar Yosef, agregaron otro detalle al relato, la existencia de un delantal como medio de separación, demostrando que dormían vestidos. Sin embargo, fue grave su pecado y fue castigado de forma severa.

De este episodio debemos reflexionar y aprender cuán importante es cumplir con exactitud la

halajá, detenernos en cada detalle y cumplirla con rectitud, siendo fiel a los preceptos.

Con este relato debemos también podemos disipar de nuestros corazones aquel pensamiento negativo, incitado por la mala inclinación, con el que argumentan las personas diciéndose “Yo soy

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observante de la mayoría de los detalles de la

halajá, obviaré solo pequeños detalles sin importancia”. De nuestro relato deducimos que en lo que respecta al cumplimiento de la halajá no hay diferencia entre un detalle más importante que otro.

Vemos también matrimonios que consideran como mitzvá única la inmersión en la mikvé, menospreciando las demás halajot que involucra esta mitzvá, como, por ejemplo, las revisiones de los siete días, el hefsek tahará, jatzitzá, y demás. También de este relato debemos enfatizar lo grave del pecado de la “cama matrimonial”, esa cama indivisible que ha provocado tantas desgracias en el pueblo judío así como la pérdida de la paz invaluable dentro del hogar; pues no como todas las naciones es la Casa de Israel…

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