Desde un punto de vista general, la crisis del Estado tiene que ver, según García Linera, con dos diferentes momentos de la historia: a) uno, de larga duración, que se inicia con el nacimiento mismo de Bolivia como Repú- blica. De hecho Bolivia se hace República a fuerza de imponer como cultura dominante a la mestiza castellano- hablante, en medio de una sociedad predominantemente multicultural, multinacional y plurilingüe213.
Otra de las causas de este divorcio institucional es atribuible b) al neoliberalismo, porque con la aplicación del modelo en el país se ha conformado un Estado liberal que asume una modernidad en medio de una sociedad basada, fundamentalmente, en el comunitarismo. Tenemos
212 Palabras del presidente Mesa, en el foro “Hacia la Asamblea Constituyente:
Experiencias de Latinoamérica y Europa”, La Paz, 20 de mayo de 2004 (Comunica.gov.bo).
213 “En 178 años de vida republicana, la cultura legítima, esto es dominante y
consagrada en el ámbito público, el régimen de derechos, el idioma de reconocimiento público y ascenso social, los valores socialmente prestigiosos y la narrativa de la historia oficial está monopolizada por una sola matriz cultural, la mestiza castellano-hablante, minoritaria hasta hoy, en tanto que las otras matrices culturales indígenas, igualmente minoritarias por separado, pero mayoritarias si se suman —según el Censo de Población y Vivienda del INE del año 2001 son el 62 por ciento de la población— no son reconocidas institucionalmente como culturas legítimas, como vehículos de ascenso social y de ejercicio de derechos ciudadanos” (García Linera, op.cit.)
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entonces al Estado con su sistema de leyes y partidos, “formas de producción del capital político y modos de representación liberal de la voluntad colectiva”214; y el
segundo asentado en los sindicatos, ayllus y comunida- des, con sus propias reglas de funcionamiento, “su siste- ma de rotación de cargos, de fusión de la responsabilidad política con la ética del comportamiento cotidiano, con su sistema normativo de autoridades tradicionales y sus formas consensuales de toma de decisiones”215.
Para subsanar de alguna manera estos desencuentros, el Estado boliviano incorporó, en la década pasada, algu- nas de las demandas milenarias de la sociedad al sistema de leyes liberales: reformuló la Constitución Política del Estado para reconocer que somos una sociedad multicultural y plurilingüe, intentó otorgar un determinado poder de gestión a los municipios a través de la Ley de Participación Popular e introdujo el concepto de educa- ción intercultural bilingüe en la Ley de Reforma Educativa. Pero la amplitud de las demandas históricas de la sociedad “es de tal naturaleza que su recepción no pasa por meras formas estatales cuya pertinencia ha sido reba- sada por los acontecimientos; sino por un remodelamiento
214 “Una buena parte de la población tiene un régimen de autoridad socio-
política local o regional no estatal (sindicatos, ayllus, federaciones, gremios), una cultura política no liberal, una forma de toma de decisiones no individuadas y, de ahí que independientemente de lo que suceda en el parlamento o los partidos, se moviliza, presiona al gobierno y lo obliga al cambio de políticas públicas de manera extraparlamentaria. Este sistema de autoridad existió antes de que hubiera Bolivia como Estado y se mantendrá mientras los sistemas tradicionales de organizar la economía y la sociedad, que es el soporte técnico de este tipo de comunitarismo político, se mantengan y regulan la reproducción material de la mayoría de los bolivianos” (García Linera, op.cit).
estructural del orden político institucional que vuelva a definir la manera en que todas las fuerzas sociales están dispuestas a vivir juntas”216. Estamos hablando de la reali-
zación de la Asamblea Constituyente217, propuesta por los
movimientos sociales el 2002 y recogida por el presiden- te Mesa en su planteamiento político.
Partiendo de esa necesidad, y ante la inminente emer- gencia del poder de autodeterminación y autodefinición de los pueblos indígenas, el Jefe de Estado conviene con estos sectores en que se debe reconsiderar las condicio- nes actuales de convivencia en Bolivia, que la aplicación del modelo neoliberal ortodoxo es inaceptable en un país tan heterogéneo como el nuestro y que para ello es ne- cesaria la construcción de un nuevo pacto social “para consolidar el surgimiento del poder, de autodefinición y de representatividad genuina de los pueblos originarios, los quechuas, los aymaras y los guaraníes”218.
216 García Linera, op.cit.
217 “…se trata de una institución política que, por primera vez en 178 años,
dependiendo de la forma de participación y del tipo de presencia de la sociedad en su diseño, podría contar con una legitimidad histórica, esto es un tipo de creencia compartida por toda la sociedad, a cerca de la justeza y la necesidad de esa institución capaz de garantizar la producción de un Estado como síntesis connotada de las diversas colectividades que existen en el país” (García Linera, op.cit.).
“La Asamblea Constituyente es un órgano instituyente, no sólo revisa la constitución del antiguo régimen sino que constituye un nuevo escenario histórico político, erige nuevas instituciones y al hacerlo da a luz una nueva nación”. “…los ciudadanos dejan de ser simples electores para convertirse en actores intervinientes en el conflicto político, se vuelven sujetos activos que controlan y dirigen los desenvolvimientos de su propia voluntad. La Asamblea Constituyente Revolucionaria, en las condiciones definidas por los movimientos sociales contemporáneos, trasciende los límites históricos del Estado moderno” (Raúl Prada, op.cit).
218 Discurso de Carlos Mesa tras ser posesionado como nuevo vicepresidente
de Bolivia en el Congr eso Nacional, 6 de agosto de 2002 (Comunica.gov.bo).
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Mesa afirma, siempre dentro del marco de su par- ticular forma de ver la realidad boliviana, que en este país se debe acabar con la exclusión y con la discrimi- nación, para terminar pidiendo a todos los pobladores de esta tierra una convivencia tolerante entre excluidos y excluyentes, “tolerante de las élites que fueron exclu- yentes para con un mundo indígena que tiene un lugar fundamental, pero también tolerante del mundo indíge- na para el resto del país”219.
En esta misma línea heterodoxa, Mesa considera, por primera vez en la historia, alguna posibilidad de compati- bilizar el concepto de “modernidad” con la tradición his- tórica de los pueblos indígenas del país: “¿Cómo logra- mos compatibilizar un mecanismo de modernidad con los usos y costumbres y la tradición histórica en el ayllu?”220;
en este pretendido Mesa deja de lado, por ejemplo, que mercado y ayllu son históricamente incompatibles221.
El presidente considera importante también, aunque sólo sea en el plano discursivo, que para hablar de
219 Mesa en el foro internacional Participación de los Pueblos Indígenas y
Originarios y Forma de Representación, La Paz, 31 de marzo de 2004 (Comunica.gov.bo).
220 Mesa en la clausura del foro internacional Participación de los Pueblos
Indígenas y Originarios y Forma de Representación, La Paz, 31 de marzo de 2004 (Comunica.gov.bo).
221 El ayllu es complementariedad, es reciprocidad, “se convierte en el diseño
ancestral del intercambio, conllevando de por sí características multiétnicas y multisocietales. La estructura social del ayllu responde a la necesidad de complementar los suelos, de hacer circular los productos, de hacer rotar los trabajos. Los mandos rotativos del poder comunitario son un resultado estructural de esta rotación agrícola en el campo de la disponibilidad de fuerzas y de la plusvalía de código (el prestigio)”. El mercado, en contraposición, es acumulación y “a pesar de ser expansivo no es complementario, es aditivo, mezcla mercancías, las traslada, logrando su abarrotamiento y su distribución allí donde haya disponibilidad dineraria” (Raúl Prada, op.cit).
propiedad de los recursos naturales se debe empezar por tomar en cuenta a los pueblos indígenas y a las comuni- dades, que la pertenencia de dichos recursos no le co- rresponde al Estado, en abstracto, o a los que circuns- tancialmente administran el aparato estatal. “¿Cómo logramos establecer el concepto de propiedad del re- curso natural que hace en el subsuelo a una determina- da comunidad indígena, y hace en el subsuelo al con- junto de una nación llamada Bolivia? ¿Cómo establecemos la explotación racional, útil y beneficiosa para esa etnia o para ese pueblo indígena y para el conjunto de la socie- dad boliviana?”222.
Pero Mesa tiene una razón más para llevar adelante el proceso de reconstitución política: recomponer el im- perio de la ley, porque en las actuales condiciones asisti- mos a una pugna por el poder político. La sociedad se enfrenta al régimen normativo, institucional y cultural de un Estado que no la representa y manifiesta su desacuer- do explícito de continuar aceptando las reglas de juego liberales. Mesa es consciente de esto y expresa su impo- tencia: “El cumplimiento de la ley se ha convertido en materia de negociación, no se acepta la ley como un principio inamovible, sino que la ley es parte del debate en la negociación entre el gobierno y los diferentes gru- pos en conflicto”223.
Y convoca a los parlamentarios a restituir la legitimi- dad perdida, “es indispensable que los parlamentos de
222 Mesa en la clausura del foro internacional Participación de los Pueblos
Indígenas y Originarios y Forma de Representación, La Paz, 31 de marzo de 2004 (Comunica.gov.bo).
223 Mesa en el foro “Hacia la Asamblea Constituyente: Experiencias de
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América Latina, el parlamento de mi país, Bolivia, asuma una reflexión sobre aquello que no está haciendo bien, para evitar que circunstancias determinadas marquen lo que se está convirtiendo en una regla y debiera ser sólo una excepción: la relación entre grupos organizados de carácter corporativo y el Estado representado por el go- bierno, puenteando, pasando por alto, superando, des- bordando el concepto básico de democracia representati- va que debiera estar centrado en un mecanismo como este, el parlamento”224.